Notas Sueltas es un espacio de opinión sobre diversos problemas de carácter social, económico y político de interés general. Los comentarios pueden enviarse a: jdarredondo@gmail.com

martes, 7 de abril de 2026

EL MUNDO GIRA A TRUMPADAS

 “Porque el cine se ve mejor en el cine” (vieja consigna comercial).

 

Acabo de ver una película gringa donde un monstruo extraterrestre se dedica a la caza de desprevenidos ciudadanos para tragarlos con todo y zapatos, hasta que las fuerzas de la ley y el orden terminan con la amenaza con una buena dosis de explosivos.

No hace mucho vi otras donde lo mismo daba evitar que la luna se dividiera en pedazos afectando la Tierra, que el núcleo de nuestro planeta presentara una peligrosa inestabilidad que podría terminar en tragedia global, o que una falla geológica amenazaba con devorar países enteros si se la dejaba avanzar. La solución fue la misma: gruesa andanada de misiles, cargas de profundidad o la colocación estratégica de explosivos que lo mismo sirven para despanzurrar que para unir.

En el anchuroso panorama fílmico, no puede faltar una buena explosión con incendio en cada accidente automovilístico, de aviación, marino o aéreo; o en redes subterráneas que desembocan en alcantarillas cuyas tapaderas se convierten en proyectil urbano. Así, los incendios, las explosiones y la destrucción de edificios, aviones, barcos y automóviles son materia recurrente en la filmografía del tío Sam.

Tampoco falta (y aparece con total puntualidad) el vómito irrefrenable cuando alguien se topa con un cadáver, sufre una amenaza, revive un recuerdo, una frustración, un disgusto… El vómito escénico es parte obligada en el drama, la aventura y la comedia.

En las series de televisión o en la producción cinematográfica, la industria gringa se empeña en transmitir valores, actitudes y propósitos con carácter de norma universal de comportamiento. Las emociones, las expresiones verbales, las ideas del mundo y la vida fluyen y se plasman en celuloide, en gigabits, en forma verbal, escrita o mímica, en dos o tres dimensiones para consumo y atención de la periferia.

El problema surge cuando ese mundo fantasioso que imita sesgadamente la vida se convierte en norma de relación con el vecino: décadas de llenar las salas de cine con apologías del heroísmo gringo y señalamientos acusatorios contra el horror del comunismo, el terrorismo de ocasión, el islam, la negritud, los latinos, la amenaza china, norcoreana, rusa, iraní, entre muchos otros “monstruos” ansiosos por socavar los cimientos de la civilización occidental y los valores de libertad y democracia (lo que esto quiera significar).

Es fácil imaginar que, ante el avance comercial de China o Rusia, los democráticos y progresistas empresarios y funcionarios gringos corrieron a sus respectivos cuartos de baño para descargar unas buenas vomitonas, y que en reuniones del más alto nivel se entregaron a la tarea de   implementar bombazos selectivos tendientes a restablecer el orden “basado en reglas”, a costa de romper el orden establecido y el equilibrio de un mundo que parece reacio a su control.

En un contexto donde la puerilidad armada se cree con el derecho a decidir el destino de los demás en función de su deseo, es obligatorio que las amenazas, las agresiones y las más crudas expresiones de la patanería se conviertan en política exterior, en norma de relación con los otros, con los extraños y peligrosos que rosan sospechosamente las fronteras físicas o virtuales del Imperio… por eso es asunto de “seguridad nacional” lo que ocurra o pueda ocurrir incluso a más de 10 mil kilómetros de su frontera.

También es asunto suyo arruinar su economía para echar mano de los recursos de otros pueblos. Por eso es una compulsión fatal el sembrar de bases militares el planeta, mantener embajadas y consulados como nidos de espías y saboteadores, fomentar la inestabilidad internacional, los golpes de estado, los cambios de régimen, los tratados comerciales con alcances políticos y administrativos, los ejercicios militares conjuntos y las inversiones que permitan poner los pies en la tierra y los recursos extranjeros.

Décadas de estupidez e insolencia empaquetadas como producto de exportación requieren de cadenas logísticas tan eficientes como serviles, así que se crean patios traseros a nombre de la cooperación y la coordinación, normalizando los impulsos coloniales y las estructuras de dominación-subordinación que los gobiernos de la periferia acatan, pero niegan a nombre de la “soberanía” y los “intereses comunes”.

En este patético caso, los gobiernos subordinados sufren de gastritis, diarreas o reflujo gastroesofágico cuando tratan de explicar que el insulto, la ninguneada y el piquete obsceno a su intimidad es parte de la “tradicional buena relación” que tienen con el matón del barrio. La etapa del vómito llega cuando se ponen frente al espejo y aún conservan restos de dignidad y vergüenza.

Los casos de Venezuela, Cuba o México, en diverso grado registran las inmensas posibilidades de la náusea. Los de Gaza e Irán (como antes Irak, Afganistán, Libia, y los mecanismos de subordinación mercenaria de las monarquías petroleras árabes), bien merecen un grito de indignación y advertencia, como finalmente se manifiesta multitudinariamente en el seno mismo del Imperio.

En el caos global, la presencia e influencia de Estados Unidos e Israel es toda una invitación al desmadre civilizatorio, donde parecen salir del pasado mitológico Moloch, Baal y su corte de demonios.

El absurdo cinematográfico apocalíptico tiene como escenario real el Medio Oriente, Latinoamérica, África, la moral pública y privada, la familia y los gobiernos que o son cómplices o figuran como actores secundarios en el elenco del fin de los tiempos.

Y si, parece que el mundo gira a Trumpadas, a espasmos musculares, a movimientos del intestino de un monstruo extraterrestre que devora pueblos por inercia, por una gula viciosa y mortal. Pero no falta mucho para la vomitona y la explosión.



 

lunes, 23 de marzo de 2026

DESDE LAS ALTURAS

 “En los negocios no existen los amigos: no hay más que clientes (Alejandro Dumas).

 

Al parecer, tenemos una economía que depende de factores externos, de decisiones que vienen desde las alturas, sea FMI, Banco Mundial, fondos financieros internacionales como BlackRock o corporaciones globales como Microsoft, Apple, Pfizer, Bayer-Monsanto, sin olvidar al T-MEC, el Comando Norte de EUA, la DEA, la CIA, la OMS y los infinitos amarres de la dependencia estructural y coyuntural que se aceptan con total soberanía.

Nacemos, crecemos y morimos con la creencia de que la Independencia de México es una condición existencial histórica, política y jurídica que marca los límites del contacto e influencia externa en nuestros asuntos, sean de índole material, espiritual o conductual.

