Notas Sueltas es un espacio de opinión sobre diversos problemas de carácter social, económico y político de interés general. Los comentarios pueden enviarse a: jdarredondo@gmail.com

lunes, 20 de enero de 2025

LA SUCESIÓN EN EL STAUS

 

Las huestes académicas sindicales universitarias se aprestan a votar democrática y libremente por el candidato único que habrá de sustituir a Cuauhtémoc González Valdés en la Secretaría General del STAUS.

El acto tiene relevancia especial habida cuenta la reciente renuncia tras la espera burocrática de la anuencia federal para el cambio de directiva sindical y la menos reciente eliminación del derecho de los jubilados a votar en cualquier tipo de asamblea o proceso interno.

Sobre esto último, vale recordar que en la elección de Cuauhtémoc González la delegación de Pensionados y Jubilados votó a favor de otra planilla, de donde se pudiera desprender que la venganza del zorrillo tuvo su versión sindical en los derechos democráticos de una de las delegaciones más numerosas que conforman el sindicato STAUS.

Así, como perro sin dientes, se quedan los fundadores del sindicato de académicos viendo como suben y bajan las consignas, los pronunciamientos de democracia, respeto e inclusión en un sindicalismo que, en su momento, fue la respuesta organizada de los trabajadores en defensa de sus derechos frente al ninguneo de la administración.

Es innegable que las luchas sindicales reportaron logros de importancia esencial para el bienestar de los agremiados, que el sindicato fue refugio de disidencias y expectativas transformadoras para la propia universidad, de cara a las nuevas exigencias sociales y laborales de una sociedad en movimiento.

Sin embargo, las aguas que se estancan pronto tienden a corromperse, se pudren y empiezan a contaminar el ambiente.

La inmovilidad sindical se manifiesta en la tendencia a intervenir en asuntos que nada tienen que ver con la defensa de los derechos laborales, para pasar a tratar de intervenir en cuestiones normativas, administrativas y de gobierno institucional. En esta tesitura se impulsó la reforma a la ley orgánica y en este sentido se presenta la renuncia al cargo de secretario general, con el propósito de que el doctor González pueda ser candidato a la rectoría de la UNISON.

El registro único del maestro Cuauhtémoc Nieblas culminará con el proceso electoral donde, salvo error u omisión, saldrá electo como secretario general sustituto con vigencia hasta octubre de este año. Victoria pírrica de una democracia congelada, que atiende más a la forma que al contenido.

Logro curricular en las luchas por el documento, la constancia y el membrete. Triunfo de la democracia formal convertida en caricatura de sí misma y oprobio para quienes operan la farsa, mientras ven como ojos rencorosos a los que rechazan el gato por liebre, y ponen el dedo en la llaga sindical que no sana con saliva o enjuagues charrificantes.

Tenemos una curiosa versión de las puertas giratorias. Así como se da entre el gobierno y la iniciativa privada, entre la administración de justicia y el crimen organizado, también se puede dar entre el sindicalismo y la administración institucional, demostrando que la ausencia de principios y valores da a las ambiciones de poder y canonjías la fuerza necesaria para convertirse en norma.

Mientras que, en la vida política y social, la imaginación toma por asalto a la realidad y convierte a la verdad en algo relativo y negociable, los sindicatos se transforman en plataforma electoral, en base de apoyo para escalar posiciones que niegan la lucha sindical, contradicen la solidaridad gremial y abandonan casi con orgullo la defensa de los derechos de los trabajadores.

Así pues, los sindicalistas académicos universitarios votarán por un secretario general sustituto, por otra cara en la galería de quienes fueron dirigentes, ya no por años sino por unos cuantos meses. Así de corta es la tarea, así de pequeño el tramo por recorrer. Tan estrecho como el horizonte de un sindicalismo que se negó a ser.  

   

      

domingo, 19 de enero de 2025

LA INOSPORTABLE LEVEDAD DEL PLAN

    “El plan es… que hay proyecto” (Mantra gubernamental en curso).

