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jueves, 1 de octubre de 2026

NO ES TIEMPO DE CONCEDER

 “Ojo al parche” (advertencia popular).

 

Cerramos el mes de septiembre con una noticia digna de una historia de terror. La Secretaría de Marina concede 36 hectáreas a una empresa gringa para que se instale una planta de licuefacción de gas texano que saldría rumbo al mercado asiático. Es decir, de Texas mandan gas a puerto sonorense (Guaymas), ahí se licua y se exporta a Asia, para romper las pelotas de otros productores con mercado en esa parte del mundo (https://shre.ink/GnkF).

El trágico deporte de hacer de palero, sparring, mandadero, chícharo y valet parking de los gringos es jugar a ser un patio trasero donde se exigen facilidades para realizar emprendimientos productivos que ignoran un hecho no tan claro: que Guaymas es puerto sonorense y que Sonora es territorio mexicano, es decir, sujeto a una soberanía muy distinta a la texana.

Sin embargo, el gobierno a través de las dependencias competentes decide limpiarse con cualquier clase de regulación ambiental y, sobre todo, hacer valer un cacahuate la soberanía nacional y el dominio sobre su territorio.

Los alegatos en contra de este absurdo han provenido de organizaciones ambientalistas que señalan el peligro para los habitantes y la biodiversidad marina, no de alguna instancia estatal o municipal. El gobierno del Estado y el Congreso de Sonora no han dicho ni “mu”, ante esta tremenda tocada de bolas y la idea de tener un Estado Libre y Soberano en el aquí y ahora sólo inspira una serie de sonoras trompetillas.

Se sabe que desde los tiempos del gobernador Beltrones y su contraparte arizonense, el republicano Fife Symington, los gringos soñaban con Guaymas como “el puerto de salida de Arizona”, como si pudieran disponer de territorio mexicano así de fácil. Ahora sabemos que sí pueden, de la mano del muy soberano y humanista gobierno que nos representa.

Es claro que la oposición prianista puede apoyar desfiguros como la doble nacionalidad para ciertos puestos de elección popular por ser esencialmente apátridas y traidores, y que las concesiones a una potencia extranjera ni les pican ni les duelen. Pero, lo que no queda claro es por qué las fuerzas progresistas de este país dejan pasar sin reclamo tamaña sarta de concesiones territoriales sin considerar que la soberanía y el dominio de la nación sobre su territorio y recursos debe ser total, o no lo es.

El gobierno ha abierto la puerta a proyectos extractivistas extranjeros en zonas de alto riesgo ambiental, relacionadas con la competencia energética internacional, lo que nos pone el ojo del huracán geopolítico al formar parte de los recursos logísticos de EUA.

En el caso de los proyectos gaseros de exportación queda comprometida seriamente la integridad ambiental y política del Mar de Cortés con toda su biodiversidad, sus recursos pesqueros y turísticos.

Proyectos como los gaseros de Puerto Libertad y Guaymas, más el de Amoniaco en Ohuira, Topolobampo, y otro de carácter turístico en la Isla Tiburón, abren la puerta al capital gringo y a los reclamos económicos y geopolíticos sobre esa zona altamente codiciada por EUA, lo que revela un indeseable rumbo económico neoliberal extractivista.

Y qué decir de los planes petroleros y gaseros de la Huasteca Potosina y el Noreste de México. Se arguye que el fracking puede ser sustentable y que lo que está en juego es nuestra inexistente soberanía energética, siendo que se importa alrededor del 80 por ciento del gas que se emplea para producir electricidad. Queda claro que ampliar la penetración extranjera no aporta a la soberanía o al fortalecimiento del aparato productivo nacional, sino al contrario.

Si la Secretaría de Marina entrega concesiones territoriales en las costas nacionales para efecto de explotación extranjera privada, debiera haber un enérgico reclamo nacional, porque tal acción huele a traición y escasez de madre.

Algunos dirán que tales desviaciones son producto del chapulineo de prianistas que saltaron al carro de la 4T, pero “no tiene la culpa el indio sino el que lo hace compadre”. En consecuencia, Morena debe sanear su padrón de militantes, replantear sus prioridades en función del interés nacional y, sobre todo, recordar que la soberanía no sólo se defiende en las asambleas de barrio sino en el debate parlamentario, la defensa permanente del patrimonio nacional y la total vigilancia de la naturaleza de los acuerdos y compromisos suscritos o por suscribir con el extranjero en el marco de nuestras leyes, intereses y tradiciones.

Considerar que la salud económica depende del flujo de inversiones extranjeras es negar la posibilidad de que el aparato productivo nacional tenga la capacidad de generar empleo e ingreso para las familias y la hacienda pública, eliminando de la ecuación el efecto multiplicador de la inversión pública para el fortalecimiento no sólo económico sino político de la nación. Esta ausencia lo único que hace es reforzar la dependencia nacional de factores externos. Es ampliar la vulnerabilidad nacional y, por tanto, pérdida de soberanía.

Quizá por eso se cede territorio a cambio de un posible mejor trato en la relación de poder con el norte, pero la falacia del modelo económico empieza a evidenciar sus costos políticos y sociales de manera dramática cuando compromete el patrimonio y futuro de nuestros hijos. Se han cometido errores y es tiempo de empezar a remediarlos.

Ya no es tiempo de ceder y conceder, sino de recuperar lo perdido.

 

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