Notas Sueltas es un espacio de opinión sobre diversos problemas de carácter social, económico y político de interés general. Los comentarios pueden enviarse a: jdarredondo@gmail.com

sábado, 12 de abril de 2025

LA LUCHA DE LOS SINDICALISTAS JUBILADOS

 A estas alturas del discurso de la inclusión, la no discriminación, los derechos humanos y otras palabras y poses con ánimos transformadores, existen organizaciones que actúan con la convicción de que los adultos mayores debieran estar debidamente resguardados bajo la alfombra o el cuarto de los tiliches hasta que haya necesidad de sacarlos en algún aniversario, como parte escenográfica del lucimiento de los liderazgos democráticos, progresistas y hasta revolucionarios.

Cuando pasamos revista a las organizaciones de trabajadores, incluidas las universitarias, no es raro encontrar compañerismos y corrientes que optan por la discriminación positiva de los jóvenes en demérito de quienes hicieron posible con su lucha y constancia la existencia del propio organismo sindical.

Algunos cuentan con secciones o delegaciones en su estructura orgánica que agrupan a los trabajadores jubilados y pensionados, otras ni siquiera se molestan en considerar esta posibilidad. Como se ve, la inclusión y la solidaridad están condicionadas a las iniciativas de exclusión y se convierten en la base de cualquier razonamiento, dando paso al rechazo y la marginación entre colegas.

El sindicato es de quienes están activos, los otros no cuentan. Los viejos que construyeron las referencias históricas, los principios, las bases de la organización son declarados perjudiciales para su desarrollo y un peligro para su existencia. Urge su eliminación estatutaria.

En este contexto, quienes tenían derechos plenos ahora no los tienen “por razones de estado”, “por causa de supervivencia”, porque a la dirigencia y la corriente sindical a la que pertenecen declara la edad como un obstáculo para la defensa de los trabajadores, la trayectoria laboral y sindical como papel mojado, las luchas y logros de las generaciones del pasado una mera referencia sin peso en el presente y ausente en el futuro.

Así como ahora se habla de la posverdad algunos se ponen creativos en eso de cultivar la poshistoria. Aquí el pasado no tiene mérito, salvo que justifique la vigencia y permanencia del grupo que hoy reescribe la historia y la organización sindical se convierte en una entidad onanista, estéril socialmente y propensa a caer en las aguas negras del oportunismo.

La actitud descrita recuerda el concepto de obsolescencia programada, la calidad de desechable de los objetos, la sustitución del producto viejo por el nuevo, la ausencia de reconocimiento desde la perspectiva de que lo reciente es mejor que lo anterior.

El concepto se explica por el afán de lucro de un sistema cuya esencia es generar ganancias, ampliar la reproducción del capital en un mundo de cosas, costos y precios, donde el concepto de ciudadano no tiene más importancia que su conversión a cliente, a usuario, a cautivo del mercado.

La sociedad capitalista no es más humana en esta etapa, no es más incluyente en su etapa industrial o financiera, analógica o digital, y esta base económica hace posible la cosificación de las personas, la exclusión productivista, aunque el discurso y su formalización legal sea de inclusión y no discriminación. Aquí se subraya la importancia de la apariencia, resultando la forma más importante que el contenido.

El criterio de exclusión y marginación resulta ser producto de una mentalidad típicamente neoliberal imbuida en el pragmatismo político que sostiene ideológicamente al sistema. El “ustedes” y “nosotros” en una organización gremial es la negación del lazo intergeneracional que unifica a los trabajadores en la defensa de sus derechos históricos frente al capital. Pasado y presente son los escenarios de la lucha sindical donde se debate el futuro de la organización, y que, garantizan su vigencia y utilidad social.

Los trabajadores jubilados son la memoria, la conciencia crítica de su organización. Cualquier intento de exclusión o de eliminación estatutaria supone una grave pérdida de rumbo, un cambio del progresismo al conservadurismo, una patronalización del pensamiento sindical. En otras palabras, una traición a la propia organización y un peligro para su existencia.