Pretendemos ignorar con todas las fuerzas la realidad que se construye a través de tratados, acuerdos y transferencias de modelos administrativos y académicos, culturales y políticos, sanitarios, tecnológicos y científicos que se asumen sin pizca de análisis crítico. Sin que respondan a una necesidad real del entorno en el que se van a aplicar, sin un análisis previo de su contenido y de sus efectos contextuales.

Nos “modernizamos” a costa de la propia piel, de la identidad, de la pertenencia y sus valores culturales. Imitamos compulsivamente los usos y costumbres de fuera, los consideramos más elevados, de mejor calidad, de absoluta necesidad y pertinencia porque son del Norte Global, porque no hay periferia sin centro, porque nuestra vida responde a la ley de gravedad y las cosas caen de arriba a abajo, del norte al sur cartográfico, de los blancos a los morenos, de los adelantados a los atrasados.

Las alturas, en el contexto nacional, van del gobierno federal al estatal, del estatal al municipal, en un orden jerárquico que va de lo mayor a lo menor en cuanto a su peso, a su importancia y trascendencia. Aquí la teoría del federalismo mexicano vale tanto como papel mojado y resurge ese centralismo que las luchas revolucionarias desde la independencia hasta la gesta de 1910-17 no pudieron vencer y menos relevar.

La preminencia de la metrópoli sobre la colonia, del núcleo político sobre la periferia dependiente y sumisa se refuerza en cada hito tecnológico, financiero y comercial que viene del norte. Quizá por eso fracasó el modelo de sustitución de importaciones y llagamos al modelo maquilador, dejamos la idea de la autosuficiencia alimentaria, el fortalecimiento del mercado interno ligado a la capacidad productiva nacional, para dar paso a la liquidación de los activos productivos nacionales, con la idea de que era mejor comprar que vender, consumir que producir, y echarse en brazos de la dependencia vía TLCAN y ahora el T-MEC.

La década de los 70 termina con una severa crisis del patrón de acumulación de capital y la necesidad de recuperar la tasa de ganancia ofrece una medida de reconfiguración que resulta en el modelo económico que conocemos como “neoliberalismo”, cuyo contenido económico y político trae a la escena la unipolaridad mundial y sus contradicciones.

Los años 80 son el marco temporal de nuevo comercio internacional y local donde predomina el interés privado sobre el social, sin tapujos, sin misericordia y sin escrúpulos, aunque conservando, en general, el lenguaje ambiguo y protocolario usual en las relaciones internacionales. La forma se distancia cada vez más de su contenido.

La llegada de Donald Trump inaugura oficialmente la ruptura con la razón y el lenguaje sólo tiene sentido cuando está al servicio de la estupidez dogmática del anglosionismo. Ahora pasamos de la hipocresía al cinismo y el hilo argumental pasa sin eufemismos al terreno del supremacismo, el racismo y la exclusión, a la amenaza cuando no la agresión que marca el fin de la diplomacia y el derecho internacional.

En el plano interno, la nación se debate entre la realidad de un modelo económico que vino de arriba abajo, como por gravedad, y la idea de la soberanía nacional: la nación soberana, libre e independiente frente al espejismo de la “modernidad” funcional a los intereses del capital extranjero y la hegemonía del norte.

Aquí negamos al neoliberalismo, pero se mantiene el T-MEC y se impulsa la integración económica antes que enderezar el rumbo hacia la soberanía energética, monetaria, industrial y comercial.

Le negamos petróleo a Cuba pero mandamos ayuda en especie (como sobada tras el golpe) que no contravenga la prohibición del imperio; impulsamos la digitalización del gobierno, el control biométrico, los pagos exclusivamente electrónicos en gasolineras y casetas de peaje; se abre legalmente la inversión privada en campos que son competencia del gobierno privatizando el desarrollo nacional, y abrimos espacios de intervención extranjera en puertos y áreas económicas estratégicas (por ejemplo Proyecto Sahuaro, o Amigo GNL), en un ejercicio extraño y pernicioso que contradice en cada paso el supuesto de la soberanía y la oferta de renovación nacional.

En un mundo donde la guerra es el vicio irrefrenable, las apariencias actúan como el maquillaje teatral de las arrugas y cicatrices del imperio, el lenguaje sirve para sofocar disidencias, ocultar rupturas, salidas de control de la inteligencia y arranques morales comprometedores. Es el mundo de Epstein, el Mossad, la CIA, el mesianismo talmúdico incubado en las sinagogas y drenado hacia Washington, Bruselas, o alguna capital latinoamericana.

En este contexto, la guerra viene en oleadas, del centro a la periferia, de las metrópolis a las colonias que, en aras de la colaboración, la complementariedad y la pérdida creciente de autonomía, se niegan a dejar “solito” al hegemón que las desfigura, enajena y abusa.

Por favor, no hablemos de soberanía. En todo caso, sintamos nostalgia del futuro, de lo que pudo haber sido y no fue.



domingo, 22 de marzo de 2026

LA CULPA ES DE LOS OTROS

 “El que mata y tortura sólo conoce una sombra en su victoria: no puede sentirse inocente. Necesita, pues, crear culpabilidad en la víctima” (Albert Camus).

 

En todo error, fracaso, pérdida, desliz, tropezón o simple regada de tepache siempre hay un culpable. El problema surge cuando hay que deslindar responsabilidades, o sea, asignar culpas y anticipar castigos, sanciones o varapalos.

Ahí tiene usted la bronca con Palestina, donde Israel reclama espacios que jamás ha tenido pero que, tras una lectura bíblica comodona y autocomplaciente, decide que la propiedad inmobiliaria perpetua y completa les corresponde por promesa divina.

Lo insólito es que pretende justificar la invasión en oleadas (auspiciada por los barones Rotschild y animada por teóricos del sionismo como Theodor Herzl) de una tierra milenaria donde el mito religioso se mezcla con los pulsos geopolíticos a tono con las expectativas del capital, con alegatos carentes de fundamento.

Lo cierto es que el occidente colectivo, tan orgulloso de las razones científicas y tecnológicas, babea de emoción cuando se les convoca a ser partícipes de la venida del Mesías, la construcción del tercer templo y el fin de los tiempos, lo que demuestra que el mesianismo judaico rebasa por la derecha al razonamiento científico.

En este contexto, ¿qué mejor que convertir un conflicto regional en uno global?, ¿o despanzurrar naciones enteras en aras del desmadre global que avance en la destrucción total de lo actualmente conocido, reescribir la historia y reformatear la vida y nuestro destino?

