Notas Sueltas es un espacio de opinión sobre diversos problemas de carácter social, económico y político de interés general. Los comentarios pueden enviarse a: jdarredondo@gmail.com

viernes, 17 de julio de 2026

¡GUERRA, GUERRA!

 “El hombre es el lobo del hombre” (Thomas Hobbes, El Leviatán).

 

Los países que ya usan pantalones largos y saben que los coscorrones tienen una calidad disuasoria, seguramente ven la andanada sistemática y masiva de golpes como un exceso en la conservación de la paz y la sana distancia entre individuos o grupos con intereses contrapuestos, con rencillas irreconciliables sin la cesión de territorio, mercados o influencia.

La guerra es, dijo el clásico de las barras y las estrellas, un medio para la paz, y el destripadero resultante la prueba de que la población sigue teniendo el saldo que disminuye en cada embate pacificador.

Así las cosas, Corea, Vietnam, luego Irak, Afganistán, Libia, Siria, y últimamente Palestina y Gaza, son las bolsas poblacionales que, para el Occidente colectivo, deben disminuir hasta quedar en limites aceptables para Israel y sus patrocinadores americanos y europeos.

La población cercada en fronteras disputadas a modo de corral de matadero es, casi siempre, la imagen que las buenas conciencias occidentales alimentadas espiritualmente por Hollywood tienden a evadir y, en todo caso, matizar cuando no ignorar.

Las muertes palestinas o africanas de cada día son la nota discordante que arruina el desayuno o el paseo dominical de la burguesía industrial del ramo armamentista, la innovación tecnológica al servicio de la muerte y el control demográfico de un mundo neomathusiano. La fea estridencia de los que señalan y acusan, condenan y luchan contra el genocidio, arruinan el ánimo empresarial y la imagen del negocio que, como se sabe, genera empleos, sueldos, intereses y posibilidades de ahorro e inversión.

Las consignas del populacho enemigo de la libre empresa, seguramente animados por ideas de la extrema izquierda radical, molesta pero no amilana a las huestes patrióticas del empresariado armamentista, que sabe bien que el mundo requiere de más volumen de producción para poner el alto a los terroristas enemigos de la expansión sionista y “americana” que ve por la paz en Asia Occidental, África, Latinoamérica y el mundo.

La sinuosa lucha por la democracia y el libre comercio exige sacrificios, pero también da satisfacciones. Después de todo, ¿qué sería del mundo sin los Estados Unidos e Israel?

Resulta difícil imaginar un mundo sin bases militares “americanas” en cada continente, embajadas y consulados injerencistas y manipuladores en cada país, redes de espías y agentes de seguridad e “inteligencia” cubriendo el mapa de las naciones vecinas y lejanas en aras de la democracia y las libertades, gestionando la paz condicionada a la parálisis política y social de la vida de pueblos libres y soberanos que exigen respeto a su ser y existir.

Resulta azaroso imaginar un mundo ajeno a los apetitos coloniales de países que babean por el oro, la plata, el litio, el petróleo, la biodiversidad del resto del mundo, y que respetan el derecho internacional, la libre decisión de los pueblos, sus sistemas de vida y creencias, su identidad y proyecto de desarrollo.

Cierto que cuando Estados Unidos ve el peligro de un exceso de soberanía, de independencia económica o política, de disposición soberana de recursos naturales, inmediatamente acude a sus recursos estratégicos de manipulación narrativa donde se revela una conspiración de izquierda radical, una operación narcoterrorista, una amenaza inusual y extraordinaria contra la seguridad nacional… y viene el coscorrón hipersónico, la andanada de misiles, el bloqueo marítimo, aéreo, financiero y energético.

El cerco militar, político y mediático se acompaña de amenazas y sanciones que paralizan la solidaridad de los vecinos, apabullan la lógica, el sentido común, la idea de justicia y los límites de la diplomacia. Las buenas maneras y la cortesía quedan reducidas a aceptación cobarde de condiciones injustas y denigrantes. La humillación queda al descubierto y crece cada día.

La guerra da dinero y prestigio, medallas al heroísmo del invasor, sea atracador naval, fronterizo, aéreo, o capitalista que al amparo de la democracia y las libertades coarta lo que dice defender, destruye pertenencias, costumbres, añoranzas identitarias, sueños y vidas. La guerra es el coscorrón macrosocial del gran negocio de la muerte.

En la Patagonia la presencia de soldados israelíes “de vacaciones” es cada vez más ominosa. Lo mismo pasa en el sureste mexicano. Genocidas tomándose un tiempo de relajación… y prospección. El gobierno, mientras da la bienvenida a inversiones de empresas contaminantes y ecocidas (Puerto Libertad, Guaymas, Ohuira, la Huasteca potosina, entre otras), acusa desconocimiento del hecho “turístico”, que, en todo caso, sería bronca de la secretaría del ramo y nada que ver con la soberanía nacional. La amenaza sionista es cosa de conspiranoicos… hasta que sucede lo que en otras partes es evidente.

Estados Unidos e Israel han convertido a regiones enteras en verdaderas picadoras de carne humana, ante la mirada entre horrorizada y evasiva del resto del mundo, sin que sus declaraciones públicas pasen de ser bien intencionadas, aunque inútiles y en ocasiones panfletarias, con una tolerancia abrumadoramente cómplice, indiferente, cobarde y ajena a lo más elemental del ser humano. La sociedad muere cuando muere su conciencia.         

Estados Unidos crea sociedades genocidas por coacción o por convicción, y la humanidad padece de náuseas frente al espejo. Algo se está muriendo y debe terminar, ya.



 

domingo, 12 de julio de 2026

LA SOMBRA DEL AGUA

 “Agua que no has de beber, déjala correr” (Conseja popular).

 

No deja de ser llamativo el sentido que tienen los nuevos y no tan nuevos proyectos del neoliberalismo extractivista, enfocado a la soberanía, el empleo y el ingreso de tal o cual comunidad o región.

Se fracciona el territorio en forma de parcelas productivas donde el elemento que le da sabor al caldo es el agua. Se sazona, además, con promesas laborales temporales y definitivas, ingreso seguro e infraestructura que hace habitable el espacio ganado por la trasnacional “que cree en México” e invierte en el territorio.

Ya sea mediante una concesión minera, industrial o de servicios, el capital se hace presente y, gracias a los medios oficiales y oficiosos, empieza su labor de convencimiento, amedrentamiento, condicionamiento y disuasión y, como quien dice, coloniza culturalmente a los habitantes en un encandilamiento que dura hasta que topa con la disposición de recursos vitales que la población nativa no extraña hasta que hacen falta.

Los recientes proyectos de licuefacción de gas, de amoniaco, de obras de infraestructura hidráulica en ríos de curso temporal, chocan con la realidad del entorno, donde la obra que habrá de garantizar “la soberanía” en materia de fertilizantes, de gas, de agua almacenada para consumo urbano, de petróleo y gas por fractura hidráulica, chocan contra la evidencia de los estudios y la experiencia ecológica y productiva, las tradiciones y cultura regional y, en última instancia, el interés nacional.

Resulta que no puede ni debe haber una iniciativa “soberana” que afecte el interés nacional, aunque se enfatice la solución de tal o cual carencia pasada o presente; aunque el verdadero interés tras el problema que se dice va a resolver se oculte bajo muchas capas de maquillaje declarativo; y aunque las presiones del norte global sean tan insistentes y poderosas que la visión patriótica se matice y recomponga a la luz de la conveniencia, el temor y el pragmatismo.

