Notas Sueltas es un espacio de opinión sobre diversos problemas de carácter social, económico y político de interés general. Los comentarios pueden enviarse a: jdarredondo@gmail.com

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jueves, 9 de julio de 2026

EL OGRO IMPERIAL

 “Las apariencias engañan” (dicho popular).

 

En la lucha por los pronombres y los adjetivos, se nos olvidan fácilmente los sustantivos, los nombres que distinguen en la narrativa los hechos, los lugares y los actores del drama (o comedia) que vivimos o sufrimos en nuestra actualidad.

 La vida cotidiana resulta ser algo que zurcimos con recuerdos de lo inmediato, con ideas y premoniciones, con imaginación y chispazos de realidad.

La idea de que los gringos son los defensores de la democracia, la libertad y el comercio como fuente de poder personal y nacional supone un tipo de realidad estereotipada que ya casi nadie da por cierta, que presenta grietas y fisuras que deslucen la imagen que el cine, la televisión y ahora las redes sociales y las plataformas de noticias y entretenimiento se empeñan en vendernos como la nueva actualidad, como la verdad que revela, define y codifica la conducta socialmente aceptada e indiscutible.

Tras cada sujeto angloparlante hay una historia económica, militar y cultural que permanece oculta a plena luz del día, pero que no se capta o analiza racionalmente gracias al velo narrativo construido por los medios de readaptación cultural que el sistema provee al pueblo y gobierno que parasita. La idea de colonización por medios culturales resulta muy natural, como todo lo que se construye gracias a la pérdida de memoria e identidad. El hecho de parasitar a un pueblo ajeno y montarse en su historia y expectativas va de la mano con el nuevo imperialismo, sin balas, pero con la capacidad de destruir narrativamente cualquier oposición.

No hace mucho, el fervor anticomunista rindió pleitesía a la nueva defensa de la civilización occidental contra el virus rojo del comunismo oponiéndole la OTAN, la expansión militar y de inteligencia gringa, defensora de los valores de Occidente. El comunismo como enemigo de principios y valores de las sociedades hechas a la imagen y semejanza de Estados Unidos, fue condenado por muchos. La guerra fría terminó calentando los ánimos globales y la unipolaridad emergió como la nueva realidad defensiva posible, frente las acechanzas de la soberanía de los pueblos, y los reinventados rostros del terrorismo y la sedición.  

Aquí, la mejor defensa es el ataque, antes que la contraparte ataque o piense en hacerlo. Ya ve usted que Venezuela ha sido el blanco de mil y una trapacerías, como lo es Cuba. Tras el secuestro del presidente Maduro y la cesión petrolera, viene el terremoto con olor a geoingeniería y manipulación telúrica, para dar paso a la generosidad gringa e israelí que invaden Venezuela en el supuesto de cumplir labores humanitarias.

Estados Unidos e Israel responden a la tragedia antes de que la nación afectada les pida ayuda. Soldados de uno y otro país se instalan en modo humanitario para medir, sopesar y planear la ruta a seguir en el plan de “reconstrucción” de Venezuela. El terremoto no es sólo material sino político y expansionista, porque le levanta una tarjeta roja a la realidad.

La película del heroísmo enlatado en Hollywood que se despliega sobre Latinoamérica y el Caribe, aprovecha y rentabiliza las tragedias que el norte global provoca.

La narrativa anglosionista se fortalece mediante la construcción de una nueva faceta humanitaria como vehículo de penetración geopolítica, de justificación imperialista, de generosidad impulsada por el interés de dominio y subordinación, de relanzamiento de las fobias anticomunistas y antiterroristas construidas por encargo que privilegian la seguridad antes que la libertad. El Escudo de América frente a la historia y la realidad.

Aquí, mientras se pronuncian discursos sobre la libertad y la colaboración, se impone la condición de conjurar cualquier atisbo de pensamiento independiente, de soberanía y dominio de la nación sobre su territorio, bienes y destino. La contradicción es tan evidente que casi no se nota. Tan chocante que muchos gobiernos prefieren voltear a otro lado, al pasado heroico de las independencias nacionales, de la construcción de Patria y la consecuente celebración de su historia y valores.

Se escribe una nueva página del drama económico, político y moral de América Latina, con sus venas más abiertas que nunca, con su memoria insomne, con su destino secuestrado y su vuelta al pasado colonial sin virreinatos ni monarquías, sin héroes de la independencia, sin pólvora que defienda lo propio y entrañable, y que tiende al olvido selectivo, a las visiones falsarias de una nueva narrativa que suena soberana, que supone independencia, que aparenta libertades y propósitos nacionales.

