Notas Sueltas es un espacio de opinión sobre diversos problemas de carácter social, económico y político de interés general. Los comentarios pueden enviarse a: jdarredondo@gmail.com

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domingo, 23 de agosto de 2026

BATALLA CULTURAL

 “Somos o no somos” (pregunta existencial).

 

Bueno, como se supone que estamos en guerra (contra el narcotráfico, contra el terrorismo, contra el cambio climático, contra la influencia de Cuba, contra la desinformación y a favor de las audiencias, contra la discriminación y el abuso, contra la naturaleza ociosa y a favor de proyectos productivos trasnacionales, contra el auge económico de China y a favor del monopolio “americano” del comercio, la democracia y el control de la economía del hemisferio, pero siempre con la cobertura de la seguridad “nacional” y la democracia), hay que añadir la lucha por la “narrativa” plana, acrítica, sin matices y con olor a la santidad del American Way of Life, el Destino Manifiesto y la Doctrina Monroe.

En este marco pavloviano se desarrolla el proyecto nacional de dependencia y complementariedad que auspicia, defiende y aplaude la propia Secretaría de Economía, SEMARNAT y demás dependencias (ahora se les puede llamar agencias) que impulsan física, mediática y legalmente los mecanismos burocráticos necesarios para que las empresas menos acreditadas desde el punto de vista ambiental, tomen como patio de recreo el territorio mexicano.

¿Pruebas? Pues ahí tiene el caso de las gaseras que pujan por instalarse en costas y aguas del golfo de California, pegadas como rémoras a Sonora, Sinaloa y la propia Baja california. Aquí habría que agregar los campos de fracking en el Noreste, proyecto acariciado por los texanos y sus cipayos del sur de la frontera.

Por si faltara algo a la desnacionalización del espacio económico nacional, se añade el proyecto ya aprobado y celebrado por Marcelo Ebrard consistente en instalar una planta manufacturera de un biofungicida basado en ARN de interferencia, a cargo de la empresa BioLight Biosciences de capital gringo, con inversión de $100 MDD pero que podrá contar con apoyos financieros de nuestro gobierno.

Otro caso donde los mexicanos les decimos a los inversionistas extranjeros (gringos) productores de agroquímicos y mamotretos genéticamente modificados que le pasen a lo barrido, independientemente que lo nocivo de las acciones de Bayer-Monsanto en perjuicio del ambiente y la vida (https://shre.ink/GKyX). Recibimos veneno y las ganancias van hacia el norte.

Se reporta que la aprobación fue casi inmediata y que los riesgos de este tipo de materiales son incalculables, además del peligro real de futuros reclamos económicos por parte de los gringos, tal como ocurre con otros productos transgénicos de Monsanto, que contaminan cultivos vecinos porque el aire se encarga de dispersarlos y luego pueden reclamar regalías o pagos por su uso.

Así las cosas, llama la atención la entusiasta permisibilidad de nuestro gobierno para que México sea el asiento de la primera planta productora de porquerías genéticas en Latinoamérica y el mundo. ¿Seremos los primeros en celebrar una mayor dependencia agrícola nacional, la destrucción de especies útiles y el aumento de la contaminación ambiental? ¿La sana intención de prohibir la entrada de productos genéticamente modificados y generadores de dependencia agrícola quedó en declaraciones heroicas, aplausos ingenuos nacionales y risas sofocadas del inversionista extranjero? ¿El temor de “decepcionar” a Mr. Trump pesa más que cualquier norma de precaución y seguridad sanitaria? ¿El ejercicio de la soberanía depende de factores externos y claramente adversos?

Al discurso de la soberanía nacional se contraponen consideraciones irrefutables desde la óptica de la dependencia, la conveniencia política y la realidad nacional. La narrativa construida sobre los despojos de los valores nacionales, el derecho internacional y la diplomacia resulta ser una cómoda pista de baile para el interés comercial, la codicia y la piratería más descarada. América, después de todo puede ser un continente geopolíticamente reducido a traspatio de un país con armas, dinero y carencia de escrúpulos.

A cambio de la destrucción del patrimonio y las identidades nacionales, tenemos la lucha contra China, Rusia, Cuba y el eje del mal al completo, narrada por Washington y reproducida por sus satélites. Según el guion dominante, el comunismo y las ideas de izquierda representan el mal que debemos combatir, unidos, coordinados por quienes saben cómo hacerlo, los Estados Unidos.

La narrativa que orienta a Occidente aparenta reivindicar los valores de la libertad, la democracia y, por supuesto, el libre comercio, mientras opera los elementos de contradicción que hacen de “América grande de nuevo” y miserable al resto del continente.  El parasitismo del norte es claro.

Estamos en una batalla cultural que supura mezquindad y falsedad a partes iguales, pero que tenemos que tragar en aras de la buena vecindad, la colaboración internacional y lo “políticamente correcto”.

El día en que llamemos por su nombre al genocidio, pongamos al descubierto los intentos de desestabilidad política y el agandalle económico y señalemos colectivamente a los culpables, entonces empezaremos a ganar la batalla entre la razón y el absurdo.

Por lo pronto, debemos dejar de ser el basurero del norte y dejar de autorizar proyectos extractivistas y destructores del ambiente, físico y social. No necesitamos plantas productoras de veneno, inversiones foráneas que son como manzanas envenenadas para la nación. Ya basta de neoliberalismo encubierto, porque sólo la verdad nos hará libres.



domingo, 9 de agosto de 2026

LA REFORESTACIÓN SOMOS TODOS

“La tierra no pertenece al hombre, el hombre pertenece a la tierra” (Jefe Seattle).


Todo apunta a que el proyecto de una planta productora de amoniaco en la Bahía de Ohuira va que va. Se alega que va muy avanzado el proyecto y que contribuirá a nuestra soberanía en materia de fertilizantes (que las empresas trasnacionales necesitan). Suena muy bien pero el lugar es un sitio Ramsar, es decir, protegido por acuerdos internacionales en favor de humedales, manglares y demás áreas donde se genera vida marina, la salud costera y ambiental.

Otro asunto relacionado con la expectativa de garantizar la soberanía nacional es el del fracking, ahora maquillado con el concepto de “explotación no convencional” que es lo mismo pero más barato, considerando los costos que sólo son menores cuando se dejan de lado factores como la población nativa, la contaminación ambiental y, muy importante, los huecos que se hacen al territorio y la soberanía nacional, ya que de un tipo de dependencia se pasa a otro, o más bien se alcanza un horizonte de dependencia “completo y copeteado” (Fox dixit).

Tal situación ha despertado agrias y dilatadas discusiones, matices conceptuales, llamados al análisis con fuerte olor a claudicación de principios y promesas, en aras de no pisar callos trasnacionales de obligada confrontación. Resulta que es más fácil dar golpes de mesa, imponer criterios y llevar adelante proyectos en casa que enfrentar intereses empresariales extranjeros.