Al parecer, la nueva edición del mundo proyectada por los sabios talmúdicos calenturientos de geopolítica y delirios farisaicos pasa por la siempre dispuesta atención de Estados Unidos, donde el mito mesiánico se mezcla con el también mandato divino de la excepcionalidad y el “destino manifiesto”.

Aquí, la aberración tiene carácter de revelación divina y mandato celestial. En este caso, la razón, el sentido común, el derecho internacional y las ventajas de una vida saludable y pacífica, carecen de sentido frente a la chatarra ideológica y política del supremacismo.

Cuando el absurdo se convierte en norma de observancia obligatoria, la mente busca el equilibrio frente a las nuevas circunstancias: todos los días se mata gente en Palestina, todos los días se pisotea a la humanidad con ataques “preventivos” o motivados por la sola sospecha de narcotráfico, todos los días se habla de combatir al crimen y luchar por la democracia y las libertades, todos los días se acusa a tal o cual nación de albergar delincuentes y ser un estado fallido. Se nos recomienda “resiliencia”, o sea, hacer como que no pasa nada mientras el anglosionismo nos pica el trasero.

Pero, el que juzga y actúa contra quienes acusa resulta ser el mayor productor y vendedor de armas, en más vicioso consumidor de drogas, el más activo negociante y promotor de estupefacientes, el más perverso desestabilizador político y el más activo impulsor de golpes de estado en el mundo.

Con este escenario, la paz y la estabilidad mundial quedan como una simple utopía, un buen deseo que reconforta el optimismo y permite resistir a los embates de la estupidez armada e informatizada, mientras hablamos de aguante y tolerancia civilizada, porque sigue apostándose al diálogo, a la diplomacia, a los buenos modos frente a los malos tratos. El mundo prefiere dejarse ultrajar antes que enfrentar y romperle el hocico al agresor.

Otra salida es la de la resistencia activa, la organización entre ciudadanos en la misma nación afectada y el buen entendimiento entre vecinos. Una nación que resiste puede ser ejemplo para las otras, debe inspirar la unión, la colaboración y la coordinación de esfuerzos, por el simple impuso de supervivencia y por la legítima defensa.

México, Iberoamérica y el Caribe, por lo pronto y desde luego el Sur global deben enfrentar la grosera agresión anglosionista, sin mamadas, hablando y actuando claro.

En otro asunto, pero relacionado con las tomaduras de pelo y el abuso contra los ciudadanos, tenemos algunos proyectos ridículos en ciernes. Por ejemplo, la planta de licuefacción de gas en Guaymas, al servicio de los gringos, la planta de amoniaco en Ohuira, al servicio de Alemania; la construcción de presas en el cauce del río Sonora, al servicio de las mineras; los tandeos disfrazados en Hermosillo, donde, al parecer, se “esfumó” el dinero para las reparaciones de la red de agua potable y la salida “inteligente” es mandar chorritos intermitentes en vez del caudal normal de agua, al menos para el llenado de los tinacos y otros depósitos domiciliarios.

Sin embargo, las autoridades sonríen frente a la cámara, aplauden las expectativas de un nuevo T-MEC al gusto de Trump, la colaboración soberana (sic) que permite aproximaciones vergonzosas por parte de soldados y agentes extranjeros en suelo y cielo nacional, las inversiones en renglones estratégicos que debieran cuidarse y reservarse, y como no podía faltar, las autoridades locales que promueven obras e inversiones con un cierto olor a corrupción y cinismo.

Mientras tanto, sigamos gozando de la capacidad de distinguir el grano de la paja, y busquemos actuar en consecuencia. Queda claro que, en el reparto de culpas, el perpetrador es quien debe pagar, y que nada justifica el genocidio, el autoritarismo y abuso del poder, el engaño, la corrupción y la ineptitud gubernamental, tanto en el Imperio de Epstein como en su periferia. El pueblo no es culpable, salvo quien se convierte en cómplice del abuso.



sábado, 7 de marzo de 2026

MONTONEROS, FALSOS Y COBARDES.

 “Hechos, no palabras” (frase latina).

 

Occidente se ha convertido en una turba infame, en un montón de imbéciles al servicio de quien creen su amigo y protector frente a las amenazas de la razón y la dignidad. Las viejas potencias coloniales que otrora hicieron de las suyas en América, Asia y África, ahora recurren a una infame cháchara que supura ambigüedad, cobardía y franca estupidez puesta al servicio de justificaciones que no se las cree ni su abuela.

El reciente ataque a la República Islámica de Irán con el pretexto de que está desarrollando armamento nuclear que EUA y el mundo “no puede permitir”, recuerda la mentira de que el Irak de Sadam Husein poseía “armas de destrucción masiva”, y que era una verdadera amenaza a la “paz mundial” que debía de ser destruida… y los gringos fueron y lo hicieron.

Antes como ahora, los intereses de EUA y satélites europeos gira en torno al petróleo, tierras raras y geoestrategia. La máscara humanitaria y pacifista, cae por su propio peso. Ya nada sostiene la mentira de la democracia y el progreso llevada hasta el límite por EUA y su manada europea.

Asoma con descaro la fea cara del imperialismo a través de las palabras y las acciones del gobierno del degenerado Trump, así como sus lacayos en Francia, Alemania y, en general los países arracimados en la OTAN. Primero con Gaza y ahora con Irán, la historia de la infamia se escribe con sangre mártir, con seres humanos masacrados en ofrenda a los muy absurdos y puñeteros delirios de Israel y EUA sobre el dominio de la región y el mundo “por mandato divino”.

Es casi imposible imaginar la existencia de un dios viciosamente agresivo y vengativo que hace promesas sectarias y excluyentes a un pueblo, a una sola tribu, cuyas raíces de pierden en las arenas del mito y las más calenturientas fantasías mesiánicas, a costa de la paz y el patrimonio de los demás.

Es absurdo convertir en derecho un mito religioso que, gracias al interés político y territorial de Inglaterra se convirtió en expectativa nacional. El sionismo obra el milagro de convertir la fe en nacionalidad, sin importar origen racial, historia y razón. Aquí, hablar de pueblo no tiene nada que ver con la historia o la genética sino con una política expansionista y el control estratégico de una región del medio oriente.

Curiosamente, los verdaderos semitas como los palestinos son víctimas de la expansión sionista. Los palestinos, libaneses, iraquíes, sirios, jordanos, yemeníes son semitas de origen, no así los habitantes del ente sionista llamado Israel, que nada tiene que ver con los escenarios bíblicos porque su origen obedece a migraciones europeas y orientales.

