Notas Sueltas es un espacio de opinión sobre diversos problemas de carácter social, económico y político de interés general. Los comentarios pueden enviarse a: jdarredondo@gmail.com

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domingo, 13 de septiembre de 2026

EL DEBER ES LO PRIMERO

 “Es la economía, estúpido” (James Carville, estratega electoral de Bill Clinton).

 

La expresión “el deber es lo primero” sugiere un compromiso moral, ético y legal (depende del contexto) que privilegia el compromiso, incluso sobre la necesidad de defender el interés propio. Este posicionamiento recuerda a los Kamikaze de la II Guerra Mundial, donde abnegados soldados japoneses hacían la magia de convertir un avión militar en proyectil que lo mismo despanzurraba al enemigo que al propio combatiente.

Para algunos el deber es un imperativo categórico, una exigencia que va más allá de la razón o conveniencia y que, de manera lineal, obliga su cumplimiento.

No sé si el asunto Fobaproa-Ipab vaya en esta misma dirección, o si el oscuro, retorcido y joditivo pacto de sangre con la banca (que hace rato dejó de ser mexicana) sea de ineludible y forzoso cumplimiento, aún a costa de hacer hoyos al presupuesto de egresos de la federación.

Hasta la fecha sólo se han rasgado las vestiduras las altas autoridades de Hacienda, pródigas en explicaciones numéricas de la debacle presupuestal nacional, sin plantear una salida para terminar con el escabroso asunto del suicidio financiero que se repite cada ejercicio fiscal.

El caso es que la carga sobre los lomos de la hacienda pública adquiere tintes dramáticos cuando se habla de solvencia económica de cara a los crecientes compromisos del sector público y la economía nacional.  

A veces uno se pregunta (chupándose el dedo imaginario que muchos tenemos) por qué no se incrementa el gasto público en favor del aparato productivo, el empleo y el ingreso, para toparnos con una especie de camisa de fuerza que pasa por el TLC, T-MEC, la política monetaria, las tasas de interés, el origen del ingreso y el destino del gasto, entre otros aspectos significativos de un modelo económico claramente depredador.

 Aquí llama la atención el origen del capital invertido en los nuevos proyectos nacionales, la distribución espacial de los mismos y el destino del producto generado, con fuerte olor a inversión extranjera privada directa y a expansionismo a costa del espacio económico nacional, lo que repercute en la soberanía y en la capacidad de tomar decisiones en los términos de la Constitución y leyes que de ella emanan.

 Tal camisa de fuerza económica-financiera estrangula o limita las iniciativas soberanas, afecta el dominio de la nación sobre sus recursos naturales, sobre sus tierras, aguas y espacio aéreo. Controla, en fin, su destino y propósito.

Actualmente hablar de desarrollo, progreso y bienestar está estrechamente ligado a los intereses expansionistas del extranjero, sean gringos o europeos, aunque con distinguibles rasgos sionistas. Como si el pastel de Iberoamérica sólo pudiera cortarse con el cuchillo de Washington, y comerse con la dentadura del sionismo internacional que lo mismo ingiere tierras raras, metales estratégicos, agua y paisaje, o voluntades políticas.

Da la impresión de estar frente a una especie de nudo gordiano, que requiere de una espada nacionalista para cortarlo y cruzar el río del destino nacional. Aquí cabe decir que no se espera una decisión pronta, firme y soberana por parte de quienes deciden la cosa pública, acojonados por la segura regañina de Mr. Trump y las acusaciones tronantes de Marco Rubio que ve comunistas y conspiraciones de izquierda radical en la sopa continental.


El asunto de la deuda del Fobaproa-Ipab (y se le apuramos, los acuerdos comerciales leoninos y asimétricos con Estados Unidos) escapa a las consideraciones bancarias e institucionales para caer en el campo del saqueo histórico más descarado e inadmisible;  pero, el deber de pagar seguramente nos hace un traspatio muy cumplidor y sin duda un lugar donde el saqueo se admite porque “genera empleos”, da buena imagen internacional, es ejemplo de cooperación y carta de recomendación para el inversionista internacional en pos de tierras, aguas y recursos estratégicos ajenos, además de basurero tóxico “de confianza” que se justifica con explicaciones técnicas del tipo “atole con el dedo”.

Así las cosas, el gobierno mexicano, de seguir apechugando este despropósito monumental, será como un kamikaze financiero que enfila su nave contra los supuestos de libertad, soberanía e independencia nacional. Estrellado, pero eso sí, muy cumplidor de su “deber” de pagar lo impagable y honrar el saqueo empresarial y bancario en aras de seguir siendo un ejemplo de cooperación y colaboración internacional y destino seguro para las inversiones… porque, además de prometer empleos, muestra lo buenísima onda que somos.  



miércoles, 2 de septiembre de 2026

PROYECTO BINACIONAL

 “Del dicho al hecho hay mucho trecho” (conseja popular).

 

 Nuevamente sale a la luz el megaproyecto de una planta desaladora en Sonora para beneficio de Arizona. Al igual que otros proyectos estelares en suelo mexicano, el área de interés es el Golfo de California, sus costas y aguas (https://shre.ink/GSQ7)

(https://shre.ink/GSQ8).  

Proyectos que se pierden en divagaciones de especialistas, expertos, académicos con aspiraciones mediáticas y monetarias y funcionarios sexenalmente vigentes, cuyo fin es evadir el problema nuclear de la relación México-EUA en cuestiones comerciales y políticas: la soberanía.

En cada proyecto que se presenta al escrutinio público la discusión se centra en la viabilidad técnica, en los costos y tiempos de realización, en los impactos ambientales, en el monto de la inversión, la rentabilidad, en los beneficios para los habitantes de la región, entre otros asuntos.

Las ruedas de prensa sirven para hacer ver que el asunto se está estudiando desde el punto de vista científico, técnico, financiero, pero para nada se consideran los aspectos que atañen a la política, a nuestra soberanía y el dominio de la nación sobre su territorio y recursos.

Surgen comités técnicos locales, estatales y federales que alimentan el tema con datos, cifras, proyecciones, cálculos sustentados en la magia de la computadora, las corridas financieras, los modelos y paradigmas tecnocráticos que hacen lucir capaces y confiables a los técnicos de la burocracia en turno y a los académicos que visten sabiduría enlatada para la ocasión.

Pero nadie habla del interés nacional, la defensa de los recursos, del espacio vital nacional, de tierras y aguas que son patrimonio de México y los mexicanos.

La razón científica, el alegato técnico y financiero aparentan valer mucho más que principios y valores, respeto por la Carta Magna, y la obligación del gobierno (federal, estatal, municipal) de cumplir y hacer cumplir la ley suprema y las leyes que de ella emanen.

En este marco están los proyectos de instalar una planta desaladora en Puerto Peñasco, al servicio de Arizona; plantas de licuefacción de gas en Puerto Libertad y Guaymas, al servicio de Texas y la competencia energética de EUA contra Asia; planta productora de Amoniaco en Topolobampo, para beneficio de EUA y socios inversionistas, donde encontramos que en el Golfo de California se tienen proyectos potencialmente peligrosos para el ambiente y la vida comunal.