La idea de extraer gas por medios “no convencionales” en beneficio de la soberanía, o pedazos de ella, difícilmente se sostiene considerando el origen de la inversión, la tecnología y el destino de la producción, ligada a espacios llamados polos de desarrollo que, quitando capas de maquillaje, simplemente significan nuevos espacios de instalación de maquiladoras al servicio del capital extranjero, a cambio de una vaga idea de progreso y empleo.

Es decir, se abaratan costos en energía para empresas que exportarán sus productos bajo condiciones más ventajosas que si lo hicieran en su propio territorio, ya que no contaminan ni deterioran sus tierras, aire o agua, y muchos menos afectan a sus poblaciones nativas.

Por otra parte, mientras se favorece el interés extractivista extranjero, el gobierno federal lanza este domingo 9 de agosto una campaña nacional de reforestación con la que “reafirma su compromiso con la restauración de los ecosistemas, la conservación de los suelos y el combate al cambio climático en todo el país”, honrando el compromiso contraído por Claudia Sheinbaum en la Cumbre del G20 celebrada en Brasil en noviembre de 2024 (https://shre.ink/GP5d).  

Seguramente nadie estará en contra de reforestar y trabajar por la salud ambiental para revertir la muchas veces disfrazada tarea de acabar con recursos naturales como selvas, bosques, rocas, arenas y playas, pero si se trata de revertir la depredación neoliberal es necesario dejar las ambigüedades y contradicciones: o se protege el ambiente o no se protege, con o sin inversión extranjera privada en forma de espejitos y cuentas de colores, promesas y paneles de expertos.

La soberanía nacional empieza por conocer, valorar y proteger los recursos propios y explotarlos en la medida en que la seguridad nacional, los recursos financieros, tecnológicos y ambientales lo permitan, poniendo en primer lugar la salud, la cultura y costumbres de los pueblos nativos y el desarrollo armónico de las comunidades.

Ahora la necesidad apremiante es aumentar nuestras propias capacidades para generar las condiciones de un desarrollo independiente integral e incluyente, asunto en el que deberían estar empeñadas las comunidades científicas y académicas, en vez de orbitar como polillas con doctorado en torno a la llama del poder sexenal de ocasión. Hemos perdido mucho tiempo, pero hay que empezar este largo y tortuoso camino.

El modelo extractivista y las expectativas del capitalismo fósil deben dejar de ser la guía del gobierno de la transformación. Si el estado mexicano no aumenta el gasto productivo, fortalece el mercado interno, impulsa una política industrial enfocada a la sustitución de importaciones, nunca va a generar empleo, ingreso y ahorro, y estará atado a una política que nulifica el esfuerzo productivo nacional en favor de las estructuras bancarias dominadas por el extranjero. Aquí tenemos que romper amarras y cambiar la retórica de la soberanía por la acción soberanista. Los hechos impactan más en la economía que las palabras.

En consecuencia, decimos no al fracking en el Noreste de México, no a la planta en Ohuira, a los proyectos extractivistas en la Huasteca Potosina y los proyectos gaseros en las costas de la península y el golfo de California, y estamos a favor de la búsqueda de alternativas propias en beneficio del pueblo. No podemos seguir creando zonas de castigo ni ser el traspatio del imperio.

El respeto a la naturaleza y a las comunidades es un imperativo categórico no sujeto a la manipulación retórica ni a la simulación. Por lo pronto, que se pudra en imperialismo gringo y buitres que lo acompañan… y como en una ocasión dijo la doctora Sheinbaum: “México no es piñata de nadie”.   



  

sábado, 1 de agosto de 2026

LA FALLA DEL SERVICIO DEL AGUA

 “El agua es vida” (frase de sospechosa actualidad).

 

Se sabe que en una ciudad el buen servicio de agua potable es de una importancia vital, y que debe tener cobertura completa y continua, además de surtir un producto sujeto a las normas de higiene e inocuidad, es decir, debe ser inodoro, incoloro e insípido, además de libre de patógenos.


Las características del agua potable son generalmente ignoradas por el gran público consumidor, hasta que una diarrea cuata interrumpe la suave tersura de nuestra indolencia, o que un evento como algún derrame masivo de sustancias tóxicas de origen minero pudiera poner en riesgo la de por sí precaria salud del ciudadano que vive con el Jesús en la boca por cuestiones de empleo, ingreso, costo de la vida y su propia vulnerabilidad inmunológica.

El agua cataliza las filias y las fobias cuando se politiza, es decir, cuando surge como reclamo ciudadano a contracorriente del “no pasa nada” de las autoridades legalmente facultadas para recibir reclamos, mentadas de madre y periodicazos a propósito de su incompetencia.


La ausencia de agua corriente en las tuberías genera molestias que pudieran hipotéticamente llegar a convertirse en manifestaciones de ciudadanos furiosos armados de piedras y garrotes y dispuestos a tomar por asalto las oficinas e instalaciones de servicio fallido. Confieso que la imagen pasa fugazmente por mi mente, lo que me proporciona una relativa vuelta a mi equilibrio emocional.

Se que lo anterior no es posible gracias al grado de domesticación adquirido por quienes votamos por los administradores municipales, estatales o federales, y ejercemos nuestro derecho a la muy civilizada pasividad fortalecida por la idea de la resiliencia y la mediación. Los gritos y somberazos más bien encajan mediáticamente en el perfil de la oposición, siempre a la caza de fallos y corruptelas de ocasión.

Nosotros, los civilizados y cumplidos ciudadanos de esta noble ciudad quedamos, como siempre, a la espera del servicio que primero se interrumpió por “la corriente de agua turbia que ingresaba a la planta potabilizadora y el riesgo de daños en el equipo”, y que después supimos que fue por una “falla eléctrica que afectó el funcionamiento” de la (misma) planta potabilizadora. El caso es que tras varios días sin agua tenemos dos versiones distintas y un solo problema verdadero.

En cualquier caso, las labores domésticas como barrer, trapear, lavar los platos y demás enseres y artículos domésticos, el lavado de ropa, así como el aseo corporal, quedan formalmente suspendidos por razones de ausencia de un líquido administrado por un sistema público municipal que no ha cumplido con su obligación, aunque queda el recurso de comprar agua embotellada en la medida en que el presupuesto lo permita.  

Las razones de la suspensión del servicio pueden ser varias, lo que genera un fuerte sentimiento de molestia e indefensión. Algo así como valorar a la baja al ciudadano y la fiabilidad del gobierno que libre y democráticamente elegimos (aunque muchas veces por no haber alguna otra opción más o menos votable).

La ausencia de agua potable en la red, por razones de turbiedad o por falla eléctrica tiene el mismo resultado: incumplimiento de una obligación constitucional en los términos del artículo 115 constitucional, con la consecuente molestia ciudadana.