Aquí, lo que no escapa a cualquier inteligencia razonablemente sana es el hecho de que tanto los sionistas israelitas como sus satélites gringos trabajan por acelerar “el fin de los tiempos” para propiciar la venida del Mesías y el cumplimiento de las promesas al “pueblo” de Israel (hágame usted el recabrón favor).

EUA e Israel “trabajan” por la destrucción total como requisito del nuevo amanecer bíblico, por eso la absoluta irracionalidad de una guerra que solamente subraya la capacidad mundial de convertir en mierda su propio destino.

Lo que ahora es imperativo es dejar de tragarse la historia de la defensa de Israel contra sus víctimas y vecinos, el absurdo de llamar antisemitas a quienes se oponen y denuncian la barbarie anglosionista y la ridícula y criminal complicidad de EUA en el genocidio que se perpetra a ojos vistas.

México y Latinoamérica deben decir basta a la manipulación informativa y la pasividad política que tolera ultrajes y complicidades imperiales. Europa y el resto del mundo deben reaccionar en legítima defensa.

Lamentablemente, los gobiernos europeos y algunos latinoamericanos están cediendo soberanía y sus objetivos nacionales se subordinan al proyecto de dominación anglosionista, en pos del objetivo de construir el aberrante “gran Israel”, así como, por otra parte, cumplir con el “destino manifiesto” de EUA mediante la coacción, la amenaza y la agresión, como es el caso de Venezuela o Cuba.

El poder de la estupidez armada puede ser abrumador, pero el deber de las víctimas actuales o futuras es defender lo propio y denunciar con todas las letras el atraco mundial que se está llevando a cabo, y unir fuerzas contra el agresor antes que callar en un obsceno acto de complicidad.

La llamada guerra contra los cárteles de la droga por parte del principal consumidor y negociante de enervantes, debe entenderse como lo que es: un mecanismo de chantaje, intervención y dominación política con fines imperialistas cuyo trasfondo es el control regional de petróleo, metales, agua, comercio y otros recursos estratégicos.

En un mundo al revés, debemos conservar la capacidad crítica y llamar a las cosas por su nombre. Defendamos sin dudas ni temores la razón y la justicia, confiados en que la verdad siempre triunfa. No seamos cómplices activos o pasivos del imperialismo trumpiano en su órbita de montoneros, falsos y cobardes. Luchemos porque la dignidad se haga costumbre


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sábado, 28 de febrero de 2026

MUNDO COBARDE

 “En cada farsa hay un farsante”.

 

Estamos en un mundo donde la industria armamentística y su comercio elevan su capacidad de penetración hasta en el ámbito de la diversión y el entretenimiento.

Los videojuegos, las películas y series de televisión, las plataformas digitales dedicadas a revelarnos de qué va el éxito en la vida no serían nada sin el ingrediente de la violencia que les da sabor y capacidad adictiva.

Nada más interesante que ver cómo se destripa a un enemigo, cómo es posible matarlo y rematarlo no una sino dos, tres o más veces gracias a repetir la escena a ritmo normal y en cámara lenta hasta que la sensación de aniquilamiento se vuelve clara, nítida y gratificante.

La sangre que chorrea, gotea y pringa los pisos, muebles y techos debe ser tan fiel y contundente que la sensación de náusea por hartazgo sea toda una justificación al vómito cinematográfico.  

Nada más persuasivo que la reacción ante un cadáver, donde la vomitona se vuelve acto de cortesía ante el regalo de la muerte. Los gringos y satélites conductuales ilustran esa forma de correspondencia en cada una de sus películas y series. ¿Cómo resistirse a la imitación que consagra la adoración supurante a la estupidez?

¿Cómo hacer más caso a la realidad frente al atractivo mediático de Hollywood? ¿Cómo ignorar la razón y el heroísmo mediático de los gringos blancos, anglosajones  y protestantes frente a los asiáticos, los latinos o los negros?   

Es claro que la realidad corre por un carril paralelo en la carretera de las emociones y las acciones cuando se trata de los espectáculos. Nada mejor que una película para condicionar nuestra percepción de la realidad en la forma y ritmo que alguien ajeno decide, en el marco de los trabajos de ingeniería social.

Así, frases, acciones y reacciones van de la mano en el arsenal de recursos mediáticos para sembrar en la conciencia de la periferia cuál debe ser nuestra idea de mundo, de nación, de familia, de ser y existir.

La muerte se celebra como un acto de justicia cuando el enemigo es designado por Mr. Trump (o antecesores o sucesores). En esta lógica, tenemos enemigos antes desconocidos como tales, pero por las artes de la información escénica ahora alcanzamos a ver su fea naturaleza, como es el ya tradicional caso de los rusos, los chinos, los cubanos, los venezolanos, y cualquier otro que se atraviese en el camino de la justicia, la democracia y las libertades de Estados Unidos, en pos de las riquezas ajenas.

Tenemos que un país es el árbitro autoproclamado de la justicia, capaz de administrar la democracia como un negocio vital para el mundo, de acuerdo a la rentabilidad que proporciona una franquicia exclusiva dada por Dios mismo, según el argumento que comparten los EUA e Israel.

El excepcionalísimo gringo es fácilmente comparable con el de Israel. Comparten la idea de ser portadores exclusivos de una misión divina. Israel sostiene que su derecho parte del Génesis bíblico y su expansión genocida es sólo el cumplimiento de la supuesta voluntad de Yahvé comunicada a Abraham. Confunden la promesa con el cumplimiento de la misma.

Por parte de los gringos, sacan eso de la doctrina Monroe y confunden la voluntad de defensa contra el colonialismo europeo con la posesión del continente americano, porque una cosa es oponerse a la avanzada colonialista europea y otra es tomar su lugar en el dominio continental.

El sojuzgamiento militar y la coacción económica, más las labores mediáticas de manipular la voluntad política de los pueblos sólo habla de imperialismo. Nada que ver con el discurso de las libertades y la democracia sino justamente lo contrario.

Sin embargo, el mundo hace como que no ve y pasa de largo ante las sebosas amenazas de Mr. Trump, en un nuevo capítulo de sadomasoquismo convertido en modelo de relaciones internacionales.

Tanto Israel como EUA dicen que no atacan, se defienden. No masacran, liberan. No destruyen, redimen. Así, en un mundo dominado por la estupidez y la cobardía colectiva, el rebaño humano se alimenta de discursos, promesas, buenos propósitos de paz, mientras caga cadáveres, principios y valores. La cobardía se vuelve diarrea discursiva, y un gran negocio militar, económico y político premia la necrofilia del vencedor.