Bueno, pues el futuro de México se refleja en el símbolo donde la serpiente debe ser devorado por el águila, posada sobre un nopal que crece en un islote. Estamos en el extremo norte de Hispanoamérica sin reconocernos su cima geográfica y referente no sólo regional sino mundial de cómo ser vecino y no morir en el intento.

Sin embargo, parece que la serpiente es algo taimada y escapa de los picotazos de un águila distraída por la gritería del norte y el confuso parloteo del sur, que lo mismo niega que afirma no sólo identidad sino autoestima.

Panorama que se dibuja y desdibuja con la idas y venidas del Comando Norte o Sur de los EUA, de las amenazas de aranceles y los infaltables empujones del sicariato económico, previo a las intervenciones militares de las que son tan afectos los buenos, democráticos y pacifistas dueños del más gordo y surtido arsenal y del mayor número de bases militares en el mundo.

Tiempos de paradojas donde la soberanía nacional debe estar a buen resguardo, en algún cajón de sastre diplomático-mediático lista para salir frente a cámaras y micrófonos mientras los hechos, las acciones y decisiones se alinean con los intereses del hegemón en funciones. Somos nacionalistas en tono de opereta, pero traspatio en clave de misas cantadas.

Si vemos el escenario europeo, encontramos que los valores occidentales siguen siendo los mismos: democracia, derecho, libertades, en un juego de interdependencias que borran las fronteras naturales e históricas de los países para convertirse en una masa aborregada y sin voluntad propia a la hora de defender su economía y su política, su moneda y su historia.

En la práctica, Europa carece de la fuerza que tuvo en un pasado que sabe a más lejano. En los hechos, su horizonte cultural está marcado por Hollywood y su política por Washington. Europa es un lugar colonizado, y lo seguirá siendo mientras no recupere su voluntad de ser y remonte la pérdida de identidad sufrida tras el fin de la Segunda Guerra Mundial, los acuerdos de Bretton Wood y el andamiaje financiero, militar y “de seguridad” instrumentado por EUA.

En medio de este relajo, de este festejo de caníbales y cazadores de cabezas, en el México de la posguerra se cultivó un discurso nacionalista unido a prácticas que apoyaban la sustitución de importaciones, al “hecho en México”, a la política de fomento al campo y la industria, a la elaboración de medicamentos, a la investigación académica en materia de petróleo, energía nuclear, satelital, de mejoramiento de semillas, al tendido de redes de distribución y precios de garantía, a la planeación del desarrollo. Sin embargo, los vientos huracanados del neoliberalismo soplaron, y soplaron y soplaron, y hoy tenemos un México uncido al carro comercial, político y estratégico del norte, y creemos que es mejor ceder espacios antes que llenarlos.

Vino el TLC como el virus transnacional que ataca las defensas de la soberanía y el dominio de la nación sobre sus bienes, recursos y productos. Se fueron los avances técnicos logrados, la banca, el sistema alimentario mexicano con su lógica productiva y distributiva, con sus estímulos y precios de garantía y llegó el glifosato, los productos transgénicos, la enfermedad como oportunidad de inversión, las vacunas que no inmunizan y el triunfo de la mercadotecnia sobre la cautela y prevención epidemiológica.

La serpiente en el pico del águila se retuerce de risa porque sabe que la mordedura, manipulada por el interés extranjero, colado como virus en el mismo centro de decisiones del águila, está solamente habilitada para aparentar fiereza, y nos da un montaje de mordedura, una parodia de fiereza. Es como una simulación patriótica que adormece la vista y el oído de los ciudadanos, un encandilamiento producto de la fe en un mañana que no empezamos a construir, pero que, siendo cuestión de fe, creemos que está en marcha.

Curiosamente, y no tanto, el gobierno rechaza una mayor relación comercial con China, el ingreso de México al grupo BRICS, y nos alejamos en los hechos de la perspectiva multipolar y soberanista mientras acogemos con respeto reverencial lo que mande y diga el T-MEC, como si fuera palabra de Dios.

