Notas Sueltas es un espacio de opinión sobre diversos problemas de carácter social, económico y político de interés general. Los comentarios pueden enviarse a: jdarredondo@gmail.com

domingo, 28 de febrero de 2021

De nuevo el ISSSTESON

 

“Con la salud no se juega, salvo que sea la de los demás, ajenos y distantes”.

Como usted sabrá, las instalaciones del Isssteson fueron tomadas recientemente en un acto simbólico de protesta, una acción que pone de manifiesto el hartazgo de los trabajadores, en este caso del Cobach, por tener que estar siempre sujetos a sus propios medios y posibilidades para acceder a los medicamentos que les debiera suministrar la farmacia del Instituto.

El incumplimiento de las obligaciones del Instituto con sus afiliados es permanente y sólo en las ocasiones en donde la presión social se pone de manifiesto en forma de marchas, mítines y plantones fluye a cuentagotas el medicamento esperado.

Algunos sindicalistas, como los del STAUS, han optado por promover amparos a fin de que las autoridades cumplan con lo que debiera ser su trabajo cotidiano, incluso hay gestores que facilitan la adquisición de medicinas para el sector que representan.

En este contexto, algunos reciben los medicamentos necesarios mientras que la gran mayoría se queda esperando porque no hay quién garantice el servicio por el que pagan.

Tampoco fluye el trámite de las jubilaciones gracias a la densidad de una burocracia que parece actuar al margen de la ley, mientras que el Instituto se complace en amenazar con suspender servicio a los organismos que no acepten modificar su convenio de la forma en que se le antoje a la directiva del Isssteson.

Se han presentado casos en donde los jubilados reciben una pensión disminuida según cálculos a modo, que el Isssteson utiliza como forma de presión para que los trabajadores y sus organizaciones acepten la imposición de nuevas condiciones.

¿Quién no recuerda un día 1 de mayo cuando al entonces director del Isssteson, Pedro Ángel Contreras López, se le hizo buena la idea de otorgar pensiones significativamente reducidas a los trabajadores universitarios porque tal organismo no había actualizado el convenio?

¿Quién podrá olvidar que, tras el desfalco milmillonario al fondo de pensiones, el gobierno del Estado tuvo que “desincorporar” bienes inmuebles y ponerlos a la venta, contándose entre ellos los dos estadios emblemáticos de Sonora, el Héctor Espino y el Tomás Oros Gaytán?

Los trabajadores universitarios difícilmente podrán olvidar la presión constante que significó la amenaza de la suspensión de los servicios médicos y el tortuguismo en el trámite de las jubilaciones, usadas como un obsceno chantaje por el Isssteson para obligarlos a aceptar pagar más por los mismos servicios deficientes, fraccionados y eventuales que los gobiernos del Prian han decidido ofrecer a los trabajadores sonorenses.

Tampoco se puede olvidar el doble discurso de los dirigentes sindicales que manipularon a sus bases y presionaron a las autoridades administrativas para que se firmara un convenio que modificaba lo estipulado en el Contrato de Prestación de Servicios Unison-Isssteson, abriendo la puerta a la aplicación retroactiva de la ley 38, en perjuicio de los derechohabientes registrados antes de la reforma de 2005.

Actualmente, gracias a las nuevas condiciones, la Universidad de Sonora paga más por concepto de aportaciones y sus trabajadores más por concepto de cuotas, pero los servicios siguen siendo deficientes y la carencia de medicamentos en las farmacias orilla a los usuarios a la compra privada de productos farmacéuticos.

Hoy se pagan cuotas aumentadas y además el importe de las medicinas prescritas sin que se vea mejora en el servicio, y no hay duda que la medicina privada ha vivido tiempos de prosperidad debido a la ausencia de una respuesta social acorde a las necesidades de los trabajadores.

Las subrogaciones, los seguros de gastos médicos mayores, la necesidad de importar medicamentos, la especulación farmacéutica y la ausencia de una seguridad social efectiva, más la escasa solidaridad sindical para los adultos mayores son las claves de la prosperidad de la medicina privada en la lógica del neoliberalismo periférico.

El saqueo a los fondos pensionarios de Sonora permanece impune hoy en día, mientras van y vienen directores del Isssteson que actúan como administradores de la precariedad de la seguridad social y la demagogia del gobierno en turno, y no como gestores institucionales de la salud y el bienestar de los trabajadores.

La protesta de los trabajadores del Cobach es la de todos. Pero el problema de los medicamentos es apenas la parte visible del iceberg que representa el Isssteson y la bolsa de carencias que aquejan al instituto, hoy más necesitado que nunca de honestidad, apoyo y recursos.