Últimamente vemos iniciativas soberanas que afectan o amenazan directamente el ambiente, los lugares reservados por su calidad de ser únicos en su dimensión ecológica, por ser lugares donde prospera la biodiversidad marina, como es el Golfo de California, que sostiene actividades productivas (pesqueras, turísticas y de investigación) en Sonora y Sinaloa.

El llamado acuario del mundo, famoso por su gran biodiversidad, se encuentra en la mira de la inversión extranjera directa privada, como si no tuviera cesiones y concesiones por parte de los gobiernos locales y el federal en favor del capital extranjero.


En la lógica depredadora y extractivista desfilan Puerto Peñasco, Puerto Libertad, Guaymas, Topolobampo, Ohuira, cada uno con su significado propio, con sus recursos turísticos, pesqueros, ambientales y estratégicos; con su carga cultural y sus valores tradicionales, que a nombre de la soberanía se ceden al extranjero para hacer lo que mejor sabe hacer: extraer todo beneficio posible a cambio de unos cuantos empleos y un y cúmulo enorme de contaminación y degradación ambiental.

México y su costa del Pacífico, sus lugares Ramsar, sus reservas de vida y prosperidad parecen ser monedas de cambio de la llamada soberanía, siendo que son áreas de sacrificio para la vida y futuro.

Tan rara y extravagante acepción de soberanía llama la atención como una forma paradójica de expresar la sumisión a los impulsos expansionistas de la clase capitalista transnacional, fanática de la novedad tecnológica que sustituye lo natural por lo sintético, lo tecnológicamente viable en manos extranjeras a cambio de sofocar el desarrollo nacional basado en nuestras propias capacidades.

Si tenemos una economía dependiente de factores externos, no resulta una buena solución profundizar la dependencia a cambio de una palmada en el hombro del hegemón del norte, y sacrificar recursos naturales que implicarían pérdidas incalculables en territorio y capacidad de decisión.   

Queda claro que la soberanía no se defiende con asambleas, afiches, memes y pronunciamientos de retórica patriotera, sino con acciones cotidianas que apunten hacia el fortalecimiento del aparato productivo y el mercado interno nacional, emprender la compleja tarea de generar las condiciones para la sustitución de importaciones, impulsar en lo posible la inversión y producción interna en lugar de atraer inversión extranjera directa privada y fortalecer la presencia del capital  financiero, en beneficio del sector bancario trasnacional.

Queda claro que una mayor inversión productiva vale más que reducir el gasto público y contraer la demanda de bienes, servicios y empleo. También queda claro que la soberanía nacional no puede fortalecerse si aumenta la dependencia de factores externos, sea capital, tecnología o modelos productivos y administrativos que al final se traducen en relaciones políticas de dominación-subordinación que definen el colonialismo de nuestros días.  

Me parece que el esfuerzo nacional debe enfocarse a revertir la lógica de la dependencia so pretexto de la complementariedad en un contexto de relaciones vertical-descendente, o dicho de otra manera, recordar que las gallinas de arriba pringan a las de abajo. De nosotros depende decidir en qué lugar debemos estar.

También creo que la mejor forma de apoyar un proyecto nacional es ejerciendo libre y responsablemente la crítica y la autocrítica respecto a las decisiones de un gobierno que, en este caso, elegimos de manera libre e informada. Sigo pensando que Morena es la opción, sólo que de nosotros el pueblo depende que funcione según las expectativas del proyecto de cambio y regeneración nacional por el que votamos.




jueves, 9 de julio de 2026

EL OGRO IMPERIAL

 “Las apariencias engañan” (dicho popular).

 

En la lucha por los pronombres y los adjetivos, se nos olvidan fácilmente los sustantivos, los nombres que distinguen en la narrativa los hechos, los lugares y los actores del drama (o comedia) que vivimos o sufrimos en nuestra actualidad.

 La vida cotidiana resulta ser algo que zurcimos con recuerdos de lo inmediato, con ideas y premoniciones, con imaginación y chispazos de realidad.

La idea de que los gringos son los defensores de la democracia, la libertad y el comercio como fuente de poder personal y nacional supone un tipo de realidad estereotipada que ya casi nadie da por cierta, que presenta grietas y fisuras que deslucen la imagen que el cine, la televisión y ahora las redes sociales y las plataformas de noticias y entretenimiento se empeñan en vendernos como la nueva actualidad, como la verdad que revela, define y codifica la conducta socialmente aceptada e indiscutible.

Tras cada sujeto angloparlante hay una historia económica, militar y cultural que permanece oculta a plena luz del día, pero que no se capta o analiza racionalmente gracias al velo narrativo construido por los medios de readaptación cultural que el sistema provee al pueblo y gobierno que parasita. La idea de colonización por medios culturales resulta muy natural, como todo lo que se construye gracias a la pérdida de memoria e identidad. El hecho de parasitar a un pueblo ajeno y montarse en su historia y expectativas va de la mano con el nuevo imperialismo, sin balas, pero con la capacidad de destruir narrativamente cualquier oposición.

No hace mucho, el fervor anticomunista rindió pleitesía a la nueva defensa de la civilización occidental contra el virus rojo del comunismo oponiéndole la OTAN, la expansión militar y de inteligencia gringa, defensora de los valores de Occidente. El comunismo como enemigo de principios y valores de las sociedades hechas a la imagen y semejanza de Estados Unidos, fue condenado por muchos. La guerra fría terminó calentando los ánimos globales y la unipolaridad emergió como la nueva realidad defensiva posible, frente las acechanzas de la soberanía de los pueblos, y los reinventados rostros del terrorismo y la sedición.  

Aquí, la mejor defensa es el ataque, antes que la contraparte ataque o piense en hacerlo. Ya ve usted que Venezuela ha sido el blanco de mil y una trapacerías, como lo es Cuba. Tras el secuestro del presidente Maduro y la cesión petrolera, viene el terremoto con olor a geoingeniería y manipulación telúrica, para dar paso a la generosidad gringa e israelí que invaden Venezuela en el supuesto de cumplir labores humanitarias.

Estados Unidos e Israel responden a la tragedia antes de que la nación afectada les pida ayuda. Soldados de uno y otro país se instalan en modo humanitario para medir, sopesar y planear la ruta a seguir en el plan de “reconstrucción” de Venezuela. El terremoto no es sólo material sino político y expansionista, porque le levanta una tarjeta roja a la realidad.

La película del heroísmo enlatado en Hollywood que se despliega sobre Latinoamérica y el Caribe, aprovecha y rentabiliza las tragedias que el norte global provoca.

La narrativa anglosionista se fortalece mediante la construcción de una nueva faceta humanitaria como vehículo de penetración geopolítica, de justificación imperialista, de generosidad impulsada por el interés de dominio y subordinación, de relanzamiento de las fobias anticomunistas y antiterroristas construidas por encargo que privilegian la seguridad antes que la libertad. El Escudo de América frente a la historia y la realidad.

Aquí, mientras se pronuncian discursos sobre la libertad y la colaboración, se impone la condición de conjurar cualquier atisbo de pensamiento independiente, de soberanía y dominio de la nación sobre su territorio, bienes y destino. La contradicción es tan evidente que casi no se nota. Tan chocante que muchos gobiernos prefieren voltear a otro lado, al pasado heroico de las independencias nacionales, de la construcción de Patria y la consecuente celebración de su historia y valores.