En este contexto, el mandato constitucional de planear el desarrollo pudiera terminar en un racimo de proyectos que deriven de las exigencias del tratado administrado por Washington, al que defendemos como si sudar las calenturas imperialistas de la Casa Blanca fuera un deber sagrado frente a China, o Rusia, o nosotros mismos. De ser así, seguiremos en las mismas.

Si el plan no mira el horizonte de los intereses nacionales y los protege mediante el trazo de políticas nacionales, regionales y sectoriales con objeto de propiciar el desarrollo integral e independiente del país, pues no es plan. En todo acaso una batería de proyectos en beneficio del capital, la inversión y el mejor aprovechamiento del país y sus regiones como espacio económico trasnacional y plataforma logística del extranjero, es decir, de EUA y socios. ¿Otra del neoliberalismo periférico? Esperemos que no.

Sería lamentable que el proyecto sexenal se apegara a la ya tradicional “cooperación” de México con el vecino, aunque, si alguien cuestiona, pudiera decirse que es voluntad popular estar contra China y a favor de los intereses comerciales y militares de EUA. Tan democráticos que somos.

Ahora, si alguien pregunta si se van a generar empleos, la respuesta es sí. Subordinación aparte, siempre se crean empleos. El problema es de quién es el capital, los beneficios, el control territorial y financiero y la influencia política. Un país maquilador siempre puede figurar en el ranking económico internacional, pero jamás será dueño de la capacidad de planear de manera independiente y soberana su desarrollo.


 

lunes, 6 de enero de 2025

NOSTALGIA RECIENTE

 

“Malditos aquellos que con sus palabras defienden al pueblo, y con sus hechos lo traicionan” (Benito Juárez).

 

Precavido como es uno, me compré un calendario de pared 2025 hace varios meses y esperé con cierta ansia el día en que podría estrenar mi adquisición. Los días más agudos por su contenido fueron, como era de esperarse, los de las fiestas decembrinas.


Llegados el 24 y el 25, los recuerdos de las navidades pasadas fueron un refugio ante la estruendosa manifestación de cohetes y balazos que azotaron los oídos de autistas, personas mayores, perros y gatos, pájaros y otros seres sensibles. El presente fue como un trueno.

Llegado el día último del 2024, la noche fue igualmente pirotécnica y embarrada de grosera inarmonía, y los días subsiguientes, llenos de notas y mensajes sobre perros y gatos perdidos refugiados donde pudieron, extraviados sin rumbo y familias solicitando informes, ayuda, consideración.

Caímos por inercia en el prometedor 2025, esperando vernos sin gasolinazos, subidas gandallas de precios y un apetecible (a estas alturas cualquiera lo es) incremento al salario mínimo, que se anuncia como una sobada tras el golpe de la realidad económica y moral en los lomos de la clase trabajadora.

En algunos chats de vecinos se comentaba que (contra toda lógica) el mismísimo presidente municipal “había autorizado” los cohetazos. Muy mal, pero ¿y los balazos?

Lo anterior se suma anecdóticamente a la existencia de un local (¿antro, restaurante, bar?) que hace sentir su presencia mediante el alto volumen de su música pasadas la una, las dos y las tres de la mañana, cuyos ecos se escuchan por el rumbo del Bulevar Colosio, o cosa parecida. ¿Habrá autoridad en la capital de Sonora? ¿Qué tipo de concesiones y cuál vigilancia existe, en beneficio del ciudadano trabajador y no del capital que chupa ingresos y prebendas?

De camino por el centro de Hermosillo, nos llama la atención el estruendo musical que se escucha cercan al Jardín Juárez y topamos con una tienda Elektra, en Oaxaca y Matamoros, que parece que anuncia el fin de los tiempos (¿sus tiempos?).

La curiosa práctica de contaminar por sonido las calles de la ciudad y de paso achicharrar el nervio auditivo de los viandantes, tiene un buen exponente en la tienda de don Ricardo Salinas, conocido evasor fiscal ahora en líos con los gringos por sacarle el bulto al pago de deudas.