La solución posible pasa por una buena y transparente administración de los recursos hacendarios que recibe, que haya cumplimiento de las obligaciones que el Estado tiene para con sus trabajadores, y que se tome en serio la seguridad social como un mecanismo de redistribución del ingreso, de equidad distributiva que empodera al trabajador y que lo incluye en los beneficios de una sociedad justa y respetuosa de las leyes.

 


 

  

 

lunes, 22 de febrero de 2021

Los daños colaterales

 

“Si quieres estar sano, lávate con frecuencia las manos” (Máxima de la Escuela Salernitana).

 La mayoría de nuestros conciudadanos están empeñados en agarrarse a veinte uñas del pedazo de normalidad que tienen más próximo y tratan de vivir de acuerdo con las necesidades y condiciones del medio donde les ha tocado pasar la pandemia.

Salir a la calle ahora resulta una especie de deporte de alto riesgo cuando no una experiencia obligada por razones de subsistencia, exigencia laboral o producto de una intención específica: acudir a una cita médica, proveer alimentos y otros productos vitales, ir al cajero automático a rascar el ahorro, hacer un pago, entre otros. En estos días el aislamiento voluntario es importante. 

Muchos están viendo su vida social arruinada, o al menos reducida a niveles alarmantes, teniendo que depender de las benditas redes sociales para dar muestras de vigencia ante conocidos, amigos, parientes y contactos eventuales, con lo que el acceso al Internet se debe considerar una necesidad y un derecho social prioritario.

La epidemia ha abierto una justificación muy razonable para quienes disfrutan más de la soledad, el escaso contacto social y la sana distancia como una forma de preservar el espacio personal tanto por razones convicción como de higiene y salud.

Hoy parecen lejanos los días de verse obligado a estrechar cualquier mano, dar y recibir abrazos, besos, intercambiar secreciones en el marco de la proximidad amistosa o socialmente obligada, aunque ya está demostrado que es mejor un saludo a prudente distancia que otro con una cercanía no sólo invasiva sino riesgosa.

¿Apapachos amistosos?, ¿golpeteos en la espalda del amigo?, ¿jaloneos confianzudos y empujones fraternos?, ¿puñetazos cordiales y piquetes en el abdomen ajeno?, Ya no más, por recomendación médica.

La epidemia requiere de sana distancia, de evitar las reuniones, las fiestas, los convivios, los desayunos, comidas y cenas de negocios o placer, ligados a una forma de sociabilidad basada en la proximidad física más que en la coincidencia real en materia de ideas, principios e intenciones, quizá debido a que la concurrencia a la “reunión”, la “asamblea” y el aforo del auditorio aparentan algún tipo de convergencia, acuerdo o sintonía.

¿Qué sería del líder sin presuntos seguidores en torno a él? ¿Podrá haber una asamblea política o sindical exitosa sin militantes dispuestos al aplauso, la participación, la celebración del discurso y la aprobación del programa propuesto por “la dirigencia” sin contacto físico, matracas y porras?

La gente como elemento escenográfico de la actividad pública es esencial, y se considera un termómetro confiable en eso de calibrar la aceptación del político o el funcionario administrativo, así como del programa, del avance del proyecto, de la actividad que se realiza en el sector urbano o rural, o del partido deportivo, de la puesta en escena de un espectáculo musical o teatral, puesto que siempre hemos pensado en que el número de personas que se congrega da cuenta del atractivo y eventual éxito del evento.

La epidemia ha demostrado que es inconveniente la congregación de personas en un mismo lugar al mismo tiempo, por lo que se debe ver con otro enfoque la idea de que la multitud presente es señal de convocatoria exitosa.  

Pero gracias al progreso la vida se abre paso de nuevas maneras, y así tenemos las reuniones virtuales mediante el uso de plataformas informáticas, de videoconferencias, salas de chat, y otros mecanismos simples o complejos de reunión e intercambio de imágenes, sonido y mensajes diversos, y ya es recurrente el uso de aplicaciones para el comercio electrónico.

Estamos en posibilidad de reconceptualizar el valor de la tecnología en los distintos escenarios de la actividad humana, donde sin duda los daños colaterales los están sufriendo las sociedades y grupos marginados debido a que el contacto profesional y personal se está resolviendo mediante el uso creciente de las plataformas, aplicaciones y programas, lo que sugiere el necesario fortalecimiento tanto de la capacidad productiva propia como de mecanismos eficientes de colaboración internacional.

Hay evidencias de que nuestra sociedad está reconfigurando su funcionamiento y expectativas productivas y políticas por la emergencia sanitaria global, lo que resulta importante porque cada cambio en la base tecnológica ha producido, históricamente, una respuesta social acorde a la naturaleza de los nuevos medios disponibles, lo cual se ha puesto de manifiesto en las actuales circunstancias.