Resulta que el ogro globalista vigila el rebaño, pastorea en el espacio económico nacional las nuevas vertientes productivas, ampara las soluciones financieristas para dejar atrás las soluciones productivas que huelan a autosuficiencia y soberanía.

La historia nacional, así tratada, confunde sur con norte, dependencia con independencia, progreso con estancamiento maquilador, y la visión de futuro se torna inexplicable sin las cadenas que nos sujetan al siempre renovado imperialismo.

México, Cuba, Venezuela y los países que son gobernados por las derechas cipayas deben despertar y ver lo que en realidad es importante y liberador, y ver que cada paso que se da en dirección a la industrialización y al fortalecimiento del campo, es un paso en favor de la nación y su proyecto fundacional. El ogro anglosionista no debe prosperar por nuestra cómoda complacencia, por la narrativa pusilánime y traidora de la cooperación, la coordinación de esfuerzos con el autor de la debacle nacional, por la llamada que decreta la tarjeta roja a nuestras iniciativas más soberanas. Reclamamos al gobierno que haya seriedad, más acción y menos mendacidad discursiva, y al pueblo memoria y acción afirmativa. 



sábado, 27 de septiembre de 2025

FACHADAS CONMEMORATIVAS

 “Si queremos que las cosas sigan como están, las cosas tendrán que cambiar” (El Gatopardo).


Ya ve usted que a cada santo se le llega su día, de manera que hablar de las feas experiencias nacionales en eso de la guerra sucia, la eliminación selectiva de opositores al régimen, el vacío informativo y la amenaza verbal y física a los salidos del huacal, ahora en los anchurosos tiempos de la democracia cuatroteísta, es posible.

Desde luego que el ejercicio de la libertad de expresión y de información debe ser responsable, correcto, moral y empático, porque aprovecharse de la apertura y las garantías que protegen la verdad es un jodido abuso.


Recientemente se conmemoró el aniversario 60 del asalto al cuartel militar de Madera, Chihuahua, en el que murieron 8 de los 13 atacantes, lo que dio el nombre a una de las organizaciones guerrilleras pioneras de la insurrección popular, la “Liga Comunista 23 de Septiembre” (LC23S), integrada principalmente por maestros, campesinos y estudiantes.

La LC23S adoptaba los ideales de los asaltantes del cuartel, de oposición combativa contra los abusos de los capitalistas que se apoderaban de tierras y su riqueza maderera, lo que constituía una amenaza constante para la vida y patrimonio de los lugareños.

El pueblo encontró en los movimientos guerrilleros una respuesta necesaria y obligada frente al gobierno de la burguesía, en el que la ley era objeto de comercio y de influencias, sirviendo de muro de contención a las demandas populares, mediante la demagogia o la represión.

A la muerte física se añadió la muerte simbólica al arrojar a una fosa común a los insurrectos, según órdenes del gobernador de ese tiempo, el priista Práxedes Giner Durán, quien exclamó “¿Querían tierra?, ¡échenles hasta que se harten!”  Anonimato y silencio, silencio y olvido por instrucción superior.    

Actualmente se rescatan los nombres y los hechos, incorporándolos al santoral nacional que se nutre de los excluidos del pasado, como una suerte de reencarnación cívica de los luchadores en un giro retórico que parece cambiar la esencia del pasado por la tersura onomástica del presente.

Aplaudimos, pero pocos reparan en el hecho de que los muertos de ayer cayeron por las mismas razones que criticamos hoy. Seguimos teniendo empresas nacionales y extranjeras sangrando el territorio, extrayendo agua y minerales para su provecho, contaminando el aire, la tierra y el agua, favoreciendo el abandono, la ruina y el saqueo impune de las comunidades.

Hoy como ayer, las empresas “que invierten y generan empleos” se cobijan en la promesa de prosperidad para el olvidado sur, o de contribuir a la fortaleza de una región económica fuerte y competitiva en el norte del país, de cara a otros bloques comerciales, otras mentalidades y otras maneras de entender el comercio y el progreso, pero en una óptica multipolar.

Me parece, sin negar los avances, que la mejor forma de honrar a los luchadores del pasado que clamaban por tierra y libertad, por igualdad y progreso, sería dejar de favorecer al capital transnacional, desarrollar estructuras productivas regionales, atender los reclamos de las comunidades, ahondar en el conocimiento de las prácticas agrícolas tradicionales, respetar la naturaleza y trabajar en armonía con el ambiente, sobre la base de aprovechar racionalmente nuestros recursos y capacidades.