Se escribe una nueva página del drama económico, político y moral de América Latina, con sus venas más abiertas que nunca, con su memoria insomne, con su destino secuestrado y su vuelta al pasado colonial sin virreinatos ni monarquías, sin héroes de la independencia, sin pólvora que defienda lo propio y entrañable, y que tiende al olvido selectivo, a las visiones falsarias de una nueva narrativa que suena soberana, que supone independencia, que aparenta libertades y propósitos nacionales.

Resulta que el ogro globalista vigila el rebaño, pastorea en el espacio económico nacional las nuevas vertientes productivas, ampara las soluciones financieristas para dejar atrás las soluciones productivas que huelan a autosuficiencia y soberanía.

La historia nacional, así tratada, confunde sur con norte, dependencia con independencia, progreso con estancamiento maquilador, y la visión de futuro se torna inexplicable sin las cadenas que nos sujetan al siempre renovado imperialismo.

México, Cuba, Venezuela y los países que son gobernados por las derechas cipayas deben despertar y ver lo que en realidad es importante y liberador, y ver que cada paso que se da en dirección a la industrialización y al fortalecimiento del campo, es un paso en favor de la nación y su proyecto fundacional. El ogro anglosionista no debe prosperar por nuestra cómoda complacencia, por la narrativa pusilánime y traidora de la cooperación, la coordinación de esfuerzos con el autor de la debacle nacional, por la llamada que decreta la tarjeta roja a nuestras iniciativas más soberanas. Reclamamos al gobierno que haya seriedad, más acción y menos mendacidad discursiva, y al pueblo memoria y acción afirmativa. 



viernes, 3 de julio de 2026

LOS ASEGUNES DEL TRATADO

 “Cierto que quiso querer, pero no pudo poder” (Alfredo Zitarrosa, Doña Soledad).

 

Cierto que no cualquier plazo es fatal cuando de elasticidades se trata. La liga puede estirarse hasta que la resistencia diga basta, o que el sentido común y la sabiduría del agente estirador recomiende suspender la operación.

Al mismo tiempo que la tierra de Trump estira las condiciones del aguante nacional (e internacional) por vía del matoneo mascachicle económico, político y militar, México se adecua, adapta y estira con el fin de que la cosa siga como está, considerando que los jalones a la soberanía nacional pasaron de ser retóricos a esquemas de depredación global y regional cuya suficiencia se sustenta en el poder real o virtual del agresor y la debilidad real o virtual del agredido.

La grosería se toma como una característica singular del pedófilo del norte a la que hay que soportar con silencio obsequioso y no exento de lameculismo diplomático. A las exigencias de bajarse los calzones y aceptar resignadamente la obscena disposición imperial al robo y el agandalle como un acto de buena voluntad entre vecinos porque, finalmente, ¿qué haríamos sin ellos?

Salinas y Bush-TLC
El tratado de libre comercio (sic) de América del Norte, primero como TLCAN y ahora como T-MEC resulta ser una imposición derivada de un modelo de relación vertical-descendente que privilegia la asimetría productiva, la evidente subordinación política y la ausencia de iniciativas propias, nacionalistas y transformadoras en aras de la paz y la integración de México a “Norteamérica”, bloque comercial (y político) contra Oriente.

Los saldos, décadas después, no coinciden con los argumentos de venta de la primera época, aquella que elevó la expectativa de crecimiento por encima de las posibilidades reales de desarrollo nacional, pero que nos convirtió en “socios” de la potencia imperial del hemisferio. Aquí la palabra “socio” recuerda un poco al tratamiento que se da a los choferes de aplicación, a los vendedores de pasillo en las grandes cadenas comerciales trasnacionales y a los vendedores casa por casa de artículos sujetos a comisión.

Las sociedades con asimetrías productivas, tecnológicas y financieras no crean socios sino empleados encandilados por el prestigio de la marca, acojonados por el temor a la reacción del patrón ante fallas del sistema, una clase política cipaya y un gobierno local achaparrado por el discurso de la resiliencia soberanista como fatalidad geopolítica estructural.

En todo caso, configuran un sistema de complementariedad parecido al del feudalismo, donde los siervos engordaban al señor, pero recibían eventualmente el beneficio de su protección, o al de las haciendas porfirianas donde los peones acasillados trabajaban a cambio del abasto de subsistencias vía tienda de raya, pero sujetos al arbitrio del amo que bien podía ejercer, entre otros, el derecho de pernada.

México (se entiende que la referencia es al gobierno) se resiste, niega y reniega de un posible acuerdo con China, en el supuesto de que pegados a la carreta del T-MEC, hoy conducida por Mr. Trump, estaremos en puerto seguro como parte de un bloque comercial, político y militar poderoso e imbatible, dejando de lado el atraso relativo de EUA en materia tecnológica, financiera e incluso militar.

La tan elogiada y protegida integración económica con el norte, en estas condiciones, suena más a un caso de síndrome de Estocolmo que a una decisión motivada por el interés nacional. Más si implícitamente estamos renunciando a una vía de desarrollo que partiría de fortalecer al aparato productivo nacional, la búsqueda de mercados y asociaciones más promisorios y un adecuado mecanismo de distribución y redistribución del ingreso nacional. Lo anterior supone poner el esfuerzo gubernamental y privado en la recuperación del espacio económico y político nacional de acuerdo al interés del pueblo, lo que recuerda las promesas y expectativas de Morena en el plano electoral.

A estas alturas del partido de Latinoamérica contra el ogro trumpiano, la definición de México debe ser de diversificación de mercados en materia de importaciones y exportaciones, romper la inercia neoliberal de pegarse y depender de la ubre estadounidense, destetarse y emprender un camino independiente, sabedores de que el rompimiento es tan necesario y esperanzador como una nueva edición de la independencia nacional, pero sin fantasías ni disculpas. La nación merece un nuevo nacimiento, y dar sentido a las palabras “independencia”, “libertad” y “soberanía”.   

 Me parece que debemos reconocer que existen cadenas neoliberales que romper, y que el gobierno de la república sigue pateando el bote de las reivindicaciones nacionales en beneficio del sistema que decimos combatir (ahí tiene usted, entre otras, la permanencia en el tratado comercial, la vigencia del pago en UMA, la privatización de la seguridad social en el rubro pensionario, las subrogaciones, las concesiones), así que, como dijo el clásico: “los muertos que vos matáis gozan de cabal salud”.

La experiencia del modelo de sustitución de importaciones y los procesos de industrialización y modernización del campo deben retomarse con mirada crítica, y tomar lo mejor de nuestra historia económica reciente. Hay mucho por hacer y no tenemos mucho tiempo como para perderlo, en el marco de la reconfiguración geoeconómica y geopolítica mundial. Al mal paso darle prisa.



domingo, 21 de junio de 2026

HABLANDO DE SOBERANÍA.

 “Cuando despertó el dinosaurio todavía estaba allí” (Augusto Monterroso).

 

Ya ve usted que por cada golpe mediático, político y económico que recibe el país se responde enarbolando la bandera de la soberanía, exaltación emocional que, junto con el patriotismo, actúa en el exorcismo de los males que vienen de fuera, contra “masiosare, el extraño enemigo” que nos pela los dientes y a quien goleamos metafóricamente en discursos y reyertas de cantina.