Dentro y fuera de la organización o la institución fuente del empleo, la lucha antineoliberal debe darse sin tregua. Aquí, los jubilados y pensionados deben poner el ejemplo y recuperar el rumbo y la dignidad de su organización, porque tienen memoria, porque son garantes de la dignidad gremial, porque han demostrado que muchas veces la mejor defensa es la prevención y la respuesta oportuna al ataque, porque reconocen la acción del enemigo de clase y sus operadores encubiertos en el seno de la organización.  

Los fundadores de la organización, los que hicieron posible su existencia y consolidación, los que lucharon y vencieron en la lucha por la titularidad contractual tienen la palabra. Ni un paso atrás en la defensa de la memoria y el futuro sindical.   



¿SERÁ COSA DEL SISTEMA?

 

“Cambiar para que nada cambie” (El gatopardo).

 

Desde la segunda llegada de míster Trump a la casa Blanca parece que llueve al revés y que las víctimas resultan ser bestias peludas que tunden las carnes de forma continua e inmisericorde de los buenos y piadosos White Anglo-Saxon Protestant (blancos anglo sajones protestantes) que derraman democracia, financiamiento y tecnología a cambio de la soberanía, los recursos naturales y la conciencia de los pueblos parasitados.

Europa artrítica y viciosa, arracimada en una especie de asociación delictiva que presume de estar unida y ser el bastión defensivo de la civilización occidental, se apresta a apoyar las luchas lodosas de Estados unidos contra Rusia, China o quien se atraviese en la ruta por la hegemonía mundial, mientras el Sur global se debate entre la risa y el llanto.

Latinoamérica en general y México en particular asumen una posición decididamente ambigua que va de los pronunciamientos patrióticos a la prisa por servir de tapete al paso imperial por su territorio. No tenemos agua, pero estamos más que dispuestos a entregar unos buenos millones de litros a los texanos tras la amenaza arancelaria de Mr. Trump, faltaba más.

Estamos en una época de estrés hídrico y de sequía patriótica, donde el agua es el objeto del deseo y razón suficiente y necesaria para aflojar y cooperar bilateralmente. Tan es así que nos apresuramos a “tecnificar” regionalmente el riego y poner diques al libre flujo del líquido que es vital y escaso.

Cabe recordar que en aras de salvaguardar la “seguridad nacional” del vecino norteño, debemos compartir datos biométricos y vigilar la frontera con Guatemala, así como cuidar el agua y ser racionales en su uso. Lo anterior nos conecta con la información biométrica requerida por mandato de ley para alimentar bases de datos nacionales para afrontar las desapariciones de personas que un día sí y otro también son denunciadas en medio de llantos y mentadas de madre.

Asimismo, viene el plan hídrico que ofrece la construcción de tres presas en Sonora que, entre otras cosas, garantizaría (se dice) el abasto de agua a la ciudad de Hermosillo y favorecería el consumo humano y del sector productivo.   

Lo de los datos biométricos es una idea que se ha planteado anteriormente teniendo como respuesta el rechazo social por invasiva de la privacidad de los ciudadanos y familias, y que ahora resulta renovada, “progresista” y necesaria para la pronta respuesta ante el fenómeno de los secuestros y las exigencias de “seguridad” del vecino anaranjado y arancelario.

Sobre lo otro, el agua y los planes sonorenses (sic), cabe señalar que nuestro estado ha sido el cercano objeto del deseo de varias administraciones arizonenses que hicieron cuentas de Guaymas como su puerto de salida, a lo que se agrega la transformación de Puerto Libertad y el Golfo de California como un área de necesaria renovación estratégica gasera, de cara a la fea competencia oriental.

Hasta aquí, resulta oportuno revisar a qué intereses pudiera responder la construcción de las tres presas que impulsa el gobierno estatal y avala el federal. Saltan como conejos dos núcleos de interés, el minero ligado a Larrea (Grupo México) y también complacer las directrices gringas respecto a la “tecnificación regional” del uso del agua.

Las comunidades rivereñas del río Sonora y Bacanuchi siguen con su salud y economía arruinada, gracias a Grupo México y su hazaña de convertir en vertedero tóxico el río y sus riberas. La ciudadanía sonorense es testigo de los impactos de una presa en su entorno regional productivo y doméstico, por eso las comunidades señalan la escasez o ausencia del agua, y señalan que la presa es anuncio de muerte ecológica.