Con la pandemia el mundo está viviendo una etapa de cambios conceptuales y conductuales que permiten visualizar el atraso que existe en algunas regiones en materia de desarrollo científico y tecnológico, de distribución y redistribución del ingreso, de integración social y acceso a los mínimos de bienestar.

Si el azote viral ha puesto de manifiesto las fallas y rezagos del sistema de salud nacional, también lo ha hecho en campos no menos importantes como son la orientación del esfuerzo productivo nacional y la mercantilización de los servicios esenciales, así como la dependencia de productos e insumos del exterior que se agudiza en tiempos de crisis, sugiriendo un replanteamiento del modelo económico y de la forma de hacer política, tanto en el nivel local como en el global.

 

miércoles, 17 de febrero de 2021

¿Y cuándo nos vacunaremos?

 

“La gente siempre piensa en medicamentos y vacuna… No hay ganancias en nutrición” (Luc Montagnier).

 

Ya ve usted que las noticias vuelan, que los chismes parecen animados de vida propia y saltan tras de usted desde cualquier hueco de la realidad, que los rumores fluyen como el oleaje dejando una huella de humedad en su memoria.

Ayer nos dijeron que la vacuna no alcanzaría para cubrir a todos; que la Sputnik V era mala y barata y que la FDA (agencia gringa con autoridad sólo en el territorio gringo) no la había aprobado y que Occidente era lo mejor en ciencia y tecnología aplicada a salud y prevención, de suerte que teníamos que ver con desconfianza, incluso asco, los productos chinos y rusos, y con gratitud y complacencia a todo aquello que oliera a europeo o norteamericano.

Ahora los opinantes contra la vacuna rusa buscan afanosamente cómo justificar su oposición hepática hacia ese producto y arguyen que “ahora sí” existe evidencia científica y, sobre todo, reconocimiento occidental sobre su efectividad.


Los que dijeron que México no había hecho contrato con laboratorio alguno para proveer de vacunas a la población, ahora pegan de gritos por considerar que la estrategia de vacunación es mala, deficiente y errática y exigen precisiones, datos, cambios de ruta, autorización para compras particulares y, lo más importante, que se suspendan los proyectos de construcción de infraestructura productiva en materia de transporte y energía (Dos Bocas, Tren Maya y aeropuerto de Santa Lucía) , “porque la prioridad debe ser comprar vacunas”, a pesar de que ya se tiene seguro el número requerido para inmunizar a toda la población y más.

Los intelectuales como Krauze y Aguilar Camín, famosos por lanzar desplegados en la prensa nacional reclamando “libertad de expresión” ahora se revelan epidemiólogos y expertos en vacunas (cuando no en energía y transporte) y proponen medidas que, por otra parte, ya están contempladas en la estrategia nacional, lo que permite suponer que existe una desconexión entre las luminarias a sueldo del viejo régimen y las actuales realidades producto del proceso de transformación en marcha.

Los afanes por descarrilar las obras y propósitos de la actual administración federal consumen el tiempo de nuestros políticos y plumíferos anclados en un pasado que se niegan a entender como una etapa que debe ser superada, en aras de la honestidad y el servicio a la comunidad.

Como se sabe, ahora surgen alianzas entre supuestos enemigos ideológicos y políticos que abandonan sus viejas enemistades para tratar de echar abajo electoralmente al partido del presidente, revelando que son más afines de lo que se suponía y que su actual existencia es una simple mascarada prostibularia.

Pero esa terquedad retrógrada bien puede entenderse si consideramos que somos seres inerciales, de rutinas que van construyendo una zona de confort que puede ser antisocial en la medida en que la conveniencia personal se convierte en norma de conducta, claramente orientada por el individualismo hedonista.

“Si yo estoy bien y puedo conservar aquello que me produce satisfacción, real o virtual, ¿para qué cambiar?” Así, las expectativas de cambio pueden ser dolorosas y repudiables, y una vez identificadas con una persona, grupo o partido, la enemistad y el ataque al nuevo proyecto social se justifica por razones de protección y mantenimiento de la propia comodidad, presente o futura.

Los ataques diarios contra la llamada Cuarta Transformación postulada por el presidente López Obrador representan el motivo de la reacción de los acomodados socialmente dentro de los supuestos del amiguismo, las complicidades y el privilegio que orbita en la corrupción como sistema de equilibrios políticos y económicos.