Los gringos de las películas pueden seguir vomitando al ver un cadáver, al sufrir un susto, al decepcionarse, y pueden seguir cultivando una realidad ajena y distante a los pueblos que dominan; los sionistas pueden seguir soñando con el “gran Israel” que reta la historia, que nada tiene que ver con “el regreso” a la supuesta tierra ancestral, que es producto de una farsa montada por el sionismo anglosajón y su enorme poder de manipulación política y mediática.

En ambos casos, el abuso expansionista y los avances imperiales carecen de justificación real, pero se alimentan de la industria masiva del engaño y la corrupción. Hora de despertar y llamar a las cosas por su nombre.



sábado, 21 de febrero de 2026

¿SEGUIMOS O CAMBIAMOS?

 “Cambiar para no cambiar” (el gatopardo).

 

Formalmente existe un orden internacional donde cada país tiene derecho a su existencia jurídica, geográfica, demográfica, política y cultural. Lo anterior parece perogrullada, pero la obviedad cobra sentido y pertinencia si comparamos los aspectos firmales con la realidad pura y dura de los tiempos que corren.

Estamos en un mundo donde los supuestos políticos consagrados por la historia de las relaciones internacionales saltan por los aires soplados por el viento huracanado del expansionismo neocolonial de Estados Unidos, país sin nombre que considera que llamarse como un continente lo faculta para dar otro sentido al hemisferio, cambiar la realidad continental al nivel de parcelas de recursos que funcionan como mercadillo dominical para satisfacer antojos de un gobierno embarazado de soberbia y patanería.

Incluso hay injerencia en la cultura, el cine y la forma de hablar sobre la realidad circundante, producto de la influencia de la economía dominante. Con esto también se comprueba que bajo cualquier capa ideológica y política se oculta un sistema económico, una base estructural que determina el todo social donde se retuercen las tripas del poder y se evacuan las miserias de lo local frente a lo global.

Sabemos que las partes continentales constituyen un todo interactuante, aunque, en vivo y a todo color, la parte dominante puede determinar el carácter del todo, habida cuenta su mayor capacidad financiera, mediática, política, militar y corruptora.  

Dictadura o democracia, libertad o sumisión, respeto o abuso, civilización o barbarie, son algunas de las opciones de la existencia política de las partes, en una primera y muy gruesa aproximación, bastante lineal pero descriptiva de sus sistemas de vida.

En la realidad planetaria, la dimensión biológica, social, cultural, económica y política habla de heterogeneidad, no de homogeneidad y, sin embargo, el polo dominante en turno promueve y exige la uniformidad antes que el reconocimiento de la diferencia.

El aceptar la uniformidad impuesta distorsiona el rumbo del crecimiento y desarrollo de los países, los convierte en variables dependientes de factores ajenos a la naturaleza, idiosincrasia, recursos y expectativas de la nación afectada en beneficio del polo hegemónico. En estas condiciones no se puede hablar de libertad, democracia o soberanía salvo que sea como burla, broma pesada, recurso demagógico o farsa mediática.

Aquí vale recordar que cada crisis estructural genera una respuesta de carácter psicosocial, porque la base económica sustenta y determina la superestructura ideológica y política de la sociedad. Si tenemos una economía dependiente no podemos esperar que nuestra educación, cultura, política e interpretación de la realidad histórica y social sea distinta e independiente al carácter e interés estructural.

En este contexto, si el país carece de una estructura económica propia que garantice el crecimiento y desarrollo, es absurdo pretender que se puede tener una política económica, administrativa, educativa y cultural propia, por lo que el carácter de “traspatio” no es una expresión despectiva sino una descripción precisa de lo que se es.

Será por eso que México acepta participar como fauna de acompañamiento en los ejercicios del ejército del vecino, recibe instructores militares gringos, acata instrucciones sobre el manejo de la frontera; captura y envía connacionales “al otro lado” y se somete a su política de “seguridad nacional”, ostensiblemente extraterritorial, así como imponer aranceles a quienes compiten con el norte y aceptar las instrucciones de con quién México puede asociarse y comerciar.

Es interesante observar la relación del jaloneo sobre agua, minerales, tierras raras, concesiones, inversiones, disposición del territorio y el mar patrimonial nacional y las expectativas expansionistas del vecino. También lo es el carácter de las amenazas, chantajes y aparentes exabruptos, así como el uso cada vez más frecuente de la palabra “soberanía” en el discurso gubernamental que acompaña a cada entrega o concesión.

Suena a chiste cuando se hace referencia el mercado internacional. Se habla de las exportaciones, sin mencionar que la marca, la tecnología y la inversión son extranjeras y que simplemente se aprovechan de las ventajas de la cercanía mexicana con el mercado gringo. Por ejemplo, presumimos de exportar autos y demás, sin que haya la honesta confesión de que básicamente solamente aportamos la fuerza de trabajo y el espacio logístico para la producción en el nivel de maquila.

El país no parece tener interés real de caminar por su cuenta, sobre todo a partir del TLC salinista y neoliberal, y así seguirá siendo mientras solo estemos poniendo parches declarativos a los huecos estructurales de nuestra economía. Quizá por eso el ejercicio recurrente de nuestros políticos es el de bajarse patriótica y soberanamente los pantalones ante cualquier reclamo del exterior, en aras de la colaboración y la buena vecindad.

En conclusión, seguiremos gastando saliva en explicaciones ridículas mientras no fortalezcamos la estructura productiva nacional, base esencial de nuestra independencia política, ideológica, educativa, cultural e identitaria, porque, si la base económica está jodida, necesariamente también lo está la superestructura ideológica y política nacional. ¿Seguimos así, o le cambiamos?



viernes, 13 de febrero de 2026

ATRACO MUNDIAL

 “Hasta que la dignidad de haga costumbre” (Propósito político nacional).

 

A veces creo que el mundo es víctima del síndrome de Estocolmo, porque le sigue el rollo a su opresor, al cabrón energúmeno que tunde a tal o cual país como si fuera saco de boxeo o pera loca, pero que decide hacer cómplice a su victima mediante acuerdos, tratados y cualquier otro instrumento de dominación agazapado bajo el disfraz de la seguridad o del libre comercio.

El miedo es la sensación común entre quienes justifican su blandura y condición timorata de víctimas a destajo, aunque ciertamente algunos prefieren llamarla precaución, prudencia, madurez, cabeza fría y otras joyas de la negación y autocomplacencia política.

El miedo inducido, aceptado, adquirido, es como un vicio que pretende suplir la responsabilidad sobre el pellejo propio, a costa de depender explicativamente de la opinión ajena e, incluso, acatar los objetivos de “defensa” de EUA a costa de las prioridades militares nacionales (https://goo.su/8Frp0te).

