“Hasta que la dignidad de haga costumbre” (Propósito político nacional).
A
veces creo que el mundo es víctima del síndrome de Estocolmo, porque le sigue
el rollo a su opresor, al cabrón energúmeno que tunde a tal o cual país como si
fuera saco de boxeo o pera loca, pero que decide hacer cómplice a su victima
mediante acuerdos, tratados y cualquier otro instrumento de dominación
agazapado bajo el disfraz de la seguridad o del libre comercio.
El miedo es la sensación común entre quienes justifican su blandura y condición timorata de víctimas a destajo, aunque ciertamente algunos prefieren llamarla precaución, prudencia, madurez, cabeza fría y otras joyas de la negación y autocomplacencia política.
El miedo inducido, aceptado, adquirido, es como un vicio que pretende suplir la responsabilidad sobre el pellejo propio, a costa de depender explicativamente de la opinión ajena e, incluso, acatar los objetivos de “defensa” de EUA a costa de las prioridades militares nacionales (https://goo.su/8Frp0te).Las palabras “socio”, “amigo” y “vecino” suplen con eficiente desparpajo otras que caracterizan mejor el ultraje a las víctimas geopolíticamente circunstanciales, en tanto que los actos de sodomía y humillación entre dominantes y dominados se visten de “cooperación” y “colaboración”, mientras se prodigan sonrisas frente a los medios informativos.
La herida emocional se reabre cada tanto porque sería fatal para el sistema que se diera un proceso de cicatrización que deviniera en curación y ruptura de la dependencia, así que se lanza una batería de medidas preventivas en forma de aranceles, reclamos y chantajes que tienen como telón de fondo enjambres de drones y algún portaviones cargado de misiles y mierda uniformada.
Tan funciona el aparato disuasorio que, ante alguna alternativa viable de emancipación, las propias autoridades se afanan en construir la explicación de la pasividad políticamente correcta (por ejemplo, ante la posible alianza comercial y estratégica con Asia, mejor nos quedamos como estamos porque ni nodo de dejar “solito” a Estados Unidos en su competencia con China), consagrando la alienación como argumento político.
Así pues, ni con las patadas que Mr. Trump asesta en el culo hispanoamericano, nos animamos a avanzar en la necesaria defensa del trasero regional. Muy al contrario, hay naciones que sirven de cárcel a los inmigrantes del sur mediante una cuota compensatoria y una palmada en el lomo, mientras que otras sirven de asiento de bases militares y policía auxiliar regional. En este contexto, lo cierto es que el abuso se mantiene con la complicidad de todos.
Pero en Europa el sadomasoquismo no hace malos quesos, considerando cuán gastados tienen los pantalones de tanto estar de rodillas los mandatarios arracimados en la OTAN (burdel militar que sirve de asiento al miedo regional y a la política de asalto y extorción de EUA), aunque cabe esperar alguna suerte de cambio, al menos declarativo, a partir de revelaciones como la de Emmanuel Macron, presidente de Francia: “la estrategia de doblegarse ante Estados Unidos no da resultados” (https://shre.ink/A6pc).
El caso es que la soberanía se convierte en una expresión hueca, chiste mamón, recurso demagógico y tapadera para vergüenzas políticas cuando no de traiciones solapadas, cuando vemos que del dicho al hecho sigue habiendo mucho trecho.
El marco de referencia es amplio y profundo, porque va desde expresiones memoriosas de empañadas hazañas y viejas derrotas como las ocurridas en el México de 1848, a los tiempos de los presidentes que resultaron agentes de la CIA (actuando en su momento con la clave Litempo); o los aplaudidores de la buena nueva neoliberal inaugurada con el TLC y continuada con el T-MEC, que pone de relieve cuán parecido es un tratado a la declaración firmada de subordinación y soberanía subrogada, limitada por las leyes que la hegemonía impone al mercado y donde la libertad nacional se convierte en utopía.
El pretexto para bajarse los calzones puede ser el gusano barrenador, los tomates, los aguacates, la vaquita marina, la protección al ambiente, la lucha contra el narco, el agua y la inevitabilidad de una frontera compartida que, por razones de “seguridad nacional”, nos lleva a medidas más estrictas de control aduanal y la “necesidad” de compartir datos biométricos de connacionales, así como servir de comparsa en los ejercicios militares conjuntos.
Y qué decir de la apertura de áreas estratégicas (minería, petróleo, agroquímicos, salud, electricidad entre otras) al inversionista extranjero, y además comprometernos con el norte a garantizar su disponibilidad de minerales como cobre, cobalto, litio, tungsteno y el etcétera que resulte. Aquí vale mencionar planes internacionales recientes como el llamado “Pax Silica” (https://goo.su/yEuC ), liderado por EUA con acento en el desarrollo de la Inteligencia Artificial, y la exigencia de ponerse flojito y cooperando.
¿Será que la cesión del espacio económico nacional es una facultad soberana cuya finalidad es garantizar la superioridad estratégica de EUA, a quien no debemos dejar “solito” frente a los actos asiáticos de libre comercio? Es decir, ¿estamos con el culo al aire porque así lo decidimos soberanamente?, ¿debemos negociar con EUA el ejercicio de nuestra soberanía, por ejemplo, en los envíos de petróleo a Cuba, en el comercio mundial, el destino de nuestros minerales, del agua, los cambios constitucionales o en el ingreso a los BRICS?
Para concluir, creo que la 4T debe ser congruente consigo misma, con su oferta de regeneración nacional, honrar sus compromisos con el pueblo de México, con la solidaridad latinoamericana, haciendo frente al abuso y patanería del norte y entendiendo la ruptura geopolítica mundial en la que estamos y, como consecuencia, la necesidad de replantear nuestra relación y alianzas internacionales. Espero que así sea… por el bien de todos. Empecemos por dejar de apoyar el atraco mundial perpetrado por el Norte.
No hay comentarios:
Publicar un comentario