“Las buenas acciones nos dan fuerza e inspiran buenas
acciones en otros” (Platón).
El sábado 2 se vistió de fiesta la
capital de Sonora y recibió al Presidente de la República, Andrés Manuel López
Obrador. El acto político se realizó en el estacionamiento del Gimnasio Universitario
con un lleno raras veces visto en estas latitudes y el ambiente de fiesta llegó
hasta los oídos y pupilas de los presentes directos y virtuales, gracias a las
redes sociales y los medios de información independientes, amén de otros
formatos tradicionales. La cobertura fue interesante aunque entre los
comunicadores no faltó quien cayera en los típicos lugares comunes y de la
chabacanería facilona que no tiene empacho en recetarle al auditorio
expresiones como “cabecita de algodón” en referencia al titular del Poder
Ejecutivo federal que, como debiera saberse, tiene nombre y apellido. Para
algunas mentalidades pequeñas parece más importante señalar las características
o la edad de quienes deberían ser considerados, en todo caso, por sus ideas,
cualidades y propósitos transformadores.
Fueron notorios los esfuerzos del
priismo matraquero al procurar llenar espacios para “apoyar” a la gobernadora en
medio de miles de ciudadanos que coreaban “es un honor estar con Obrador”. El
llamado al “respeto y la reconciliación” fue la respuesta políticamente
correcta del presidente quien hizo una exposición de sus propósitos señalando
que el plan a seguir en su gobierno es el mismo y que se resume en pocas
palabras: no habrá tolerancia a la corrupción y no habrá impunidad.
Una parte central de los planteamientos
presidenciales fue el relativo a los programas en marcha de becas, apoyos y
garantías a jóvenes, adultos mayores, discapacitados y microempresarios, así
como el apoyo a los productores del campo a fin de producir los alimentos que
requiere el pueblo en vez de comprarlos al extranjero. Aquí aparece la figura
de los precios de garantía lo que supone el rescate de la soberanía alimenticia
como responsabilidad del gobierno. En el mismo sentido se pronuncia respecto a
la producción de gasolinas, así como otros bienes esenciales para el
funcionamiento de la economía. Plantea un México democrático, incluyente,
respetuoso de las diferencias pero firme defensor de lo propio.
El anuncio oficial del arranque de sus
programas prioritarios renueva compromisos y fundamenta esperanzas y
expectativas, así como reclamos ratoneros del sector conservador y sus
empleados vociferantes que se afana en encontrar defectos al actual gobierno
morenista, aunque minimizados por una ciudadanía que levanta la voz en apoyo a
su presidente y en demanda de soluciones a problemas sentidos como el de la
falta de justicia en el caso de los afectados por el incendio de la Guardería
ABC, de los ciudadanos enfermos, empobrecidos o en riesgo por el derrame del
Río Sonora; o los derechohabientes defraudados por el ISSSTESON, a los que se
unen los trabajadores universitarios que levantan la demanda de “¡pena de prisión a las ratas del
ISSSTESON!” y luchan por su derecho a la salud y la seguridad social, así como
los esfuerzos de quienes se oponen al despropósito de vender terrenos,
edificios y los estadios Héctor Espino y Tomás Oroz Gaytán, que son patrimonio
de los sonorenses, para “resolver” el saqueo monumental y la desaparición de
los fondos de pensiones bajo la responsabilidad directa del Gobierno del Estado
y el propio ISSSTESON, cuyos perpetradores, a la fecha, gozan de impunidad. ¿No
le parece el colmo del cinismo afirmar que “los bienes son para remediar males”
si se trata de un claro y evidente robo a los derechohabientes y se compromete patrimonio
público?
AMLO reitera que ya se trabaja por la
solución al problema de la salud pública como derecho social, dando seguridad
en el empleo de quienes laboran en ese sector y promoviendo la mejora de los
servicios; asimismo, reitera su compromiso con la justicia laboral mediante acciones
como la reinstalación de los maestros cesados por causa de la nefasta reforma
educativa. Fue categórico al decir que la política neoliberal que ha
empobrecido al pueblo se va “por un tubo”, aunque advirtió que los cambios no
pueden ser de la noche a la mañana, considerando el enorme rezago acumulado.
Habrá un trabajo intenso por la recuperación de nuestra capacidad adquisitiva,
pero se hará de manera responsable y cuidadosa.
Es claro que existen manzanas podridas
en el seno del gobierno, que se encuentran en espera de una oportunidad para
frustrar la dinámica de los cambios en beneficio del viejo régimen, tratando de
detener el reloj de la historia; es natural que existan “colados” y
oportunistas en Morena encaramados en posiciones de cierta importancia, pero nuestra
sociedad está en un proceso donde la depuración será consecuencia lógica del despertar
de la conciencia de los ciudadanos. Que a nadie le extrañen las contradicciones
en el discurso y las acciones de la nueva clase política en la conducción de la
cosa pública, porque son parte de un proceso de ajustes donde finalmente la
paja será separada del trigo.
Si bien es cierto que la espera fue
larga para quienes “madrugaron” en el estacionamiento del Gimnasio
universitario, una vez iniciado el acto público privó el entusiasmo, menudearon
los aplausos y la expresión de los rostros habló de la confianza y del triunfo
de la esperanza. Llamó la atención el orden y la tranquilidad con que se
desarrolló la primera visita presidencial de López Obrador. Una compañera me comentó
que, a pesar de la cantidad de gente reunida, no tuvo miedo y participó confiada
y atenta a los acontecimientos. “Cambió la actitud de la gente”, dijo.
De mantenerse este espíritu, no hay duda
de que la Cuarta Transformación es posible y que, en todo caso, será la obra de
todos y la responsabilidad de todos, porque lo que no debemos hacer es esperar
que AMLO haga milagros sino que, en todo caso, promueva los programas y las
acciones necesarias y permita que ocurran. Recordemos aquello de que “sólo el
pueblo puede salvar al pueblo”.
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