Por otra parte, no falta quién especule acerca de la suspensión del servicio, relacionándola con la perversidad de cierta minera que pudiera haber aprovechado la lluvia para desahogar algo del contenido tóxico que tiene en sus represos, o quizá algunas posibles filtraciones de la sustancia derramada por un ferrocarril de Grupo México por el rumbo de Naco. Desde luego que no suscribimos ninguno de estos supuestos, pero entre turbiedades operativas cualquiera trata de encontrar explicaciones medianamente creíbles, o como simple desahogo emocional. Mientras tanto… deshidratémonos.



viernes, 31 de julio de 2026

EL DESCARRILAMIENTO

 “Hechos, no palabras” (frase latina).

 

Jorge Larrea, el bien fondeado empresario de las minas y el transporte, acaba de añadir una raya más a su piel de tigre tras el accidente ferroviario donde se derramaron 59 mil litros de hidrosulfuro de sodio en Naco, Sonora, sustancia tóxica que se suma a los 40 mil metros cúbicos de sulfato de cobre acidulado vertidos por Buenavista del Cobre hacia los ríos Sonora y Bacanuchi en 2014.

Como queda claro, al rollizo empresario se le da bien eso de verter sustancias tóxicas en tierras, aguas y ambiente sonorense, sin que el temor de la acción legal pase de una “inspección” o un acuerdo federal y estatal cuyo cumplimiento se escribe y se firma en el agua puerca de las complicidades y complacencias público-privadas.

Después de todo, el país necesita recibir inversiones que generen empleos y que derramen tanto contaminación ambiental como empleos exiguos y pretextos escenográficos para las fotos de la integración norte-sur.

En este marco, hablar de sanciones y de retirar la concesión minera por daños a personas, animales o cosas es un tema que se evita, porque puede preocupar a los inversionistas extranjeros interesados en burlar las leyes y procedimientos que en sus países estarían obligados a cumplir por respeto a la calidad del ambiente y la vida de sus conciudadanos. Cabe recordar que la laxitud genera confianza, atrae recursos y asociaciones estratégicas.

El hecho de que hayan pasado 12 años desde el derrame tóxico que cambió la vida de ocho pueblos del río de Sonora sin consecuencias legales resarcitorias, demuestra que el poder de los gobiernos (activos o residualmente neoliberales) sirve para detener o retrasar procedimientos, redactar informes y publicar historias donde el “ya merito”, se combina con el “no es para tanto” y el anuncio de “un acuerdo”, en un acomodo de piezas que casi hace aparecer a las víctimas como los culpables del desastre económico y ambiental perpetrado.

Así pues, la justicia puede relativizarse (en aras de la buena relación del capital nacional y extranjero) con las trasnacionales habilidosas en el uso y abuso del traspatio, en este caso fronterizo y prometedor de mil y una aventuras extractivas y de ocupación territorial estratégica.

Tenemos un territorio enorme cargado de promesas mineras y costeras cuya situación geográfica da pie a la acción intervencionista, al abrir los puertos y costas a la inversión en gaseras, fertilizantes y la operación del patio de maniobras logísticas y energéticas, así como puestos de avanzada maquiladora y comercial y, sobre todo, áreas de laxitud normativa, modorra institucional y una idea bastante difusa de la soberanía nacional, además de la facilidad de pasarse por el forro el contenido del artículo 27 constitucional y la legislación relativa a la seguridad nacional.

Las autoridades se han dedicado a “vender” Sonora, como si fuera un pedazo de pastel que sólo los paladares extranjeros pueden disfrutar a cabalidad y digerirlo de manera profesional. Si hablamos de iniciativa privada, es claro que no nos referimos al empresariado local y regional, sino a las trasnacionales que reclutan y dan de comer al cipayo nacional que finge ser emprendedor y capitán de industria.

Lo que resulta curioso y revelador es que, desde los tiempos del Salinato, la dimensión política de territorio se ha ido diluyendo hasta quedar reducida a una expresión empresarial o, si le apuramos, geopolítica en el contexto de la expansión de tal o cual hegemonía, en este caso anglosajona y sionista.

Pero cabría considerar que “no tiene tanto la culpa el indio sino el que lo hace compadre”, en el sentido de que, en una relación vertical-descendente, el polo del capital está por encima del que corresponde al simple operador local (político o empresarial) en un sistema global de dominación y subordinación. Aquí cabe decir que las gallinas de arriba cagan a las de abajo.

También es claro que los empleados del sistema lo van a defender porque les da sentido y justificación, y porque el dinero en cuenta corriente tiene más peso moral que las estrofas del Himno Nacional.

En este contexto, el apoyo a proyectos extractivistas y nocivos para el ambiente (Puerto Libertad, Guaymas, Topolobampo, la Huasteca Potosina…) sólo revela el grado de dependencia y subordinación de las autoridades a intereses cuyo impacto acaba con la biodiversidad y las actividades productivas primarias de la población ribereña y costera, a cambio de migajas de empleo e ingreso. De iniciativa y producción nacional, nadita de nada, aunque al nombre de cada iniciativa se le ponga “México”.

Finalmente, el descarrilamiento del tren de Larrea y su probable inocuidad legal, además del derrame del 2014, recuerda (entre otros) el accidente de Pasta de Conchos, y subraya cómo el gobierno se ha empeñado en componer la plana del depredador, a pesar de las muchas y reiteradas faltas de ortografía que contiene y la repulsión que su recuerdo produce.

La carrera por aumentar las inversiones extranjeras no debiera ser más importante que la de fortalecer el aparato productivo, la capacidad de sustituir importaciones, fortalecer el mercado interno, el empleo y el ahorro nacional.

De la fortaleza del aparato productivo y la diversificación del mercado depende la solidez de las instituciones, la moneda y la credibilidad del discurso sobre la soberanía. Sin embargo, celebramos los “avances del T-MEC” y nos resistimos a dejar de ser lo que somos: el traspatio maquilador y logístico del imperio.  



domingo, 12 de julio de 2026

LA SOMBRA DEL AGUA

 “Agua que no has de beber, déjala correr” (Conseja popular).

 

No deja de ser llamativo el sentido que tienen los nuevos y no tan nuevos proyectos del neoliberalismo extractivista, enfocado a la soberanía, el empleo y el ingreso de tal o cual comunidad o región.

Se fracciona el territorio en forma de parcelas productivas donde el elemento que le da sabor al caldo es el agua. Se sazona, además, con promesas laborales temporales y definitivas, ingreso seguro e infraestructura que hace habitable el espacio ganado por la trasnacional “que cree en México” e invierte en el territorio.

Ya sea mediante una concesión minera, industrial o de servicios, el capital se hace presente y, gracias a los medios oficiales y oficiosos, empieza su labor de convencimiento, amedrentamiento, condicionamiento y disuasión y, como quien dice, coloniza culturalmente a los habitantes en un encandilamiento que dura hasta que topa con la disposición de recursos vitales que la población nativa no extraña hasta que hacen falta.