¿Dónde está la autoridad que vigila el debido cumplimiento del Bando de policía y buen gobierno de la ciudad y el municipio? ¿Se hicieron de chicle las disposiciones legales y reglamentarias que debieran regir la conducta ciudadana? ¿Quién permite y por qué existen estos oasis de impunidad?

Llama la atención que, mientras en gobierno del Estado evita el uso de la pirotecnia en consideración a la población vulnerable de dos y cuatro patas, el municipio se haga el gracioso soltando la cuerda a los imbéciles festivos de siempre, a los agresores reales y potenciales que azotan la civilidad y empatía con latigazos de ruido por pólvora o bocina.

¿Somos una sociedad así de primitiva que nos solazamos con el fuego y el estruendo como representación simbólica del poder? ¿Se nos atrofió la inteligencia por indigencia cultural y deficiencia educativa, en una sociedad cada vez más supuestamente permisiva, tolerante e incluyente? ¿Nos basta con aplaudir la forma y no ver el contenido?

Ya puestos en este camino, ¿es posible gobernar a periodicazos, sonrisas en las selfis, declaraciones ampulosas pero vacuas, manejo de imagen, de publicidad en vez de un actuar honesto y un manejo oportuno de la información?

Por otra parte, el país y el estado necesitan acciones afirmativas en favor de los trabajadores, de los sectores productivos nacionales y locales atados a las raíces productivas de la región y no a las del capital transnacional que invade tanto al campo como las ciudades, despojándolas de contenido e identidad.

Pues sí, a veces se siente nostalgia de un futuro que pensábamos posible, de gobiernos que más allá de la carga emocional de las siglas y los colores, respondan a las necesidades de la población sin distingos, sin ponerle la “a” o la “e” a la inclusión, y que caminen de la mano del trabajador reivindicando los derechos de las familias mexicanas con mejoras reales a la economía, la salud y el bienestar ciudadano general.

Aquí, la seguridad social lucha por su sobrevivencia mientras se sigue castigando al pensionado con la aplicación de las UMA en las pensiones.

Se siente nostalgia del discurso nacionalista que aterriza en las realidades nacionales, sin pasar por el filtro del departamento de estado, la ONU, la OMS y cualquiera de los otros organismos internacionales al servicio del gran capital. Nostalgia de nosotros mismos.

Bueno, sea como sea, feliz año nuevo. Que el aterrizaje del progreso nos sea leve.

 

         

sábado, 21 de diciembre de 2024

PELIGRO DE ATAQUES DE RISA

 “La historia nos ha enseñado que el hombre y las naciones se comportan sabiamente cuando han agotado todas las alternativas” (Abba Evan).

 

Todos sabemos o percibimos que estamos en un mundo peligroso. Las noticias de una posible hecatombe nuclear a nombre, claro, de la libertad y la democracia, nos ponen los pelos de punta y añaden un toque de adrenalina a nuestra rutina cotidiana.

La lucha desaforada por los mercados y el control de el petróleo, los minerales estratégicos y otros insumos importantes para la industria trascienden el campo diplomático para ingresar al de la confrontación armada.

Los principales países petroleros o consumidores de hidrocarburos pugnan mediáticamente por la sustitución de su principal insumo en aras de bajar el contenido de dióxido de carbono en la atmósfera, mientras se niegan a firmar el Protocolo de Kioto y otros acuerdos que pondrían en peligro su industria.

Los países que encabezan la lista de fabricantes y mercaderes de armas pronuncian discursos a favor de la paz en la ONU, el G7 y otros foros internacionales mientras hacen planes estratégicos donde interviene la OTAN, los medios informativos y los voceros gubernamentales para orientar a la opinión pública sobre el nuevo significado de “terrorismo”, “defensa”, “soberanía”, “seguridad nacional” y, por no dejar, “derechos humanos”.

Los impulsores de las llamadas energías limpias en su discurso dejan de lado varias cosas importantes como, por ejemplo, que nada se puede mover sin la presencia de los hidrocarburos, esenciales en la producción de energía, en la fabricación y funcionamiento de maquinaria, equipos, ropa, medicinas y muebles, entre muchos otros usos.