Las palabras “socio”, “amigo” y “vecino” suplen con eficiente desparpajo otras que caracterizan mejor el ultraje a las víctimas geopolíticamente circunstanciales, en tanto que los actos de sodomía y humillación entre dominantes y dominados se visten de “cooperación” y “colaboración”, mientras se prodigan sonrisas frente a los medios informativos.

La herida emocional se reabre cada tanto porque sería fatal para el sistema que se diera un proceso de cicatrización que deviniera en curación y ruptura de la dependencia, así que se lanza una batería de medidas preventivas en forma de aranceles, reclamos y chantajes que tienen como telón de fondo enjambres de drones y algún portaviones cargado de misiles y mierda uniformada.

Tan funciona el aparato disuasorio que, ante alguna alternativa viable de emancipación, las propias autoridades se afanan en construir la explicación de la pasividad políticamente correcta (por ejemplo, ante la posible alianza comercial y estratégica con Asia, mejor nos quedamos como estamos porque ni nodo de dejar “solito” a Estados Unidos en su competencia con China), consagrando la alienación como argumento político.

Así pues, ni con las patadas que Mr. Trump asesta en el culo hispanoamericano, nos animamos a avanzar en la necesaria defensa del trasero regional. Muy al contrario, hay naciones que sirven de cárcel a los inmigrantes del sur mediante una cuota compensatoria y una palmada en el lomo, mientras que otras sirven de asiento de bases militares y policía auxiliar regional. En este contexto, lo cierto es que el abuso se mantiene con la complicidad de todos.

Pero en Europa el sadomasoquismo no hace malos quesos, considerando cuán gastados tienen los pantalones de tanto estar de rodillas los mandatarios arracimados en la OTAN (burdel militar que sirve de asiento al miedo regional y a la política de asalto y extorción de EUA), aunque cabe esperar alguna suerte de cambio, al menos declarativo, a partir de revelaciones como la de Emmanuel Macron, presidente de Francia: “la estrategia de doblegarse ante Estados Unidos no da resultados” (https://shre.ink/A6pc).

El caso es que la soberanía se convierte en una expresión hueca, chiste mamón, recurso demagógico y tapadera para vergüenzas políticas cuando no de traiciones solapadas, cuando vemos que del dicho al hecho sigue habiendo mucho trecho.

El marco de referencia es amplio y profundo, porque va desde expresiones memoriosas de empañadas hazañas y viejas derrotas como las ocurridas en el México de 1848, a los tiempos de los presidentes que resultaron agentes de la CIA (actuando en su momento con la clave Litempo); o los aplaudidores de la buena nueva neoliberal inaugurada con el TLC y continuada con el T-MEC, que pone de relieve cuán parecido es un tratado a la declaración firmada de subordinación y soberanía subrogada, limitada por las leyes que la hegemonía impone al mercado y donde la libertad nacional se convierte en utopía.

El pretexto para bajarse los calzones puede ser el gusano barrenador, los tomates, los aguacates, la vaquita marina, la protección al ambiente, la lucha contra el narco, el agua y la inevitabilidad de una frontera compartida que, por razones de “seguridad nacional”, nos lleva a medidas más estrictas de control aduanal y la “necesidad” de compartir datos biométricos de connacionales, así como servir de comparsa en los ejercicios militares conjuntos.

Y qué decir de la apertura de áreas estratégicas (minería, petróleo, agroquímicos, salud, electricidad entre otras) al inversionista extranjero, y además comprometernos con el norte a garantizar su disponibilidad de minerales como cobre, cobalto, litio, tungsteno y el etcétera que resulte. Aquí vale mencionar planes internacionales recientes como el llamado “Pax Silica” (https://goo.su/yEuC ), liderado por EUA con acento en el desarrollo de la Inteligencia Artificial, y la exigencia de ponerse flojito y cooperando.

¿Será que la cesión del espacio económico nacional es una facultad soberana cuya finalidad es garantizar la superioridad estratégica de EUA, a quien no debemos dejar “solito” frente a los actos asiáticos de libre comercio? Es decir, ¿estamos con el culo al aire porque así lo decidimos soberanamente?, ¿debemos negociar con EUA el ejercicio de nuestra soberanía, por ejemplo, en los envíos de petróleo a Cuba, en el comercio mundial, el destino de nuestros minerales, del agua, los cambios constitucionales o en el ingreso a los BRICS?

Para concluir, creo que la 4T debe ser congruente consigo misma, con su oferta de regeneración nacional, honrar sus compromisos con el pueblo de México, con la solidaridad latinoamericana, haciendo frente al abuso y patanería del norte y entendiendo la ruptura geopolítica mundial en la que estamos y, como consecuencia, la necesidad de replantear nuestra relación y alianzas internacionales. Espero que así sea… por el bien de todos. Empecemos por dejar de apoyar el atraco mundial perpetrado por el Norte.


jueves, 5 de febrero de 2026

SOBERANÍA RASURADA

 “Hechos, no palabras” (frase latina).

 

En su visita a Sonora, la jefa del Ejecutivo Federal anunció con sonrisas de determinación soberana la modernización (otros dirían la puesta al día y la vanguardia) del puerto de Guaymas, mediante las obras que le darán mayor capacidad logística para la recepción y envío de mercancías a los mercados internacionales.

Aquí destaca la inversión milmillonaria para la construcción de una planta de licuefacción de gas que haría lo mismo que la del cuestionado proyecto en Puerto Libertad: licuar gas texano y enviarlo a Asia. Aquí la novedad es que se importaría el gas por vía de las tuberías transfronterizas que desembocarán en el tramo Naco - Hermosillo.

Llama la atención de que las objeciones ambientales válidas y sostenibles para el Mar de Cortés en el caso de Puerto Libertad no se mencionen para Guaymas, y todo quede en una agilización de trámites que la doctora Sheinbaum prometió realizar.

El caso es que Sonora sigue siendo una de las entidades más vendidas al capital extranjero, gracias a la diligencia del señor gobernador Durazo y el (obviamente soberano) acoplamiento federal con los intereses geoestratégicos del vecino del Norte.

Desde luego que el progreso de Guaymas es un asunto muy serio y de alta sensibilidad, más si se recuerda que el puerto tiene bastante tiempo en la mira de los gringos. Baste recordar que durante el tiempo del gobernador Beltrones, Arizona babeaba de codicia al considerarlo (a Guaymas, no a Beltrones), como su puerto de salida al Pacífico.

Según se ve, las expectativas expansionistas del capital gringo se verán más que satisfechas al poder transportar gas texano a las costas sonorenses y de ahí al mercado asiático, en el marco de la guerra de hidrocarburos que Mr. Trump libra contra Rusia.