Los recientes proyectos de licuefacción de gas, de amoniaco, de obras de infraestructura hidráulica en ríos de curso temporal, chocan con la realidad del entorno, donde la obra que habrá de garantizar “la soberanía” en materia de fertilizantes, de gas, de agua almacenada para consumo urbano, de petróleo y gas por fractura hidráulica, chocan contra la evidencia de los estudios y la experiencia ecológica y productiva, las tradiciones y cultura regional y, en última instancia, el interés nacional.

Resulta que no puede ni debe haber una iniciativa “soberana” que afecte el interés nacional, aunque se enfatice la solución de tal o cual carencia pasada o presente; aunque el verdadero interés tras el problema que se dice va a resolver se oculte bajo muchas capas de maquillaje declarativo; y aunque las presiones del norte global sean tan insistentes y poderosas que la visión patriótica se matice y recomponga a la luz de la conveniencia, el temor y el pragmatismo.

Últimamente vemos iniciativas soberanas que afectan o amenazan directamente el ambiente, los lugares reservados por su calidad de ser únicos en su dimensión ecológica, por ser lugares donde prospera la biodiversidad marina, como es el Golfo de California, que sostiene actividades productivas (pesqueras, turísticas y de investigación) en Sonora y Sinaloa.

El llamado acuario del mundo, famoso por su gran biodiversidad, se encuentra en la mira de la inversión extranjera directa privada, como si no tuviera cesiones y concesiones por parte de los gobiernos locales y el federal en favor del capital extranjero.


En la lógica depredadora y extractivista desfilan Puerto Peñasco, Puerto Libertad, Guaymas, Topolobampo, Ohuira, cada uno con su significado propio, con sus recursos turísticos, pesqueros, ambientales y estratégicos; con su carga cultural y sus valores tradicionales, que a nombre de la soberanía se ceden al extranjero para hacer lo que mejor sabe hacer: extraer todo beneficio posible a cambio de unos cuantos empleos y un y cúmulo enorme de contaminación y degradación ambiental.

México y su costa del Pacífico, sus lugares Ramsar, sus reservas de vida y prosperidad parecen ser monedas de cambio de la llamada soberanía, siendo que son áreas de sacrificio para la vida y futuro.

Tan rara y extravagante acepción de soberanía llama la atención como una forma paradójica de expresar la sumisión a los impulsos expansionistas de la clase capitalista transnacional, fanática de la novedad tecnológica que sustituye lo natural por lo sintético, lo tecnológicamente viable en manos extranjeras a cambio de sofocar el desarrollo nacional basado en nuestras propias capacidades.

Si tenemos una economía dependiente de factores externos, no resulta una buena solución profundizar la dependencia a cambio de una palmada en el hombro del hegemón del norte, y sacrificar recursos naturales que implicarían pérdidas incalculables en territorio y capacidad de decisión.   

Queda claro que la soberanía no se defiende con asambleas, afiches, memes y pronunciamientos de retórica patriotera, sino con acciones cotidianas que apunten hacia el fortalecimiento del aparato productivo y el mercado interno nacional, emprender la compleja tarea de generar las condiciones para la sustitución de importaciones, impulsar en lo posible la inversión y producción interna en lugar de atraer inversión extranjera directa privada y fortalecer la presencia del capital  financiero, en beneficio del sector bancario trasnacional.

Queda claro que una mayor inversión productiva vale más que reducir el gasto público y contraer la demanda de bienes, servicios y empleo. También queda claro que la soberanía nacional no puede fortalecerse si aumenta la dependencia de factores externos, sea capital, tecnología o modelos productivos y administrativos que al final se traducen en relaciones políticas de dominación-subordinación que definen el colonialismo de nuestros días.  

Me parece que el esfuerzo nacional debe enfocarse a revertir la lógica de la dependencia so pretexto de la complementariedad en un contexto de relaciones vertical-descendente, o dicho de otra manera, recordar que las gallinas de arriba pringan a las de abajo. De nosotros depende decidir en qué lugar debemos estar.

También creo que la mejor forma de apoyar un proyecto nacional es ejerciendo libre y responsablemente la crítica y la autocrítica respecto a las decisiones de un gobierno que, en este caso, elegimos de manera libre e informada. Sigo pensando que Morena es la opción, sólo que de nosotros el pueblo depende que funcione según las expectativas del proyecto de cambio y regeneración nacional por el que votamos.




viernes, 12 de junio de 2026

PARCHES PROGRESISTAS

 “El mundo es un lugar peligroso, no a causa de los que hacen el mal sino por aquellos que no hacen nada por evitarlo” (Albert Einstein).

 

Parece que la solución a los problemas no consiste tanto en atacar sus causas profundas como en echar generosas cantidades de saliva sobre las heridas que causan la queja social. La saliva, o la narrativa que se construye en torno a tal o cual situación, permite el despegue de la realidad y el aterrizaje en un plano donde las variables se mueven al compás de la lengua que las emite y determina.


Ahí tiene usted el drama social, económico y de salud que resulta de un pavoroso e inédito derrame de sustancias tóxicas mineras en el río Sonora y Bacanuchi. La indiscutible negligencia extractivista de Grupo México resiste los cambios de gobierno y camina hacia el logro de nuevas concesiones mediante el dominio de la narrativa construida exprofeso.

El gobierno se dedica a reciclar parodias de remediación, de resarcimiento de los daños a la salud y la economía de los pobladores de las comunidades ribereñas afectadas, y se dan a la tarea de dar por buenas las promesas de la empresa ecocida y toman parte de la responsabilidad de enderezar lo que enchuecó la codicia y mendacidad minera. ¿Si comparten responsabilidades, comparten propósitos?

Además del terrible crimen ambiental, se suma a la cadena de infortunios del río Sonora el empeño de construir tres presas que taponarán el flujo del escaso caudal que a veces discurre hacia las comunidades de la región y más al sur. El gobierno impulsa la desertificación al mismo tiempo que procura surtir de agua a la industria extractiva, sin dejar de lado la mentira de una suspensión que se ve desmentida por la presencia de maquinaria, equipo y extrañas perforaciones que plantea un oscuro panorama para los pobladores, donde es claro que las obras “suspendidas” siguen a nivel hormiga su lucha por taponar el flujo del agua.


Por el lado del golfo de California, se pretende instalar plantas de licuefacción de gas, en Puerto Libertad y Guaymas, a fin de que los gringos exporten desde Sonora el gas que se extrae en Texas mediante el método de fractura hidráulica, o fracking, que ha dejado del asco a tierras, agua y aire con serios costos en la salud de los habitantes en las áreas rurales cercanas a los campos de explotación petrolera y gasera.

Para colmo se contempla la posibilidad de dar reversa a la prohibición del método de explotación de fractura hidráulica en México, según ha manifestado la titular del Ejecutivo federal, provocando una reacción adversa en académicos de áreas como economía, ecología, geología, recursos hídricos y los grupos ambientalistas que toman en serio su actividad, y la simpatía de tiburones empresariales de la energía que cotizan (entre otras) en la bolsa de Nueva York y Londres.