Sabemos que tenemos un país soberano e independiente, tras los acontecimientos de la independencia nacional y la firma del documento correspondiente, algo así como un acta de nacimiento o un certificado de nacionalidad que, aún hoy, resulta indiscernible emocionalmente para los herederos políticos de Miramón y Mejía.

Nos hemos batido en pugnas internas, en luchas entre liberales y conservadores, entre derechas e izquierdas, entre progresistas y reaccionarios, entre hombres y mujeres, entre la curiosa mezcla de identidades que abona a la confusión y a la ausencia de definiciones en un país que requiere de ellas.

Los impulsos mediáticos y políticos que vienen del norte global rearman fetiches y repintan blasones despintados por el tiempo, la orina de gato y otros signos de pertenencia, que se actualizan en la medida en que las antiguas fachadas se deterioran ante los ojos de la moda, las tendencias o la simple y babosa imitación de lo nuevo y externo.

Sucede que pronto el discurso soberanista y patriótico queda, como la caca, flotando en el excusado de las eyecciones políticas producto de ser un país muy comprometido con las variadas formas que impone el imperio. A un nuevo tirón de la palanca, el cambio estructural y el arcoíris coyuntural hace posible que los progresismos se renueven en forma de otros más progresistas, humanistas y a tono con los aires globales. Somos globalistas pero muy nacionalistas, en una serie de maromas verbales que, a cada paso, se alejan del significado preciso de los conceptos.

Actualmente el discurso políticamente dominante es de “izquierda”, y hoy resuenan las voces progresistas en un coro que acalla, o pretende hacerlo, las razones y los hechos que acompañan a la crítica y la autocritica nacional. La voluntad popular de cambio cuenta con un comité administrador que determina el tono, los temas y los acentos mediáticos, los recursos verbales y la idea de inclusión que debe observarse so pena de ser democrática y progresistamente excluido.

La nueva imaginería popular es patriotera, soberanista en la epidermis, emocional y acrítica. Se pude decir que la fe cubre todos los aspectos que antes eran cosa de la razón, el análisis y el compromiso con la verdad. ¿Será que estamos tan jodidos que sólo el eufemismo, la complicidad y la claudicación nos pueden compensar la pérdida de rumbo y valores?

Por otra parte, la derecha aceda arracimada en el Prian, MC y otros prostíbulos electorales controlados por las barras y las estrellas (incluyendo la de David), no hace otra cosa más que demostrar su abyecta naturaleza apátrida y culera. No hay oposición con propuesta, aunque sí con respuesta condicionada a la traición y al engaño.

En este contexto de circo, maroma y teatro, el rumbo del progreso económico está atado a la servidumbre logística y operativa del capital trasnacional y los intereses extractivistas del norte global. Por eso se insiste en seguir atados a Norteamérica, hacerle el fuchi a Oriente, adecuar el espacio nacional al tránsito estratégico del capital gringo y pasarse por el arco del triunfo las disposiciones de protección ambiental donde corresponda: Plantas de licuefacción de gas, plantas productoras de metano, de amoniaco y lo que se acumule.

Vaya, ni siquiera la solidaridad con Cuba fue como antes: en vez de petróleo se enviaron algunos artículos de subsistencia, aunque el discurso fue humanitario. Secuestran al presidente legalmente electo en Venezuela y… los mariachis callaron. Despanzurran a los palestinos y queda claro que Gaza es un campo de exterminio y… "cuán lamentable… nosotros estamos por la paz". Avanza el sionismo en México, la CIA actúa como en su casa y … "somos un país soberano que se le respeta".

 Estamos de acuerdo en que México no es piñata de nadie, pero resulta chocante de que sea el patio de recreo de las transnacionales, las agencias de inteligencia gringas y el patio de maniobras del imperialismo con pecas en las nalgas.

 

Ahora, ¿qué tan soberano puede ser un país que depende de las importaciones de gas, de las exportaciones agrícolas y automotrices, del capital extranjero en la industria, el comercio y la banca? Un país sin industria nacional da en qué pensar… pero no en soberanía e independencia.

 ¿Por qué no revertir el proceso de dependencia y emprender la ruta de la industrialización de manera independiente? Un golpe de timón es atemorizante y las consecuencias seguro que serán de consideración, pero estaremos luchando por recuperar la Patria.

 Si no se toca el T-MEC, el sistema de Afores, la aplicación de las UMA, la precarización de la educación y la salud pública, no podemos hablar con honestidad del combate al neoliberalismo, por más que a la inacción, la pasividad y al engaño se les adorne discursivamente de progreso, bienestar y soberanía.

 El problema no es la 4T, sino la poca capacidad para cumplir las promesas de su oferta política, la diferencia entre el decir y el actuar, la poca definición sobre temas cruciales como son la multipolaridad, el libre comercio, la lucha contra el anglosionismo genocida y la necesidad de un cambio radical de sistema económico, en beneficio de la clase trabajadora mundial, son claras.  Ojalá que la 4T sea, finalmente, un paso hacia una sociedad más justa e incluyente, pero el tiempo pasa… y las promesas siguen en el aire.



viernes, 12 de junio de 2026

PARCHES PROGRESISTAS

 “El mundo es un lugar peligroso, no a causa de los que hacen el mal sino por aquellos que no hacen nada por evitarlo” (Albert Einstein).

 

Parece que la solución a los problemas no consiste tanto en atacar sus causas profundas como en echar generosas cantidades de saliva sobre las heridas que causan la queja social. La saliva, o la narrativa que se construye en torno a tal o cual situación, permite el despegue de la realidad y el aterrizaje en un plano donde las variables se mueven al compás de la lengua que las emite y determina.


Ahí tiene usted el drama social, económico y de salud que resulta de un pavoroso e inédito derrame de sustancias tóxicas mineras en el río Sonora y Bacanuchi. La indiscutible negligencia extractivista de Grupo México resiste los cambios de gobierno y camina hacia el logro de nuevas concesiones mediante el dominio de la narrativa construida exprofeso.

El gobierno se dedica a reciclar parodias de remediación, de resarcimiento de los daños a la salud y la economía de los pobladores de las comunidades ribereñas afectadas, y se dan a la tarea de dar por buenas las promesas de la empresa ecocida y toman parte de la responsabilidad de enderezar lo que enchuecó la codicia y mendacidad minera. ¿Si comparten responsabilidades, comparten propósitos?

Además del terrible crimen ambiental, se suma a la cadena de infortunios del río Sonora el empeño de construir tres presas que taponarán el flujo del escaso caudal que a veces discurre hacia las comunidades de la región y más al sur. El gobierno impulsa la desertificación al mismo tiempo que procura surtir de agua a la industria extractiva, sin dejar de lado la mentira de una suspensión que se ve desmentida por la presencia de maquinaria, equipo y extrañas perforaciones que plantea un oscuro panorama para los pobladores, donde es claro que las obras “suspendidas” siguen a nivel hormiga su lucha por taponar el flujo del agua.


Por el lado del golfo de California, se pretende instalar plantas de licuefacción de gas, en Puerto Libertad y Guaymas, a fin de que los gringos exporten desde Sonora el gas que se extrae en Texas mediante el método de fractura hidráulica, o fracking, que ha dejado del asco a tierras, agua y aire con serios costos en la salud de los habitantes en las áreas rurales cercanas a los campos de explotación petrolera y gasera.

