Notas Sueltas es un espacio de opinión sobre diversos problemas de carácter social, económico y político de interés general. Los comentarios pueden enviarse a: jdarredondo@gmail.com

martes, 19 de mayo de 2026

ESTAMOS EN HUELGA

 “Huelga es la suspensión temporal del trabajo llevada a cabo por una coalición de trabajadores” (Artículo 440, Ley Federal del Trabajo).

 

Tras la huelga del STEUS, tenemos un antecedente verdaderamente preocupante y revelador: un juez puede mandar archivar el expediente y declarar que la huelga no existe, dando permiso para que la parte patronal pueda iniciar el proceso de despido de los huelguistas. Formalidades más o menos, lo que queda claro es que a la Ley Federal del Trabajo se le puede torcer el brazo y usar a los tribunales como garrote neoporfiriano contra quienes demandan justicia laboral.

Sabemos que la historia se repite, primero como tragedia y después como farsa. Pero, en nuestro caso, la vez que el expediente de la huelga del STEUS se archivó fue una farsa. El juez hizo lo que pudo por desacreditar la carrera judicial y lo logró.

En el caso del STAUS, el juez sin aprender nada de decencia y sin sentir vergüenza alguna, ordena archivar el expediente, lo que de por sí constituye una tragedia legal que marca una repetición de eventos con olor claramente neoliberal y antagónico a los derechos conquistados por los trabajadores y consagrados en la legislación vigente.

El acto de archivar el expediente de la huelga, primero del STEUS, fue una farsa, y su repetición, con el STAUS, es una tragedia.

Con este absurdo nos podemos dar cuenta de los alcances de la política de “paz laboral”, a como dé lugar, que guía las acciones y criterio del aparato de justicia bajo la mirada de Alfonso Durazo, gobernador de Sonora.

El argumento estelar de la represión y negación de los derechos laborales es que una huelga aleja las inversiones, como si el cargo de gobernador fuera equivalente a promotor de inversiones, a facilitador de espacios de control financiero, comercial y territorial para el capital extranjero, por aquello de fortalecer la “megarregión Sonora-Arizona”, a contrapelo con la política nacionalista de recuperación de espacios de participación económica y política regional que supuso la llegada de Morena al poder.

Así, frente al discurso de corte neoliberal que privilegiaba las inversiones extranjeras directas privadas, se levantó la promesa de regenerar el tejido nacional a partir de privilegiar lo propio sobre lo ajeno. El gobierno declaró el fin del neoliberalismo y se reformó el Poder Judicial, antes instrumento del capital contra el trabajo.

Sin embargo, los cambios esperados quedan en promesas que el pragmatismo ordena archivar, porque quizá su cumplimiento moleste a los inversionistas, a las ratas talqueadas de siempre, a los depredadores que pululan en las antesalas y los despachos del poder.

La Universidad de Sonora está en huelga, y se archiva el expediente primero como farsa y ahora como tragedia. Antes como experimento, ahora como certeza de que la política laboral del régimen tiene más parecido a la emprendida por Miguel Alemán en los años 40 del siglo pasado, que con la emprendida con López Obrador en 2018.

La huelga universitaria de hecho, vive y se desarrolla por su verdad y justicia, al margen del ejercicio del poder que quita y pone a capricho, y que en cada acción corrompe, confunde y decepciona.  

Nos queda claro que la política de justicia e inclusión de la Cuarta Transformación aún no llega a Sonora, porque, aunque hay voluntad popular, sobran chapulines y burócratas fariseos. Viva la huelga. Viva la Universidad de Sonora.  




 

sábado, 16 de mayo de 2026

EL SHOW INSTITUCIONAL

 “El show debe continuar” (frase de circo, maroma y teatro).

 

El azoro causado por la evidencia de que somos un país colonizado subrepticiamente por la CIA, abre espacio a ciertas preguntas que seguramente se considerarán obvias y, por tanto, ociosas en cualquier espacio donde la razón de estado vaya de la mano con la ignorancia institucionalizada de manera soberana y patriota.  

¿Cómo aceptar oficialmente que agentes extranjeros que viven en México (sea en forma temporal o definitiva) también ejerzan el oficio por el cual les pagan? La embajada del tío Sam los reconoció como parte de su elenco “diplomático” en México, pero el gobierno aclara que la cooperación no supone subordinación y que los extranjeros en suelo mexicano se sujetan a las leyes nacionales, independientemente de que las razones por las cuales están aquí sean las relacionadas con el espionaje, la desestabilización y el alboroto social y político en favor de su gobierno.

Saber que se ponen uniformes de policías locales, que participan en “operativos” supuestamente antidrogas, que hay gobiernos locales que abren sus fronteras y espacios territoriales como patio de juegos imperiales, que, incluso, pueden morir accidentalmente en acciones parecidas a los videojuegos, pues es una cosa que habrá de ser investigada porque oficialmente la CIA no hace de las suyas en México.