Pero, más allá del peligro ambiental y social, se tiene una clara intromisión extranjera (gringa) en aguas y costas del noroeste de México, que de ser realidad convertirían al Golfo de california en patio de maniobras estratégicas del Comando Norte y tiburones corporativos gringos. ¿Y la soberanía nacional? El plan regional que se configura huele a apropiación territorial que seguramente será para fortalecer la “seguridad nacional” del norte.

Es de desear que el gobierno deje de apoyar iniciativas, elaborar proyectos, estudios de factibilidad llenos de argumentaciones técnicas, financieras, de cooperación y buena vecindad, para enfrentar el verdadero problema de la relación bilateral cuando una parte presiona y otra cede y trata de encubrir la cesión con argumentos o explicaciones cuantitativas, siendo que se trata de un problema y una solución eminentemente política.

El número de proyectos de corte extractivista que tenemos en curso, incluyendo los petroleros/gaseros de fractura hidráulica (fracking) que amenazan la Huasteca potosina y el noreste mexicano, los desarrollos turísticos depredadores que amenazan a la isla Tiburón frente a costas sonorenses (curiosamente también en aguas del Golfo de California), son razón suficiente y necesaria para ver con alarma el rumbo económico y empresarial que parece impulsar o permitir el gobierno federal.

Queda claro que la soberanía nacional no se defiende solamente con discursos y asambleas fervorosamente nacionalistas y soberanistas, sino con acciones afirmativas en defensa y salvaguarda de tierras, mares y espacio aéreo nacional, en los términos del artículo 27 constitucional.

No es necesario argumentar técnicamente la negativa a un proyecto cuando se trata de defender el interés nacional frente a los intereses del capital extranjero. México es una nación soberana con territorio, población y gobierno propios.

No suena ni técnica ni científicamente lógico que por una parte hablemos de soberanía mientras que en los hechos abramos la puerta al interés extranjero en perjuicio de nuestro patrimonio y porvenir. Decir NO puede ser poco diplomático, pero es honesto y ha salvado algunas virginidades. Que haya congruencia.



 

domingo, 23 de agosto de 2026

BATALLA CULTURAL

 “Somos o no somos” (pregunta existencial).

 

Bueno, como se supone que estamos en guerra (contra el narcotráfico, contra el terrorismo, contra el cambio climático, contra la influencia de Cuba, contra la desinformación y a favor de las audiencias, contra la discriminación y el abuso, contra la naturaleza ociosa y a favor de proyectos productivos trasnacionales, contra el auge económico de China y a favor del monopolio “americano” del comercio, la democracia y el control de la economía del hemisferio, pero siempre con la cobertura de la seguridad “nacional” y la democracia), hay que añadir la lucha por la “narrativa” plana, acrítica, sin matices y con olor a la santidad del American Way of Life, el Destino Manifiesto y la Doctrina Monroe.

En este marco pavloviano se desarrolla el proyecto nacional de dependencia y complementariedad que auspicia, defiende y aplaude la propia Secretaría de Economía, SEMARNAT y demás dependencias (ahora se les puede llamar agencias) que impulsan física, mediática y legalmente los mecanismos burocráticos necesarios para que las empresas menos acreditadas desde el punto de vista ambiental, tomen como patio de recreo el territorio mexicano.

¿Pruebas? Pues ahí tiene el caso de las gaseras que pujan por instalarse en costas y aguas del golfo de California, pegadas como rémoras a Sonora, Sinaloa y la propia Baja california. Aquí habría que agregar los campos de fracking en el Noreste, proyecto acariciado por los texanos y sus cipayos del sur de la frontera.

Por si faltara algo a la desnacionalización del espacio económico nacional, se añade el proyecto ya aprobado y celebrado por Marcelo Ebrard consistente en instalar una planta manufacturera de un biofungicida basado en ARN de interferencia, a cargo de la empresa BioLight Biosciences de capital gringo, con inversión de $100 MDD pero que podrá contar con apoyos financieros de nuestro gobierno.

Otro caso donde los mexicanos les decimos a los inversionistas extranjeros (gringos) productores de agroquímicos y mamotretos genéticamente modificados que le pasen a lo barrido, independientemente que lo nocivo de las acciones de Bayer-Monsanto en perjuicio del ambiente y la vida (https://shre.ink/GKyX). Recibimos veneno y las ganancias van hacia el norte.

Se reporta que la aprobación fue casi inmediata y que los riesgos de este tipo de materiales son incalculables, además del peligro real de futuros reclamos económicos por parte de los gringos, tal como ocurre con otros productos transgénicos de Monsanto, que contaminan cultivos vecinos porque el aire se encarga de dispersarlos y luego pueden reclamar regalías o pagos por su uso.

Así las cosas, llama la atención la entusiasta permisibilidad de nuestro gobierno para que México sea el asiento de la primera planta productora de porquerías genéticas en Latinoamérica y el mundo. ¿Seremos los primeros en celebrar una mayor dependencia agrícola nacional, la destrucción de especies útiles y el aumento de la contaminación ambiental? ¿La sana intención de prohibir la entrada de productos genéticamente modificados y generadores de dependencia agrícola quedó en declaraciones heroicas, aplausos ingenuos nacionales y risas sofocadas del inversionista extranjero? ¿El temor de “decepcionar” a Mr. Trump pesa más que cualquier norma de precaución y seguridad sanitaria? ¿El ejercicio de la soberanía depende de factores externos y claramente adversos?

Al discurso de la soberanía nacional se contraponen consideraciones irrefutables desde la óptica de la dependencia, la conveniencia política y la realidad nacional. La narrativa construida sobre los despojos de los valores nacionales, el derecho internacional y la diplomacia resulta ser una cómoda pista de baile para el interés comercial, la codicia y la piratería más descarada. América, después de todo puede ser un continente geopolíticamente reducido a traspatio de un país con armas, dinero y carencia de escrúpulos.

A cambio de la destrucción del patrimonio y las identidades nacionales, tenemos la lucha contra China, Rusia, Cuba y el eje del mal al completo, narrada por Washington y reproducida por sus satélites. Según el guion dominante, el comunismo y las ideas de izquierda representan el mal que debemos combatir, unidos, coordinados por quienes saben cómo hacerlo, los Estados Unidos.

La narrativa que orienta a Occidente aparenta reivindicar los valores de la libertad, la democracia y, por supuesto, el libre comercio, mientras opera los elementos de contradicción que hacen de “América grande de nuevo” y miserable al resto del continente.  El parasitismo del norte es claro.

Estamos en una batalla cultural que supura mezquindad y falsedad a partes iguales, pero que tenemos que tragar en aras de la buena vecindad, la colaboración internacional y lo “políticamente correcto”.