Somos una especie que recicla y aprovecha materias creadas por la transformación de muchas otras a lo largo de millones de años, de las que dan cuenta la geología, la química, la biología, entre otras disciplinas que hurgan en la materia y sus formas, pero parece que aún no nos enteramos de qué es lo que hace posible la vida en el planeta.

Tenemos una muy vaga idea acerca de la importancia del carbono y, desde luego, del dióxido de carbono para la existencia de la vida en el planeta, y nos agarramos fuertemente de la idea simplista de que el estado del clima es producto de la acción humana, sin más factores que considerar.

Vivimos pegados al monitor de la televisión, a la pantalla de la computadora, del teléfono y la tableta inteligente como ventanas al mundo y sus realidades, dejando de lado al cerebro, la memoria, la experiencia y la capacidad de discernir nuestro contexto y aquello que lo influye y conforma. Creemos que la democracia viene de fuera y dejamos de ser independientes.

Creamos y reforzamos membretes, formas de organización que terminan despegándose de su objetivo para convertirse en entidades con vida propia, independientes de quienes las integran, y adoptamos nuevos conceptos y tratamientos sociales sin más sentido que el de la autocomplacencia.  

La transformación de lo social en individual y lo público en privado se ve incluso en los sindicatos, grandes o pequeños. Tras cada membrete no es raro encontrar un interés mezquino, individualista y excluyente que se disfraza de colectivo y democrático.

Así pues, las banderas sociales y sus expresiones políticas terminan siendo la cara de estructuras clientelares, patrimonialistas y corruptas, porque, entre otras cosas, desaparece la libertad de expresión que se califica como un peligro para la permanencia o existencia del organismo. La crítica y la autocrítica se toman como expresiones de odio que sólo sirven para socavar los cimientos de la organización.

La disidencia, por tanto, ya no es expresión de la salud democrática del grupo, sino el afán destructivo de minorías celosas del bienestar logrado por las dirigencias. Así pues, el concepto democracia sólo se aplica cuando se trata de la acción del grupo dominante, con lo que tenemos la centralización de los conceptos y la privatización de su sentido.

Para ejemplificar este salto, imaginemos que para lograr la democracia es necesario que el sindicalismo asuma las funciones patronales; por ejemplo, impulsando a un dirigente sindical universitario a la rectoría de la institución que lo tiene contratado.

En otro escenario, pudiera aparecer como impulsor de la soberanía alimentaria un empresario de la rama de productos transgénicos; o como cabeza del sector salud, un empleado de las transnacionales farmacéuticas.

O pretender ser nacionalistas cuando trabajamos en dar concesiones que permitan la injerencia del extranjero en el territorio y la vida económica nacional; o levantar la bandera de la soberanía cuando se participa en ejercicios y acciones militares organizadas y dirigidas por un gobierno extranjero, o suponer que integrarse con el norte fortalece la independencia y el desarrollo nacional.

O creer que mejoramos la educación al incorporar la ideología de género desestimando las bases biológicas de nuestra diversidad. O que impulsamos la inclusión generando mecanismos de marginación legal selectiva por razones de género.

Si normalizamos la incongruencia, es improbable que podamos mejorar las condiciones de vida que tenemos, aunque seguramente provocaríamos un ataque de risa a quienes representan el sistema que formalmente decidimos combatir.


 

viernes, 13 de diciembre de 2024

¿UNA REFORMA NECESARIA Y PERTINENTE?

 “La igualdad es como la gravedad, una necesidad” (Joss Wheldon).

 

Me entero de que los diputados federales aprobaron una iniciativa de reforma constitucional donde se incluye la palabra “presidenta” en el artículo 80 y demás relativos.

Recuerdo la afirmación que hizo la doctora Sheinbaum en el acto protocolario de su asunción presidencial, cuando habló de que “lo que no se nombra no existe”. Confieso que me dejé llevar por el encanto y la contundencia de tal afirmación.

