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domingo, 20 de septiembre de 2026

¿VAMOS O VENIMOS?

 “Las personas no son ridículas sino cuando quieren parecer o ser lo que no son” (Giacomo Leopardi).

 

La chica tenía una piel blanca, sana y acariciable. Se diría hermosa. Su anatomía atrapaba las miradas más esquivas y distraídas, como si fuera un enorme atrapasueños hecho por algún chamán con inclinaciones artísticas.

Una piel que por sí misma merecería mención honorífica… si no fuera por el pequeño detalle que cambia la valoración estética por decepción instantánea. ¿Hay necesidad de arruinar la belleza en aras de vulgarizar la imagen? ¿El tatuaje embellece la piel y mejora su apariencia? Digo que no, pero la moda presiona en sentido contrario y trata de dar la impresión de singularidad y carácter a algo que no lo tiene.

Así, vemos desfilar por la calle a chicas y otros bípedos andantes con letreros de comida china, amenazas de muerte, maldiciones terribles y chistes coloridos en forma de garabatos “orientales” en la piel, en busca de originalidad expresiva: da lo mismo que se imiten los lugares comunes de las galletas de la suerte, maldiciones antiguas inventadas, ofertas de zurcidos y pega de botones, gatos, perros, figuras mitológicas, simples caricaturas humanas, o garabatos quiméricos que pretenden dar significado a la nada.

La chica se alejó posando para la historia, esparciendo vacuidad y mal gusto, pero con la frente en alto, tal como lo hacen quienes creen en la apariencia como valor superior frente a la realidad del ser. El esnobismo sigue siendo una cobertura socorrida por la ignorancia, la ausencia de gusto y personalidad propia.

Sin darle más vueltas al asunto, me entero que Groenlandia acepta pasar a formar parte de los territorios oficialmente bajo la vigilancia de EUA, como quien dice el dueño extranjero de la llave que cierra la puerta de Groenlandia, a ciencia y paciencia del gobierno de Dinamarca y el propio territorio afectado. Nadie entra si no lo autoriza una potencia depredadora y militarista con ánimo de policía continental… aunque el anuncio no sea necesariamente de mucha novedad.

Pienso en la frase coloquial mexicana de que “al que se agacha se lo pican”, independientemente de que los deseos del agachado no hayan sido precisamente esos, pero de que pasa, pasa.

La cadena de agachadas gubernamentales para efectos de piquete en salva sea la parte, abarcan una gran gama de posibilidades dentro, fuera y en torno a las buenas prácticas diplomáticas. Tenemos, por ejemplo, los acuerdos de cooperación militar (entrenamiento de tropas, combate antidrogas) y, desde luego, los tratados leoninos que, so pretexto del comercio, influyen en las leyes que se tienen que ajustar a la apertura, la injerencia en asuntos internos en materia de minería, agua y moneda; las exigencias sobre comerciar o no con otros países considerados por la potencia hegemónica como malas influencias, enemigos y bestias peludas de ideas extrañas, peligrosas y despreciables que instigan a la libertad, la democracia, la soberanía y el multilateralismo, por decir algo.

Considerar que la cooperación y la colaboración en temas que pasan por ser comunes, aunque el espacio vital de México no sea el mismo que el del vecino del norte (por historia, cultura y derecho internacional, pero que el tratado o acuerdo trilateral o bilateral los incluye como si fuera lo mejor y más natural entre economías totalmente asimétricas y supuestamente soberanas), será absurdo y contra natura, pero el “acuerdo” borra la lógica, el sentido común y hasta el sentido de la vergüenza y la distancia.

Una piel llena de garabatos infames o dibujos fuera de lugar considerando que la piel no es un lienzo pictórico en una galería de arte, pasa por ser expresión natural de la personalidad ecléctica e influenciable del sujeto emborronado con trazos de carácter e intención hechos en serie que, para efectos de originalidad y escala comparativa, no tiene ni tendrá la misma calidad simbólica que la piel del país, del lienzo nacional bordado en historia, territorio y cultura, porque el individuo puede ser manipulable, porque la nación es (debe ser) una, pura, impoluta y diamantina.             

Si la apariencia es prerrogativa del individuo, sea hombre, mujer o quimera, la piel nacional está expuesta en el discurso que nos representa, en la estética forjada en la historia, la cultura y los valores, por lo que mancharla no resulta ser un problema de la coyuntura sino una afrenta a la nacionalidad, a la soberanía, a la credibilidad del discurso de la transformación en el sentido de rescatar nuestro espacio económico y político, malbaratado por la pesadilla neoliberal de la que aún no acabamos de despertar.

Somos colectivamente lo que somos, lo que representamos, los depositarios de la soberanía nacional portadores de los valores que colectiva e históricamente defendemos y practicamos como pueblo. En ese sentido, las manchas y trazos coloreados del imperialismo deben ser rechazados categóricamente, como lo hacen valientemente los habitantes de Ohuira y Topolobampo, Puerto Libertad, Puerto Peñasco, Guaymas, la isla Tiburón, la Huasteca Potosina y el Noreste del país; los defensores del Golfo de California, el mar territorial, el ambiente y los recursos naturales.

Cualquier acuerdo o tratado con la lógica del dólar o la bota militar debe ser analizado a la luz de nuestra historia, cultura y valores, no a través de la cordialidad prefabricada de las llamadas telefónicas o las visitas de emisarios que vienen para imponer y no para conceder y reconocer nuestra soberanía e independencia.

Si Dinamarca y Groenlandia se agacharon, que el piquete pactado con aroma de dólares y misiles sea sólo para ellos, no para el sur que representamos, defendemos y con el que nos identificamos. La defensa de la integridad no debe estar sólo en los discursos sino en las acciones afirmativas en favor de lo propio, de lo nunca negociable. La piel impoluta de la patria no admite tatuajes ni manchas transculturales extranjeras, así que, en el actual contexto, ¿vamos o venimos?



 

1 comentario:

armandoor dijo...

Totalmente de acuerdo en Loque a belleza te refieres cómo a la situación geopolítica de Groenlandia con EEUU