Pero no somos una sociedad corrupta sino una que ha sido dominada por corruptos que se resisten a dejar ir sus prerrogativas y limitar sus intereses a una sana y republicana medianía, tal como lo planteaba el presidente Benito Juárez.


Lo anterior impacta a todos los partidos, incluyendo a Morena, en la medida en que las viejas prácticas político-electorales predominen (acarreos, reparto de despensas...), o que ahora haya quienes se quieran reciclar o reelegir argumentando méritos y antigüedades antes que apoyar a nuevos contendientes, dejando ver una tendencia hacia el influyentismo y el agandalle, quizá legal pero moralmente cuestionable.

En este contexto, hoy se tienen espacios ocupados por chapulines que llegaron para lograr lo que no pudieron en el PRI o en el PAN, como bien puede verse en el caso de Hermosillo donde la reelección sería poco menos que ridícula, tanto como lo sería saltar desde otra posición a la presidencia municipal por solo hecho de seguir figurando.

En la actualidad, el tema sobresaliente en la agenda pública federal es la vacunación y tanto los gobiernos locales como las empresas buscan protagonismo, y a pesar de que el gobierno trabaja seriamente por proveer lo necesario a la salud pública, los opinólogos y comentócratas como Krauze, Aguilar Camín, Lilly Téllez y demás congéneres se rasgan las vestiduras, berrean y en medio de espumarajos acusan a las entidades públicas responsables y al mismo presidente de no cumplir con las obligaciones que les impone la ley.

¿Cuándo nos vacunaremos? Pues cuando se llegue el tiempo marcado por el Programa Nacional de Vacunación. Mientras tanto se deben observar las recomendaciones de la autoridad sanitaria, aunque también es necesario vacunarnos contra el alarmismo, la estridencia de quienes tratan de aprovechar la epidemia para lucrar políticamente en un alarde de mezquindad vergonzoso y reprobable, cuando lo que se espera es una actitud responsable, solidaria y orientada por el interés nacional.

 

martes, 9 de febrero de 2021

Lo dijeron sin querer queriendo

 

“Nunca se miente tanto como antes de las elecciones, durante la guerra y después de la cacería” (Otto Von Bismark).

 

Ya ve usted que muchos opinólogos ahora están haciendo malabares por justificar su rechazo, desde el fondo del hígado, a la vacuna rusa Sputnik V, para luego retroceder y aceptar sus bondades: las descalificaciones emanadas de la cloaca mental de quienes creen que la FDA es autoridad internacional y que solamente esta y la OMS tienen capacidad para avalar o autorizar un producto biológico ahora se convierten en graciosos repliegues tácticos, aderezados con la sabia prudencia de quien espera la aprobación de sus mayores para tomar el codiciado chocolate sobre la mesa.

“Bueno, ahora sí me parece que debe apoyarse su aplicación, ya que fue publicado un artículo favorable en The Lancet y la OMS la ve con buenos ojos”, dicen algunos plumíferos agitando sus lenguas viperinas. “Ya sabemos qué tan corrupto y autoritario es el régimen de Moscú, pero parece que la vacuna tiene mérito, según abalan los expertos”, señalan otros, lamiendo su trasero con discreta autocomplacencia.

El caso es que México está en tratos con el Instituto Gamaleya, que produce la vacuna, así como lo están Argentina y varios otros países que dejaron de pensar en quedar bien con los gringos y hacer algo por sus respectivos pueblos. La puerta que se abre hacia otras opciones fuera de EEUU ofrece no sólo salud sino una mejor idea de lo que es la colaboración internacional y el trato entre países soberanos.

Al parecer, la pandemia nos ha puesto en la posición de repensar los conceptos de soberanía, solidaridad internacional y salud pública, incluso nuestra idea de mundo, sin dejar de lado el abandono tanto de nuestro sistema de salud como de la industria químico-farmacéutica nacional, otrora productora de fármacos y ahora dependiente de la producción extranjera gracias a la modernidad neoliberal. Cosas de la globalización.

En otros tiempos el sector salud nacional producía y distribuía medicamentos, había desarrollado capacidad productora de vacunas, hacía investigación biomédica, se producían y exportaban productos hormonales, hasta que un gobierno neoliberal decidió que era mejor, para nuestra competitividad y mejor inserción en la economía mundial, dejar de producir y optar por ser clientes cautivos del extranjero.

En buena medida esa es la lógica del tratado de “libre comercio” firmado por Carlos Salinas de Gortari, donde la complementariedad es válida si básicamente favorece a una de sus partes: la más desarrollada.

Desde esta perspectiva, la modernidad se cumplió a costa del desarrollo independiente de nuestras fuerzas productivas y la nación se convirtió, no en un competidor, sino en un necesario pero despreciable proveedor primario y consumidor de productos manufacturados o tecnológicamente complejos. Caímos en el supuesto de que era mejor comprar que vender, así que… ¿para qué producir?