El día en que llamemos por su nombre al genocidio, pongamos al descubierto los intentos de desestabilidad política y el agandalle económico y señalemos colectivamente a los culpables, entonces empezaremos a ganar la batalla entre la razón y el absurdo.

Por lo pronto, debemos dejar de ser el basurero del norte y dejar de autorizar proyectos extractivistas y destructores del ambiente, físico y social. No necesitamos plantas productoras de veneno, inversiones foráneas que son como manzanas envenenadas para la nación. Ya basta de neoliberalismo encubierto, porque sólo la verdad nos hará libres.



miércoles, 12 de agosto de 2026

LA FORTALEZA DEL PESO

 ¿En serio, vamos bien? Sí, pero ¿adónde?  (pregunta existencial).


En la conferencia de prensa de miércoles 12 de agosto de 2026 llamada “mañanera”, hubo expresiones de beneplácito por el desempeño de la economía y en particular del peso mexicano, divisa nacional que representa algo más que un signo monetario en los afectos y sentimientos patrios de los mexicanos.

La doctora Sheinbaum, titular del Poder Ejecutivo, lo tomó como una buena noticia que, desde luego, debemos celebrar, y en el resumen de la conferencia de prensa se publicó lo siguiente: “Increíble: el peso mexicano se mantiene fuerte. Sheinbaum celebró la fortaleza del peso frente al dólar en 17.3 pesos. Una buena noticia para la economía mexicana, que refleja la estabilidad y confianza que mantiene el peso frente al dólar”.

Si nos quedamos en la paridad sin llegar a analizar el hecho, pudiéramos aplaudir lo bien que va la economía nacional en medio de las turbulentas aguas internacionales plagadas de malas noticias y amenazas por obra y gracia de míster Trump, las declaraciones de Peter Hegseth y la acción genocida de Netanyahu, al timón de la máquina de destrucción llamada Israel.

Sin faltar los riesgos de una subida de precios en el petróleo por el conflicto en Asia Occidental, el cierre del estrecho de Ormuz, la veleidosa actitud del mundo árabe gozando de relaciones convenencieras con Estados Unidos e Israel, la cada vez más evidente inutilidad de la ONU y el cada vez más ominoso avance del sionismo en América Latina, que convierten el planeta en que vivimos en una especie de trampa mortal para el ciudadano que actúa como carne de cañón o como el jamón del sándwich.

También hay que agregar el viraje de muchos países de nuestro hemisferio hacia las posiciones de EUA merced a su subordinación con olor a dólares, coacción militar y una ideología groseramente pragmática que permiten aceptar que los males continentales obligan al combate a las drogas y a las ideas de izquierda, ambas cosas envueltas por la parafernalia mediática del terrorismo.  

México se encuentra nadando en el líquido amniótico de la dependencia con fines de sobrevivencia en forma cada vez más acotada.

En la “mañanera” se informa y forma opinión en favor del rumbo que sigue el país en relación básicamente con EUA, nuestro eje de referencia económico y político según se documenta en los dichos y los hechos nacionales.

El júbilo por la estabilidad cambiaria peso-dólar tiene sentido si nos quedamos en el cómodo umbral de la autocomplacencia, la fascinación del número y la necesidad de sentir que recuperamos algo de lo perdido en la etapa neoliberal; sin embargo, son pertinentes algunas consideraciones.

Me parece que la calidad de “increíble” es inexacta en el marco de relaciones económicas en que se da. La verdad es que es absolutamente creíble si vemos las vicisitudes del dólar frente a los conflictos internacionales en los que EUA está inmerso, más los importantes avances de la economía china, por ejemplo, y el gasto y los resultados de sus aventuras militares de ultramar. Es decir, el dólar acusa una debilidad relativa.

Tampoco resulta increíble si consideramos las altas tasas de interés que actúan como un imán para la inversión extranjera, lo que aumenta sus flujos y permiten que la economía pueda funcionar sin que la industria mexicana se fortalezca, dejando espacio para los emprendimientos extranjeros que generan empleo precario y, en no pocos casos, un bajo aporte fiscal.

Menos increíble resulta si consideramos el monto de las remesas que envían los connacionales al otro lado de la frontera, trabajadores fuera del país por falta de empleo y oportunidades. Los montos de las remesas dan cuenta de la expulsión de población en beneficio de otra economía distinta a la nuestra.

Los flujos de inversión más las remesas sustituyen o compensan la ausencia de un esfuerzo productivo nacional, sin embargo, se presume de la fortaleza de “nuestras” exportaciones sin subrayar el hecho de que se trata de empresas de capital extranjero que producen para mercados externos con las ventajas arancelarias y de costos que proporciona hacerlo desde México.

Como se ve, no resulta para nada “increíble” que la paridad cambiaria del peso frente al dólar sea estable, considerando, además, que refleja el grado de dependencia de una economía respecto a otra. La calidad de traspatio salta a la vista mientras nos regocíjanos por la paridad sin mencionar que tenemos altas tasas de interés, flujos crecientes de inversión extranjera privada, dólar barato y remesas por causa de expulsión de población económicamente activa, además de una política de austeridad que inhibe el gasto productivo, el empleo y el ingreso.

Tener estabilidad peso-dólar en medio de las convulsiones internacionales debiera, al menos, despertar la sospecha del estado real de nuestra soberanía y el dominio de la nación sobre sus recursos naturales.

Por otra parte, me parece que debemos hacer un serio cuestionamiento sobre la necesidad de estar atados a un acuerdo comercial que obra como un mecanismo de control no sólo económico sino político donde la parte más perjudicada somos nosotros, en términos de crecimiento y desarrollo. Queda claro que es peligroso para las sardinas nadar con tiburones. Las asimetrías económicas y productivas saltan a la vista y es un error tratar de normalizarlas.  

En este contexto, la paridad peso-dólar nos deja con una sensación amarga y encabronante donde lo único “increíble” es que a nadie le preocupe. Pero, claro, no somos piñata de nadie.



domingo, 9 de agosto de 2026

LA REFORESTACIÓN SOMOS TODOS

“La tierra no pertenece al hombre, el hombre pertenece a la tierra” (Jefe Seattle).


Todo apunta a que el proyecto de una planta productora de amoniaco en la Bahía de Ohuira va que va. Se alega que va muy avanzado el proyecto y que contribuirá a nuestra soberanía en materia de fertilizantes (que las empresas trasnacionales necesitan). Suena muy bien pero el lugar es un sitio Ramsar, es decir, protegido por acuerdos internacionales en favor de humedales, manglares y demás áreas donde se genera vida marina, la salud costera y ambiental.

Otro asunto relacionado con la expectativa de garantizar la soberanía nacional es el del fracking, ahora maquillado con el concepto de “explotación no convencional” que es lo mismo pero más barato, considerando los costos que sólo son menores cuando se dejan de lado factores como la población nativa, la contaminación ambiental y, muy importante, los huecos que se hacen al territorio y la soberanía nacional, ya que de un tipo de dependencia se pasa a otro, o más bien se alcanza un horizonte de dependencia “completo y copeteado” (Fox dixit).