Los planes hídricos actuales, en el caso de Hermosillo, van de la mano del asalto inmobiliario a los terrenos de la presa A. L. Rodríguez y áreas aledañas.

Hay la percepción pública de que la capital de Sonora es el escenario actual de una operación contra la naturaleza y a favor del interés privado, tanto en lo pequeño, como es robar espacio verde para construir locales comerciales en el Parque Madero, como en lo grande, como disponer de las tierras de la presa para fines comerciales privados.

Es claro que aquí ni la honestidad ni la dignidad se han convertido en costumbre. Se siente que el gobierno es el patio de recreo de oportunistas y chapulines. ¿Será cosa del sistema que se dijo vencido políticamente y que aún nos jode? ¿En todo caso, hasta cuándo?  

 

 


miércoles, 2 de abril de 2025

EL AGUA Y LA RECTORÍA UNIVERSITARIA

 

  “Qué cosas tiene la vida, Mariana” (canción de Alberto Cortez).

 

Durante la visita a Sonora de la señora titular del Poder Ejecutivo, representantes del Movimiento en defensa del agua, el territorio y la vida, le entregaron un escrito donde manifiestan su rechazo a la construcción de tres presas que, además de representar un jugoso negocio para las constructoras bendecidas con la asignación de las obras, además de los provechos inmobiliarios que algunos disfrutarían, por ejemplo, los ganones que le tienen el ojo puesto a los terrenos de la presa A. L. Rodríguez, suponen un serio problema ambiental e hidrológico para múltiples poblaciones que verían disminuido su acceso al agua.

Desviar un río no es cosa fácil ni inocua. Siempre hay consecuencias para la flora, la fauna, los productores locales y las actividades productivas de las que depende la vida de los pueblos cercanos y lejanos a tales obras. El caudal normal del río deja de fluir, el terreno se seca y la vida carece de sustento. Algunos ganan porque la obra no está pensada para otro productor o beneficiario que no sea el capitalista de turno, el empresario seboso y bien enchufado, el político amigo de las obras faraónicas que salen bien en la foto. El pueblo no pinta, no figura, no cuenta.

Parece que, si a un político con ideas geniales le sale de las narices desviar un río o alterar su cauce del tamaño de una obra de infraestructura hidráulica, sin consenso entre los supuestos beneficiarios y sin el tan traído y llevado estudio de impacto ambiental, pues que se chinche la ecología, el acceso al agua de los rivereños y la economía rural.

La habitante de Palacio Nacional les ha dicho sonriente que antes de protestar se debe estar enterado del proyecto, mismo que parece estar bajo el colchón del Ejecutivo estatal, mientras en las conferencias de prensa mañaneras se celebran las mega obras que vestirán bonito el sexenio de la transformación local y nacional.

Es razonable considerar que la transformación no sólo es cosa de discursos fervorosos de un nacionalismo que de tanto exhibirse se desgasta, sino de obras ligadas al beneficio del pueblo y, en el caso de Sonora, tenemos acciones que ponen seriamente en duda el aterrizaje del movimiento que sacó al Prian de Los Pinos al impulsar obras que carecen del apoyo de los supuestos beneficiarios. Por otra parte, expresar una crítica u objeción no significa estar en contra de Morena, sino reconocer sus posibilidades de corregir para mejorar.

Otro asunto duro de celebrar son las obras para conducir gas texano a través de nuestro país y cruzar Sonora hasta Puerto Libertad, a orillas del Golfo de California, sin pensar en el tamaño de los posibles impactos en la biodiversidad marina y el perjuicio a las comunidades pesqueras, además de las consecuencias de abrirle la puerta al interés geoestratégico del vecino del norte, es evidentemente irresponsable.

Tal cuestión va en sintonía con el supuesto peregrino de que “tenemos que estar unidos para hacer frente a la competencia comercial de China”, en forma de un bloque de ser posible continental, pasándose por el arco del triunfo la soberanía nacional y las correspondientes a los países de Centro y Sur América, pone a rebotar la idea de que se defiende la soberanía.  ¿Acaso nuestro gobierno tiene la idea de que el progreso depende de reforzar y ampliar el patio trasero de EUA, y trabaja para lograr el objetivo de Make America Great Again? No lo creemos, pero algo apunta en esa dirección.