Para colmo se contempla la posibilidad de dar reversa a la prohibición del método de explotación de fractura hidráulica en México, según ha manifestado la titular del Ejecutivo federal, provocando una reacción adversa en académicos de áreas como economía, ecología, geología, recursos hídricos y los grupos ambientalistas que toman en serio su actividad, y la simpatía de tiburones empresariales de la energía que cotizan (entre otras) en la bolsa de Nueva York y Londres.

A la mala explotación de los recursos hídricos se añade la idea de instalar centros de datos, lo que supone una mayor demanda de agua para fines ajenos y lejanos a las necesidades de vida humana y animal, que les importa muy poco a los emprendedores de Silicon Valley metidos a colonizadores de nuevos territorios y comprometidos con una futura sociedad de robots.

Imposible dejar de lado el proyecto "avanzado" de la planta de amoniaco en la bahía de Ohuira, que afectaría Topolobampo y, en general, el municipio de Ahome, Sinaloa.

Se trata de un proyecto relacionado con la producción de gases y residuos que darían la extremaunción a la actividad pesquera, ambiental, turística y comercial de la región, y que destruiría los recursos biológicos de manera irreversible, además de ser violatoria a la protección internacional que tienen los sitios Ramsar (humedales, manglares, lagunas y arrecifes de coral).

Al parecer, la nueva andanada neoliberal tiene querencia en el golfo de California, considerado como el acuario del planeta. Lugar codiciado por los gringos por sus características geográficas, biológicas, ambientales, y estratégicas.

La salida por el golfo ahorra tiempo y costos a las exportaciones de energéticos, ahora que se las están viendo duras con el conflicto en Asia occidental y, por supuesto, la guerra entre Rusia y la OTAN-EUA.

El golfo de California es la joya de la corona exportadora imperialista y parte integrante de los recursos geográficos de que dispone México, por ser la península de baja california parte integrante de nuestro territorio y el mar de Cortés o Bermejo es un mar interior mexicano. Si hablamos de defender la soberanía debemos empezar por proteger y valorar la importancia de nuestros recursos geográficos, biológicos y ambientales.

Hay proyectos extractivistas en marcha y eso no debe permitirse por razones de estricta supervivencia regional y nacional. La instauración de una narrativa plagada de parches progresistas, pero esencialmente colonialista, extractivista e imperial no debe pasar, porque nuestro territorio, la vida, el agua y el ambiente ¡no se tocan!




domingo, 7 de junio de 2026

SEAMOS REALISTAS

 “Seamos realistas, pidamos lo imposible” (mayo francés, Herbert Marcuse).

 

Al momento de redactar esta nota, el sindicato STAUS citaba a una asamblea extraordinaria en la que se revisaría la situación de sus demandas y los ofrecimientos de la administración universitaria.

Como antecedente inmediato, tenemos un exhorto por parte de una corriente sindical que pide, palabras más o menos, valorar los impactos de la huelga en la sociedad y la propia institución universitaria, cuestión que ha sido interpretada por algunos como esquirolaje.

Sin el ánimo de lanzar críticas facilonas a la postura claudicante de cierto sector universitario, cabe considerar que las luchas más trascendentes de la sociedad han sido cuesta arriba, en medio de los obstáculos que interpone el sistema a cualquier iniciativa de cambio, a cualquier intento de cambiar las condiciones de vida y pensamiento de los trabajadores, convertidos en actores sociales y políticos en lucha.

El choque entre quien representa el capital frente al trabajo siempre ha sido duro, peligroso y arriesgado, y la clase explotada no puede ni debe dejar de lado la evidencia de que la base tecnológica de la sociedad es un elemento condicionante de la acción humana, es decir, un elemento mediatizador de la voluntad de cambio que se convierte, paradójicamente, en obstáculo del progreso social y el crecimiento político frente a las tendencias disruptivas en el sistema.

En otras palabras, las expectativas de cambio siempre van a estar condicionadas a la capacidad de respuesta de los trabajadores y su resistencia a los embates de la reacción institucional-sistémica.

Así pues, pretender ser un movimiento sindical defensor de los derechos de los trabajadores que al mismo tiempo esté dispuesto a ceder ante los imperativos de la parte patronal por razones de imagen, es una contradicción no sólo profunda sino una negación de la razón que asiste a los trabajadores y. por ende, de la razón existencial e histórica de los sindicatos.

Siendo realistas, y siguiendo las pautas históricas y contextuales de las luchas obreras, las transformaciones legales e institucionales se dan justamente por proteger la producción y la imagen institucional y axiológica del sistema. El sistema tiende a adecuarse a las nuevas condiciones y genera reformas legales que marcan los nuevos límites de la acción. Las leyes laborales se reforman, los usos y costumbres de adecuan a los cambios, el lenguaje cambia porque las nuevas conceptualizaciones cambian. Y no hay cambio sin acción humana organizada, sin horizonte programático, sin orientación ideológica y política.  

El hecho de echarse a temblar porque la universidad se ve mal ante la sociedad consumidora de imágenes idílicas de lo que es esencialmente móvil y contradictorio, paradójico y transformador es absurdo. También lo es la claudicación como respuesta a las amenazas reales o virtuales del sistema representado por el gobierno en turno.

La lucha de los trabajadores sindicalistas es por sí misma un acto emancipador, si se sostiene por la necesidad de progreso y bienestar para sus agremiados y, por ende, de la clase trabajadora en su conjunto.

Abandonar la lucha por aquello de la imagen, es una acción no solo cobarde sino sepulturera del sindicalismo democrático e independiente. Pero así estamos… La moneda caerá del lado en que la clase trabajadora consciente de su destino y misión transformadora decida. O deje de hacerlo.



martes, 19 de mayo de 2026

ESTAMOS EN HUELGA

 “Huelga es la suspensión temporal del trabajo llevada a cabo por una coalición de trabajadores” (Artículo 440, Ley Federal del Trabajo).

 

Tras la huelga del STEUS, tenemos un antecedente verdaderamente preocupante y revelador: un juez puede mandar archivar el expediente y declarar que la huelga no existe, dando permiso para que la parte patronal pueda iniciar el proceso de despido de los huelguistas. Formalidades más o menos, lo que queda claro es que a la Ley Federal del Trabajo se le puede torcer el brazo y usar a los tribunales como garrote neoporfiriano contra quienes demandan justicia laboral.

Sabemos que la historia se repite, primero como tragedia y después como farsa. Pero, en nuestro caso, la vez que el expediente de la huelga del STEUS se archivó fue una farsa. El juez hizo lo que pudo por desacreditar la carrera judicial y lo logró.

En el caso del STAUS, el juez sin aprender nada de decencia y sin sentir vergüenza alguna, ordena archivar el expediente, lo que de por sí constituye una tragedia legal que marca una repetición de eventos con olor claramente neoliberal y antagónico a los derechos conquistados por los trabajadores y consagrados en la legislación vigente.

El acto de archivar el expediente de la huelga, primero del STEUS, fue una farsa, y su repetición, con el STAUS, es una tragedia.

Con este absurdo nos podemos dar cuenta de los alcances de la política de “paz laboral”, a como dé lugar, que guía las acciones y criterio del aparato de justicia bajo la mirada de Alfonso Durazo, gobernador de Sonora.