A la mala explotación de los recursos hídricos se añade la idea de instalar centros de datos, lo que supone una mayor demanda de agua para fines ajenos y lejanos a las necesidades de vida humana y animal, que les importa muy poco a los emprendedores de Silicon Valley metidos a colonizadores de nuevos territorios y comprometidos con una futura sociedad de robots.

Imposible dejar de lado el proyecto "avanzado" de la planta de amoniaco en la bahía de Ohuira, que afectaría Topolobampo y, en general, el municipio de Ahome, Sinaloa.

Se trata de un proyecto relacionado con la producción de gases y residuos que darían la extremaunción a la actividad pesquera, ambiental, turística y comercial de la región, y que destruiría los recursos biológicos de manera irreversible, además de ser violatoria a la protección internacional que tienen los sitios Ramsar (humedales, manglares, lagunas y arrecifes de coral).

Al parecer, la nueva andanada neoliberal tiene querencia en el golfo de California, considerado como el acuario del planeta. Lugar codiciado por los gringos por sus características geográficas, biológicas, ambientales, y estratégicas.

La salida por el golfo ahorra tiempo y costos a las exportaciones de energéticos, ahora que se las están viendo duras con el conflicto en Asia occidental y, por supuesto, la guerra entre Rusia y la OTAN-EUA.

El golfo de California es la joya de la corona exportadora imperialista y parte integrante de los recursos geográficos de que dispone México, por ser la península de baja california parte integrante de nuestro territorio y el mar de Cortés o Bermejo es un mar interior mexicano. Si hablamos de defender la soberanía debemos empezar por proteger y valorar la importancia de nuestros recursos geográficos, biológicos y ambientales.

Hay proyectos extractivistas en marcha y eso no debe permitirse por razones de estricta supervivencia regional y nacional. La instauración de una narrativa plagada de parches progresistas, pero esencialmente colonialista, extractivista e imperial no debe pasar, porque nuestro territorio, la vida, el agua y el ambiente ¡no se tocan!




viernes, 5 de septiembre de 2025

¡QUE LLUEVA, QUE LLUEVA!

 

“El agua es vida” (sabiduría popular).

 

Cuando nos estábamos convenciendo que el infierno, llegado el momento, nos daría bola porque para calores los nuestros, y que las temperaturas calcinantes junto con la ausencia de agua convertida en causa de deshidrataciones, soponcios y vahídos nos colocan en la antesala de céntrica funeraria con planes capaces de reventar al presupuesto más fondeado, resulta que llueve.

La lluvia calma momentáneamente las arideces de una zona geográfica caracterizada por sus cambios en el patrón productivo desde que la civilización trajo consigo las maravillas de la urbanización con cargo a la salud ambiental e hidrológica del entorno, y da nueva vida y refresca la tierra y el paisaje para mostrarnos el perfil ocultó de la naturaleza antes de los fraccionamientos y el uso abusivo del cemento, la desviación de ríos y arroyos, la construcción de presas y represos privados y el agandalle impúdico del agua.

La ciudad crece sobre las resequedades acumuladas por una mala administración, sobre la violación de las normas y preceptos éticos que dicen que el líquido debe ser prioritariamente para uso humano y que es un bien social, no una mercancía. Sin embargo, la mancha urbana es el lienzo donde se dibuja la tragedia del desperdicio gracias a las tuberías reventadas, el derrame insidioso de las aguas negras, los olores fulminantes de la putrefacción, la dotación selectiva y la indolencia chucatosa de los gobiernos estatales y municipales con intereses mercantiles privados antes que públicos.

Las calles lucen con baches que revelan una mala pavimentación, o su abandono pernicioso. Cicatrices de indolencia y valemadrismo público que acalambra a los automovilistas y pone en peligro a los de a pie. Cráteres, socavones, hoyancos, hundimientos que deprimen el tránsito y documentan una forma poco escrupulosa de ejercer el presupuesto, de evadir el cumplimiento del encargo municipal, de pasarse por el forro las necesidades ciudadanas en el más elemental de los niveles.

Deseamos la lluvia y vemos con esperanza la formación de nubes. Envidiamos a quienes ven sobre sus cabezas la acumulación de vapor de agua que, eventualmente, terminará precipitándose para mojarlos, para recargar los mantos acuíferos, para llenar las presas que, finalmente, taponan el libre flujo de los ríos y afluentes naturales.

El agua se concentra en la obra de infraestructura hidráulica beneficiando a quienes cuenten con un canal, tubería o artilugio que conduzca el líquido hacia los terrenos de la mina, el rancho, la explotación “que genera empleos” y dinero privado, entre las que destacan los fraccionamientos, los desarrollos habitacionales para clientelas clasificadas VIP que marcan el horizonte del progreso y pujanza de la ciudad, como escaparate que atrae inversiones e intereses locales y foráneos.

El agua de las presas termina siendo la parte sustancial del menú que se sirve a las empresas extranjeras, a las transnacionales explotadoras de recursos que, siendo nuestros, se ponen en las vitrinas que exhiben las ventajas de invertir en nuestra ciudad y estado. Es el objeto líquido del deseo, la nueva y definitiva mercancía que hace posible la explotación de otros recursos como los mineros (oro, plata, cobre, litio), que, según se dice, generan empleos, progreso… y exclusión selectiva.

La lluvia nos refresca el ánimo y borra un poco la mancha de la marginación ciudadana, de la concentración de beneficios en favor de los exclusivos miembros del sector inmobiliario que lo mismo acaparan tierras urbanas que rurales, que igual desvían un río que hacen cuentas alegres de los terrenos de una presa al borde de la “desincorporación”.

La lluvia es esperanza, pero cuando la fuerza de la naturaleza no es acompañada de las previsiones urbanas necesarias, se convierte en desastre, en el repunte de nuevas tragedias urbanas, de encharcamientos, derrumbes, ablandamiento del terreno, deslaves, ampliación de los baches existentes y creación de otros.

La codicia, la mala administración, la falta de transparencia, la poca madre y la disposición de bienes públicos para satisfacer negocios privados, arruinan el entusiasmo pueril de la lluvia, opacan el canto gozoso de los niños que piden a la virgen de la cueva que llueva, que llueva…

Visto en perspectiva, tenemos los baches que merecemos, tanto como los derrumbes de techos y paredes, las fugas pestilentes, las tuberías rotas, los tandeos disfrazados de “fallas temporales” y la poca presión que impide el llenado de los tinacos, problemas que enfrentamos un día sí y otro también.

Vivimos en un bache urbanizado, en la ribera de un río contaminado que puede estar al borde de la desaparición, considerando la amenaza de tres presas más y un acueducto o cosa parecida, por lo que nos preguntamos, ¿con qué agua piensan llenar las presas? ¿De dónde viene ese fuerte olor a dinero si no es que de una empresa minera que se expande y lo traga todo? ¿Qué va a pasar con las comunidades ribereñas de Sonora?