Arrasar con los bosques madereros por codicia, comerciar con el agua, contaminar ríos por ambición y poner en peligro la biodiversidad son actos infames de agresión contra la naturaleza y la vida.


En el pasado los obreros y campesinos se levantaron por desesperación, porque el sistema ni los veía ni los oía. Ahora, en pleno relanzamiento de la democracia participativa, hay campesinos, obreros y empleados que siguen reclamando algunas migajas de atención, sin condescendencia, sin demagogia, sin frases consoladoras, pero con la seriedad y el respeto que merece el pueblo.

Hoy conmemoramos las fechas, los onomásticos, las figuras de bronce, de mármol y el oropel de los reconocimientos del gobierno que garantiza la estabilidad del sistema. Ayer, los muertos de Madera se levantaron contra el sistema y fueron reprimidos por el gobierno. Hoy los campesinos siguen reclamando justicia ambiental y productiva, como consta, entre otros, en el Río Sonora, Bacanuchi y San Miguel, o en la bahía de Ohuira, en Sinaloa.

¿Vamos a esperar a ver que quienes se levanten contra los depredadores territoriales y delincuentes ambientales sean arrojados a la fosa común de la inexistencia social y política? ¿Seguirá el gobierno ignorando los reclamos de quienes se opone a las tres presas y el agandalle inmobiliario?


Hoy se reconoce la guerrilla del pasado como si fuera el antecedente de un gobierno que se considera progresista, obviando el hecho de que la lucha revolucionaria busca transformar y atacar la raíz de los problemas sociales, mientras que el progresismo de hoy supone avances, pero dentro de los límites del sistema.

Es, en esencia, reformista, porque no busca el verdadero cambio sino los retoques de fachada que empiezan y generalmente terminan en el discurso, y el sistema no cambia más que de apariencia.

Conmemoramos los 60 años del asalto al cuartel de Madera, y hemos cambiado presumiblemente de régimen, pero no de sistema. Pongámonos cómodos y esperemos o, ya por hartazgo, actuemos en consecuencia.


domingo, 28 de mayo de 2023

NUEVO FISCAL EN SONORA

 “Una cosa no es justa por el hecho de ser ley. Debe ser ley porque es justa” (Montesquieu).

 

Como era de esperarse, pasó sin objeción la propuesta del gobernador para titular de la Fiscalía sonorense. Las manos levantadas revelaron que la ley de gravedad puede ser vencida cuando hay voluntad política de obsequiar un “sí” al jefe del Ejecutivo del Estado, así que Gustavo Salas, doctor en Derecho Penal es el ungido.

Los señalamientos del grupo Buscadoras por la Paz Sonora, A.C., referidos a sus antecedentes de espionaje y violencia contra defensoras de derechos humanos y periodistas cuando el hoy fiscal era el titular de la Subsecretaría Especializada en Investigación de Delincuencia Organizada (SEIDO), durante el gobierno de Peña Nieto, sonaron tanto como el pedo de un muerto en despoblado (El Imparcial, 23/04/2023). Pero Fiscal habemus.

De entrada, le confieso que cualquier funcionario “de alto nivel” incubado en los gobiernos del Fox, Calderón y Peña Nieto me produce agruras, una sensación de traición anticipada por el simple análisis de los antecedentes.  

No sé si será prejuicio, una mala opinión por venir de la cloaca política y administrativa del Prian, pero si las cosas se juzgan sin su contexto nos quedamos con el título universitario, con la “experiencia” en cargos que huelen a podredumbre posfechada gracias a personajes tan conocidos como García Luna, entre otros que forman parte del elenco en el anecdotario judicial binacional.

¿Seremos víctimas de un engaño colectivo donde la legalidad por encargo suple a la justicia? ¿Los ajustes de cuentas y pagos de deudas corren a cargo del Poder Judicial en cualquiera de sus dimensiones?

No lo sé. Lo que sí sé es que cuando hay antecedentes que ponen en duda la idoneidad de una candidatura o propuesta, el asunto debe revisarse con calma y decidir sólo cuando se tiene claro que las acusaciones contra el postulante son infundadas.

Espero que los diputados hayan valorado las manifestaciones a favor y en contra y, más allá de lo apantallante de los cargos y títulos, se haya actuado con justicia y no por consigna. Sería trágico de no ser así.