Tal situación ha despertado agrias y dilatadas discusiones, matices conceptuales, llamados al análisis con fuerte olor a claudicación de principios y promesas, en aras de no pisar callos trasnacionales de obligada confrontación. Resulta que es más fácil dar golpes de mesa, imponer criterios y llevar adelante proyectos en casa que enfrentar intereses empresariales extranjeros.

La idea de extraer gas por medios “no convencionales” en beneficio de la soberanía, o pedazos de ella, difícilmente se sostiene considerando el origen de la inversión, la tecnología y el destino de la producción, ligada a espacios llamados polos de desarrollo que, quitando capas de maquillaje, simplemente significan nuevos espacios de instalación de maquiladoras al servicio del capital extranjero, a cambio de una vaga idea de progreso y empleo.

Es decir, se abaratan costos en energía para empresas que exportarán sus productos bajo condiciones más ventajosas que si lo hicieran en su propio territorio, ya que no contaminan ni deterioran sus tierras, aire o agua, y muchos menos afectan a sus poblaciones nativas.

Por otra parte, mientras se favorece el interés extractivista extranjero, el gobierno federal lanza este domingo 9 de agosto una campaña nacional de reforestación con la que “reafirma su compromiso con la restauración de los ecosistemas, la conservación de los suelos y el combate al cambio climático en todo el país”, honrando el compromiso contraído por Claudia Sheinbaum en la Cumbre del G20 celebrada en Brasil en noviembre de 2024 (https://shre.ink/GP5d).  

Seguramente nadie estará en contra de reforestar y trabajar por la salud ambiental para revertir la muchas veces disfrazada tarea de acabar con recursos naturales como selvas, bosques, rocas, arenas y playas, pero si se trata de revertir la depredación neoliberal es necesario dejar las ambigüedades y contradicciones: o se protege el ambiente o no se protege, con o sin inversión extranjera privada en forma de espejitos y cuentas de colores, promesas y paneles de expertos.

La soberanía nacional empieza por conocer, valorar y proteger los recursos propios y explotarlos en la medida en que la seguridad nacional, los recursos financieros, tecnológicos y ambientales lo permitan, poniendo en primer lugar la salud, la cultura y costumbres de los pueblos nativos y el desarrollo armónico de las comunidades.

Ahora la necesidad apremiante es aumentar nuestras propias capacidades para generar las condiciones de un desarrollo independiente integral e incluyente, asunto en el que deberían estar empeñadas las comunidades científicas y académicas, en vez de orbitar como polillas con doctorado en torno a la llama del poder sexenal de ocasión. Hemos perdido mucho tiempo, pero hay que empezar este largo y tortuoso camino.

El modelo extractivista y las expectativas del capitalismo fósil deben dejar de ser la guía del gobierno de la transformación. Si el estado mexicano no aumenta el gasto productivo, fortalece el mercado interno, impulsa una política industrial enfocada a la sustitución de importaciones, nunca va a generar empleo, ingreso y ahorro, y estará atado a una política que nulifica el esfuerzo productivo nacional en favor de las estructuras bancarias dominadas por el extranjero. Aquí tenemos que romper amarras y cambiar la retórica de la soberanía por la acción soberanista. Los hechos impactan más en la economía que las palabras.

En consecuencia, decimos no al fracking en el Noreste de México, no a la planta en Ohuira, a los proyectos extractivistas en la Huasteca Potosina y los proyectos gaseros en las costas de la península y el golfo de California, y estamos a favor de la búsqueda de alternativas propias en beneficio del pueblo. No podemos seguir creando zonas de castigo ni ser el traspatio del imperio.

El respeto a la naturaleza y a las comunidades es un imperativo categórico no sujeto a la manipulación retórica ni a la simulación. Por lo pronto, que se pudra en imperialismo gringo y buitres que lo acompañan… y como en una ocasión dijo la doctora Sheinbaum: “México no es piñata de nadie”.   



  

viernes, 31 de julio de 2026

EL DESCARRILAMIENTO

 “Hechos, no palabras” (frase latina).

 

Jorge Larrea, el bien fondeado empresario de las minas y el transporte, acaba de añadir una raya más a su piel de tigre tras el accidente ferroviario donde se derramaron 59 mil litros de hidrosulfuro de sodio en Naco, Sonora, sustancia tóxica que se suma a los 40 mil metros cúbicos de sulfato de cobre acidulado vertidos por Buenavista del Cobre hacia los ríos Sonora y Bacanuchi en 2014.

Como queda claro, al rollizo empresario se le da bien eso de verter sustancias tóxicas en tierras, aguas y ambiente sonorense, sin que el temor de la acción legal pase de una “inspección” o un acuerdo federal y estatal cuyo cumplimiento se escribe y se firma en el agua puerca de las complicidades y complacencias público-privadas.

Después de todo, el país necesita recibir inversiones que generen empleos y que derramen tanto contaminación ambiental como empleos exiguos y pretextos escenográficos para las fotos de la integración norte-sur.

En este marco, hablar de sanciones y de retirar la concesión minera por daños a personas, animales o cosas es un tema que se evita, porque puede preocupar a los inversionistas extranjeros interesados en burlar las leyes y procedimientos que en sus países estarían obligados a cumplir por respeto a la calidad del ambiente y la vida de sus conciudadanos. Cabe recordar que la laxitud genera confianza, atrae recursos y asociaciones estratégicas.

El hecho de que hayan pasado 12 años desde el derrame tóxico que cambió la vida de ocho pueblos del río de Sonora sin consecuencias legales resarcitorias, demuestra que el poder de los gobiernos (activos o residualmente neoliberales) sirve para detener o retrasar procedimientos, redactar informes y publicar historias donde el “ya merito”, se combina con el “no es para tanto” y el anuncio de “un acuerdo”, en un acomodo de piezas que casi hace aparecer a las víctimas como los culpables del desastre económico y ambiental perpetrado.

Así pues, la justicia puede relativizarse (en aras de la buena relación del capital nacional y extranjero) con las trasnacionales habilidosas en el uso y abuso del traspatio, en este caso fronterizo y prometedor de mil y una aventuras extractivas y de ocupación territorial estratégica.

Tenemos un territorio enorme cargado de promesas mineras y costeras cuya situación geográfica da pie a la acción intervencionista, al abrir los puertos y costas a la inversión en gaseras, fertilizantes y la operación del patio de maniobras logísticas y energéticas, así como puestos de avanzada maquiladora y comercial y, sobre todo, áreas de laxitud normativa, modorra institucional y una idea bastante difusa de la soberanía nacional, además de la facilidad de pasarse por el forro el contenido del artículo 27 constitucional y la legislación relativa a la seguridad nacional.

Las autoridades se han dedicado a “vender” Sonora, como si fuera un pedazo de pastel que sólo los paladares extranjeros pueden disfrutar a cabalidad y digerirlo de manera profesional. Si hablamos de iniciativa privada, es claro que no nos referimos al empresariado local y regional, sino a las trasnacionales que reclutan y dan de comer al cipayo nacional que finge ser emprendedor y capitán de industria.