En otro asunto, nos enteramos que la inefable Suprema Corte de Justicia de la Nación le dio palo a la iniciativa planteada por la Secretaría de Energía, consistente en privilegiar la operación de la CFE en la producción, distribución y venta de electricidad. El razonamiento de los señores ministros fue que sería incorrecto dar preferencia a la empresa del Estado mexicano cuya prioridad es el desarrollo nacional, en agravio de los intereses particulares, sobre todo extranjeros, que también participan en el mercado energético nacional.

¿Se imagina que el Estado mexicano recupere el espacio económico perdido gracias a la gestión privatizante del régimen neoliberal? ¿Tiene idea de las enormes repercusiones que tendría que el país fuera soberano y que pudiera tomar decisiones propias sobre el uso de sus recursos y el monto, diversidad y destino de su producción? ¿Se puede imaginar la decepción de nuestros socios gringos si el gobierno de México actúa con el mismo espíritu que animó la expropiación petrolera y la nacionalización de la industria eléctrica? ¡Qué horror!

No hay duda que las reformas estructurales que se desprendieron de la ideología dominante en los años 80 y 90 y que aterrizaron en nuestro panorama constitucional con Enrique Peña Nieto siguen cosechando frutos envenenados, en lo moral y lo legal.

Pues esa misma matriz ideológica es la que alimenta a nuestros opinólogos trasnochados que van contra las iniciativas y reformas de la Cuarta Transformación, sean de la naturaleza que sean, pudiendo ser referidas a la epidemia, a la corrupción, al salario de los trabajadores, a lo que corresponde a la democracia sindical, el outsourcing, el fortalecimiento de la seguridad social, al dominio de la nación sobre sus recursos naturales, entre otros aspectos que ahora tienen a bien administrar las empresas del extranjero con el apoyo legal de la cabeza del Poder Judicial “de la nación”.

Queda claro que debemos apoyar al actual gobierno en sus esfuerzos por recuperar la soberanía y el dominio de la nación sobre lo que es nuestro, y que es imperativo dar reversa a las reformas “estructurales” y a los “pactos por México” impulsados y sostenidos por el PRI, PAN y PRD, así como su cauda de satélites, ahora comprometidos en la lucha por recuperar el poder de seguir liquidando el patrimonio nacional.

La solución está en tener mayoría en el Poder Legislativo y en la renovación del Poder Judicial, revertir las reformas y disposiciones apátridas y trabajar sin desviaciones en beneficio de la sociedad.

Por eso no se debe dar ni un solo voto a los partidos del “Pacto por México” y sus alianzas electorales, hoy dedicados a la desinformación, a las campañas de odio, a la manipulación de información y a la mentira. La infodemia tiene un rostro y es neoliberal. Después de todo, los intereses de la iniciativa privada, nacional o extranjera, no pueden estar por encima del interés de la nación.

 


domingo, 24 de enero de 2021

Hacia las pizcas del 2021

 

 “Cuando las circunstancias cambian, yo cambio de opinión. ¿Usted qué hace?” (John Maynard Keynes).

 

Como se sabe, muchos calientan motores ante la proximidad de las elecciones de mitad del sexenio. Algunos dan por sentado que sus colores partidistas, sea solos o mezclados, tienen las de ganar en las apuestas por alguna jugosa posición, reconocimiento social y oportunidades de negocios que, bajo la cobertura electoral, les permitirán pasar de simples ciudadanos de a pie a becarios del sistema.

Ya se ven los precoces esfuerzos que hacen algunos, en impúdica labor de autopromoción acompañada de las afanosas porras de amigos, parientes o seguidores entusiastas que agitan las matracas sin fijarse mucho en cualidades.

La experiencia, trayectoria, méritos, honestidad y congruencia política son asunto menor porque lo importante es hacer surfing en la ola de Morena o en la de la oposición pedorra y moralmente derrotada, que puede ir “por México” o “por Sonora” montada en el dinero y apellido, aunque el intenso olor a caca siempre la descubre a pesar de los perfumes y baños de pueblo que aparecen en los medios de comunicación.

Año de pizcas y de celebraciones, año de descaradas pretensiones reeleccionistas que levanta la bandera del “rescate” y la defensa de la posición lograda en la ola de 2018, como si fuera obligado repetir, mantenerse en el puesto, por el hecho de sentirse administradores y profetas locales “del cambio”.