En otro asunto, Hermosillo se viste de fiesta pueblerina con cierre de calles, avenidas y bulevares por el aniversario de la fundación de la ciudad capital de Sonora. Una megafiesta con tintes rancheros en una ciudad cuya dinámica poblacional y de transporte son un verdadero dolor de cabeza parece una broma. Pero no lo es.

Los festejos siempre ocasionan una buena derrama de dinero, flujo turístico, mayor movimiento comercial, pero optar por la idea de la festividad popular focalizada en ciertos puntos neurálgicos, como en el cruce de Luis Encinas y Rosales, suena a constipación vial en grandes proporciones. Pero viva la fiesta, convertida en el escenario de la pobreza cultural del Ayuntamiento.

Para los que sospechan que México está siendo tratado con la misma receta que otros países de Latinoamérica y más allá, mediante los golpes de estado legislativos con el fin de detener la “ola izquierdista impulsada por Cuba”, Venezuela u otros infiernos ideológicos, les sea fácil reconocer la creciente intervención del Tío Sam en muchos asuntos de interés regional, por ejemplo, energía limpia, puertos, minería en general y Litio en particular, además de moral pública y limpieza administrativa, donde destaca el regalo que significa el Plan Sonora para los “inversionistas” de allende el Bravo.

La extralimitación de las facultades del Poder Judicial, ya en plan de enemigo del Ejecutivo y el Legislativo, hizo que a la estabilidad institucional se la cargara el payaso, lo que en simples y llanas palabras es un ataque directo contra México, alentado y patrocinado por nuestros vecinos del norte y ejecutado por mexicanos maiceables y amigos de las embalsamadas consignas de los tiempos de la guerra fría.

La reumática falacia de las intervenciones gringas como sinónimo de libertad y democracia queda documentada, como se puede ver en Irak, Afganistán, Libia, Siria y otros países con olor a petróleo e ideas propias. Queda claro que complacer los vicios y perversiones de los gringos es como dispararse un tiro, no en el pie sin bastante más arriba.

En igual sentido, es absurdo imitar los usos y prácticas normales de su gobierno, las trapacerías entre agencias, donde la DEA señala con dedo flamígero a México por el asunto del fentanilo y el creciente número de muertos y consumidores afectados por la droga, pero que es demandada rabiosamente en las calles donde los traficantes hacen fortunas instantáneas.

El combate a las drogas suena a chiste cuando se recuerda el papel de la droga en el escándalo Irán-Contra (ver Wikipedia), o el auge de la producción de opio a partir de la intervención de EUA en Afganistán, o la demanda masiva de drogas adictivas y su venta legal, con plena conciencia de la DEA (La Jornada, 25/05/2023). El doble rasero como norma moral.  

Sin duda EUA es un buen ejemplo a evitar, donde la mano del Ejecutivo no sabe lo que hace la judicial, y donde el Legislativo trabaja para las empresas transnacionales y hace que florezca la industria militar.

Como quiera que sea, la traición flota en el aire, y el Poder Judicial está marcando la nota. ¿Sonora estará blindada o ya forma parte del enjuague? La duda me corroe las pestañas.


 

lunes, 16 de noviembre de 2015

Las fechas borrosas

Desconocer lo que ocurrió antes de que tú nacieras es ser siempre un niño” (Cicerón).

No hay duda de que la memoria de los pueblos forma parte de su patrimonio intangible, de sustento del orgullo nacional y prontuario de la identidad que se construye a golpes de tiempo y decisiones. La historia nacional con su rico y variado contenido se cuelga del aparador de la realidad con los ganchos del calendario, así la fecha representa la forma en que se hace presente el hecho o suceso contenido en la memoria colectiva. Si la historia en su apariencia más elemental es aprendida por los escolares mediante la relación de fechas, nombres, hechos y lugares geográficos, el civismo supone la conmemoración colectiva consagrada a la comprensión y encomio de la obra de quienes aportaron su palada de arena, vertieron la cal, acarrearon el agua y pusieron los ladrillos del edificio institucional del país.

La conservación ordenada y pulcra de los capítulos que integran la epopeya nacional y su difusión y estudio corresponde a la educación pública primordialmente, debiendo el gobierno no sólo proveer su marco normativo sino organizar apropiadamente el calendario conmemorativo de sus hechos relevantes. Las fiestas y conmemoraciones patrias, los hitos y sucesos del pasado unen a los mexicanos del presente con sus antepasados más remotos, y sientan las bases para el México por venir. Somos un pueblo con historia, tradiciones y costumbres propias, que se van modificando y enriqueciendo a la luz de lo que fuimos, somos y podemos ser.

