Notas Sueltas es un espacio de opinión sobre diversos problemas de carácter social, económico y político de interés general. Los comentarios pueden enviarse a: jdarredondo@gmail.com

domingo, 25 de octubre de 2015

Entre desastres te veas

                                                              “La naturaleza provee tanto como exige” (Séneca).


Pasó la fase de alerta por el huracán “Patricia” que dio ocasión para el despliegue de medidas de seguridad ante el impacto de un fenómeno que sería, según se dijo, de consecuencias potencialmente desastrosas. El recuento de daños resultó menor a lo previsto y sus efectos aparentemente sólo se dejaron sentir en las vías de comunicación, casas, edificios, árboles y miles de personas desplazadas a refugios temporales situados en la ruta del meteoro. Muchos respiran con alivio ante las pérdidas que sólo fueron materiales, mientras que otros se declaran decepcionados del poco espectáculo que dio “Patricia” a los amantes del morbo necrológico.

No han faltado comentarios en las redes sociales que, prácticamente, exigen que se devuelvan las entradas del espectáculo catastrófico que quedó en promesa incumplida de sangre, muerte y devastación. Por fortuna nuestro país salió relativamente bien librado del “huracán más peligroso de la historia” y la cauda de los “por qué” será una actividad que ocupará el tiempo de los estudiosos de este tipo de fenómenos naturales, tratando de explicar lo que pudo haber sido y no fue.

Lo que sí requiere explicación inmediata es el por qué las autoridades “competentes” han permanecido con las cabezas bajo tierra como avestruces oficiales en el actual y preocupante desastre ecológico más grande de la historia nacional, que se debe a la sebosa negligencia de Grupo México. El derrame tóxico del que todo mundo habla sigue demostrado su peligrosidad en un horizonte de largo plazo, pero que se manifiesta ya en forma de enfermedades asociadas a la piel de no pocos habitantes ribereños en la región del Río Sonora.

Según se ha manejado en diversos medios informativos, la cuota de metales contenida en el agua supera estratosféricamente la aceptada nacionalmente como tolerable para las personas, lo que nos coloca en una posición de zona de desastre ecológico que, según el laxo criterio oficial no existe. ¿Será posible que el gobierno minimice, diluya o disfrace el desastre con alguna intención nefasta? ¿Podrá dejar de lado las responsabilidades públicas expresadas en la Constitución y las leyes relativas, para plegarse a los intereses de Grupo México? ¿Valdrá más el ridículo chantaje y pretexto de la inversión y la generación de empleos, más que la preservación del ambiente y la salud? Al respecto, los investigadores universitarios Castro Longoria y Romo Paz han puesto el dedo en la llaga y lanzado la voz de alarma a tiempo y apremiado, con toda responsabilidad cívica, que se tomen las medidas sanitarias y legales del caso.

Cabe suponer que los aspectos ambientales y su relación con la salud de personas y animales distan mucho de estar al alcance de la comprensión y las prioridades de los funcionarios ambientales y de salud, como parece documentarlo con precisión el caso del derrame minero, aunque habría que agregar la ligereza con que fue tratado en su momento el asunto del confinamiento de desechos tóxicos Cytrar, la destrucción del parque de Villa de Seris y la actual campaña de fumigación aérea contra el mosquito propagador del dengue.

En casos, la acción ciudadana puede solamente servir para despertar la conciencia social, en otros impedir una acción desafortunada del gobierno en complicidad con agentes privados, pero es claro que siempre deja huella en la memoria de las luchas sociales por una mejor calidad de vida.


En todo movimiento existe la posibilidad del éxito o el fracaso, pero es claro que la acción y presencia ciudadana sienta precedentes importantes en la conformación de una ciudadanía comprometida y democrática. La movilización y resistencia civil puede, en no pocos casos, impedir o desalentar la comisión de delitos ambientales, siempre y cuando la sociedad se involucre y no deje solos a los defensores del ambiente y la salud de la comunidad.

sábado, 17 de octubre de 2015

Veneno en el aire

“Es una escuela muy cara la de la experiencia; sin embargo, los necios no aprenderán en ninguna otra” (Benjamín Franklin).