El argumento estelar de la represión y negación de los derechos laborales es que una huelga aleja las inversiones, como si el cargo de gobernador fuera equivalente a promotor de inversiones, a facilitador de espacios de control financiero, comercial y territorial para el capital extranjero, por aquello de fortalecer la “megarregión Sonora-Arizona”, a contrapelo con la política nacionalista de recuperación de espacios de participación económica y política regional que supuso la llegada de Morena al poder.

Así, frente al discurso de corte neoliberal que privilegiaba las inversiones extranjeras directas privadas, se levantó la promesa de regenerar el tejido nacional a partir de privilegiar lo propio sobre lo ajeno. El gobierno declaró el fin del neoliberalismo y se reformó el Poder Judicial, antes instrumento del capital contra el trabajo.

Sin embargo, los cambios esperados quedan en promesas que el pragmatismo ordena archivar, porque quizá su cumplimiento moleste a los inversionistas, a las ratas talqueadas de siempre, a los depredadores que pululan en las antesalas y los despachos del poder.

La Universidad de Sonora está en huelga, y se archiva el expediente primero como farsa y ahora como tragedia. Antes como experimento, ahora como certeza de que la política laboral del régimen tiene más parecido a la emprendida por Miguel Alemán en los años 40 del siglo pasado, que con la emprendida con López Obrador en 2018.

La huelga universitaria de hecho, vive y se desarrolla por su verdad y justicia, al margen del ejercicio del poder que quita y pone a capricho, y que en cada acción corrompe, confunde y decepciona.  

Nos queda claro que la política de justicia e inclusión de la Cuarta Transformación aún no llega a Sonora, porque, aunque hay voluntad popular, sobran chapulines y burócratas fariseos. Viva la huelga. Viva la Universidad de Sonora.  




 

sábado, 16 de mayo de 2026

EL SHOW INSTITUCIONAL

 “El show debe continuar” (frase de circo, maroma y teatro).

 

El azoro causado por la evidencia de que somos un país colonizado subrepticiamente por la CIA, abre espacio a ciertas preguntas que seguramente se considerarán obvias y, por tanto, ociosas en cualquier espacio donde la razón de estado vaya de la mano con la ignorancia institucionalizada de manera soberana y patriota.  

¿Cómo aceptar oficialmente que agentes extranjeros que viven en México (sea en forma temporal o definitiva) también ejerzan el oficio por el cual les pagan? La embajada del tío Sam los reconoció como parte de su elenco “diplomático” en México, pero el gobierno aclara que la cooperación no supone subordinación y que los extranjeros en suelo mexicano se sujetan a las leyes nacionales, independientemente de que las razones por las cuales están aquí sean las relacionadas con el espionaje, la desestabilización y el alboroto social y político en favor de su gobierno.

Saber que se ponen uniformes de policías locales, que participan en “operativos” supuestamente antidrogas, que hay gobiernos locales que abren sus fronteras y espacios territoriales como patio de juegos imperiales, que, incluso, pueden morir accidentalmente en acciones parecidas a los videojuegos, pues es una cosa que habrá de ser investigada porque oficialmente la CIA no hace de las suyas en México.

Aquí hay que hacer un alto y tomar aire, recordar el supuesto de la buena vecindad y la necesidad de estar bien con el vecino para recibir las bendiciones del progreso y las bienaventuranzas de una dependencia pacífica, sin mucho ruido arancelario, bajo el ala protectora del tratado comercial y el nearshoring, que permiten fortalecer el crecimiento de empresas extranjeras y relocalizadas que aprovechan nuestras ventajas geográficas y las bajas exigencias laborales y ambientales.

Como somos un país donde reina lo políticamente correcto, el ladrido del perro de enfrente se responde con alabanzas sobre el tono, lo disculpable de su patanería y las muchas cosas que tenemos en común (sobre todo desde 1836 y el período 1846 a1848).

A juzgar por nuestra historia compartida, la mejor respuesta al encabronamiento cívico es la ausencia de memoria, la ilusión de la igualdad, la credulidad respecto a la buena intención de quienes presumen de no tener amigos sino intereses. ¿Será por eso que es aceptable afirmar que nuestro trato es “de iguales” y que las relaciones son “respetuosas y apegadas al marco legal”?

En la misma línea está el hecho de que Adolfo López Mateos, Gustavo Díaz Ordaz, Luis Echeverría y José López-Portillo, en su momento fueron colaboradores de la CIA, por lo que se puede decir que, desde atrás tiempo, las élites políticas de la postrevolución y el México de las instituciones han sido aficionadas al juego del tío Lolo, pero muy respetuosos de la Constitución.

En las postrimerías del siglo XX y las primeras décadas del presente, hemos visto cómo se defiende la Patria con invocaciones al pasado heroico, la solidez de las instituciones y el rumbo seguro de las transformaciones, donde ha habido hitos discursivos a la par que cambios estructurales que nos han colocado al día en las definiciones internacionales, como es el caso de la firma del TLCAN, el TLCAN Plus que incluyó cuestiones de seguridad, y en la época actual el T-MEC.

Las joyas estructurales del neoliberalismo brillan y marcan el derrotero económico nacional mientras, por supuesto, recordamos emocionados los viejos días de gloria cuando le pateamos el culo a los franceses, cayó el porfiriato, avanzó la revolución, creamos una nueva constitución ejemplar por su contenido social, que nos ha mantenido la mar de ocupados deformándola, neoliberalizándola, enwokeciéndola, y actualizándola según las corrientes dominantes que soplan de la anglosfera.

Aquí debo decir que da lo mismo que venga la ridícula señora Díaz Ayuso, que tengamos una espina imperialista clavada en la embajada de EUA, y que haya funcionarios al servicio del extranjero que faciliten la disposición de nuestras costas, minas y demás recursos naturales como ofrenda al norte global, mientras que la población local carece de agua, salud y oportunidades. La traición y los sentimientos apátridas se dan desde Miramón y Mejía, Victoriano Huerta hasta los empresarios ganones que asesoran y guían la economía, ahora oportunamente instalados bajo la capa de la Cuarta Transformación.

Las ratas tras las paredes, las cucarachas bajo el piso de la cocina, el moho que invade pasillos y estancias de la casa nacional, entre otras alimañas, gozan de cabal salud, protegidas por los nuevos administradores del espacio político arrebatado al “viejo régimen”. Y los buitres que vuelan sobre nuestro tejado ahora cubren labores de vigilancia, controlan el perímetro, las rutas de entrada y salida de armas y drogas, los sistemas de vigilancia territorial, urbana y financiera. El renovado Big Brother masca chicle y escupe de lado.

Hablamos de cooperación, soberanía, respeto, integración económica con Norteamérica, control biométrico, fracking “sustentable”, pagos electrónicos y bancarización de los trabajadores informales. Total, si no tenemos país, al menos tendremos tarjeta bancaria, documentos electrónicos a la disposición la CIA, DEA, el HS, ICE, Palantir, Black Rock, y el horizonte que dibujan la Agenda 2030, el Foro Económico Mundial y Open Society. No tendremos nada, pero seremos felices… 

Mientras tanto, los ratones, las cucarachas y otras alimañas rastreras seguirán parasitando las instituciones, permitiendo o apoyando el intervencionismo y, en su momento, gritando consignas y ondeando banderas cada vez más desgastadas, porque el show debe continuar. La Patria y sus instituciones legítimas bien pueden esperar.



miércoles, 6 de mayo de 2026

LA ENGAÑOSA BUENA VECINDAD

 “La corrupción es un asunto cultural” (frase peñanietista).