El agua de la lluvia cae, fluye, penetra en la tierra, pero resbala en el pavimento que, eventualmente, se agrieta y colapsa. El ciclo de la vida parece estar expuesto a ser canalizado, controlado y monetizado por agentes públicos y privados de turbia calaña neoliberal… pero dicen que el pueblo es sabio. Esperemos.

 


viernes, 8 de agosto de 2025

TIEMPO DE ANIVERSARIOS

 “La voz del pueblo es la voz de Dios” (frase latina).

 

El día 6 de agosto se conmemora un aniversario más del derrame tóxico sobre el Río Sonora y Bacanuchi. Un mar de sustancias convirtió las expectativas de lucro desaseado de la minería abierta de Jorge Larrea en un pozo de pestilencia, decadencia y muerte. Buenavista del Cobre es la marca registrada del exterminador de ríos, la actividad productiva agrícola y ganadera, la salud y la calidad de vida de los pueblos rivereños y la credibilidad en un gobierno al servicio del empresariado neoliberal sin responsabilidad social.

También se conmemora y lamenta el uso de la energía atómica para destruir, aniquilar y humillar a un pueblo que antes tenía orgullo nacional y autoestima, y ahora vasallaje en niveles de abyección para con su agresor, Estados Unidos.

Las bombas arrojadas sobre Hiroshima (día 6) y Nagasaki (día 9) fueron parte del experimento de probar la nueva arma nuclear en una guerra ya ganada, y ahora aprovechada para probar nuevo armamento. Asesinato vil, cruel genocidio a nombre de los valores y la defensa de “América”. La libertad y la democracia cambiaron su sentido semántico para navegar en las aguas negras de lo políticamente correcto, del eufemismo y la manipulación mediática.

La amenaza nuclear es el tópico de moda en boca de los mismos que hicieron posible la eliminación de, digamos, 170 mil seres humanos en los dos vuelos militares de agosto de 1945. La bomba atómica es actualmente el garrote para preservar el sistema económico y político del supremacismo tecno financiero del Norte Global.  

Ahora, en el caso de México, el Río Sonora lucha por sobrevivir a las obras de infraestructura hidráulica que funcionan como tapones a su libre flujo, dando claro ejemplo de cómo el concreto y las varillas pueden adquirir un sentido político y económico que nada tiene que ver con obra pública y mucho con beneficio privado.

Los pobladores de los pueblos rivereños, entre los que se incluye Hermosillo, hacen peregrinaciones cívicas a las puertas de los edificios del gobierno, llevando demandas respaldadas por la lógica, el conocimiento técnico y la experiencia, frente a planes y proyectos que carecen tanto de sustento técnico como de arraigo popular, aunque tienen de sobra el olor y el sonido del dinero que emana el sector minero e inmobiliario.

¿Qué mueve al gobierno a crear una zona de especulación inmobiliaria en el actual terreno de la presa Abelardo L. Rodríguez? ¿Cuál es el sentido de crear tapones que impidan el flujo de agua y la recarga de mantos acuíferos de un río de por sí ya afectado por la irresponsabilidad de la actividad minera, “que crea empleos”, según el dicho del gobierno de antes y ahora?

¿Tiene lógica dar pasos adelante en un proyecto hidráulico cuando lo que se requiere es, primero, que haya agua y, segundo, que su distribución sea respetuosa con la naturaleza y acorde a las necesidades humanas y productivas?

Sonora es ejemplo claro de los efectos del estrés hídrico, de la capacidad del desierto y el entorno urbano para generar zonas de temperaturas extremas, de necesidades que van desde la preservación de la vida por razones del clima, hasta aquellas relacionadas con la pertinencia y oportunidad de las actividades productivas, sustento material de la sociedad sonorense.

Hay denuncias que cada vez son más importantes, aunque cada vez menos atendidas: si hay recursos para mega obras hidráulicas donde no hay agua ni estudios técnicos que las avalen, entonces ¿por qué no usar el dinero disponible, por ejemplo, para obras de rehabilitación y ampliación de la infraestructura requerida por el servicio de agua potable y alcantarillado?

¿Por qué no evitar el desperdicio de cerca del 50 por ciento del agua potable en Hermosillo, a causa de infraestructura obsoleta y mecanismos de supervisión y control rebasados hace décadas? ¿Por qué insistir en privatizar un recurso vital y público, en contra de la voluntad de los ciudadanos? ¿Valen más tres obras faraónicas sin demanda ni apoyo ciudadano, que responder a problemas reales con soluciones reales?

En el plano internacional, la irracionalidad de la guerra, o guerras, impulsadas por Estados Unidos y socios es cada vez más evidente, de suerte que la opinión pública internacional ya ve otros escenarios y formula juicios cada vez menos favorables para Estados Unidos, Israel, Francia, Reino Unido y el conjunto de la Unión Europea.

Por otra parte, la irracionalidad en materia hidráulica, minera y comercial en México, se pone en evidencia cada vez más, sobre todo en Sonora, donde grupos ciudadanos sin más bandera que sus legítimos intereses por la vida y el progreso, se pronuncian contra el discurso del beneficio y el progreso a costa de la economía regional y el bienestar ciudadano. Es indignante oír hablar a los funcionarios de manera tramposa y manipuladora. Ante la claridad de los hechos, el engaño no se les da.

Cierto que la industria de muerte, sea militar o minera, crea empleos, pero sus efectos sociales e históricos sólo revelan la decadencia de un sistema donde las cosas valen más que las personas. Por eso vale decir no a las presas, no a la guerra, no a la demagogia destructiva y a favor del buen juico popular. Y sí, por el bien de todos, primero los pobres.



jueves, 17 de abril de 2025

UN DOMINGO EN LA PLAZA

 “El agua es vida y el agua limpia significa salud” (Audrey Hepburn).

 

Domingo 13 de abril, domingo de Ramos. Me instalo en la plaza Zaragoza, frente al palacio de Gobierno, en Hermosillo, tras conseguir un café que acompañe la espera de la marcha ciudadana que viene desde El Tronconal. El ambiente es todo lo dominical que puede desearse, con fieles caminando hacia la catedral, vendedores instalando sus puestos y niños en bicicleta persiguiendo palomas.

Es el escenario ideal para que el precarismo figure estelarmente en forma de la persona que llega contando una historia trágica de abandono y miseria, a cambio de una oreja receptiva y dinero disponible. La historia, o cuento para despistados, tiene todos los ingredientes del fraude, del histrionismo que desacredita la precariedad y la solidaridad cuando se ve que se trata de una tomadura de pelo. El “no” por respuesta produce una cara larga y la retirada del farsante.

Una paloma aprovecha su posición en un árbol y lanza un misil de mierda que hace blanco en mi camisa. La servilleta del café hace lo suyo y continúo en espera.