La Secretaría de Salud de Sonora lleva a cabo un programa de combate aéreo contra el mosquito del dengue, a fin de evitar o moderar los efectos de la picadura y posterior contaminación. Hermosillo y varias ciudades importantes de Sonora se verán rociadas por una sustancia química llamada Cloropirifós, que “es la sustancia autorizada por el Centro Nacional de Prevención de Enfermedades de la Secretaría de Salud” dijo el subsecretario Luis Becerra Hurtado, aclarando que es el mismo que utilizan en la fumigación terrestre. “Aseguró que el Cloropirifos es un fumigante inofensivo para el ser humano y las mascotas” (Expreso, 17.10.15).

La noticia de la operación de fumigación sobre la cabeza de los hermosillenses y otros cumplidos ciudadanos sonorenses no deja de llamar la atención, toda vez que aparenta ser una campaña seria con fines preventivos y con fondos del Fondem, según aclaran las autoridades. Una acción fuerte y agresiva es algo deseable en un gobierno que inicia su andadura en beneficio de los ciudadanos, pero las cosas pueden no ser lo que parecen.

De acuerdo con la información que provee Internet, El Cloropirifós es una sustancia que causa el colapso del sistema nervioso del insecto por envenenamiento, y se usa generalmente pulverizado para contener plagas agrícolas y de jardín. En EE.UU. se ha registrado solamente para uso agrícola y es comercializado por Dow Chemical Company.

La empresa cuenta con un largo historial de problemas legales al interior de EE.UU. y países del tercer mundo así como mutas por publicidad engañosa, ya que su afirmación de que es “seguro para los seres humanos y las mascotas” ha sido desmentida por pruebas médicas llevadas a cabo en diversos estados de la Unión Americana, motivados por incidentes de salud que revelan sus efectos en el cerebro de los niños: hay retraso mental, poco desarrollo de la circunferencia craneana, déficit de trabajo, memoria y atraso intelectual, cuando los niños alcanzan los siete años de edad. “Un estudio demostró una correlación entre la exposición prenatal al cloropirifos y el menor peso y menor perímetro craneal al nacer”. En adultos provoca miocarditis y enfermedades neurodegenerativas (Wikipedia).

Se ha documentado su toxicidad en anfibios, fauna marina y en insectos útiles como las abejas, ya que provoca su muerte. El gobierno de EE.UU. prohibió su uso en zonas residenciales y restringió su uso a zonas agrícolas desde 2001. Entonces, ¿qué pretenden las autoridades de salud de Sonora? ¿Cuál es el sentido de prevenir el dengue a costa de la salud y quizá la vida de los ciudadanos? ¿Tendrán idea de lo que están por provocar, sobre todo en mujeres embarazadas y niños pequeños? ¿En la Secretaría de Salud federal y la estatal pesan más los compromisos con las empresas trasnacionales productoras de agroquímicos que la salud y el bienestar de las familias sonorenses?


Es evidente que carece nuestra autoridad de Salud de los conocimientos, capacidad técnica y científica para valorar situaciones de esta naturaleza. La prevención de enfermedades no es tema para funcionarios improvisados o deficientemente formados profesionalmente. El peligro que corren nuestras comunidades urbanas y rurales con el uso imprudente de sustancias organofosforadas como el Cloropirifós, que las autoridades estatales de Salud ahora esparcen en el aire que respiramos y proclaman como “inofensivo para las personas y las mascotas”, según afirma el subsecretario Becerra. ¿Ya siente ligero dolor de cabeza y sabor raro en la boca? ¿Hay derecho? ¿No le parece que la sociedad civil debe levantar su voz en legítima defensa de su propio pellejo? ¿Tienes el valor, o te vale?

lunes, 12 de octubre de 2015

De ver dan ganas

A pesar de que el sistema ha funcionado propinando a los incautos ciudadanos fuertes descargas de terror y náusea un día sí y otro también, aún quedan reservas de asombro e indignación. La política de shock se ha instalado desde los días inaugurales de nuestro siglo XXI y seguida escrupulosamente tanto por los gobiernos del PAN como por los del PRI.