Aquí hay que hacer un alto y tomar aire, recordar el supuesto de la buena vecindad y la necesidad de estar bien con el vecino para recibir las bendiciones del progreso y las bienaventuranzas de una dependencia pacífica, sin mucho ruido arancelario, bajo el ala protectora del tratado comercial y el nearshoring, que permiten fortalecer el crecimiento de empresas extranjeras y relocalizadas que aprovechan nuestras ventajas geográficas y las bajas exigencias laborales y ambientales.

Como somos un país donde reina lo políticamente correcto, el ladrido del perro de enfrente se responde con alabanzas sobre el tono, lo disculpable de su patanería y las muchas cosas que tenemos en común (sobre todo desde 1836 y el período 1846 a1848).

A juzgar por nuestra historia compartida, la mejor respuesta al encabronamiento cívico es la ausencia de memoria, la ilusión de la igualdad, la credulidad respecto a la buena intención de quienes presumen de no tener amigos sino intereses. ¿Será por eso que es aceptable afirmar que nuestro trato es “de iguales” y que las relaciones son “respetuosas y apegadas al marco legal”?

En la misma línea está el hecho de que Adolfo López Mateos, Gustavo Díaz Ordaz, Luis Echeverría y José López-Portillo, en su momento fueron colaboradores de la CIA, por lo que se puede decir que, desde atrás tiempo, las élites políticas de la postrevolución y el México de las instituciones han sido aficionadas al juego del tío Lolo, pero muy respetuosos de la Constitución.

En las postrimerías del siglo XX y las primeras décadas del presente, hemos visto cómo se defiende la Patria con invocaciones al pasado heroico, la solidez de las instituciones y el rumbo seguro de las transformaciones, donde ha habido hitos discursivos a la par que cambios estructurales que nos han colocado al día en las definiciones internacionales, como es el caso de la firma del TLCAN, el TLCAN Plus que incluyó cuestiones de seguridad, y en la época actual el T-MEC.

Las joyas estructurales del neoliberalismo brillan y marcan el derrotero económico nacional mientras, por supuesto, recordamos emocionados los viejos días de gloria cuando le pateamos el culo a los franceses, cayó el porfiriato, avanzó la revolución, creamos una nueva constitución ejemplar por su contenido social, que nos ha mantenido la mar de ocupados deformándola, neoliberalizándola, enwokeciéndola, y actualizándola según las corrientes dominantes que soplan de la anglosfera.

Aquí debo decir que da lo mismo que venga la ridícula señora Díaz Ayuso, que tengamos una espina imperialista clavada en la embajada de EUA, y que haya funcionarios al servicio del extranjero que faciliten la disposición de nuestras costas, minas y demás recursos naturales como ofrenda al norte global, mientras que la población local carece de agua, salud y oportunidades. La traición y los sentimientos apátridas se dan desde Miramón y Mejía, Victoriano Huerta hasta los empresarios ganones que asesoran y guían la economía, ahora oportunamente instalados bajo la capa de la Cuarta Transformación.

Las ratas tras las paredes, las cucarachas bajo el piso de la cocina, el moho que invade pasillos y estancias de la casa nacional, entre otras alimañas, gozan de cabal salud, protegidas por los nuevos administradores del espacio político arrebatado al “viejo régimen”. Y los buitres que vuelan sobre nuestro tejado ahora cubren labores de vigilancia, controlan el perímetro, las rutas de entrada y salida de armas y drogas, los sistemas de vigilancia territorial, urbana y financiera. El renovado Big Brother masca chicle y escupe de lado.

Hablamos de cooperación, soberanía, respeto, integración económica con Norteamérica, control biométrico, fracking “sustentable”, pagos electrónicos y bancarización de los trabajadores informales. Total, si no tenemos país, al menos tendremos tarjeta bancaria, documentos electrónicos a la disposición la CIA, DEA, el HS, ICE, Palantir, Black Rock, y el horizonte que dibujan la Agenda 2030, el Foro Económico Mundial y Open Society. No tendremos nada, pero seremos felices… 

Mientras tanto, los ratones, las cucarachas y otras alimañas rastreras seguirán parasitando las instituciones, permitiendo o apoyando el intervencionismo y, en su momento, gritando consignas y ondeando banderas cada vez más desgastadas, porque el show debe continuar. La Patria y sus instituciones legítimas bien pueden esperar.



miércoles, 6 de mayo de 2026

LA ENGAÑOSA BUENA VECINDAD

 “La corrupción es un asunto cultural” (frase peñanietista).

 

El “operativo” en el que agentes de la CIA terminaron sus vidas en plena sierra tarahumara fue, sin duda, una operación de falsa bandera, una finta ridícula donde lo único trágico fue la complicidad de la señora gobernadora panista de Chihuahua y la baja definitiva e involuntaria de dos oficiales mexicanos.

Lo anterior sería risible si no fuera porque dio lugar a mil y un manoseos del concepto soberanía y la consecuente falta de claridad respecto a la colaboración binacional en el combate al narcotráfico. La presencia de agentes de la CIA, dedicados en cuerpo y alma a la desestabilización nacional y al tráfico de drogas para fines geoestratégicos da para mucho en el escenario donde un estado fronterizo es gobernado (sic) por un partido de oposición.