Considerando los costos de transporte, los texanos consideran que es mayor la distancia de la costa atlántica al mercado asiático que cruzando por México hasta el Pacífico, pasando por Sonora y, de paso, sentando un precedente geopolítico fácilmente reclamable como área de interés estratégico del vecino del norte.

De acuerdo a lo anterior, el codiciado Mar de Cortés pasa a formar parte de los objetivos de inspección y vigilancia militar, a partir de la necesaria protección del capital gringo invertido en el proyecto y su posterior operación.

La utilización productiva del traspatio mexicano (petróleo, puertos, Litio, oro, plata, tierras raras y otros minerales estratégicos) será una realidad no sólo económica sino política, gracias a la obsequiosa colaboración del gobierno estatal y la decidida, pero soberana, alineación del gobierno federal con los planes transnacionales de Mr. Trump.

La coincidencia con EUA en las alineaciones nacionales se ve documentada en otra decisión soberana referida a los envíos de petróleo a Cuba, donde el gobierno mexicano los ha suspendido a cambio de ayuditas humanitarias de ocasión, mientras el asunto se negocia con quien controla el golfo de México y el Caribe.

Considerando lo anterior, nos encontramos en una coyuntura histórica en la que las palabras no coinciden con las acciones y las acciones van a contrapelo de la tradición política y diplomática mexicana.

En este caso, habría que pensar en la conveniencia de revalorar y resignificar el concepto de soberanía nacional, en atención a la congruencia declarativa frente a la incongruencia ejecutiva.

Por fortuna, en los tiempos del relativismo y la dilución de la frontera entre realidad y ficción, entre compromiso y apariencia, se vale presentar una cara patriótica y nacionalista mientras se busca algún lubricante anal que permita conciliar la colaboración bilateral con la subordinación unilateral.

 Otro ejemplo para recordar es la petición de Kristi Noem (secretaria de Seguridad Nacional de EUA) al inicio del actual gobierno, de compartir datos biométricos, que serían necesarios para identificar amenazas fronterizas, así como personas desaparecidas y víctimas de secuestro, aunque las Madres Buscadoras hayan declarado que tal medida sirve para maldita la cosa.

Sin embargo, se aprueba soberanamente la “CURP biométrica” y los datos ponto estarán salvando vidas (sic), para satisfacción de las exigencias imperiales y tranquilidad de nuestro gobierno, empeñado en ser un socio seguro y confiable en la lucha de EUA contra el comercio multilateral.    

Resulta que en política las relaciones sadomasoquistas están de moda, lo que recuerda el caso Epstein y su cauda de abusos y encubrimientos desde el poder.

Así que, si “decidimos” ceder soberanía a cambio de evitar aranceles, entonces la prostitución y el lenocinio resultan ser un emprendimiento comercial como cualquiera y, desde luego, algo que encaja a la perfección con el sistema económico y la exaltación del individualismo sobre el interés colectivo…. Y la dignidad nacional.

Pero, mientras avanza la cadena de presiones y cesiones, agradezcamos a Mr. Trump por mostrarnos la verdadera cara del libre comercio, los tratados comerciales y la buena vecindad, sin olvidar el ridículo de la política y el discurso nacional cuando se hacen de los dientes para afuera y carecen de asidero con la realidad. Por otra parte, no sería la primera vez que alguien vendiera su primogenitura por un plato de lentejas, desacreditando el proyecto transformador por el que votamos.



sábado, 31 de enero de 2026

ARDUA LABOR

 “La Patria es primero” (Vicente Guerrero).

 

Se sabe que Mr. Trump se encuentra muy ocupado viendo como administra el mundo, lo que abarca la geografía, los recursos materiales, la política, los negocios, la moral y la idea que los pueblos tienen de la democracia y el derecho.

No son pocos los esfuerzos del nuevo dictador planetario para controlar los destinos del racimo de países que integran el hemisferio que, desde su óptica, resulta patrimonio de la nación que preside, lo cual no es obstáculo para que los bienes terrenales de la periferia obren en el inventario de adquisiciones logradas o por lograr en aras de la “seguridad nacional”.

Como hemos visto, la poca cultura e ilustración de Mr. Trump le permite ver con ojos pueriles y golosos el patrimonio ajeno, sin que haya pudor declarativo ni escrúpulos ejecutivos en el saqueo, extorción y secuestro que comete por razones de estado mental más que por facultad legal.

Según ha dicho, la única fuerza capaz de detenerlo es su propia moral, su propia mente, no aquello que rige las relaciones internacionales del resto de los países. Con ello, se declara vigente el corolario Trump de la doctrina Monroe y el engendro resultante norma de validez extraterritorial para cualquier efecto.

Es decir, aquí no vale la razón, el sentido común, las leyes, tradiciones y costumbres en materia de relaciones internacionales, sino lo que le sale de los cojones.

Vamos, ni siquiera vale su propia historia nacional, el respeto a sus monumentos y símbolos, como se puede ver tras la decisión ejecutiva de derribar el ala este de la Casa Blanca para hacer un gran salón de baile, emprender persecuciones policiacas a ojos vistas contra sus propios connacionales, y ataques contra académicos y estudiantes que ahora caen en la categoría de “extremistas radicales de izquierda” o “terroristas domésticos” … y recibir un balazo en la cara o una lluvia de balas estando desarmado y en el suelo.

Tenemos una Europa dispuesta a bajarse los calzones y una América amedrentada que están por continuar y fortalecer tratados y acuerdos que los subordinan económica y políticamente al imperio, que fortalecen la dependencia so pretexto de la integración económica en la babeante fantasía de que debemos hacer frente a la competencia asiática al lado de Estados Unidos, sin considerar la urgente necesidad de diversificar mercados y fortalecer el aparato productivo propio, pero aun así hablamos de “soberanía”.

Nos empeñamos en vivir la fantasía mediática de la colaboración bilateral, la coordinación y el apoyo con el mantra de la “no subordinación” y la soberanía; nos empeñamos en creer que somos exportadores y que la economía nacional se fortalece, pero no hablamos de que los productos exportados son producidos por empresas trasnacionales establecidas en México, que aprovechan los bajos costos de producción y las facilidades de exportación gracias al “libre comercio” y a la proximidad con los centros de consumo.

Se nos olvida (o de plano ignoramos) que un verdadero proyecto nacional parte de nuestra propia capacidad productiva y se complementa con acuerdos económicos que tengan evidentes ventajas y que generen ingresos para México. Muy otra cosa es entregar patrimonio nacional para que su explotación y aprovechamiento genere recursos al extranjero y una palmada en el hombro de los gobiernos “amigos y socios”.