En otro asunto, mientras el sindicato STAUS se empeña en deshacerse de su delegación de Pensionados y Jubilados porque “nos cuesta mucho”, “porque no participan”, “porque ponen en riesgo la existencia del sindicato”, entre otras serias y sesudas consideraciones de alto perfil estratégico y democrático, que dan continuidad a la reciente eliminación estatutaria del derecho de voto que hasta el pasado junio tenían los académicos desde la creación de su delegación en 2014.

Restringir y nulificar derechos adquiridos de los viejos sindicalistas que dieron vida y sostén al sindicato, parece ser la sagrada misión de la actual dirigencia que ahora lucha por hacerse con la rectoría de la UNISON, ya que el que fuera secretario general ahora se empeña en la lucha por llegar a ser el rector de la máxima casa de estudios de Sonora. De ser sindicalista y defensor (se supone) de los derechos de los trabajadores, trata de saltar a la representación patronal universitaria. ¿En serio? ¿La rectoría bien vale tan radical cambio de camiseta?

Y hablando de la lucha por el puesto, suena curioso que los precandidatos y candidatos perdedores por decisión de las bases universitarias votantes, aleguen que no es democrática la mayoría lograda por la ganadora, Dena Camarena. Que la votación “no es vinculante”, que “representa al grupo de siempre” y que ahora corresponde al Colegio Universitario (máximo órgano de decisión) dar muestras de qué tan democrático es, dando el gane a alguno de los que perdieron en la votación universitaria. ¿Será cosa de Kafka, o el café tenía algo raro?

El agua y la democracia fluyen mejor sin las barreras de presas producto de la ambición, el dinero, la parcialidad y la ambición sectaria. Pero así estamos.

 

     

viernes, 28 de marzo de 2025

ENTRE GRITOS Y SUSURROS

 “Se hace camino al andar” (frase popular).

 

Tiempo de votaciones con estreno de procedimiento por obra de la ley orgánica de la Universidad de Sonora. Al momento de redactar (sic) este comentario, de los seis candidatos originales solamente quedan tres: Dena Camarena con 7292 votos (39.55%), Cuauhtémoc González con 4990 votos (28.70%) y Aarón Grajeda con 2949 votos (19.56%).

Dena Camarena logró la mayoría de los votos en cada uno de los tres sectores de votantes: manuales y administrativos, académicos y estudiantes.

Cabe recordar que Cuauhtémoc González recientemente se desempeñaba como secretario general del STAUS, organización que, como se sabe, aglutina a los trabajadores académicos universitarios, los que, sin embargo, no otorgaron el apoyo que se esperaba a su anterior representante, a pesar de que la dirigencia sindical se puso en el plan de comité de apoyo electoral para que arribara a rectoría, es decir, la parte patronal y contraparte legal en el diálogo entre patrón y trabajadores universitarios.

El salto político y estructural del sindicalismo universitario que aspira a ser la parte patronal marca un hito en la historia de las luchas por los derechos laborales, y qué decir de la idea que cualquier ciudadano medianamente informado tiene de lo que es, o debiera ser, la organización de los trabajadores.

Independientemente del fuerte sentido gremialista que cabría esperar en una organización que no se cuece al primero hervor, o quizá gracias a eso, los académicos (junto con los trabajadores manuales y administrativos y los estudiantes) voltearon para otro lado en esta elección crucial que define, no el rumbo de la institución, sino del sindicalismo universitario.

Por el lado de Aarón Grajeda, cabe recordar que no hace mucho firmaba como secretario de educación y cultura del gobierno de Alfonso Durazo, y de regreso a su plaza de maestro intentó brincar al gobierno universitario sin el favor de ninguno de los sectores de votantes.