Según esto, las cosas no tienen existencia en la realidad hasta que alguien las señala y establece cómo llamarlas. Entonces, un mundo sin conceptos, sin nombres, sin palabras carece de existencia mientras que la geografía, la geología, la biología, entre otras, no se encarguen de nombrar y alumbrar las cosas.

Aquella afirmación filosófica de que “la realidad es independiente de nuestra conciencia” queda como anécdota, después de tan categórica revelación en el discurso inaugural del nuevo gobierno porque aquí el nombre crea la cosa.

En este sentido, una vez que la palabra “presidenta” aparezca en el texto constitucional reformado, sabremos que quien gobierna es una mujer, asunto que había quedado pendiente a pesar de que muchos lo sospechábamos cuando votamos por ella el 2 de junio.

Creo que, gracias a la reforma en marcha, podremos estar tranquilos y seguros de quién nos gobierna, porque ahora podremos nombrarla y darle existencia, según se desprende de la afirmación presidencial.

Lo que mete ruido, aunque bien podemos ignorarlo, como tantas otras cosas, es que la presencia de la doctora Sheinbaum no indicaba otra cosa que una mujer representando el proyecto de la 4T encabezado por Morena, y que quedaba claro que elegiríamos a una mujer para ocupar la titularidad del Poder Ejecutivo Federal.

Los 36 millones de votantes sabían, sin duda, que la elección marcaría un hito en la historia política del país, y muchos lo entendimos como una muestra de la madurez alcanzada por el electorado nacional, donde el 56 por ciento de los votos en su favor fueron de hombres.

Desde este punto de vista, la supuesta invisibilidad de la mujer que alcanzó la mayoría electoral y asumió la presidencia parece no tener mucho fundamento, y los esfuerzos reformistas constitucionales emprendidos por diputados y senadores se perfilan como una muestra obsequiosa que poco tiene que ver con la separación de poderes y la claridad de las prioridades nacionales.

Me parece que siempre ha quedado claro que la mujer es tan importante como el hombre, que a lo largo de la historia tenemos muestras relevantes de su participación en los asuntos públicos; que el texto constitucional consagra la igualdad legal entre uno y otro sexo es claro (al que recientemente le fue añadida la palabra” sustantiva”, lo que rompe el supuesto de la igualdad al poner énfasis en los derechos de la mujer).

La más reciente reforma subraya un hecho que cualquiera ya había visto como normal, incluso como deseable. A nadie se le pudo haber ocurrido declarar inexistente a una mujer como titular de tal o cual cargo, en tiempos en que ellas pueden asumir cualquier responsabilidad pública y existen y actúan sin que sea necesario torcer el brazo de la gramática y el diccionario.

Cualquiera pensaría que tras el voto mayoritario y la toma de protesta quedaba más que claro que Claudia Sheinbaum asumía la titularidad del Poder Ejecutivo nacional, pero ahora nos enteramos que era necesario agregar una “a” a los actos protocolarios de su gobierno para darle existencia como tal.   

En este contexto, quizá la más asombrada en llegar a puestos de importancia nacional es la propia mujer que reclama un tratamiento especial que acabe con cualquier duda de su identidad. Pero el problema no es de los electores, sino de la propia persona que requiere de estos reforzamientos, revelando que la ideología se sobrepone al sentido común.  

Es claro que estamos en un período donde la redundancia legislativa revela inquietudes y dudas existenciales, a pesar de que la realidad indica las seguridades del éxito logrado. En serio, ¿la reforma era necesaria y pertinente? 

 

 

 

viernes, 6 de diciembre de 2024

UN SALTO SINDICAL CUALITATIVO

 “En cada farsa hay un farsante” (frase de consumo personal).

 

Crece la atención pública sobre la sucesión rectoral, al borde de que, a querer o no, nos asomamos a las tripas de la máxima institución educativa en el Estado y descubrimos, para sorpresa de muchos, que uno de los suspirantes a ocupar el sillón rectoral es, ni más ni menos, el actual secretario general del sindicato que agrupa al personal académico, el STAUS.