 

El “operativo” en el que agentes de la CIA terminaron sus vidas en plena sierra tarahumara fue, sin duda, una operación de falsa bandera, una finta ridícula donde lo único trágico fue la complicidad de la señora gobernadora panista de Chihuahua y la baja definitiva e involuntaria de dos oficiales mexicanos.

Lo anterior sería risible si no fuera porque dio lugar a mil y un manoseos del concepto soberanía y la consecuente falta de claridad respecto a la colaboración binacional en el combate al narcotráfico. La presencia de agentes de la CIA, dedicados en cuerpo y alma a la desestabilización nacional y al tráfico de drogas para fines geoestratégicos da para mucho en el escenario donde un estado fronterizo es gobernado (sic) por un partido de oposición.

Si el norte de México tiene a la cabeza a gobernadores deseosos de ofrecer su región glútea al imperialismo gringo representado por Mister Trump, entonces resultaría más que natural que sus territorios sirvieran como patio de maniobras a los nefastos agentes extranjeros, y sirvieran de facilitadores de una y muchas puestas en escena para uso y disfrute del ridículo patán naranja.

La vieja y nueva política antidrogas de EUA no está por combatir el tráfico de narcóticos sino como respuesta por vía de la oferta a su compulsiva demanda nacional. La normalidad gringa se ameniza con alcohol y muchas drogas, de suerte que la vida cotidiana en colegios, universidades y dependencias públicas no puede ser imaginada sin sustancias enervantes que compongan esa realidad tan fea y opresiva que hay que evadir, corregir o suprimir. El sistema los crea y ellos se autodestruyen.

El triste homúnculo con horario de 9 a 5 puede volar creyéndose Superman y ser el campeón de su propia historia; el renacuajo que es abusado y explotado por el gerente mamón y la esposa pegona se eleva sobre su inmundicia mediante la coca, el cristal y otras ayudas químicas que hacen de la trivialidad existencial una aventura heroica. La ruina moral y el vacío cotidiano convertido en estilo de vida tiene su punto de quiebre en cada dosis de evasivos inyectables, tomables o fumables.

Pero la vida que se fuma, se inyecta o se ingiere dibuja la ruta del desastre personal, familiar y nacional. Una sociedad de adictos, de narcodependientes sin más capacidad que parasitar a otros para seguir siendo Superman, Rambo o el nuevo pueblo elegido por Dios debe mentir para sobrevivir. Debe culpar a otros de sus miserias, de su patética adicción, de ser un fraude en la más amplia de las acepciones.

El espantajo naranja, ridículo pero letal que amenaza a Latinoamérica y al mundo, es como el matón del barrio, el gordo imbécil que hostiga a los más débiles en el patio de juegos del colegio, el abusón gandalla que destila prepotencia en el barrio, hasta que el hartazgo llega y la reacción ocurre.

Se debe tener claro que el narcotráfico es la respuesta económica a la narcodependencia, y que la cura inicia con la inhibición consciente del consumo mediante la intervención de especialistas médicos. Es, básicamente un problema de salud pública cuyo abordaje ha sido judicializado, mercantilizado y utilizado como mecanismo de presión y agresión política y militar. El combate al narcotráfico es el pretexto para la desestabilización, agresión e intervención de países soberanos por parte de EUA.

La operación antidrogas en Chihuahua es una farsa cuyo resultado es dar a conocer un supuesto narcolaboratorio sin nada que lo acredite como tal (una cantidad de recipientes abandonados en un predio solitario, sin evidencia de drogas o armas), salvo la imaginativa fantasía intervencionista que lo sustenta. Lo que es cierto y acreditable es la participación de un gobierno estatal en maniobras de desestabilización en línea con el vecino del norte. Traición evidente e imbecilidad supina.

EUA dejó de ser motor industrial para dedicarse a la piratería, la extorción y el trasiego de armas y drogas. Un estado delincuente y protector de delincuentes como el ente sionista genocida de Israel sólo puede generar inestabilidad, miseria y violencia.

Las nuevas exigencias de la política antidrogas de EUA son una guía para la intervención extraterritorial que el gobierno nacional debe rechazar. México debe revalorar cuando no suspender las negociaciones del T-MEC, dar pasos hacia la integración al BRICS, expulsar al embajador Roland Johnson y agencias de espionaje así como dejar de buscar la integración económica con América del Norte, como malamente lo hace el gobernador de Sonora respecto a Arizona.  

Algunas medidas “soberanas” de México, con fuerte olor gringo que debieran suspenderse,  son la implantación de registros biométricos y la supresión paulatina del dinero en efectivo en las transacciones cotidianas y los candados bancarios para “prevenir el lavado” ligados a la disposición de los recursos de los clientes, amén de otras medidas intrusivas de control fiscal, la instalación de centros de datos que suponen alto consumo de agua y electricidad, la implantación de mecanismos de control biométrico y la digitalización del gobierno, que son verdaderos regalos a la mafia tecnológica sionista de Silicon Valley, además de ser la presunción de culpabilidad de todos los ciudadanos mexicanos, y fuente de información sensible.  

El gobierno no debiera conformarse con emitir “enérgicas protestas” ante cada despropósito gringo, sin acompañarlas con acciones concretas verdaderamente nacionalistas, sin embargo, a cada agresión corresponde una disculpa.   

De optar por la pasividad ante las exigencias de Trump, auténtico representante del tecnofascismo anglosionista, el discurso soberanista será una broma neoliberal más y un reforzamiento a nuestra subordinación a las políticas extractivistas y punitivas del norte. Si no buscamos la soberanía en los hechos más elementales como son los de la autosuficiencia alimentaria, energética y productiva, seguiremos profundizando la dependencia y el atraso, y la palabra soberanía será simplemente un recurso retórico, un adorno discursivo sin sentido.



martes, 21 de abril de 2026

LA HUELGA DEL STEUS

 Nuevamente la Universidad de Sonora se encuentra luchando contra sí misma, debatiéndose en su seno los supuestos de la democracia y la legalidad que reconocen derechos y obligaciones de sus servidores frente a los obstáculos que impone el poder estatal y el presupuesto.

El poder estatal en cuanto que recita el mandamiento sexenal de la paz laboral, la calma que se impone por razones de imagen y prestigio personal de quien gobierna. El presupuesto en cuanto que cada derecho reconocido supone la asignación de los recursos correspondientes, de acuerdo al catálogo de puestos, las categorías laborales y las prestaciones que se conceden en los contratos colectivos de trabajo.

En esta ocasión nos encontramos con la novedad de que un juez puede añadir requisitos más allá de lo dispuesto en la legislación vigente, tras haber dado entrada al emplazamiento sindical y, en seguida, declarar que el expediente se archiva y el emplazamiento no existe.

La medida del juez no sólo es caprichosa sino absurda. Primero le dan entrada al documento y después pretenden nulificar el derecho de los trabajadores bajo el supuesto de una irregularidad o falta de precisión respecto al espacio, es decir, qué campus de la UNISON estarían cerrados durante la huelga.