A la par que avanza la inseguridad pública y decrece la social, la delincuencia organizada vive sus mejores tiempos y hace ejercicios de cinismo ante los ojos y oídos de todo mundo, a partir de la cada vez más cuestionada probidad de quienes ocupan cargos de autoridad y representación. Cada vez más ciudadanos se declaran al margen de los beneficios de la educación, la cultura, la vivienda, la salud y el empleo, mientras con triunfalismo demente el gobierno se apresura a firmar acuerdos internacionales que, en todo caso, garantizan redoblar el saqueo del patrimonio nacional y la pérdida de la soberanía, como es el caso del Acuerdo Trans-Pacífico (ATP).

En Alemania, Inglaterra e incluso en EE.UU., se han realizado manifestaciones contra este acuerdo que compromete la seguridad de millones de trabajadores, el acceso a los medicamentos, la libertad de Internet, la seguridad alimentaria, entre otros importantes renglones, en la medida en que subordina los intereses de los Estados a los imperativos de las empresas trasnacionales.

Si países del llamado primer mundo ven con desconfianza o franco temor este nuevo acuerdo internacional, ¿por qué en México se le ve con docilidad vacuna? ¿Qué extraña compulsión anima al gobierno a firmar este instrumento de subordinación extranjera, siendo que nuestra economía dista mucho de ser fuerte y “competitiva”?

¿Por qué nuestro país insiste, en el plano internacional en suscribir acuerdos, pactos, convenios y tratados, siendo que no los aprovecha o lo hace escasamente, frente a las ventajas reales que representan para sus “socios” comerciales extranjeros? A dos décadas de la firma del TLCAN, no hemos mejorado. Nuestra agricultura ha sufrido dramáticos retrocesos y es claro el empobrecimiento del productor rural; la industria y el comercio no han prosperado, salvo como partes operativas de algún monopolio extranjero; en el mismo sentido, la banca mexicana, las aseguradoras y los servicios financieros prácticamente han desaparecido en beneficio del capital internacional, al ser adquiridas por conglomerados cuyos intereses configuran nuevas formas de explotación colonial.

¿Qué lógica tiene el imitar empecinadamente al mundo anglosajón hasta en la forma de impartir justicia, pasando por los esquemas de registro contable en los bancos? ¿Acaso no es un modelo importado y financiado por EE.UU. el reciente “sistema penal acusatorio”? ¿Por qué tenemos que imitar las prácticas judiciales del vecino? ¿No tenemos tradiciones jurídicas propias, en todo caso, susceptibles de mejorar a través del uso de las actuales tecnologías informáticas y de comunicación?

Al parecer, seguimos teniendo a la cabeza de las instituciones a personas con fuerte vocación lacayuna. Como que no son, o por lo menos no se sienten, capaces de actuar de acuerdo a los objetivos y prioridades nacionales y simplemente se dejan llevar por consignas, presiones o insinuaciones del exterior, de suerte que los cambios, reformas o adecuaciones que ha sufrido nuestro marco normativo y las formas de interpretarlo exhiben un evidente divorcio con los usos, valores, principios, cultura y tradiciones nacionales. De un tiempo acá, las decisiones de la Suprema Corte de Justicia de la Nación son un buen ejemplo. Mientras el Poder Ejecutivo, el Legislativo, la Corte y el aparato legal juegan a “modernizarse”, el país sufre las consecuencias.

Resulta inevitable pensar en Porfirio Díaz, quien acomplejado por su color moreno daba en talquearse para aparentar blancura, ligando la imagen anglosajona al conocimiento y al progreso ya que ellos “saben cómo hacer las cosas”. Esa minusvalía emocional se tradujo en abrir las puertas al capital extranjero y, no sólo tolerar sus abusos sino defenderlos con la fuerza de las armas (Recuerde Río Blanco y Cananea). El actual gobierno ha defendido sus reformas con represión, en las variadas formas en que ésta se puede dar.


Si extendemos la mirada al sur de nuestro continente, vemos en Bolivia, Ecuador, Uruguay y Venezuela, gobiernos defensores de la identidad nacional, que avanzan en lo político, económico y social por su propia ruta, no por la que les quieren imponer las transnacionales y los gobiernos que las apoyan. De ver dan ganas. ¿Por qué no dejamos atrás, de una buena vez, los complejos porfirianos y celebramos ser como somos?

lunes, 5 de octubre de 2015

No estamos bien

    “La soberbia no es grandeza sino hinchazón; y lo que está hinchado parece grande, pero está enfermo” (San Agustín).