Así pues, tenemos una candidata que estaba en el ejercicio de sus funciones académicas y otros dos que prácticamente acababan de regresar a las aulas, tras haber estado ocupados en otras actividades propias de sus ambiciones y oportunidades, lo que no se cuestiona, aunque llama la atención el repentino interés por ocupar la representación legal de la universidad sin haber rehecho los lazos académicos que legitiman ante la comunidad sus aspiraciones rectorales.

En otro asunto, aún resuenan las voces de los maestros de que luchan por la abrogación de la ley del ISSSTE y su rechazo a cualquier parche que deje intacta la esencia regresiva y neoliberal de dicha ley, así como la eliminación del pago de pensiones en UMA, en vez de salarios mínimos, como dispone la ley.

En su mitin frente al palacio de gobierno, establecieron su postura con firmeza, con la autoridad moral y política que tiene el magisterio en lucha. Ahí dieron espacio y honraron la participación de sus jubilados y pensionados, dieron voz quienes tienen experiencia y son historia viva en el seno de sus organizaciones, y que respondieron con convicción solidaria a la causa de los maestros en activo.

Lo anterior recuerda y contrasta con otros sindicatos que, como el el académico universitario, emprenden reformas estatutarias a fin de excluir a sus jubilados y pensionados, privándolos del derecho a votar y participar como miembros de su sindicato, en ruta a eliminar y enterrar sus compromisos con quienes hicieron posible la existencia del sindicato.

Aquí, no faltan los lideres que apuñalan y desconocen a los académicos retirados mientras presumen de los logros y conquistas en favor de ese sector, como si fuera un favor personal, como si la palabra solidaridad intergeneracional no existiera entre los trabajadores, como si la jubilación no fuera producto y consecuencia de una larga trayectoria laboral, como si las leyes nacionales e internacionales no protegieran ese derecho, como si las organizaciones de trabajadores no tuvieran memoria.

Pero, visto en contexto, la desmemoria y la pérdida de los objetivos fundacionales de los sindicatos produce espectáculos tan lamentables e incongruentes como la renuncia de un dirigente sindical para pasar a ser el representante patronal, y que el propio comité ejecutivo lo apoye en su campaña.

Tamaño despropósito se complementa con el desprecio y la exclusión de quienes representan la memoria y la conciencia crítica del sindicato: los jubilados.

Pero, entre gritos y susurros, la lucha por la universidad científica y popular y el sindicalismo democrático e incluyente sigue, como siguen vigentes los reclamos de los jubilados y pensionados y las marchas y protestas contra la obscena carga normativa neoliberal, ahora puesta en evidencia por el magisterio en marcha. Ni un paso atrás.


 

viernes, 21 de marzo de 2025

LA ACTUAL LUCHA MAGISTERIAL

 “El maestro luchando también está enseñando” (Consigna de lucha magisterial).

 

Pues los maestros vuelven a tomar las calles y plazas para gritar a voz en cuello que la pestilencia neoliberal sigue tan campante en las leyes, decretos y procedimientos normales (sic) del sector oficial de esta tan democrática, incluyente, soberana y orgullosa de sí misma república en la órbita del imperialismo gringo.

Sí. Lo decimos con todas las letras: la soberanía no se negocia, como tampoco los derechos y libertades de la ciudadanía en general y de la clase trabajadora en particular y, sin duda alguna, la CNTE es un referente de estas luchas soberanistas en medio del vocerío chapucero y ladino de una oposición cerril alimentada por la USAID y un sector oficialista nutrido por el entusiasmo de haber sacado al PRIAN de Los Pinos, aunque dejado a salvo al sistema que nos perfora la soberanía.

Los maestros agrupados en la Coordinadora Nacional de Trabajadores de la Educación (CNTE) reclaman puntualmente que la reforma neoliberal de 2007 sea abrogada, que se pague en salarios mínimos y no en UMA, que se jubile por años de servicios y no por edad, que se recupere el sistema de reparto solidario y cancele el jugoso negocio de las Afores. En simples y llanas palabras, que el Estado asuma su responsabilidad y deberes con los servidores públicos.

Se había lanzado una iniciativa de reforma a la ley del ISSSTE que actuaría como un parche a la de 2007. Una iniciativa enana que para nada tocaba el contenido neoliberal de la aún vigente, demostrando que Lampedusa y el gatopardismo siguen en el entramado mediático de lo nuevo con olor a viejo.