Nadie pone en duda la legítima aspiración de cualquier miembro de la comunidad académica de ocupar el nivel máximo de la cadena alimenticia universitaria, la representación legal, la cabeza de la administración universitaria y, dicho de forma clara, la parte patronal de la institución frente a sus sindicatos.

Estamos ante el curioso caso de un sindicalismo que, al parecer, promueve el ascenso de uno de sus miembros distinguidos a ser la contraparte en las confrontaciones y negociaciones entre dos factores esenciales del proceso productivo universitario: fuerza de trabajo académica y administración institucional.

Tenemos el caso en el que uno de los polos de la relación, representando aquí al factor trabajo, pretende saltar cualitativamente a la esfera de la parte patronal, es decir, a la representación simbólica del capital.

Aquí el problema es de idea del significado y los intereses que representa, o debiera representar el sindicato frente a quien administra y dirige la estructura de control institucional, lo que incluye la capacidad para decidir el destino de los recursos técnicos, materiales y humanos, y establece procedimientos y normas internas de funcionamiento.

Una cosa es la administración institucional, lo que incluye las relaciones con el gobierno y la sociedad, la administración de los contratos colectivos de trabajo, el modelo curricular, los programas académicos, los correspondientes a las materias, formas de evaluación, aparato logístico y, en general, los mecanismos y procedimientos para que la institución funcione de acuerdo a sus propósitos legales y otra es velar por los intereses de una parte del todo, como son los derechos y expectativas de los trabajadores universitarios.

Así pues, independientemente de que el suspirante sindical a la silla rectoral pueda tener el derecho, la capacidad y los méritos para ello, lo cierto es que no se acaba de esclarecer porqué, teniendo la representación de los intereses de los trabajadores académicos universitarios se quiera pasar al otro lado de la mesa, donde se pone en evidencia la diferencia de objetivos, intereses y conductas, por ser dos partes sujetas a contradicciones que por su naturaleza son las más de las veces antagónicas.

La primera impresión es que a alguien no le ha quedado claro cuál es el papel histórico de los sindicatos y cuál es el sentido de su existencia y lucha permanente.

Lo verdaderamente lamentable sería que tuviéramos un sindicato que ha perdido la brújula, que ha renunciado a su esencia y se ha convertido en una extensión de la administración universitaria con la cual se puede establecer un sistema de puertas giratorias, ajeno a principios y valores colectivos y apegado a aspiraciones personales o de grupo. El poder como objetivo, o la idea que algunos puedan tener de su significado, no deja de ser una trágica paradoja en el marco de la organización de los trabajadores.

Suena bastante raro que desde la organización sindical se ceda ante la tentación de poder manejar no sólo relaciones políticas sino el presupuesto institucional, y asumir un lenguaje que pudiera ser incluyente, “democrático”, pero que apenas encubra la calidad en pugna de los intereses que representa frente a los de los trabajadores.

La situación actual de un sindicalismo confuso y claudicante se pone en evidencia con las aspiraciones de algunos de sus miembros representativos, en una clara contradicción donde se ponen en juego los valores y principios de la acción sindical de cara a los intereses representados por la administración universitaria, finalmente correa de transmisión de la ideología dominante y las conductas “socialmente correctas”, pero lamentablemente acríticas y reaccionarias a todo cambio verdadero.

Finalmente, “cambiar para no cambiar” es la consigna del conservadurismo de ayer y de hoy.



jueves, 28 de noviembre de 2024

LAS MISERIAS DE LA COMUNICACIÓN

 “La habilidad es a la astucia lo que la destreza es a la estafa” (Nicolas Chamfort).

 

Ya ve usted que nadie puede escapar a la seducción de la comunicación en tiempos en que los medios electrónicos y las maravillas digitales caben en la palma de la mano.

Difícilmente hay alguien que se resista a consultar sus redes sociales (sic) con la frecuencia que sea tan necesaria… o innecesaria, en el curso de día laboral o de descanso.