Resulta un tanto chocante leer en los periódicos que, cuando el dirigente nacional del PRI celebra los logros de la reforma energética que se manifiestan en el interés de las trasnacionales en participar en la desventajosa liquidación de Pémex, llamada apertura por los amantes del eufemismo, se reporta que en el período 1946-1982 el PIB creció al 6 por ciento, en tanto la expectativa de crecimiento de 1982 a 2018 es de un optimista 2.2 por ciento.

Mientras que el gobierno liquida el patrimonio nacional, las cifras correspondientes al ingreso por remesas aumentan espectacularmente, a la par que el deterioro del salario mínimo hace que éste deje de ser referente para cualquier tipo de operación que tenga que ver con la realidad. A pesar del optimismo priista, nuestra realidad nos demuestra insistentemente que no vamos por el camino correcto. A veces pienso que los eufóricos y confiados miembros de la clase política en el poder son víctimas de un extraño tipo de autismo, que los priva de percibir la realidad y los hace fantasear sobre tópicos no sólo delicados sino peligrosos. Si una cuerda se tensa demasiado, puede reventar.

Por si esto no fuera suficiente, el gobierno se apresura a firmar el acuerdo transpacífico impulsado por Estados Unidos para su propio beneficio, ya que el instrumento obliga a los suscriptores al absurdo de renunciar a su soberanía, por lo que los tribunales mexicanos supuestamente no tendrían competencia y quedaríamos a expensas de lo que los gringos y socios gustaran mandar. Por más absurdo que parezca, a los defensores del actual gobierno les parece maravilloso el pronóstico de ser nuevamente una colonia de explotación, ahora a cargo de las trasnacionales, de donde se puede deducir que en la mentalidad neoliberal nopalera la pérdida de soberanía es sinónimo de avance y progreso.

En el plano de lo local, el optimismo se revela en forma de convenios que se firman para realizar funciones que el propio gobierno puede y debe afrontar. Hasta ahora no acabo de entender por qué se juzgó necesaria la participación de la Asociación Beatriz Beltrones para prevenir el cáncer de mama, contando el sector salud estatal con la infraestructura, personal médico y paramédico y amplia experiencia en estos asuntos, además de la responsabilidad legal y capacidad operativa para dar orientación en la prevención y detección oportuna del mal. ¿Será que el anterior gobierno arrasó hasta con los clips de la dignidad y la capacidad de respuesta de esta secretaría?

Le confieso que me llamó la atención la sobreexposición mediática que está recibiendo la hija del legislador Beltrones, Sylvana, quien preside la asociación antes citada. Parece como que hubiera mucha urgencia en proyectar su imagen bajo cualquier pretexto, lo cual permite recordar a los eyaculadores precoces que el agua no hierve a menos de 100 grados centígrados en condiciones normales. ¿Para qué poner en primer plano a alguien que lleva a cuestas un apellido cuya carga política fácilmente genera anticuerpos, de manera innecesaria y escasamente prudente? Las cosas se dan a su tiempo, o no se dan.

Nuestra ciudad clama con desesperada elocuencia su agotamiento, víctima de servicios deficientes, malos olores, carencias agravadas por descuido, indolencia y desamor. La ciudad capital de Sonora parece ser un inmenso catálogo de fallas en el gobierno y la administración. Lo sabemos, pero ya es tiempo de actuar en favor de la paz, tranquilidad y calidad de vida de sus habitantes.

La semana cerró con algo que suena a rechinido de puerta de cripta al abrirse en medio de la densidad de la noche neoliberal. Los fantasmas de las navidades nacionalistas pasadas emergen entre rechinidos y crujidos admonitorios: hay que unirse y elaborar una nueva Constitución que recoja las aspiraciones y reclamos del pueblo. Un llamado a la conciencia sin distingos de partidos, miserias y moditos de andar; mirada ecuménica cuyo fin es sacar al buey nacional de la barranca trasnacional cavada por el neoliberalismo de guarache impulsado por el salinato, alimentado por el panismo y profundizado por los atlacomulcas con vocación apátrida. El ingeniero Cárdenas vuelve a la escena, planteando, al parecer, un frente ciudadano.