Como era de esperarse, las huestes magisteriales democráticas e independientes de pensamiento, palabra y obra, se manifestaron en contra, y el gobierno, sensible y oportuno, retiró el emplaste legislativo, cumpliendo una demanda de los maestros en lucha.

Es claro que la democracia sin huaraches se espina cuando camina por los abrojos de un sistema que ha hecho de la farsa la consagración de los farsantes, venidos a reformadores, pero no transformadores de un sistema opresivo y dependiente que se resiste a cambiar escondido tras capas de maquillaje acumuladas desde los años 80.

Es obvio que la iniciativa presidencial hubiera sido aprobada sin más si la CNTE se hubiera tardado en llamar la atención de que el neoliberalismo en educación sigue cosechando triunfos y adhesiones entre las masas huérfanas de cultura política y ávidas consumidoras de detritus informativos envasados en Latinus y otras cloacas mediáticas similares.

Pero, los maestros toman las calles y manifiestan que no están locos no son cómplices de simulaciones y pendejadas aderezadas por la emoción de formar parte de algo capaz de llenar el Zócalo y las esperanzas de muchos. La CNTE también es pueblo, pero un pueblo informado y que informa a la sociedad del contenido neoliberal de lo que rechaza con franqueza y determinación.

 Apoyar a la CNTE en su lucha por una reforma a la ley del ISSSTE que realmente represente no sólo la ruta al reconocimiento de la dignidad del trabajador federal sino la recuperación del sistema pensionario solidario y distributivo, la justicia social y la transparencia operativa y declarativa del ISSSTE y sus trabajadores y derechohabientes, es un asunto prioritario frente a la inercia neoliberal, la simulación y la cobardía que evade responsabilidades y protege por omisión a depredadores privados a costa del sector público.  

Y sí, el apoyo a la CNTE y las luchas de los trabajadores académicos federales es en favor de México, porque dignifican el servicio civil, honran al país y ponen el ejemplo a las generaciones presentes y futuras de servidores públicos con visión nacionalista y compromiso social. Ni un paso atrás.



lunes, 10 de marzo de 2025

SOBERANÍA SUBROGADA

Sin desarrollo nacional no hay bienestar ni progreso. Cuando hay miseria y atraso en un país, no solo sucumben la libertad y la democracia, sino que corre peligro la soberanía nacional (Arturo Frondizi).

 

Seguramente usted ha pensado que la soberanía nacional no depende de condiciones dictadas por agentes externos y que es reconocida por el derecho internacional, que está depositada en el pueblo y que es defendida en los foros internacionales por el gobierno de legítimamente lo representa; y que  un país soberano ejerce su dominio sobre los bienes y recursos naturales que posee, sin depender de condicionamientos ni acciones intervencionistas externas que afecten el aprovechamiento y disfrute de su patrimonio que estará en todo momento al servicio del pueblo. Un país es soberano, o no lo es.

La soberanía está ligada a la independencia y la libertad, enmarcada en un sistema legal que la garantice y preserve y ejercida por un gobierno que responda a los intereses pasados, presentes y futuros del pueblo. La soberanía pasa por la identidad y el sentido de pertenencia que se manifiesta en la cultura, las tradiciones, costumbres y valores que compartimos como patrimonio identitario. La Patria es un crisol único y diverso.

Sin embargo, la idea de soberanía tiende a cambiar en el momento en que las relaciones entre los pueblos privilegian los aspectos comerciales y económicos que relativizan las prioridades nacionales. A partir de ahí, parecen negociables lo que antes eran valores y principios irrenunciables. 

Es claro que para sostener anímicamente la soberanía se necesita tener una base económica que la explique y la haga necesaria; es decir, un pueblo débil económicamente tendrá bajas defensas emocionales frente al extranjero, cuestión que vemos con claridad en la relación México-Estados Unidos, en la que se destaca la superioridad del extranjero y el escaso margen de maniobra que tiene nuestro país frente al vecino del norte, que representa el destino mayoritario de las exportaciones y la fuente privilegiada de las importaciones financieras, tecnológicas, alimentarias y culturales.