Pero cualquier recato deja de tener vigencia ante la imperiosa voluntad de cambiar para no cambiar, de hacer honor al señor de Lampedusa y su gatopardismo renovado y renovable cada tres años, en estricto apego a la bien cimentada cultura de simulación y agandalle que dejaron el PRI y el PAN.

La reelección de legisladores y presidentes municipales huele a flatulencia legal, producto de la mierda acumulada durante los años de no saber qué hacer con el puesto logrado salvo un exhibicionismo torpe y ridículo, lo que no resulta del todo extraño si se tiene como premisa el oportunismo y la simulación que permite estar hoy en un partido y en otro mañana, o aparentar actividad al cuarto para las 12.

En estas pizcas electorales podemos tener a priistas, panistas, emecistas, perredistas o verdes disfrazados de Morena; chapulines y travestis políticos, trepadores electorales viejos o nuevos encaramados en la ola impulsada por López Obrador, o aspirantes cuya única carta de presentación es tener ganas de protagonizar “el cambio”, dando un toque de voluntarismo pueril al proceso.

Así tenemos a diputados, alcaldes y fauna periférica con ánimos transformadores pero de su propia economía e imagen pública, enfrascados en vistosos esfuerzos para escalar a un puesto o aferrarse al mismo, con el añadido de las conexiones para futuras y prometedoras aventuras, siempre dispuestos a cambiar de camiseta dependiendo de la ocasión. Trapecistas electorales, pues.

Al ver los brotes de grandes o pequeños espantajos coyunturales, pienso en las palabras y la obra de AMLO. ¿Sabrán qué anima su discurso? ¿Habrán entendido el contenido de su obra, a lo largo de muchos años de lucha? ¿Tendrán idea de su concepto de política, de sociedad, de coexistencia, de respeto, de solidaridad, de soberanía, de rectitud en el ejercicio público? ¿Serán las bases, la militancia la que decida las candidaturas o tendremos una nueva edición del triste y flatulento espectáculo de los dedazos y acuerdos cupulares o familiares?

¿Terminará el proceso como una mala y presuntuosa exhibición de asadores y carne clasificada, de improvisaciones y redundancias, de aventurerismo electoral, de las mismas prostitutas hablando de castidad y gustosas del cambio de disfraz y logotipos? ¿Tendremos nuevas ediciones del discurso pedante de los que se perciben como los únicos experimentados e imprescindibles para el avance social?

Con el respeto que merecen los aspirantes a tal o cual posición política-electoral, pienso que la perspectiva de un proyecto socialmente útil no se va a alimentar de ambiciones ratoneras, de aventurerismo, de pequeñas mezquindades de ocasión y que, en materia de candidaturas, no necesariamente están todos los que son ni son todos los que están.

AMLO postula una visión humanista e incluyente que llama a construir un mejor país donde los pobres sean los primeros, donde la generosidad y la solidaridad no pasen facturas, donde el viejo y el pobre, la mujer y el joven no sean objeto de marginación pero tampoco de privilegios ajenos a la moral republicana.

Querer encaramarse o repetir en un puesto en el que hubo un desempeño errático, mediocre o simplemente malo no abona al proyecto de AMLO, sino todo lo contrario (y aquí es inevitable pensar en el caso de Hermosillo y de no pocos diputados), como tampoco aporta al cambio el participar por mera sobrevaloración personal, o por querer “comer con manteca” varios años o por las simples ganas de ser y de figurar.

Hasta el momento de redactar, hay ausencia de propuestas integrales, sólo pedacitos que hablan de la mentalidad parcializada de los suspirantes, seguramente ajenos a la idea de un Sonora municipalista o un Hermosillo sano, seguro y solidario. Así estamos.

En fin, usted dirá y decidirá si ve de nuevo la película o si está dispuesto a apoyar en serio el proyecto de cambio que ofrece López Obrador, sin dejar de lado que es mejor equivocarse antes que votar por los mismos de siempre. En lo personal le digo que ni un solo voto al prian-rd-mc, o sus alianzas neoliberales pedorras. Ni uno solo.

 


sábado, 16 de enero de 2021

Hermosillo y el código rojo sanitario

 

“Hay una circulación común, una respiración común. Todas las cosas están relacionadas” (Hipócrates).

 


En reciente conferencia de prensa se dio a conocer un programa que se aplicará en Hermosillo, Nogales y SLRC durante dos semanas, del 11 al 23 de enero, con el propósito de mitigar los contagios y, consecuentemente, reducir la demanda de camas Covid-19 en los hospitales.

Aquí se retoman algunas de las medidas ya conocidas en el caso de estar en el nivel de riesgo máximo dentro del semáforo naranja, aunque hay algunas que llaman la atención por ser parte de la experiencia reciente en el caso de Hermosillo.