Si el norte de México tiene a la cabeza a gobernadores deseosos de ofrecer su región glútea al imperialismo gringo representado por Mister Trump, entonces resultaría más que natural que sus territorios sirvieran como patio de maniobras a los nefastos agentes extranjeros, y sirvieran de facilitadores de una y muchas puestas en escena para uso y disfrute del ridículo patán naranja.

La vieja y nueva política antidrogas de EUA no está por combatir el tráfico de narcóticos sino como respuesta por vía de la oferta a su compulsiva demanda nacional. La normalidad gringa se ameniza con alcohol y muchas drogas, de suerte que la vida cotidiana en colegios, universidades y dependencias públicas no puede ser imaginada sin sustancias enervantes que compongan esa realidad tan fea y opresiva que hay que evadir, corregir o suprimir. El sistema los crea y ellos se autodestruyen.

El triste homúnculo con horario de 9 a 5 puede volar creyéndose Superman y ser el campeón de su propia historia; el renacuajo que es abusado y explotado por el gerente mamón y la esposa pegona se eleva sobre su inmundicia mediante la coca, el cristal y otras ayudas químicas que hacen de la trivialidad existencial una aventura heroica. La ruina moral y el vacío cotidiano convertido en estilo de vida tiene su punto de quiebre en cada dosis de evasivos inyectables, tomables o fumables.

Pero la vida que se fuma, se inyecta o se ingiere dibuja la ruta del desastre personal, familiar y nacional. Una sociedad de adictos, de narcodependientes sin más capacidad que parasitar a otros para seguir siendo Superman, Rambo o el nuevo pueblo elegido por Dios debe mentir para sobrevivir. Debe culpar a otros de sus miserias, de su patética adicción, de ser un fraude en la más amplia de las acepciones.

El espantajo naranja, ridículo pero letal que amenaza a Latinoamérica y al mundo, es como el matón del barrio, el gordo imbécil que hostiga a los más débiles en el patio de juegos del colegio, el abusón gandalla que destila prepotencia en el barrio, hasta que el hartazgo llega y la reacción ocurre.

Se debe tener claro que el narcotráfico es la respuesta económica a la narcodependencia, y que la cura inicia con la inhibición consciente del consumo mediante la intervención de especialistas médicos. Es, básicamente un problema de salud pública cuyo abordaje ha sido judicializado, mercantilizado y utilizado como mecanismo de presión y agresión política y militar. El combate al narcotráfico es el pretexto para la desestabilización, agresión e intervención de países soberanos por parte de EUA.

La operación antidrogas en Chihuahua es una farsa cuyo resultado es dar a conocer un supuesto narcolaboratorio sin nada que lo acredite como tal (una cantidad de recipientes abandonados en un predio solitario, sin evidencia de drogas o armas), salvo la imaginativa fantasía intervencionista que lo sustenta. Lo que es cierto y acreditable es la participación de un gobierno estatal en maniobras de desestabilización en línea con el vecino del norte. Traición evidente e imbecilidad supina.

EUA dejó de ser motor industrial para dedicarse a la piratería, la extorción y el trasiego de armas y drogas. Un estado delincuente y protector de delincuentes como el ente sionista genocida de Israel sólo puede generar inestabilidad, miseria y violencia.

Las nuevas exigencias de la política antidrogas de EUA son una guía para la intervención extraterritorial que el gobierno nacional debe rechazar. México debe revalorar cuando no suspender las negociaciones del T-MEC, dar pasos hacia la integración al BRICS, expulsar al embajador Roland Johnson y agencias de espionaje así como dejar de buscar la integración económica con América del Norte, como malamente lo hace el gobernador de Sonora respecto a Arizona.  

Algunas medidas “soberanas” de México, con fuerte olor gringo que debieran suspenderse,  son la implantación de registros biométricos y la supresión paulatina del dinero en efectivo en las transacciones cotidianas y los candados bancarios para “prevenir el lavado” ligados a la disposición de los recursos de los clientes, amén de otras medidas intrusivas de control fiscal, la instalación de centros de datos que suponen alto consumo de agua y electricidad, la implantación de mecanismos de control biométrico y la digitalización del gobierno, que son verdaderos regalos a la mafia tecnológica sionista de Silicon Valley, además de ser la presunción de culpabilidad de todos los ciudadanos mexicanos, y fuente de información sensible.  

El gobierno no debiera conformarse con emitir “enérgicas protestas” ante cada despropósito gringo, sin acompañarlas con acciones concretas verdaderamente nacionalistas, sin embargo, a cada agresión corresponde una disculpa.   

De optar por la pasividad ante las exigencias de Trump, auténtico representante del tecnofascismo anglosionista, el discurso soberanista será una broma neoliberal más y un reforzamiento a nuestra subordinación a las políticas extractivistas y punitivas del norte. Si no buscamos la soberanía en los hechos más elementales como son los de la autosuficiencia alimentaria, energética y productiva, seguiremos profundizando la dependencia y el atraso, y la palabra soberanía será simplemente un recurso retórico, un adorno discursivo sin sentido.