El día y la noche tienen una tesitura similar cuando de conectarse se trata y navegar por la anchurosa autopista de la información, paraíso de la infodemia y la construcción de paraísos digitales que transforman la vida y sus milagros en una serie de fenómenos pringados de avisos comerciales, sugerencias de contenido y toda la basura conceptual, emocional y conductual que usted pueda aguantar, en un consumo diario que inadvertidamente lo deforma, reformatea y lanza a la carrera de opinantes “bien informados” donde la meta es un “like”, manita arriba y todos los repostes posibles porque compartir es lo de hoy.

De primera intención, parece que el usuario tiene una disposición morbosa a hacer pasarela mediática a escala liliputiense, decirle al mundo que existe, lanzar opiniones, afirmaciones, rumores y denuncias lubricadas con el sebo de la autocomplacencia.

La frase de “publico, luego existo”, adquiere significado y propósito en la vida cotidiana de muchos, donde pertenecer a una comunidad digital en forma de chat, grupo o afiliación por “amistad” o contacto en “X”, Mega o similares da estatus legal en el mundo de las relaciones sin contacto físico, sin trato directo, sin idea de la calidad del interlocutor.

Tenemos “amigos” que pueden sumar legiones, sin embargo, no sabemos ni de colores, olores o sabores en la asepsia de una comunicación mediada por un monitor y un teclado.

La humanidad y la vida corren por carreteras separadas de la autopista digital y la comunicación se reduce a lugares comunes en las interacciones personales, en el intercambio de vacuidades cordiales, de formalismos huecos, de memes, emoticones y frases hechas.

Si bien es cierto que las redes sociales sirven para darnos la ilusión de la comunicación y ponernos al día de las novedades familiares, amistosas o noticiosas, también lo es que constituyen un campo fértil para los defraudadores, delincuentes cibernéticos, acosadores, odiadores por encargo, propagandistas de diversa ralea, troles, “bots”, sin olvidar a los hackers y sus maquinaciones perniciosas.

Las redes sociales son el nuevo campo de batalla que enfrenta a la ingenua confianza del usuario con la malicia y perversión del delincuente, del ganón disfrazado que roba o asume identidades, que se apropia de cuentas en aplicaciones comunicacionales como WhatsApp, entre otros.

 A usted le pueden llamar por teléfono para pedirle un código que supuestamente le enviaron por WhatsApp, para efecto de entregarle un paquete de una empresa comercial. Lo que el delincuente busca es que usted abra su aplicación para así penetrar y apoderarse de su cuenta.

Lo que sigue es que usted pierde el control de su aplicación, sus contactos reciben solicitudes de dinero en forma de transferencia a una cuenta. Si la víctima atiende el pedido queriendo hacerle el favor porque supone que es usted quien le envía el mensaje, se consuma el fraude y la víctima puede despedirse de su dinero, y usted, eventualmente, de su confianza.

En este caso, usted debe comunicar a las autoridades el fraude, reportar el número del que le hablaron, de ser posible, la cuenta bancaria señalada como destino de la transferencia, dar aviso a sus contactos y, a la brevedad, tratar de recuperar la cuenta, contactando a su proveedor digital e instalar, en su caso, la seguridad en dos pasos de WhatsApp. De ser necesario, cambiar su número de cuenta.

Así pues, las maravillas comunicacionales producto de la revolución digital, pueden arrojar frutos amargos y envenenados por la codicia y mala leche de ciertos usuarios.

Las miserias de la comunicación en redes donde se hace presente el abuso, la violencia y la mala voluntad, se crean y transforman en el mismo escenario donde se dan los saludos, felicitaciones, memes, videos y avisos que nos cuentan qué desayunó el contacto, sus padecimientos y visitas al médico, los ejercicios que hace, los años que cumple, los fallecimientos y nacimientos, la vida y milagros de gente que se comunica y confía.

Estar siempre alerta en cada llamada de números desconocidos y, en su caso, la denuncia de los abusos perpetrados. Son medidas necesarias que están en manos de los usuarios. Hagamos de los medios un espacio digno y seguro.