Lo que resulta curioso y revelador es que, desde los tiempos del Salinato, la dimensión política de territorio se ha ido diluyendo hasta quedar reducida a una expresión empresarial o, si le apuramos, geopolítica en el contexto de la expansión de tal o cual hegemonía, en este caso anglosajona y sionista.

Pero cabría considerar que “no tiene tanto la culpa el indio sino el que lo hace compadre”, en el sentido de que, en una relación vertical-descendente, el polo del capital está por encima del que corresponde al simple operador local (político o empresarial) en un sistema global de dominación y subordinación. Aquí cabe decir que las gallinas de arriba cagan a las de abajo.

También es claro que los empleados del sistema lo van a defender porque les da sentido y justificación, y porque el dinero en cuenta corriente tiene más peso moral que las estrofas del Himno Nacional.

En este contexto, el apoyo a proyectos extractivistas y nocivos para el ambiente (Puerto Libertad, Guaymas, Topolobampo, la Huasteca Potosina…) sólo revela el grado de dependencia y subordinación de las autoridades a intereses cuyo impacto acaba con la biodiversidad y las actividades productivas primarias de la población ribereña y costera, a cambio de migajas de empleo e ingreso. De iniciativa y producción nacional, nadita de nada, aunque al nombre de cada iniciativa se le ponga “México”.

Finalmente, el descarrilamiento del tren de Larrea y su probable inocuidad legal, además del derrame del 2014, recuerda (entre otros) el accidente de Pasta de Conchos, y subraya cómo el gobierno se ha empeñado en componer la plana del depredador, a pesar de las muchas y reiteradas faltas de ortografía que contiene y la repulsión que su recuerdo produce.

La carrera por aumentar las inversiones extranjeras no debiera ser más importante que la de fortalecer el aparato productivo, la capacidad de sustituir importaciones, fortalecer el mercado interno, el empleo y el ahorro nacional.

De la fortaleza del aparato productivo y la diversificación del mercado depende la solidez de las instituciones, la moneda y la credibilidad del discurso sobre la soberanía. Sin embargo, celebramos los “avances del T-MEC” y nos resistimos a dejar de ser lo que somos: el traspatio maquilador y logístico del imperio.  



sábado, 25 de julio de 2026

LA CUMBRE ENANISTA

 “Contra el imperialismo, donde quiera que esté” (Ernesto “Che” Guevara).

 

Se siente cono broma estudiantil que Marco Rubio haya pontificado ante representantes de 60 países que la mayor, extraordinaria, inusual y definitiva amenaza contra la prosperidad, la paz, las libertades y la democracia es ¡la extrema izquierda!, el feo y contaminante comunismo, que trae pobreza, sometimiento y diarrea a la humanidad que lo sufre, como es el caso de China, Cuba, Norcorea, y un etcétera reducido pero selecto que sirve para ilustrar el punto.

Quizá para conjurar la fea amenaza del virus rojo se impuso hace más de medio siglo el bloqueo a Cuba, señalada como la fuente de todo mal para Estados Unidos, excluyendo los cigarros habanos, el ron y la posición geográfica estratégica en el mar Caribe y las Antillas.

Los gringos, en voz del cubano-estadounidense Narco (perdón… Marco) Rubio, convoca a una santa cruzada hemisférica y esférica (mundial, pues) contra ese flagelo ideológico y político que quizá algo tiene que ver con la situación de convulsión política que padece “América”, incluyendo los 105.8 millones de adultos desempleados con que cuenta su país (https://shre.ink/jrw8) tras procesos de desindustrialización que pretendían abaratar costos y ampliar su influencia geopolítica en su periferia mediante la instalación de maquiladoras de distinto calado.

Trump y su mantra de Make America Great Again (MAGA) repetido a niveles de mala educación, busca enemigos que alimenten y justifiquen la defensa heroica de la “seguridad nacional”, entendida como cualquier cosa que pudiera remotamente demostrar que su economía es una farsa y que existen otras formas de hacer lo correcto. El enemigo cercano y conocido es Cuba, que osó patearles el trasero a los enemigos de su revolución e independencia.

La cumbre antiterrorista convocada por Rubio llama a la unidad a costa de la razón, las libertades y el derecho internacional, partiendo de que quien no esté dispuesto a bajarse los pantalones y ponerse en posición cooperativa es, fatalmente, un enemigo de “Occidente”.

No detallaré el contenido del documento resultante, pestífero y repugnante por mérito propio que usted puede consultar en  https://www.state.gov/wp-content/uploads/2026/07/Cuba-Report-PDF-Spanish.pdf y que revela la paranoia, la ignorancia y la imbecilidad de que puede ser capaz un país gobernado por una casta de parásitos armados con alta capacidad corruptiva.

Los gringos, desde el siglo XIX han hecho gala de su tendencia expansiva, sea comprado territorios, coaccionando a sus vecinos, tomando por asalto, masacrando y dando por hecho su representación única, exclusiva y excepcional de todo lo bueno y decente que puede haber en el mundo. Han sido y son un cáncer que pudre a Occidente y contamina al mundo.

Lo único raro, extraordinario y excepcional ha sido la adicción que ha generado en los pueblos y gobiernos del mundo su discurso y actitud beligerante, frente a la posición de resistencia nacionalista y soberana de algunos. Causa asombro ver cómo, de una u otra manera, hay gobiernos o grupos políticos que prefieren traicionar a su propio país en beneficio del avance de las ideas e intereses de los extranjeros, particularmente gringos, aunque cabe mencionar los venenosos avances del sionismo, sea bajo la capa de la religión como es el caso de los protestantes evangélicos, o los simples y repugnantes mercachifles adoradores del dinero y el reconocimiento extranjero.

Los 60 países representados en la cumbre enanista de Washington contra la izquierda y el “terrorismo” caen en la poco honorable lista de los lacayos de la derecha descalzonada y en favor del parasitismo gringo. No merecen ni siquiera una mentada de madre en ayunas, pero sí un señalamiento a su profunda abyección proimperialista, fascista y culera. La traición a la Patria no merece aplauso sino una rotunda condena nacional y hemisférica… por lo menos.

En este marco conflictivo internacional, la lucha por la dignidad nacional y el derecho de vivir con libertad y democracia es tarea, deber y destino de todos frente al imperio. La unión hace la fuerza.




viernes, 17 de julio de 2026

¡GUERRA, GUERRA!

 “El hombre es el lobo del hombre” (Thomas Hobbes, El Leviatán).

 

Los países que ya usan pantalones largos y saben que los coscorrones tienen una calidad disuasoria, seguramente ven la andanada sistemática y masiva de golpes como un exceso en la conservación de la paz y la sana distancia entre individuos o grupos con intereses contrapuestos, con rencillas irreconciliables sin la cesión de territorio, mercados o influencia.