Frente a tal desventaja, el discurso nacionalista tiende a quedar como recurso retórico propio de efemérides y de actos multitudinarios en el Zócalo de la Ciudad de México, donde se defiende la soberanía nacional mientras se sigue afirmando que la mejor opción para el país es la integración con Estados Unidos en un bloque de alcance continental. Se dice que no competimos, sino que nos complementamos, como si esto no fuera el reconocimiento de nuestro abandono productivo.

El problema radica en que la defensa de la soberanía nacional está condicionada al interés extranjero en el marco del acuerdo de libre comercio que se convierte en ley suprema, en tanto que Estado Unidos, el polo dominante del T-MEC, no lance nuevas reglas que, en forma de aranceles, reconfigure unilateralmente dicho tratado.

Los aranceles de Donald Trump han confirmado una vez más las consecuencias políticas de la dependencia económica y la peligrosidad de las relaciones asimétricas que subyacen en el tratado que se tiene con el norte, haciendo que el gobierno “defienda” los intereses nacionales por vía de solicitar prórrogas y ofrecer el cumplimiento de las condiciones impuestas por el extranjero, y todavía celebrarlo como un triunfo del pueblo y gobierno mientras esperamos su calificación aprobatoria por buena conducta.

Ciertamente la soberanía no se negocia, salvo que el significado de la misma pase por el filtro de una semántica diseñada para convertir la subordinación y la dependencia en la única conducta posible, en la única solución viable y en el único destino deseable.  

Cuando el control y la subordinación de un pueblo se toma por asunto resuelto, las manifestaciones multitudinarias y los discursos de autoelogio patriótico sin rastro de planes soberanistas y propósitos de diversificación comercial, son irrelevantes y simplemente anecdóticos, carecen de poder real para emancipar una economía y empoderar una nación por la vía del desarrollo independiente.

La integración económica de América del Norte en forma del TLC en 1994, con sus profundas desigualdades, fue el primer gran acto formal del neoliberalismo mexicano, de cara a la reconfiguración del desarrollo nacional dependiente, con efectos contundentes en la desindustrialización del país, en la ruptura de cadenas productivas, en el abandono del campo y la independencia alimentaria, monetaria y crediticia.

Si esta política se amplía a todo el continente, en un proyecto integracionista que nada tiene que ver y es contrario a la soberanía nacional, ahí sí que valdría la expresión Trumpiana de “hacer América grande otra vez”, y todo por hacer frente a la amenaza de las exportaciones de Oriente, particularmente China. Aquí, una vez más, sudamos calenturas ajenas.

Con ello nos podemos despedir de la idea de libre comercio y dar la bienvenida a la economía neocolonial, y las nuevas relaciones metrópoli-colonia no necesariamente encajan en los supuestos de un país independiente y soberano.    

México no debe ser punta de lanza del neocolonialismo comercial de corte imperial con destino a la subordinación de toda Latinoamérica, proyecto que al parecer es acariciado desde el sexenio pasado, en imitación muy a la mexicana de la Unión Europea, tan absolutamente dependiente de Estados Unidos y tan vulnerable a los vaivenes de su política exterior.

México debe mirar al Sur y al Este, reemprender la política industrial frustrada por el neoliberalismo, recuperar la soberanía alimentaria y diversificar sus mercados, haciendo uso de los múltiples tratados y acuerdos internacionales que tiene. Poner todos los huevos en una sola canasta es absurdo y claramente suicida. La soberanía no se subroga. Se requiere más seriedad y un enfoque soberanista.  



sábado, 1 de marzo de 2025

LA NUEVA OLA DE CALOR

“Si todos tirásemos en la misma dirección, el mundo volcaría” (Proverbio judío).

 

Se considera una temperatura atípica para este mes de febrero y advierten que el termómetro podría registrar de 35 a 40 grados centígrados.

La situación es seria si consideramos el nivel de las presas que proveen de agua a la población, lo que se suma a los pozos en funcionamiento que acusan agotamiento y que arrastran substancias no aptas para el consumo, como arsénico y otros metales pesados que recuerdan el derrame tóxico del minero Larrea, que arruinó la economía y vida de muchos pobladores rivereños de Sonora, sin que alguna autoridad pase de las palabras a las acciones.