La explotación y conocimiento de las profundas raíces del árbol nacional permite analizar causas y estudiar y comprender efectos, de suerte que las causas, el contexto de las situaciones pasadas, su desarrollo y consecuencias pueden arrojar luz sobre las complejidades del desarrollo nacional, y servir de experiencia para abordar los problemas del presente, basados en una concepción dinámica de la sociedad.

Si la memoria puede guiar la inteligencia hacia las mejores soluciones a los problemas que nos competen como sociedad, el olvido puede, en cambio, conducirnos por un camino de errores e improvisaciones cuando no de decisiones forzadas por intereses que no son los nuestros. Es por ello que la conciencia del pasado orienta nuestro futuro como nación independiente y soberana. 

Por desgracia, nuestro gobierno ha renunciado a la historia nacional mediante la adopción de mecanismos de amnesia institucionalizada que vacían de contenido las fechas importantes de nuestro calendario cívico. Desde la llegada de los gobiernos neoliberales la historia patria ha venido a menos, las ceremonias conmemorativas devienen en pasarelas huecas y ridículas y los desfiles del 16 de septiembre y el 20 de noviembre se realizan en cualquier otra fecha bajo el argumento de que en el país se deben eliminar los “puentes” en aras de la productividad y el mejor desempeño laboral, además de servir como medio para inducir una nueva cultura laboral.

Ahora se ve como correcto desfilar el lunes 16 en vez del viernes 20 de noviembre. ¿Qué día laboral se gana perdiendo un lunes en vez de un viernes? ¿En qué influyó en la productividad este cambio si de cualquier forma se contará con tres días inhábiles en el sector oficial?

México es un país que destaca entre los miembros de la OCDE porque sus trabajadores tienen jornadas de trabajo más largas y reciben pagas más reducidas. Nadie puede decir con verdad que el trabajador mexicano sea un flojo bien pagado, o que sea privilegiado desde el punto de vista de la legislación laboral. De hecho, se ha retrocedido sustancialmente en esta materia a partir de la reforma laboral, así como por las reformas a la legislación federal en materia de seguridad social, como es el caso del IMSS e ISSSTE, donde el cambio en el sistema pensionario repercute directamente en beneficio de agentes financieros privados y en contra del bienestar y seguridad patrimonial de los propios trabajadores. 

En la medida en que la historia sea una materia escolar en vías de desaparición, las nuevas generaciones dejarán de encontrar significado a las fechas conmemorativas, a las ceremonias de aniversario y al costo en vidas y esfuerzos que ha tenido la construcción de nuestras instituciones, la seguridad de nuestro patrimonio, el dominio de nuestros recursos y la majestad de la Constitución, ahora administrada como mercancía en liquidación por magistrados venales y funcionarios apátridas.


El aniversario de la Revolución, el de la expropiación petrolera, el de la nacionalización de la industria eléctrica, como el de la independencia nacional, terminan siendo cascarones huecos por la podredumbre neoliberal. Es tarea patriótica de urgente realización recuperar nuestra historia, el significado de las fechas, el contenido de los hechos y situaciones que nos han moldeado como país independiente y digno de un mejor futuro. Recuperemos la República, ya.

martes, 17 de noviembre de 2009

El aniversario de la revolución






Como un recuerdo difuso y confuso aparece en la memoria del mexicano de a pie, de bicicleta o de vehículo automotor la fecha del 20 de noviembre. La ignorancia es democrática porque se comparte y se padece sin sentirlo, como una ausencia depositada en el holograma de una cultura de olvido y desgano, de pauperismo intelectual, de amnesia protectora de toda inquietud por la identidad perdida, por el paraíso perdido y jamás buscado, por la pena de ser ciudadano en un pozo profundo de inequidad. El recuerdo nebuloso de los tiempos heroicos en donde se luchaba por una causa, por un ideal que olía a pólvora reivindicatoria, a hombría a prueba, a reto asumido y a honra salvada, es fugaz, tanto como lo es la palabra que lo nombra, la ceremonia que lo exalta, las imágenes que lo estereotipan.