La guerra es, dijo el clásico de las barras y las estrellas, un medio para la paz, y el destripadero resultante la prueba de que la población sigue teniendo el saldo que disminuye en cada embate pacificador.

Así las cosas, Corea, Vietnam, luego Irak, Afganistán, Libia, Siria, y últimamente Palestina y Gaza, son las bolsas poblacionales que, para el Occidente colectivo, deben disminuir hasta quedar en limites aceptables para Israel y sus patrocinadores americanos y europeos.

La población cercada en fronteras disputadas a modo de corral de matadero es, casi siempre, la imagen que las buenas conciencias occidentales alimentadas espiritualmente por Hollywood tienden a evadir y, en todo caso, matizar cuando no ignorar.

Las muertes palestinas o africanas de cada día son la nota discordante que arruina el desayuno o el paseo dominical de la burguesía industrial del ramo armamentista, la innovación tecnológica al servicio de la muerte y el control demográfico de un mundo neomathusiano. La fea estridencia de los que señalan y acusan, condenan y luchan contra el genocidio, arruinan el ánimo empresarial y la imagen del negocio que, como se sabe, genera empleos, sueldos, intereses y posibilidades de ahorro e inversión.

Las consignas del populacho enemigo de la libre empresa, seguramente animados por ideas de la extrema izquierda radical, molesta pero no amilana a las huestes patrióticas del empresariado armamentista, que sabe bien que el mundo requiere de más volumen de producción para poner el alto a los terroristas enemigos de la expansión sionista y “americana” que ve por la paz en Asia Occidental, África, Latinoamérica y el mundo.

La sinuosa lucha por la democracia y el libre comercio exige sacrificios, pero también da satisfacciones. Después de todo, ¿qué sería del mundo sin los Estados Unidos e Israel?

Resulta difícil imaginar un mundo sin bases militares “americanas” en cada continente, embajadas y consulados injerencistas y manipuladores en cada país, redes de espías y agentes de seguridad e “inteligencia” cubriendo el mapa de las naciones vecinas y lejanas en aras de la democracia y las libertades, gestionando la paz condicionada a la parálisis política y social de la vida de pueblos libres y soberanos que exigen respeto a su ser y existir.

Resulta azaroso imaginar un mundo ajeno a los apetitos coloniales de países que babean por el oro, la plata, el litio, el petróleo, la biodiversidad del resto del mundo, y que respetan el derecho internacional, la libre decisión de los pueblos, sus sistemas de vida y creencias, su identidad y proyecto de desarrollo.

Cierto que cuando Estados Unidos ve el peligro de un exceso de soberanía, de independencia económica o política, de disposición soberana de recursos naturales, inmediatamente acude a sus recursos estratégicos de manipulación narrativa donde se revela una conspiración de izquierda radical, una operación narcoterrorista, una amenaza inusual y extraordinaria contra la seguridad nacional… y viene el coscorrón hipersónico, la andanada de misiles, el bloqueo marítimo, aéreo, financiero y energético.

El cerco militar, político y mediático se acompaña de amenazas y sanciones que paralizan la solidaridad de los vecinos, apabullan la lógica, el sentido común, la idea de justicia y los límites de la diplomacia. Las buenas maneras y la cortesía quedan reducidas a aceptación cobarde de condiciones injustas y denigrantes. La humillación queda al descubierto y crece cada día.

La guerra da dinero y prestigio, medallas al heroísmo del invasor, sea atracador naval, fronterizo, aéreo, o capitalista que al amparo de la democracia y las libertades coarta lo que dice defender, destruye pertenencias, costumbres, añoranzas identitarias, sueños y vidas. La guerra es el coscorrón macrosocial del gran negocio de la muerte.

En la Patagonia la presencia de soldados israelíes “de vacaciones” es cada vez más ominosa. Lo mismo pasa en el sureste mexicano. Genocidas tomándose un tiempo de relajación… y prospección. El gobierno, mientras da la bienvenida a inversiones de empresas contaminantes y ecocidas (Puerto Libertad, Guaymas, Ohuira, la Huasteca potosina, entre otras), acusa desconocimiento del hecho “turístico”, que, en todo caso, sería bronca de la secretaría del ramo y nada que ver con la soberanía nacional. La amenaza sionista es cosa de conspiranoicos… hasta que sucede lo que en otras partes es evidente.

Estados Unidos e Israel han convertido a regiones enteras en verdaderas picadoras de carne humana, ante la mirada entre horrorizada y evasiva del resto del mundo, sin que sus declaraciones públicas pasen de ser bien intencionadas, aunque inútiles y en ocasiones panfletarias, con una tolerancia abrumadoramente cómplice, indiferente, cobarde y ajena a lo más elemental del ser humano. La sociedad muere cuando muere su conciencia.         

Estados Unidos crea sociedades genocidas por coacción o por convicción, y la humanidad padece de náuseas frente al espejo. Algo se está muriendo y debe terminar, ya.



 

domingo, 12 de julio de 2026

LA SOMBRA DEL AGUA

 “Agua que no has de beber, déjala correr” (Conseja popular).

 

No deja de ser llamativo el sentido que tienen los nuevos y no tan nuevos proyectos del neoliberalismo extractivista, enfocado a la soberanía, el empleo y el ingreso de tal o cual comunidad o región.

Se fracciona el territorio en forma de parcelas productivas donde el elemento que le da sabor al caldo es el agua. Se sazona, además, con promesas laborales temporales y definitivas, ingreso seguro e infraestructura que hace habitable el espacio ganado por la trasnacional “que cree en México” e invierte en el territorio.

Ya sea mediante una concesión minera, industrial o de servicios, el capital se hace presente y, gracias a los medios oficiales y oficiosos, empieza su labor de convencimiento, amedrentamiento, condicionamiento y disuasión y, como quien dice, coloniza culturalmente a los habitantes en un encandilamiento que dura hasta que topa con la disposición de recursos vitales que la población nativa no extraña hasta que hacen falta.

Los recientes proyectos de licuefacción de gas, de amoniaco, de obras de infraestructura hidráulica en ríos de curso temporal, chocan con la realidad del entorno, donde la obra que habrá de garantizar “la soberanía” en materia de fertilizantes, de gas, de agua almacenada para consumo urbano, de petróleo y gas por fractura hidráulica, chocan contra la evidencia de los estudios y la experiencia ecológica y productiva, las tradiciones y cultura regional y, en última instancia, el interés nacional.

Resulta que no puede ni debe haber una iniciativa “soberana” que afecte el interés nacional, aunque se enfatice la solución de tal o cual carencia pasada o presente; aunque el verdadero interés tras el problema que se dice va a resolver se oculte bajo muchas capas de maquillaje declarativo; y aunque las presiones del norte global sean tan insistentes y poderosas que la visión patriótica se matice y recomponga a la luz de la conveniencia, el temor y el pragmatismo.