La decisión de “cerrar la ciudad” de 8 de la noche a 6 de la mañana suena a toque de queda que se desdibuja por razones semánticas: se dice que no es toque de queda sino una forma de disminuir la movilidad, cuestión claramente necesaria si tenemos en cuenta que el virus contagia gracias al contacto personal y al intercambio de secreciones en condiciones de proximidad, aunque si hablamos de horarios, resulta poco comprensible que este bicho funcione mejor en horario nocturno y que por eso haya que cerrar más temprano.

Las autoridades han comunicado que el transporte seguirá funcionando después de la hora de cierre y que los trabajadores que salen de sus labores a las 8 PM podrán aprovechar la última vuelta de los camiones que será a las 21:30 horas. Cabe esperar que en efecto se cumpla con este horario, considerando que el transporte es una actividad esencial y que se debe contar con las unidades necesarias para cubrir la demanda ciudadana (Expreso, 14.01.21).

Se advierte que no habrá sanciones pero sí vigilancia en las calles, y que buena parte de la responsabilidad del alza de contagios se debe a la movilidad de los jóvenes de entre 20 y 40 años que al acudir a fiestas y reuniones llevan el virus a casa de sus mayores, dando por resultado que una persona que respeta el “quédate en casa” se contagie de Covid-19. Servicio a domicilio, pues.

Nos informan que el problema no está en los negocios porque observan las disposiciones sanitarias, aunque algunos están siendo cerrados por causas que los propietarios ignoran.

En este contexto, Canirac se pronuncia contra los negocios, sobre todo informales, que no cierran a la hora establecida, mientras Coparmex llama a la responsabilidad de los ciudadanos (El Imparcial, 14.01.21).

En cualquier caso, no estaría mal que en vez de derrochar recursos logísticos en despliegues y demás exhibiciones oficiales, se emprendiera una intensa campaña dirigida tanto a los comerciantes como a los jóvenes llamando a su conciencia y sentido cívico.  

A pesar del oscuro panorama que se nos presenta, vemos que la presión de los dueños de gimnasios dio resultados y que ahora estos negocios resultan ser “esenciales”, lo que demuestra cuán endeble es la voluntad de las autoridades ante los empujones del dinero, y más en temporada de caza de simpatías y posibles apoyos electorales.

Sin embargo, independientemente de la forma en que se haga valer la recomendación oficial de la necesaria restricción de la movilidad y la toma de precauciones personales, la respuesta social debe ser responsable y solidaria, ya que la obligación de las autoridades es proteger a la población dentro de las competencias que expresamente establece la ley.

Hasta la fecha resulta un misterio cómo por un lado se aplican medidas restrictivas y por otro se abren espacios claramente no esenciales, salvo para los intereses de los particulares dedicados a estos giros. La holgura de criterio ha sido una característica de la acción de la autoridad local, y ya va siendo tiempo de que se actúe sin ocurrencias y con respeto a los derechos ciudadanos.

Es importante que la restricción de la movilidad sea por un acto de conciencia ciudadana, que se eviten las fiestas y reuniones y que, de manera oportuna, la autoridad acuda al lugar donde se pone en riesgo la salud de las personas concurrentes y haga las advertencias del caso, de otra manera tendremos la desafortunada repetición de un ilegal toque de queda que se disfraza de medida preventiva “no coactiva”.

A estas alturas nos debe quedar claro que con o sin medidas restrictivas la epidemia seguirá presente y que seguirá habiendo personas contagiadas, pero también queda claro que la reducción voluntaria de la movilidad es esencial. Lo importante es seguir las recomendaciones que desde el inicio de la epidemia anunció la autoridad sanitaria federal. No tiene caso buscarle mangas al chaleco.

 

 

viernes, 1 de enero de 2021

Bienvenido 2021

 

"Las actitudes negativas nunca resultan en una vida positiva” (Emma White).

 

Cayó la última hoja del calendario 2020 y cabe recogerla con las precauciones del caso y depositarla en un recipiente de seguridad sanitaria, de acuerdo con las normas para la disposición de desechos tóxicos, contaminantes y potencialmente mortales.

Quizá haya consenso al decir que 2020 fue el año terrible en el que descubrimos que lo invisible tiene una existencia poderosa, invasiva, letal; que lo pequeño no quita lo terrible y que la sabiduría popular necesita reeditarse en el marco de un nuevo concepto de sociabilidad, de trato familiar y de gobierno.