El juez de la ocurrencia parece ignorar que la UNISON es la institución empleadora de los trabajadores sindicalistas que emplazan a huelga, que es una sola institución que tiene campus en el norte, centro y sur del estado, que tiene una organización académica y administrativa formalizada en su ley orgánica y que goza de autonomía y plena capacidad para darse sus propios reglamentos, estructura y mecanismos de relación entre sus diversos integrantes.

La exigencia de precisar a cuántos campus se refiere el emplazamiento es una auténtica tontería y un pretexto ridículo para obstaculizar el ejercicio de un derecho.

En medio de este desorden, resulta preocupante que la propia representante legal de la institución universitaria, la señora rectora, actúe como si diera por buena la arbitraría decisión del juez laboral y llama a reconsiderar la oferta que de manera extemporánea se les hizo a los trabajadores del STEUS, actualmente en lucha.

Los huelguistas han recibido la solidaridad del sindicato académico STAUS y la simpatía de quienes siendo en algún momento parte de la institución universitaria recuerdan los tiempos en los que se respetaban los derechos laborales y se procuraba mantener un sentido de pertenencia y orgullo en la planta laboral.

Tiempos difíciles para el sindicalismo, momentos oscuros y amenazantes para quienes defienden sus derechos laborales y luchan por la mejora de sus condiciones de vida.

Lo bueno es que ya no estamos en el marco del neoliberalismo; lo bueno y esperanzador es que la justicia laboral y el bienestar social son un compromiso público exigible, desde que las condiciones políticas nacionales cambiaron… ¿o acaso fue una broma urdida por los prianistas que se disfrazaron de Morena y nos están viendo la cara de tontejos? Esperemos que las echadas sean menos que las ponedoras. La lucha sigue. Viva la huelga. 


        

martes, 7 de abril de 2026

EL MUNDO GIRA A TRUMPADAS

 “Porque el cine se ve mejor en el cine” (vieja consigna comercial).

 

Acabo de ver una película gringa donde un monstruo extraterrestre se dedica a la caza de desprevenidos ciudadanos para tragarlos con todo y zapatos, hasta que las fuerzas de la ley y el orden terminan con la amenaza con una buena dosis de explosivos.

No hace mucho vi otras donde lo mismo daba evitar que la luna se dividiera en pedazos afectando la Tierra, que el núcleo de nuestro planeta presentara una peligrosa inestabilidad que podría terminar en tragedia global, o que una falla geológica amenazaba con devorar países enteros si se la dejaba avanzar. La solución fue la misma: gruesa andanada de misiles, cargas de profundidad o la colocación estratégica de explosivos que lo mismo sirven para despanzurrar que para unir.

En el anchuroso panorama fílmico, no puede faltar una buena explosión con incendio en cada accidente automovilístico, de aviación, marino o aéreo; o en redes subterráneas que desembocan en alcantarillas cuyas tapaderas se convierten en proyectil urbano. Así, los incendios, las explosiones y la destrucción de edificios, aviones, barcos y automóviles son materia recurrente en la filmografía del tío Sam.

Tampoco falta (y aparece con total puntualidad) el vómito irrefrenable cuando alguien se topa con un cadáver, sufre una amenaza, revive un recuerdo, una frustración, un disgusto… El vómito escénico es parte obligada en el drama, la aventura y la comedia.

En las series de televisión o en la producción cinematográfica, la industria gringa se empeña en transmitir valores, actitudes y propósitos con carácter de norma universal de comportamiento. Las emociones, las expresiones verbales, las ideas del mundo y la vida fluyen y se plasman en celuloide, en gigabits, en forma verbal, escrita o mímica, en dos o tres dimensiones para consumo y atención de la periferia.

El problema surge cuando ese mundo fantasioso que imita sesgadamente la vida se convierte en norma de relación con el vecino: décadas de llenar las salas de cine con apologías del heroísmo gringo y señalamientos acusatorios contra el horror del comunismo, el terrorismo de ocasión, el islam, la negritud, los latinos, la amenaza china, norcoreana, rusa, iraní, entre muchos otros “monstruos” ansiosos por socavar los cimientos de la civilización occidental y los valores de libertad y democracia (lo que esto quiera significar).

Es fácil imaginar que, ante el avance comercial de China o Rusia, los democráticos y progresistas empresarios y funcionarios gringos corrieron a sus respectivos cuartos de baño para descargar unas buenas vomitonas, y que en reuniones del más alto nivel se entregaron a la tarea de   implementar bombazos selectivos tendientes a restablecer el orden “basado en reglas”, a costa de romper el orden establecido y el equilibrio de un mundo que parece reacio a su control.

En un contexto donde la puerilidad armada se cree con el derecho a decidir el destino de los demás en función de su deseo, es obligatorio que las amenazas, las agresiones y las más crudas expresiones de la patanería se conviertan en política exterior, en norma de relación con los otros, con los extraños y peligrosos que rosan sospechosamente las fronteras físicas o virtuales del Imperio… por eso es asunto de “seguridad nacional” lo que ocurra o pueda ocurrir incluso a más de 10 mil kilómetros de su frontera.

También es asunto suyo arruinar su economía para echar mano de los recursos de otros pueblos. Por eso es una compulsión fatal el sembrar de bases militares el planeta, mantener embajadas y consulados como nidos de espías y saboteadores, fomentar la inestabilidad internacional, los golpes de estado, los cambios de régimen, los tratados comerciales con alcances políticos y administrativos, los ejercicios militares conjuntos y las inversiones que permitan poner los pies en la tierra y los recursos extranjeros.

Décadas de estupidez e insolencia empaquetadas como producto de exportación requieren de cadenas logísticas tan eficientes como serviles, así que se crean patios traseros a nombre de la cooperación y la coordinación, normalizando los impulsos coloniales y las estructuras de dominación-subordinación que los gobiernos de la periferia acatan, pero niegan a nombre de la “soberanía” y los “intereses comunes”.

En este patético caso, los gobiernos subordinados sufren de gastritis, diarreas o reflujo gastroesofágico cuando tratan de explicar que el insulto, la ninguneada y el piquete obsceno a su intimidad es parte de la “tradicional buena relación” que tienen con el matón del barrio. La etapa del vómito llega cuando se ponen frente al espejo y aún conservan restos de dignidad y vergüenza.

Los casos de Venezuela, Cuba o México, en diverso grado registran las inmensas posibilidades de la náusea. Los de Gaza e Irán (como antes Irak, Afganistán, Libia, y los mecanismos de subordinación mercenaria de las monarquías petroleras árabes), bien merecen un grito de indignación y advertencia, como finalmente se manifiesta multitudinariamente en el seno mismo del Imperio.

En el caos global, la presencia e influencia de Estados Unidos e Israel es toda una invitación al desmadre civilizatorio, donde parecen salir del pasado mitológico Moloch, Baal y su corte de demonios.

El absurdo cinematográfico apocalíptico tiene como escenario real el Medio Oriente, Latinoamérica, África, la moral pública y privada, la familia y los gobiernos que o son cómplices o figuran como actores secundarios en el elenco del fin de los tiempos.

Y si, parece que el mundo gira a Trumpadas, a espasmos musculares, a movimientos del intestino de un monstruo extraterrestre que devora pueblos por inercia, por una gula viciosa y mortal. Pero no falta mucho para la vomitona y la explosión.