Por su parte, desde la tribuna de la ONU, Peña Nieto dio en señalar urbi et orbi los peligros del populismo. La inopinada perorata que supura noches de insomnio y mala digestión, transcurrió como suelen hacerlo los discursos del señor, con algunas inevitables palabras de cuya complejidad dan cuenta los varios intentos que la tenacidad presidencial emprende, para dejar en claro que el no-mencionado López Obrador, una vez más, ¡es un peligro para México!


Mientras el presidente se enfrenta a las complejidades de la palabra “multilateralismo”, las huestes de Morena refrendan su voluntad de cambio. Que así sea.

domingo, 27 de septiembre de 2015

Las apariencias engañan

                                                 Contra hechos no hay argumento que valga (Frase latina).


Algunos de mis amigos, reputados como de ideas progresistas, montaron en santa cólera por el asunto de la madre que inició una campaña en las redes e instancias oficiales a fin de, en apariencia, defender el derecho que asiste a su hijo de cuatro años a llevar el pelo largo. La dama  arguye que está por respetar y hacer valer la decisión de su hijo frente a la prohibición del reglamento de la escuela privada donde estudia. Sostiene, junto con sus apoyadores, que se violan derechos humanos, ya que se le niega educación. El caso logró trascender y el mismo titular de la Comisión Estatal de Derechos Humanos (CEDH) hubo de declarar que estaba sobre el asunto y que el menor deberá asistir a la escuela con greñas, porque “ningún reglamento está por encima de los derechos humanos”.

Aquí tenemos el curioso caso de un menor cuya capacidad de decisión está sujeta a la interpretación y voluntad de la madre, misma que no tiene empacho en exhibirse junto con otra mujer y el niño con un broche en el pelo (https://twitter.com/ProyectoPuente/status/647062149878140929), o donde el pequeño luce vestido de mujercita (https://twitter.com/coyoterulea/status/647118708071002112/photo/1). ¿De qué violación de los derechos humanos estamos hablando? ¿En qué forma se está protegiendo la identidad y el desarrollo de la personalidad del niño? ¿Un pequeño de cuatro años puede estar en la capacidad de “salir del clóset” y reclamar su derecho a la no discriminación por este hecho? ¿Es decisión del menor o la imposición de la madre respecto a la sexualidad de su hijo?

Entre los Derechos del Niño reconocidos internacionalmente son fundamentales: 1. La no discriminación: todos los niños tienen los mismos derechos. 2. El interés superior del niño: cualquier decisión, ley, o política que pueda afectar a la infancia tiene que tener en cuenta qué es lo mejor para el niño. 3. El derecho a la vida, la supervivencia y el desarrollo: todos los niños y niñas tienen derecho a vivir y a tener un desarrollo adecuado. 4. La participación: los menores de edad tienen derecho a ser consultados sobre las situaciones que les afecten y a que sus opiniones sean tenidas en cuenta. Pregunto: ¿cuál derecho le fue violado al pequeño? Tal parece que es la madre y no el reglamento de su escuela el que resulta violatorio a la defensa del interés superior del niño.

La absurda deformación a la que está siendo sometido sugiere que la fuente de los problemas está en casa, y que dicha conducta puede interpretarse como maltrato infantil.

El titular de la CEDH deberá de reflexionar seriamente sobre las consecuencias de emitir un juicio y una recomendación sin analizar detenidamente este caso. De proceder con ligereza se convertiría en cómplice de un auténtico abuso de la inocencia del niño con serias consecuencias para su desarrollo emocional.

Es natural no desear para los demás niños lo que no quisieras para tus propios hijos. En este punto me declaro incapaz de comprender el desparpajo con el que muchos están dispuestos a dar un “like” o apoyar con sus comentarios cuestiones que son verdaderos absurdos, auténticas agresiones a la integridad de los menores. Al parecer es muy simple asumir un progresismo gratuito y sin mucha responsabilidad por referirse a temas quizá distantes, tan ajenos como los hijos y la familia para los jóvenes solteros y para muchos no tan jóvenes. Algunos sostienen que no hay que educar a los chicos con “estereotipos de género”, pero, ¿acaso no es uno de ellos vestir a un inocente niño de mujercita?