Suena a negligencia pura la pésima administración del agua, que privilegia fraccionamientos de lujo y áreas consideradas de interés especial para quienes toman las decisiones en materia de desarrollo inmobiliario.

Está en el aire cuánto más se podrá soportar que del total del agua disponible, el 80 por ciento vaya a la agricultura de exportación de la Costa de Hermosillo y sólo el 20 por ciento sea para los hogares, mermado por un desperdicio del 50 por ciento por fugas y fallas en el manejo del recurso.

Llama la atención de que, mientras las autoridades sostienen que no hay ni habrá tandeos en este verano, algunos vecinos afirman que diario “se va el agua” de 2 a 11 PM. Eriza los pelos saber que el gobierno se propone construir tres presas que sustituyan la Abelardo L. Rodríguez sin plena justificación, pero que ocasionarían una grave distorsión en la disponibilidad y distribución del líquido en perjuicio de las comunidades vecinas, y de la propia ciudad de Hermosillo, que padece escasez y mala distribución.

Una obra hidráulica que puede afectar negativamente el flujo natural del agua, alterar el desarrollo de las actividades productivas y hacer peligrar el abasto necesario es cuestionable, y más si se pone el reflector en las ganancias que se obtendrían de concretarse la idea de un desarrollo inmobiliario en los terrenos de la vieja presa de Hermosillo, aparentemente seca o casi, pero actualmente área de captación natural del agua.  

Estamos en un mundo distópico en el que el verdadero lujo es tener disponibles los recursos básicos para la vida humana, en el que los intereses inmobiliarios están por encima de la seguridad y salud de los ciudadanos, donde tal o cual grupo de apellido con olor a dinero y relaciones políticas puede desviar el cauce de un río, fraccionar y lanzarse a la especulación inmobiliaria en terrenos públicos, sin que haya autoridad que les señale el límite entre la ley y el desmadre inmobiliario.

A golpes de dinero y de actos de autoridad, los codiciosos de siempre cabalgan sobre los lomos de una ciudadanía demasiado preocupada por el crimen organizado, la salud del Papa, el costo de los seguros de gastos médicos mayores, las broncas de las pensiones y el desabasto de medicamentos, el encarecimiento de la vida y las nuevas amenazas de Trump. En este contexto, queda claro que los distractores abundan y la demagogia circula por los medios de evacuación oficial como diarrea declarativa.

El calor hace que el agua y las decisiones ciudadanas se evaporen con mayor velocidad frente a las amenazas de posibles medidas restrictivas que nos venden como necesarias, de que el agua es una mercancía, que el entubamiento, la canalización y las obras de infraestructura son para garantizar el agua por los próximos 30 años, aunque no haya lluvia y la distribución siga siendo mala por inequitativa cuando no arbitraria.

La situación sugiere que no estaría del todo jalado de los pelos llegar a hablar de un cártel del agua de la mano del inmobiliario, como tampoco lo es hablar de opacidad, malos manejos y privilegios en la distribución y acceso a bienes y servicios públicos.

Mientras nos entretenemos con sindicatos que quieren tomar la parte patronal en el teatro universitario, autoridades que se convierten en gestores del interés inmobiliario privado, vuelos sigilosos que espían los movimientos de los narcos “a petición” de las autoridades defensoras de la soberanía, y reformas a la ley del ISSSTE cuestionadas por sus propios beneficiarios que exigen la desaparición de las UMA y el regreso del reparto solidario, la temperatura sube, la paciencia y el agua, como la justicia, se evaporan sin que notemos casi su ausencia… por ahora.

Son tiempos de “cooperación” en el comercio y la seguridad, como antes, pero ahora dotados de un discurso nacionalista que nos hace brillar en un contexto mundial gris y mediatizado que tiembla ante las amenazas de Trump, y que nosotros sabemos adornar con la ilusión de la igualdad y la complementariedad, como si las sardinas invitaran a comer a los tiburones en justa correspondencia por las mordidas prometidas.