Lo primero porque el trato común y corriente entre compañeros, cuates y conocidos dejará de recurrir al apapacho, evitará el intercambio de fluidos cuyo origen sea alguna parte del aparato respiratorio ajeno; el aseo de manos y la sana distancia se acompañará de serias y sesudas consideraciones acerca del cubrebocas, que llegará a sentar plaza en los temas cotidianos de la casa, la oficina y las eventuales reuniones que se celebren preferentemente por medios electrónicos.

El trato familiar buscará el rencuentro físico y la pequeña o grande tropa de parientes espera que la tertulia se normalice de acuerdo con los usos y costumbres, sin cubrebocas, con los apapachos y estrujones afectuosos que permiten amasar relaciones y cocinar futuros bautismos, bodas o cumpleaños, pero el número de muertes registrado hará reflexionar a los amigos y parientes sobre el contacto directo y personal, con lo que el significado de la sana distancia seguramente se verá fortalecido.

Por otra parte, la idea de gobierno se escribirá preferentemente en las páginas electrónicas y quedarán en espera de mejores tiempos los mítines, reuniones masivas y actos protocolarios en los que el principal ornato es la multitud expectante y aplaudidora que hemos visto por décadas y siglos, pero por lo pronto la sana distancia será la norma que salvaguarde la integridad física de todos.

En el ámbito cultural y educativo, seguramente se publicarán ensayos e investigaciones sobre la forma correcta y segura de lavarse las manos, aplicarse el gel-alcohol y desechar toallitas sanitarias, envases, cubrebocas, abrir puertas y usar el termómetro digital, el oxímetro y el tensiómetro.

Quizá se organicen seminarios y cursos de especialización en algunas universidades sobre el importante tema de la mediación en tiempos de sana distancia, sin dejar de lado nuevas ofertas de posgrado para formar expertos en el análisis socio-pandémico de la nueva economía del coronavirus y las nuevas formas de convivir en el espacio urbano.

También, una oleada de tutoriales sobre cómo mantener relaciones afectivas sin morir en el intento y surgirán opinólogos y epidemiólogos graduados en las redes sociales que cubrirán protectoramente los huecos informativos de muchos, como una respuesta masiva de la sabiduría contenida en el año 2020.

Tendremos el reporte y los saldos de los festejos del cierre del año, de las reuniones de diciembre, de las alegres libaciones y las no pocas evasiones a las normas de López-Gatell y, al grito de sólo se vive una vez, apuraremos el paso apoyados en que ya no tan lejos se ve la vacuna salvadora, que exorciza al coronavirus y que nos acerca a la añorada normalidad.

Pero, mientras celebramos la buena nueva, nos daremos cuenta de que muchas de las muertes fueron justamente por gozar de la mexicana alegría, de ser libres sin la conciencia de la necesidad precautoria, de la limitante real y efectiva de un bichejo microscópico capaz de inflamar los pulmones y hacer de nuestra voluntad arrogante y retadora una vía directa al salón funerario y acabar representando la solemne seriedad del difunto.

Llamamos héroes a los miembros del personal de salud porque lo son; celebramos su solidaridad, responsabilidad, entrega a los demás, pero culpamos al gobierno de no proveer lo necesario para evitar los contagios en el seno de las clínicas y hospitales.

Pero nos enteramos de que muchos de los contagios y decesos fueron porque algo les falló en las medidas que rutinariamente se deben observar al quitarse el equipo de seguridad después de estar en contacto con los enfermos de Covid-19, porque un descuido por la prisa o por exceso de confianza da por resultado que un médico o enfermero caiga víctima del coronavirus.

Nos comentan que muchos de los pacientes que fueron intubados mueren debido a una reacción alérgica al anestésico que se utiliza, y que la confusión propia de estos días termina disfrazando las señales previas y la verdadera causa de la muerte, dando a Covid-19 una capacidad letal que en realidad no tiene.

Las cifras van y vienen lo que queda es el conjunto de normas que la autoridad ha dictado desde el principio de la epidemia, pero animados por la idea de ver solamente el presente y desear el futuro mientras barremos con la escoba el pasado reciente, nos encontramos con el año 2021 emergiendo del vientre lustroso del tiempo, y toda la carne emocional la echamos en el asador de nuestra realidad esperada.

Con estas consideraciones damos la bienvenida al 2021, y a la necesidad de una nueva sociabilidad personal y profesional, de ciudadano que se protege y de gobierno que dicta normas de conducta social que nos escudan y defienden de virus y bacterias, entre otros organismos patógenos que no vemos pero que existen, que ignoramos pero que actúan, que no sentimos o identificamos pero que conspiran contra la integridad del cuerpo social que formamos; y a pesar de que nuevamente iniciamos con disparos al aire, lanzamiento de cohetes y música estridente, hagamos del 2021 el año de la esperanza.