El pequeño en cuestión con el tiempo sentirá los efectos de las hormonas circulando por sus venas y arterias, verá crecer su cuerpo, sus atributos sexuales, será más clara su idea del “otro”. Será presa de confusión porque sabrá que es hombre, pero tendrá una imagen distorsionada de su sexualidad porque su madre, sin ninguna consideración y respeto, lo crió como niña.


En nuestro país diario mueren inocentes, frecuentemente desaparecen maestros, periodistas y estudiantes, se violan garantías individuales, se condena a los ciudadanos al desempleo, los adultos mayores y los niños sufren abandono y miseria. Las muertes de Atenco, Guardería ABC, Tlatlaya y Ayotzinapa gozan de impunidad. En medio del desastre nacional, ¿un niño greñudo nos puede hacer perder piso? ¿Hay derecho? ¿Las autoridades “competentes” realmente lo son? Más seriedad. 

lunes, 21 de septiembre de 2015

Y en Hermosillo, la lluvia

Los días soleados parecen adoptar una actitud prudente ante el hecho de que la meteorología señala nuevas reglas de comportamiento en el paraje hermosillense: la discreción es actitud obligada que se resuelve con nublados que sirven de marco a la lluvia que cae a veces sin decir “agua va” y en otras con gran aparato publicitario.

Llueve tanto con aires modositos como con aspavientos de rayos y truenos; las precipitaciones pluviales parecen confabularse para convencernos de que el tiempo se apiada de las cálidas arideces de esta parte del planeta y establece un pacto de civilidad que beneficia a las presas y charcos que reciben las avenidas de los ríos, pero que no perdona el oportunismo de obras de pavimentación o recarpeteo chapuceras y las señala con baches abiertos y mentadas de madre de peatones y conductores de vehículos de propulsión mecánica.  A bache abierto y confeso, relevo de disculpas y pretextos.

La presencia de nublados y lluvias aplaca los excesos consumistas y el flujo de electrones conducido por las instalaciones eléctricas que estallan cada tanto en forma de reclamos de pago suscritos por la CFE parece dar tregua. El consumo eléctrico disminuye relativamente por azares de la voluntad del cliente cautivo de un servicio amenazado con la pistola de la privatización y el descredito de los cortes por falta de pago. Tiempos de moderación en una ciudad lastimada por el pillaje de una administración que supo ganarse con sobrados méritos la iracundia de los ciudadanos y el malestar de visitantes y observadores.

La frescura del ambiente contagia el ánimo y permite lavarse las manos a medio día sin despellejarse, tomar un baño sin que este hecho se pueda traducir en un solapado intento de suicidio que la urbanidad y las buenas maneras pudiera replantear en beneficio de la pulcritud de quien lo comete. El ambiente así modificado influye en el ritmo de la ciudad, dándole matices de ciudad comprometida con la calidad de vida de sus habitantes, pero que padece de amnesia temporal de su esplendor pasado y espera una serie de sesiones de terapia de ingeniería urbana en el sistema de agua potable y alcantarillado, en el cuidado y mantenimiento de calles, parques y jardines, tanto como en la seguridad pública y la disposición de basura y otros materiales que exigen reciclamiento.

El agua que cae por mandato de la ley de gravedad no es del todo un elemento tranquilizante, porque contribuye al arrastre de sustancias tóxicas generosamente vertidas por la mezquindad de Grupo México. Este problema de salud pública que huele a contingencia ambiental, merece estar en el primer lugar de la agenda de las nuevas autoridades gubernamentales, de la entidad y el municipio. Hasta la fecha no conozco ningún tipo de pronunciamiento, mención, compromiso o reconocimiento de la gravísima situación de riesgo en salud que corren los habitantes del municipio y cabecera municipal. La ciudad capital de Sonora goza del remojo temporal que proporcionan los eventos climáticos circundantes, pero sufre el abandono de los viejos y los nuevos personajes que encabezan la administración pública.

¿Qué va a pasar si el gobierno sigue en actitud de negar las consecuencias de lo que constituye una amenaza significativa para ésta y las nuevas generaciones? ¿Cuándo se promoverán, no limosnas, sino remedios verdaderos al daño patrimonial y la calidad de vida de miles de ciudadanos actualmente afectados? ¿Por qué insistirán en sacarle la vuelta a llamar al desastre por su nombre y reclamar para los perpetradores las más severas penalidades por su negligencia y criminal desprecio a la vida y el ambiente?