Se acerca otro personaje que cuenta una historia de desarraigo por causa de la pobreza, el migrante expulsado por los gringos, ahora que todo el que venga del sur es terrorista y violador, criminal de siete suelas que debe ser capturado, aislado y arrojado al traspatio sureño que aguarda. El migrante que va rumbo a Nayarit pide ayuda, y hay que dársela.

Aparece una patrulla de policía y en breve llega la caravana de autos, las mantas, la gente y la protesta tronante contra el proyecto hídrico que ofrece tres presas que servirán de tapones al flujo de agua, que impedirán la recarga de los mantos acuíferos de las áreas supuestamente por beneficiar, que aumentarán la precariedad de la vida de los pobladores ribereños para convertirla en una pesadilla de resequedad y miseria, si se quiere, más profunda.

La plaza Zaragoza se politiza, su aire dominical, religioso y familiar termina transformándose en el escenario de la lucha de más de 40 comunidades que exigen que se les vea y oiga. Tras en ninguneo presidencial en Bavispe, dónde se les dice que para protestar deben primero enterarse del proyecto (oculto en la bruma burocrática) , mientras los ciudadanos exponen sus razones, la marcha hacia palacio es resultado de una solicitud de audiencia que empezó justamente en Palacio de Gobierno, fue a Palacio Nacional y terminó en el vacío, en el tecnicismo, en la mandada a la chingada de sus razones y vivencias.

Las presas, dicen, son anuncio claro y fuerte de muerte para las comunidades que viven de las filtraciones de agua en los mantos acuíferos, del flujo natural superficial y subterráneo del líquido que ahora se toma por mercancía, por objeto del deseo de acaparadores, empresarios mineros contaminantes, de desarrolladores inmobiliarios, de políticos encaramados en el cargo público, de los especuladores locales, nacionales y extranjeros que prosperan a costa del patrimonio nacional.

La opacidad en torno al proyecto, la ausencia del estudio de impacto ambiental, de viabilidad social y económica de las obras y el asalto a la democracia que supone impulsar un proyecto, sin pasar por el conocimiento y aceptación de su utilidad pública por sus supuestos beneficiarios, lo que echa por tierra cualquier argumento técnico, político o ideológico cuya base de sustentación sea aquello de que “con el pueblo todo, sin el pueblo nada”.

Los pobladores de las comunidades afectadas y por afectar exponen su experiencia, su conocimiento del ambiente, de los efectos negativos de una presa en una corriente de agua estacional. Creen urgentemente necesario buscar alternativas más a tono con la realidad regional, con las necesidades reales de las decenas de comunidades que viven del acceso al agua.

Señalan como irracional el implementar soluciones muchas veces fracasadas, mientras las causas del desabasto siguen vigentes, entre otras el desperdicio del líquido por fallas y envejecimiento de las vías de suministro; por la mala planeación de su distribución, por la discrecionalidad en el otorgamiento de las concesiones, por la corrupción del sistema y su enfoque neoliberal. Aquí resulta imposible no recordar cómo el interés privado es capaz de desviar el cauce de un río para dedicarse al manoteo inmobiliario.

Hacen notar que, al parecer, los expertos y especialistas oficiales y oficiosos no toman en cuenta que el flujo de agua permite la recarga de los mantos acuíferos y las fuentes de abastecimiento de pozos, tuberías y tomas domiciliarias. La política del agua navega entre las calenturas comerciales y el surrealismo sustentable.  

Como relevante, en medio del vacío informativo el periódico La Jornada (https://lc.cx/e2fkBQ) registró la marcha y el mitin, las razones de los ciudadanos afectados, los motivos de su lucha. Sin embargo, en la conferencia de prensa en Palacio Nacional el tema no fue incluido en la agenda, seguramente por causa de los aranceles, las exigencias de Míster Trump, las broncas donde el dinero se defiende, el capital demanda y el gobierno hace de su amable y confiable gestor.

Tras la manifestación ciudadana regreso a casa, con la manga de mi camisa con una mancha amarillenta, consciente de la importancia estratégica del agua, del imperativo moral de su defensa, del apoyo al pueblo bueno y sabio que lucha por su futuro, levanta la voz y espera respuestas.


 

sábado, 12 de abril de 2025

¿SERÁ COSA DEL SISTEMA?

 

“Cambiar para que nada cambie” (El gatopardo).

 

Desde la segunda llegada de míster Trump a la casa Blanca parece que llueve al revés y que las víctimas resultan ser bestias peludas que tunden las carnes de forma continua e inmisericorde de los buenos y piadosos White Anglo-Saxon Protestant (blancos anglo sajones protestantes) que derraman democracia, financiamiento y tecnología a cambio de la soberanía, los recursos naturales y la conciencia de los pueblos parasitados.

Europa artrítica y viciosa, arracimada en una especie de asociación delictiva que presume de estar unida y ser el bastión defensivo de la civilización occidental, se apresta a apoyar las luchas lodosas de Estados unidos contra Rusia, China o quien se atraviese en la ruta por la hegemonía mundial, mientras el Sur global se debate entre la risa y el llanto.

Latinoamérica en general y México en particular asumen una posición decididamente ambigua que va de los pronunciamientos patrióticos a la prisa por servir de tapete al paso imperial por su territorio. No tenemos agua, pero estamos más que dispuestos a entregar unos buenos millones de litros a los texanos tras la amenaza arancelaria de Mr. Trump, faltaba más.

Estamos en una época de estrés hídrico y de sequía patriótica, donde el agua es el objeto del deseo y razón suficiente y necesaria para aflojar y cooperar bilateralmente. Tan es así que nos apresuramos a “tecnificar” regionalmente el riego y poner diques al libre flujo del líquido que es vital y escaso.

Cabe recordar que en aras de salvaguardar la “seguridad nacional” del vecino norteño, debemos compartir datos biométricos y vigilar la frontera con Guatemala, así como cuidar el agua y ser racionales en su uso. Lo anterior nos conecta con la información biométrica requerida por mandato de ley para alimentar bases de datos nacionales para afrontar las desapariciones de personas que un día sí y otro también son denunciadas en medio de llantos y mentadas de madre.

Asimismo, viene el plan hídrico que ofrece la construcción de tres presas en Sonora que, entre otras cosas, garantizaría (se dice) el abasto de agua a la ciudad de Hermosillo y favorecería el consumo humano y del sector productivo.   

Lo de los datos biométricos es una idea que se ha planteado anteriormente teniendo como respuesta el rechazo social por invasiva de la privacidad de los ciudadanos y familias, y que ahora resulta renovada, “progresista” y necesaria para la pronta respuesta ante el fenómeno de los secuestros y las exigencias de “seguridad” del vecino anaranjado y arancelario.

