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domingo, 13 de septiembre de 2026

EL DEBER ES LO PRIMERO

 “Es la economía, estúpido” (James Carville, estratega electoral de Bill Clinton).

 

La expresión “el deber es lo primero” sugiere un compromiso moral, ético y legal (depende del contexto) que privilegia el compromiso, incluso sobre la necesidad de defender el interés propio. Este posicionamiento recuerda a los Kamikaze de la II Guerra Mundial, donde abnegados soldados japoneses hacían la magia de convertir un avión militar en proyectil que lo mismo despanzurraba al enemigo que al propio combatiente.

Para algunos el deber es un imperativo categórico, una exigencia que va más allá de la razón o conveniencia y que, de manera lineal, obliga su cumplimiento.

No sé si el asunto Fobaproa-Ipab vaya en esta misma dirección, o si el oscuro, retorcido y joditivo pacto de sangre con la banca (que hace rato dejó de ser mexicana) sea de ineludible y forzoso cumplimiento, aún a costa de hacer hoyos al presupuesto de egresos de la federación.

Hasta la fecha sólo se han rasgado las vestiduras las altas autoridades de Hacienda, pródigas en explicaciones numéricas de la debacle presupuestal nacional, sin plantear una salida para terminar con el escabroso asunto del suicidio financiero que se repite cada ejercicio fiscal.

El caso es que la carga sobre los lomos de la hacienda pública adquiere tintes dramáticos cuando se habla de solvencia económica de cara a los crecientes compromisos del sector público y la economía nacional.  

A veces uno se pregunta (chupándose el dedo imaginario que muchos tenemos) por qué no se incrementa el gasto público en favor del aparato productivo, el empleo y el ingreso, para toparnos con una especie de camisa de fuerza que pasa por el TLC, T-MEC, la política monetaria, las tasas de interés, el origen del ingreso y el destino del gasto, entre otros aspectos significativos de un modelo económico claramente depredador.

 Aquí llama la atención el origen del capital invertido en los nuevos proyectos nacionales, la distribución espacial de los mismos y el destino del producto generado, con fuerte olor a inversión extranjera privada directa y a expansionismo a costa del espacio económico nacional, lo que repercute en la soberanía y en la capacidad de tomar decisiones en los términos de la Constitución y leyes que de ella emanan.

 Tal camisa de fuerza económica-financiera estrangula o limita las iniciativas soberanas, afecta el dominio de la nación sobre sus recursos naturales, sobre sus tierras, aguas y espacio aéreo. Controla, en fin, su destino y propósito.

Actualmente hablar de desarrollo, progreso y bienestar está estrechamente ligado a los intereses expansionistas del extranjero, sean gringos o europeos, aunque con distinguibles rasgos sionistas. Como si el pastel de Iberoamérica sólo pudiera cortarse con el cuchillo de Washington, y comerse con la dentadura del sionismo internacional que lo mismo ingiere tierras raras, metales estratégicos, agua y paisaje, o voluntades políticas.

Da la impresión de estar frente a una especie de nudo gordiano, que requiere de una espada nacionalista para cortarlo y cruzar el río del destino nacional. Aquí cabe decir que no se espera una decisión pronta, firme y soberana por parte de quienes deciden la cosa pública, acojonados por la segura regañina de Mr. Trump y las acusaciones tronantes de Marco Rubio que ve comunistas y conspiraciones de izquierda radical en la sopa continental.


El asunto de la deuda del Fobaproa-Ipab escapa a las consideraciones bancarias e institucionales para caer en el campo del saqueo histórico más descarado e inadmisible;  pero, el deber de pagar seguramente nos hace un traspatio muy cumplidor y sin duda un lugar donde el saqueo se admite porque “genera empleos”, da buena imagen internacional, es ejemplo de cooperación y carta de recomendación para el inversionista internacional en pos de tierras, aguas y recursos estratégicos ajenos, además de basurero tóxico “de confianza” que se justifica con explicaciones técnicas del tipo “atole con el dedo”.

Así las cosas, el gobierno mexicano, de seguir apechugando este despropósito monumental, será como un kamikaze financiero que enfila su nave contra los supuestos de libertad, soberanía e independencia nacional. Estrellado, pero eso sí, muy cumplidor de su “deber” de pagar lo impagable y honrar el saqueo empresarial y bancario en aras de seguir siendo un ejemplo de cooperación y colaboración internacional y destino seguro para las inversiones… porque, además de prometer empleos, muestra lo buenísima onda que somos.  



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