Últimamente vemos iniciativas soberanas que afectan o amenazan directamente el ambiente, los lugares reservados por su calidad de ser únicos en su dimensión ecológica, por ser lugares donde prospera la biodiversidad marina, como es el Golfo de California, que sostiene actividades productivas (pesqueras, turísticas y de investigación) en Sonora y Sinaloa.

El llamado acuario del mundo, famoso por su gran biodiversidad, se encuentra en la mira de la inversión extranjera directa privada, como si no tuviera cesiones y concesiones por parte de los gobiernos locales y el federal en favor del capital extranjero.


En la lógica depredadora y extractivista desfilan Puerto Peñasco, Puerto Libertad, Guaymas, Topolobampo, Ohuira, cada uno con su significado propio, con sus recursos turísticos, pesqueros, ambientales y estratégicos; con su carga cultural y sus valores tradicionales, que a nombre de la soberanía se ceden al extranjero para hacer lo que mejor sabe hacer: extraer todo beneficio posible a cambio de unos cuantos empleos y un y cúmulo enorme de contaminación y degradación ambiental.

México y su costa del Pacífico, sus lugares Ramsar, sus reservas de vida y prosperidad parecen ser monedas de cambio de la llamada soberanía, siendo que son áreas de sacrificio para la vida y futuro.

Tan rara y extravagante acepción de soberanía llama la atención como una forma paradójica de expresar la sumisión a los impulsos expansionistas de la clase capitalista transnacional, fanática de la novedad tecnológica que sustituye lo natural por lo sintético, lo tecnológicamente viable en manos extranjeras a cambio de sofocar el desarrollo nacional basado en nuestras propias capacidades.

Si tenemos una economía dependiente de factores externos, no resulta una buena solución profundizar la dependencia a cambio de una palmada en el hombro del hegemón del norte, y sacrificar recursos naturales que implicarían pérdidas incalculables en territorio y capacidad de decisión.   

Queda claro que la soberanía no se defiende con asambleas, afiches, memes y pronunciamientos de retórica patriotera, sino con acciones cotidianas que apunten hacia el fortalecimiento del aparato productivo y el mercado interno nacional, emprender la compleja tarea de generar las condiciones para la sustitución de importaciones, impulsar en lo posible la inversión y producción interna en lugar de atraer inversión extranjera directa privada y fortalecer la presencia del capital  financiero, en beneficio del sector bancario trasnacional.

Queda claro que una mayor inversión productiva vale más que reducir el gasto público y contraer la demanda de bienes, servicios y empleo. También queda claro que la soberanía nacional no puede fortalecerse si aumenta la dependencia de factores externos, sea capital, tecnología o modelos productivos y administrativos que al final se traducen en relaciones políticas de dominación-subordinación que definen el colonialismo de nuestros días.  

Me parece que el esfuerzo nacional debe enfocarse a revertir la lógica de la dependencia so pretexto de la complementariedad en un contexto de relaciones vertical-descendente, o dicho de otra manera, recordar que las gallinas de arriba pringan a las de abajo. De nosotros depende decidir en qué lugar debemos estar.

También creo que la mejor forma de apoyar un proyecto nacional es ejerciendo libre y responsablemente la crítica y la autocrítica respecto a las decisiones de un gobierno que, en este caso, elegimos de manera libre e informada. Sigo pensando que Morena es la opción, sólo que de nosotros el pueblo depende que funcione según las expectativas del proyecto de cambio y regeneración nacional por el que votamos.




jueves, 9 de julio de 2026

EL OGRO IMPERIAL

 “Las apariencias engañan” (dicho popular).

 

En la lucha por los pronombres y los adjetivos, se nos olvidan fácilmente los sustantivos, los nombres que distinguen en la narrativa los hechos, los lugares y los actores del drama (o comedia) que vivimos o sufrimos en nuestra actualidad.

 La vida cotidiana resulta ser algo que zurcimos con recuerdos de lo inmediato, con ideas y premoniciones, con imaginación y chispazos de realidad.

La idea de que los gringos son los defensores de la democracia, la libertad y el comercio como fuente de poder personal y nacional supone un tipo de realidad estereotipada que ya casi nadie da por cierta, que presenta grietas y fisuras que deslucen la imagen que el cine, la televisión y ahora las redes sociales y las plataformas de noticias y entretenimiento se empeñan en vendernos como la nueva actualidad, como la verdad que revela, define y codifica la conducta socialmente aceptada e indiscutible.

Tras cada sujeto angloparlante hay una historia económica, militar y cultural que permanece oculta a plena luz del día, pero que no se capta o analiza racionalmente gracias al velo narrativo construido por los medios de readaptación cultural que el sistema provee al pueblo y gobierno que parasita. La idea de colonización por medios culturales resulta muy natural, como todo lo que se construye gracias a la pérdida de memoria e identidad. El hecho de parasitar a un pueblo ajeno y montarse en su historia y expectativas va de la mano con el nuevo imperialismo, sin balas, pero con la capacidad de destruir narrativamente cualquier oposición.

No hace mucho, el fervor anticomunista rindió pleitesía a la nueva defensa de la civilización occidental contra el virus rojo del comunismo oponiéndole la OTAN, la expansión militar y de inteligencia gringa, defensora de los valores de Occidente. El comunismo como enemigo de principios y valores de las sociedades hechas a la imagen y semejanza de Estados Unidos, fue condenado por muchos. La guerra fría terminó calentando los ánimos globales y la unipolaridad emergió como la nueva realidad defensiva posible, frente las acechanzas de la soberanía de los pueblos, y los reinventados rostros del terrorismo y la sedición.  

Aquí, la mejor defensa es el ataque, antes que la contraparte ataque o piense en hacerlo. Ya ve usted que Venezuela ha sido el blanco de mil y una trapacerías, como lo es Cuba. Tras el secuestro del presidente Maduro y la cesión petrolera, viene el terremoto con olor a geoingeniería y manipulación telúrica, para dar paso a la generosidad gringa e israelí que invaden Venezuela en el supuesto de cumplir labores humanitarias.

Estados Unidos e Israel responden a la tragedia antes de que la nación afectada les pida ayuda. Soldados de uno y otro país se instalan en modo humanitario para medir, sopesar y planear la ruta a seguir en el plan de “reconstrucción” de Venezuela. El terremoto no es sólo material sino político y expansionista, porque le levanta una tarjeta roja a la realidad.

La película del heroísmo enlatado en Hollywood que se despliega sobre Latinoamérica y el Caribe, aprovecha y rentabiliza las tragedias que el norte global provoca.

La narrativa anglosionista se fortalece mediante la construcción de una nueva faceta humanitaria como vehículo de penetración geopolítica, de justificación imperialista, de generosidad impulsada por el interés de dominio y subordinación, de relanzamiento de las fobias anticomunistas y antiterroristas construidas por encargo que privilegian la seguridad antes que la libertad. El Escudo de América frente a la historia y la realidad.