Se nos ha hecho creer que la relación bilateral obliga a comprometer recursos propios dando participación al extranjero, incluyendo minería, petróleo y electricidad, entre otros, y que las empresas del Estado deben ceder espacio al capital privado. Tal supuesto ha demostrado su falsedad y poca pertinencia, habida cuenta de que la única entidad capaz de grandes inversiones sin comprometer el dominio y la soberanía nacional es el propio Estado mexicano.

En el modelo de economía mixta participan el sector privado, el público y el social, pero el interés nacional se guarda mediante la rectoría del Estado, porque el Estado es quien rige constitucionalmente el desarrollo y actúa mediante las acciones del gobierno en el marco del derecho vigente. Queda claro que la defensa del interés nacional no supone autoritarismo ni exclusión del interés privado, o social, sino el estricto cumplimiento de las normas que rigen la relación económica sectorial de acuerdo a nuestro proyecto de nación.

Hablar de “extrema izquierda” respecto a un modelo de desarrollo que defiende y privilegia el interés nacional sobre el extranjero es, en términos coloquiales, una auténtica pendejada y, lamentablemente, el imperialismo gringo juzga y condena a quienes sostiene la idea de independencia y libertad como inherente a su soberanía e identidad nacional.

Si la tarea de Mr. Trump es la de bailar un zapateado sobre los valores e intereses nacionales de otros países, la nuestra como mexicanos y latinoamericanos, ardua y absolutamente irrenunciable, es la de defender lo propio, a pesar de que los nuevos Miramones y Mejías insistan en que bajarse los calzones es lo mejor para la nación. Pues que se pudran.



jueves, 22 de enero de 2026

TERROR NARANJA

 “Todo ha perdido el loco menos la razón” (G. K. Chesterton).

 

Suenan tambores de guerra, o más bien, estampida de bueyes al borde de un ataque de nervios. La manada europea tiembla tras el biombo de la OTAN y la civilización occidental que revela herrumbre y caos.

Suenan plañideras las voces de las abuelas de posguerra, los tratados y acuerdos de una repartición del mundo que se recuerda con nostalgia donde, por un lado, se encuentra la poderosa América y, por otro, la sufrida Europa, atosigadas por el Este y una recién reconocida vocación parasitaria.

Tras el cese de las hostilidades inicia la rentabilización de las mismas, aunque el discurso dominante es el de la paz y la concordia, la goma de mascar y las nuevas fotos tomadas con cámaras Kodak en medio de una euforia que hace que el escenario huela a decadencia y miedo.

Tras el olor a pólvora, vienen las barrigas más ilustres del panorama financiero y militar e inauguran las instituciones de Bretton Woods, con el acompañamiento de la OTAN, para salvaguardar la “paz” y los intereses del capital.

El idioma inglés se hace indispensable para escribir y rescribir la historia como un guion cinematográfico que deviene doctrina de fe y manual de buenas costumbres. Hollywood magnifica las maravillas de América y maquilla a una Europa cuya virginidad cultural recibe reconstrucción y tratamiento psiquiátrico.

Así, economía, política y cultura pasan por el filtro de la novedad trasatlántica en un ambiente de desconfianza que se cultiva bajo la premisa de que donde hay malos tiene que haber buenos, y que el bien está definido por las nuevas reglas de moral que impone el dinero y el interés bancario respaldados por el poderío de los arsenales y la contundencia de la tecnología nuclear americana.

La competencia comercial que se inaugura es la guerra por otros medios y el maquillaje perfecto que oculta las imperfecciones de los vencedores y el papel lastimero de los vencidos, en una envoltura de unidad que luce bonita en las películas y fatal en las conciencias despiertas porque las cosas no son lo que parecen.

Europa se americaniza mediante las infaltables expresiones transculturales que impulsan los medios de comunicación, de entretenimiento, de información, el dólar y la crisis de identidad se resuelve aumentando la dependencia en economía y defensa.

El sentido común, el instinto de supervivencia, la moral y la autoestima resultan ser artículos de lujo, cuando no una carga onerosa y políticamente incorrecta a los ojos del gringo que llegó para salvar, quedarse, administrar y dirigir la empresa nacional, replantear la moral y la identidad europea desde una ignorancia prejuiciosa e imperativa.

 Pero las iniciativas no faltan: recién concluida la guerra, occidente (Inglaterra-Europa-EEUU) decide la creación del estado de Israel mediante la torcedura inmobiliaria de brazo de la historia y a costa de la milenaria realidad étnica y cultural de Palestina.

Surge floreciente la industria del Holocausto donde el polo triunfador juzga como “antisemita” a quien se oponga al expansionismo genocida de Israel, apoyado por Estados Unidos en una lucha donde los verdaderos semitas son masacrados por los impostores europeos asquenazí.

Mundo al revés donde el viejo orden internacional se mueve al ritmo de zapateado que baila sobre el tablero del derecho internacional la matonería y la extorción norteamericana mientras sodomiza a Europa, deshilacha la paz mundial y acomoda a su gusto los supuestos de la doctrina Monroe hasta convertirla en un esperpento pestífero al servicio de la oligarquía naranja. El derecho a extorsionar, bombardear e invadir hace su entrada en el escenario mundial contemporáneo.

Bajo esta babeante deformación política, la geografía hemisférica pasa a ser el patio de recreo de un energúmeno y el escenario de gritos y susurros de la población nativa convertida en el público de una obra circense dominada por sociópatas, donde algunos de los enanos del coro de la periferia imperial lucen galas presidenciales o ministeriales.

Así pues, la historia devino farsa y la verdad en rumor malicioso. La diplomacia se redujo al absurdo de manera que ya es más que evidente la urgencia de recuperar la dignidad y el sentido común y enfrentar a quien debe considerarse el enemigo común. 

La insolencia gringa debe parar. Las mentiras prudentes y los eufemismos deben cesar. La complicidad por omisión o cobardía debe terminar, y la unidad nacional y de toda Iberoamérica debe hacerse realidad en un frente común sin dudas ni fisuras, de cara a la historia de lucha independentista que nos es común.

Europa debe reaccionar en beneficio de su propia integridad y autoestima, salvo que decida renunciar a su legado y compromiso histórico y convertirse en una vetusta parcela de la periferia imperial.

México debe oponerse a la debacle trumpista, a la miseria anglosionista, a ese extraño enemigo que profana con su planta nuestro suelo, nuestros intereses y nuestra pertenencia latinoamericana, a la realidad que tenemos y la que queremos porque, entiéndase bien, seamos rojos, blancos o azules, la patria es una sola y se defiende.