Sobre lo otro, el agua y los planes sonorenses (sic), cabe señalar que nuestro estado ha sido el cercano objeto del deseo de varias administraciones arizonenses que hicieron cuentas de Guaymas como su puerto de salida, a lo que se agrega la transformación de Puerto Libertad y el Golfo de California como un área de necesaria renovación estratégica gasera, de cara a la fea competencia oriental.

Hasta aquí, resulta oportuno revisar a qué intereses pudiera responder la construcción de las tres presas que impulsa el gobierno estatal y avala el federal. Saltan como conejos dos núcleos de interés, el minero ligado a Larrea (Grupo México) y también complacer las directrices gringas respecto a la “tecnificación regional” del uso del agua.

Las comunidades rivereñas del río Sonora y Bacanuchi siguen con su salud y economía arruinada, gracias a Grupo México y su hazaña de convertir en vertedero tóxico el río y sus riberas. La ciudadanía sonorense es testigo de los impactos de una presa en su entorno regional productivo y doméstico, por eso las comunidades señalan la escasez o ausencia del agua, y señalan que la presa es anuncio de muerte ecológica.

Los planes hídricos actuales, en el caso de Hermosillo, van de la mano del asalto inmobiliario a los terrenos de la presa A. L. Rodríguez y áreas aledañas.

Hay la percepción pública de que la capital de Sonora es el escenario actual de una operación contra la naturaleza y a favor del interés privado, tanto en lo pequeño, como es robar espacio verde para construir locales comerciales en el Parque Madero, como en lo grande, como disponer de las tierras de la presa para fines comerciales privados.

Es claro que aquí ni la honestidad ni la dignidad se han convertido en costumbre. Se siente que el gobierno es el patio de recreo de oportunistas y chapulines. ¿Será cosa del sistema que se dijo vencido políticamente y que aún nos jode? ¿En todo caso, hasta cuándo?  

 

 


jueves, 25 de enero de 2024

HERMOSILLO Y LA LLUVIA

 “Vida ciudadana: millones de seres viviendo juntos en soledad” (Henry David Thoreau).

 

El pasado martes 23 la ciudad capital de Sonora nadó cual tortuga reumática en busca de la alcantarilla perdida, de la obra de drenaje urbano que hiciera posible dar normalidad a las actividades citadinas. Aquí pongo el acento en el tránsito vehicular y peatonal y, desde luego al comercio y la educación.

La ciudad ya es lo bastante agrande como para que se puedan distinguir diversas zonas de impacto: en algunas partes llovió a cántaros y granizó mientras que en otras sólo se tuvieron lluvias de variable intensidad que no afectaron mucho a los viandantes, independientemente de los sustos por baches ocultos por el agua y las rociadas de algún imbécil motorizado con ánimo de joder.

Llegué al restaurante de la cadena comercial que presume ser parte de mi vida a fin de cumplir con una cita. Mientras esperaba, el alto volumen del sonido servía de telón de fondo a un vivo parloteo de una de las escasas mesas ocupadas porque, como se sabe, cuanto más se oye el sonido ambiental más se levanta la voz.

No se si como consecuencia o como complemento, uno de los meseros hablaba a gritos a unos comensales a pocos metros de distancia, y otra persona, aparentemente habitual del negocio, se complacía escuchando algo en su teléfono celular, a manos libres, cuya inteligencia aportaba lo suyo al desmadre ambiente.

Saludé a un abogado excompañero de trabajo y supe, sin mediar ni pregunta ni propuesta, de su pejefobia, de su reciente plática “con Manlio”, de que había cobrado, junto con otros miembros de su familia, la pensión del Bienestar, pero que eso “no se lo deben a AMLO, porque es un derecho constitucional”.

Por simpatía personal evité preguntarle al abogado de quién había sido la iniciativa de elevar a rango constitucional los apoyos a los adultos mayores, entre otros beneficiarios de la política social del régimen.   

Cumplida mi travesía social abandoné el local en medio de una llovizna que prometía humedecer mi vestimenta lo suficiente como para abrir un flanco de vulnerabilidad aprovechable por los virus de moda. Es claro que los citados patógenos andan por otros rumbos más promisorios, como las páginas de los diarios, los bloques informativos en la tele y similares, pasando por las entrevistas en diversos medios informativos que llaman la atención sobre la variante Pirola, X, y no falta qué otra terrible amenaza.

El tránsito del café a la Universidad de Sonora fue una especie de carrera de obstáculos, entre charcos, baches y carros convertidos en regaderas motorizadas. En este punto, resulta obligado alabar la previsión de quienes proyectaron el puente elevado que conecta el viejo Hospital General con la máxima casa de estudios.

Sin embargo, en caso de lluvia la comunidad universitaria se ve aislada del resto urbano, dado que las aguas inundan las calles internas y los peatones académicos y estudiantiles no sólo pierden tiempo en el traslado, sino que mojan calcetines y zapatos en aras de transitar en la laguna donde forjan su futuro profesional.

En el Campus, el tema de moda entre los académicos es el de la nueva tarifa del seguro de gastos médicos mayores (SGMM), recientemente discutida y sometida a consulta por el sindicato, así que habrá una tarifa diferenciada donde a mayor edad mayor costo.

El detalle está en que los mayores están (o estarán) jubilados y dependen de la pensión asignada por ISSSTESON. En pocas palabras, se abandonó el esquema solidario de tarifa única que apoyaba a los más viejos, con el ánimo de evitar que los jóvenes abandonen la suscripción al seguro. Para efectos prácticos, se procura que la empresa aseguradora siga manteniendo sus utilidades y no deje de prestar el servicio.

Algunos alegan que la contratación del SGMM, ante las deficiencias del ISSSTESON, es “un logro sindical”, como si la organización democrática y progresista de los trabajadores universitarios, ante la disyuntiva de favorecer la privatización neoliberal de la salud o luchar por una mejor salud pública, hubiera decidido pragmáticamente favorecer la primera opción y echarse en brazos de la empresa privada.  

El asunto plantea un problema de conciencia sindical que, ante los cambios en el espectro político nacional e internacional, debería, por congruencia, someterse a un honesto ejercicio de autocrítica y actuar en consecuencia.       

Finalmente salí de mi Alma Mater y caminé hacia el cumplimiento de otro compromiso, no sin antes pensar en que, a pesar de los años y las temporadas de lluvia acumuladas, no somos capaces de dar a la ciudad un sistema de drenaje que sea funcional a las necesidades de imagen y el futuro de que presumen estas y las anteriores autoridades municipales.

Así pues, entre cafeterías con aire de tugurio, de abogados opositores que no saben el origen de ciertas disposiciones constitucionales, de charcos, baches y aislamientos acuáticos, en una ciudad sin drenaje pluvial y un sindicalismo que presume de sus claudicaciones, pienso en Gaza y su holocausto en manos de Israel, Estados Unidos y la Unión Europea, en Ucrania y el fracaso del Occidente colectivo, en la necesidad de un mundo multipolar que respete el derecho internacional y concilie las diferencias. Pero así estamos.