La revolución que se hizo de muchas batallas particulares, de inquietudes regionales, de cuentas sin saldar durante muchos años, de intentos inconexos por construir una sociedad moderna en un mundo donde privaba lo rural sobre lo urbano; donde la página del siglo XIX era la que dominaba la lectura de presente y futuro de la nación. La ruptura necesaria trajo consigo la manifestación de otras voluntades, de otro lenguaje, de otras expectativas y la modernidad se hizo gobierno, entre tumbos y caídas, entre los desdibujados rostros del pasado sin morir y el presente sin certidumbre. Las marchas de caballería, los afanes de hombres y mujeres en los campos de batalla, la dureza del asedio a ciudades y haciendas, los ríos de sangre y las tumbas sin nombre fueron, ayer como hoy, los signos vitales de la transformación, del cambio que implica el salto de lo cierto a lo imaginado.

Los polvorientos caminos se regaron con la savia adolescente de un México que quería crecer y progresar, confiando en que el camino enseñaría el rostro de la madurez económica y política necesaria para que el esfuerzo de muchos fructificara para todos. Las ideas de libertad y progreso eran, como hoy lo son, seductoras, envolventes, plásticas porque se acomodan a cualquier imaginario, porque no exigen precisión en el camino que recorre la idea para ser realidad. La revolución era flama, programa y resultado. Era voluntad de cambio y el cambio en sí.

Lo que inició como un movimiento de masas reclamando la vigencia del estado de derecho, dotado de banderas regionales e integrado en un propósito nacional transformador, se convirtió en logotipo, bandera, imagen y culto, pero no se mantuvo como estímulo, compromiso y meta a alcanzar. La imagen se congeló en el discurso y la inmovilidad hizo el resto: se volvió cauta y luego conservadora; se interrumpió y fue traicionada, se convirtió en franquicia política y dejó de convocar a la acción. Una revolución burocratizada es, a, fin de cuentas, una revolución acabada. Actualmente es desfile deportivo, día de asueto y escenario de discurso y pasarelas políticas; es pretexto de bostezos y pedorretas burguesas.

Si los ideales se convierten en monumentos, urnas funerarias y discursos pronunciados sin convicción ante auditorios presas del hartazgo y la apatía, entonces es necesario volver a la historia, analizar a trasluz sus implicaciones, el sentido del mensaje, la vigencia de los propósitos, la realidad a que responden y, dejando de lado lo “políticamente correcto”, actuar y proclamar la validez de la acción, sin disimulos, sin desviaciones vergonzantes, con entrega y convicción. La revolución, entonces, es compromiso, medio, consigna y acción que se renueva día con día, que se convierte en programa de gobierno, que se traduce en acciones responsables ante los ciudadanos, y ante el mundo.

La gran revolución social emprendida en México en los inicios del siglo XX es tarea inconclusa, porque sus actores fundamentales, los obreros y los campesinos, los pequeños y medianos comerciantes y los industriales, que hicieron frente a la dictadura, a la par que a los apetitos del imperialismo sobre nuestros recursos naturales, están, hoy por hoy, en espera de satisfacción de sus demandas de justicia y progreso. Sin duda se avanzó en crear una Constitución ejemplar en materia de garantías individuales y en lo atinente a la soberanía y el dominio de la nación sobre sus recursos, pero también es cierto que se ha retrocedido por atender las demandas del capital sobre el trabajo, del extranjero sobre el interés nacional.

La revolución, desde el punto de vista social, económico y político, debe replantearse, y rescatar el impulso creador y reivindicativo que tuvo, para avanzar en el logro de las condiciones requeridas por la nación para su progreso e independencia. En este sentido, no es una etapa histórica que se agota y se congela en palabras e imágenes, sino un objeto de estudio y comprensión para las presentes y futuras generaciones de mexicanos. Si bien es cierto que es un hito histórico, también es cierto que es ejemplo de lo que puede y debe hacer un pueblo en determinadas circunstancias, cuando las palabras dejan de tener sentido, cuando las promesas son una burla sangrienta al pueblo que desespera y ve deteriorarse cada día sus condiciones de vida. Cuando los abusos por parte de quien gobierna son intolerables, cuando los atentados contra la calidad de vida de las familias son desmesurados y se convierten, prácticamente, en política de estado.

Celebremos la revolución en su día, y que sea el 20 de noviembre de cada año, no sólo recordatorio de una gesta heroica, sino estímulo para cumplir, a través de la acción ciudadana, con el deber que tenemos todos de procurar un mejor país, una nación soberana e independiente que lucha por la legalidad, el progreso y el bienestar de sus gentes.