Aquí, mientras se pronuncian discursos sobre la libertad y la colaboración, se impone la condición de conjurar cualquier atisbo de pensamiento independiente, de soberanía y dominio de la nación sobre su territorio, bienes y destino. La contradicción es tan evidente que casi no se nota. Tan chocante que muchos gobiernos prefieren voltear a otro lado, al pasado heroico de las independencias nacionales, de la construcción de Patria y la consecuente celebración de su historia y valores.

Se escribe una nueva página del drama económico, político y moral de América Latina, con sus venas más abiertas que nunca, con su memoria insomne, con su destino secuestrado y su vuelta al pasado colonial sin virreinatos ni monarquías, sin héroes de la independencia, sin pólvora que defienda lo propio y entrañable, y que tiende al olvido selectivo, a las visiones falsarias de una nueva narrativa que suena soberana, que supone independencia, que aparenta libertades y propósitos nacionales.

Resulta que el ogro globalista vigila el rebaño, pastorea en el espacio económico nacional las nuevas vertientes productivas, ampara las soluciones financieristas para dejar atrás las soluciones productivas que huelan a autosuficiencia y soberanía.

La historia nacional, así tratada, confunde sur con norte, dependencia con independencia, progreso con estancamiento maquilador, y la visión de futuro se torna inexplicable sin las cadenas que nos sujetan al siempre renovado imperialismo.

México, Cuba, Venezuela y los países que son gobernados por las derechas cipayas deben despertar y ver lo que en realidad es importante y liberador, y ver que cada paso que se da en dirección a la industrialización y al fortalecimiento del campo, es un paso en favor de la nación y su proyecto fundacional. El ogro anglosionista no debe prosperar por nuestra cómoda complacencia, por la narrativa pusilánime y traidora de la cooperación, la coordinación de esfuerzos con el autor de la debacle nacional, por la llamada que decreta la tarjeta roja a nuestras iniciativas más soberanas. Reclamamos al gobierno que haya seriedad, más acción y menos mendacidad discursiva, y al pueblo memoria y acción afirmativa. 



viernes, 3 de julio de 2026

LOS ASEGUNES DEL TRATADO

 “Cierto que quiso querer, pero no pudo poder” (Alfredo Zitarrosa, Doña Soledad).

 

Cierto que no cualquier plazo es fatal cuando de elasticidades se trata. La liga puede estirarse hasta que la resistencia diga basta, o que el sentido común y la sabiduría del agente estirador recomiende suspender la operación.

Al mismo tiempo que la tierra de Trump estira las condiciones del aguante nacional (e internacional) por vía del matoneo mascachicle económico, político y militar, México se adecua, adapta y estira con el fin de que la cosa siga como está, considerando que los jalones a la soberanía nacional pasaron de ser retóricos a esquemas de depredación global y regional cuya suficiencia se sustenta en el poder real o virtual del agresor y la debilidad real o virtual del agredido.

La grosería se toma como una característica singular del pedófilo del norte a la que hay que soportar con silencio obsequioso y no exento de lameculismo diplomático. A las exigencias de bajarse los calzones y aceptar resignadamente la obscena disposición imperial al robo y el agandalle como un acto de buena voluntad entre vecinos porque, finalmente, ¿qué haríamos sin ellos?

Salinas y Bush-TLC
El tratado de libre comercio (sic) de América del Norte, primero como TLCAN y ahora como T-MEC resulta ser una imposición derivada de un modelo de relación vertical-descendente que privilegia la asimetría productiva, la evidente subordinación política y la ausencia de iniciativas propias, nacionalistas y transformadoras en aras de la paz y la integración de México a “Norteamérica”, bloque comercial (y político) contra Oriente.

Los saldos, décadas después, no coinciden con los argumentos de venta de la primera época, aquella que elevó la expectativa de crecimiento por encima de las posibilidades reales de desarrollo nacional, pero que nos convirtió en “socios” de la potencia imperial del hemisferio. Aquí la palabra “socio” recuerda un poco al tratamiento que se da a los choferes de aplicación, a los vendedores de pasillo en las grandes cadenas comerciales trasnacionales y a los vendedores casa por casa de artículos sujetos a comisión.

Las sociedades con asimetrías productivas, tecnológicas y financieras no crean socios sino empleados encandilados por el prestigio de la marca, acojonados por el temor a la reacción del patrón ante fallas del sistema, una clase política cipaya y un gobierno local achaparrado por el discurso de la resiliencia soberanista como fatalidad geopolítica estructural.

En todo caso, configuran un sistema de complementariedad parecido al del feudalismo, donde los siervos engordaban al señor, pero recibían eventualmente el beneficio de su protección, o al de las haciendas porfirianas donde los peones acasillados trabajaban a cambio del abasto de subsistencias vía tienda de raya, pero sujetos al arbitrio del amo que bien podía ejercer, entre otros, el derecho de pernada.

México (se entiende que la referencia es al gobierno) se resiste, niega y reniega de un posible acuerdo con China, en el supuesto de que pegados a la carreta del T-MEC, hoy conducida por Mr. Trump, estaremos en puerto seguro como parte de un bloque comercial, político y militar poderoso e imbatible, dejando de lado el atraso relativo de EUA en materia tecnológica, financiera e incluso militar.

La tan elogiada y protegida integración económica con el norte, en estas condiciones, suena más a un caso de síndrome de Estocolmo que a una decisión motivada por el interés nacional. Más si implícitamente estamos renunciando a una vía de desarrollo que partiría de fortalecer al aparato productivo nacional, la búsqueda de mercados y asociaciones más promisorios y un adecuado mecanismo de distribución y redistribución del ingreso nacional. Lo anterior supone poner el esfuerzo gubernamental y privado en la recuperación del espacio económico y político nacional de acuerdo al interés del pueblo, lo que recuerda las promesas y expectativas de Morena en el plano electoral.

A estas alturas del partido de Latinoamérica contra el ogro trumpiano, la definición de México debe ser de diversificación de mercados en materia de importaciones y exportaciones, romper la inercia neoliberal de pegarse y depender de la ubre estadounidense, destetarse y emprender un camino independiente, sabedores de que el rompimiento es tan necesario y esperanzador como una nueva edición de la independencia nacional, pero sin fantasías ni disculpas. La nación merece un nuevo nacimiento, y dar sentido a las palabras “independencia”, “libertad” y “soberanía”.   

 Me parece que debemos reconocer que existen cadenas neoliberales que romper, y que el gobierno de la república sigue pateando el bote de las reivindicaciones nacionales en beneficio del sistema que decimos combatir (ahí tiene usted, entre otras, la permanencia en el tratado comercial, la vigencia del pago en UMA, la privatización de la seguridad social en el rubro pensionario, las subrogaciones, las concesiones), así que, como dijo el clásico: “los muertos que vos matáis gozan de cabal salud”.

La experiencia del modelo de sustitución de importaciones y los procesos de industrialización y modernización del campo deben retomarse con mirada crítica, y tomar lo mejor de nuestra historia económica reciente. Hay mucho por hacer y no tenemos mucho tiempo como para perderlo, en el marco de la reconfiguración geoeconómica y geopolítica mundial. Al mal paso darle prisa.