Sonora es un estado saqueado, víctima de la más absurda de las acciones de latrocinio, abuso de autoridad, tráfico de influencias, extorsión, y un descuido escandaloso respecto a la administración y cuidado de los recursos naturales. Hoy tenemos nuevos rostros y nombres en los titulares de la administración, pero se necesitan acciones y nuevas formas de abordar y resolver los problemas de nuestra vida cotidiana como sociedad.

El cambio no se va a dar olvidando y avalando los excesos de quienes ya concluyeron sus responsabilidades al frente del gobierno, sino poniendo a cada cual en el lugar que le corresponde de acuerdo a sus merecimientos. Resulta verdaderamente preocupante que los puestos se repartan entre cuñadas, vecinos, amigos y compañeros con ansias de novillero. Cae de peso que las posiciones empiecen a ocuparse por “méritos en campaña”, referencias familiares o políticas, por recomendaciones ligadas a la estructura de siempre en los partidos, a los apellidos que aparecen en uno y otro lado como garantía de méritos aun no logrados o nunca debidamente documentados.


La lluvia cae a chorritos o a cántaros, pero no alcanza a lavar las afrentas sufridas por Sonora y sus habitantes; quedan la desesperación, el desencanto, la ira de muchas familias que esperan y exigen soluciones, no explicaciones acerca de lo malos que son los que se fueron. La desesperación es tóxica y su derrame puede ser de amargas consecuencias. 

martes, 15 de septiembre de 2015

Otro Sonora ¿ya?

                       “Los precipicios casi siempre están cerca de las alturas” (proverbio latino).

Iniciamos la semana con la maleta cargada de optimismos mediáticos, frases y sentencias de enjundia pueblerina que resuman fe, imágenes tumultuarias y caras que muestran algún tipo de logro, olor a pompa y circunstancia, redundancias y declaraciones a propósito de encomios protocolarios y una nueva imagen gubernamental: una especie de flor multicolor.

En el primer acto político presidido por la nueva gobernadora, celebrado el domingo 14 en el CUM, se dieron cita personalidades de diverso pelaje, representando, en lo posible, al sector público, privado y social, además del priismo organizado y adláteres. Desde luego que el acto no fue público gracias a que el recinto estuvo arropado por las fuerzas del orden, quienes dejaron fuera a los ciudadanos que enarbolando mantas y pancartas pretendían hacer uso de su derecho a la libertad de expresión y manifestación, como por ejemplo, los afectados por el derrame tóxico en el Río Sonora. 


En cambio, recibieron la atención privilegiada de la prensa actores de telenovela como la actriz Leticia Calderón, quien opinó que por ser mujer, Claudia Pavlovich (CP), tendrá la sensibilidad de procurar mejoras en la educación, la justicia y otros aspectos siempre necesarios para la vida del estado: “Creo que la sensibilidad de una mujer puede manejar absolutamente todos los conceptos. Ella, como lo veo, es una ama de casa, con hijos y esposo y tiene la sensibilidad de ver por la educación, por el bienestar de los niños, por hacer justicia, por detener la corrupción, por ayudar a los hospitales y más” (Expreso, 14/09/2015).

El punto de vista es, desde luego respetable, pero quizá fuera de proporciones, ya que otra de las invitadas fue Rosario Robles Berlanga,  representante del presidente Peña Nieto, quien a su vez fue jefa de gobierno en el DF y no hace mucho titular de Sedesol, famosa por sus desatinos en el ejercicio del poder y por haber proclamado que cesaría la ayuda económica de Sedesol a mujeres que tuvieran más hijos de los que le parecieron convenientes; otros casos de mujeres “sensibles” son los de Angela Merkel y Christine Lagarde, canciller de Alemania y directora del FMI, respectivamente, que demuestran fehacientemente que la “sensibilidad” no es necesariamente patrimonio del sexo femenino. No escapa el detalle de que al inicio del discurso de CP proclamó  que los sonorenses “ya tienen gobernadora”, como si fuera un logro el sexo del titular del Ejecutivo, antes que su capacidad y aciertos al frente del gobierno.

Muchos han comentado el mensaje en los términos más entusiastas, incluso alguien escribió que había sido un buen planteamiento. Leí el texto completo dos veces y me instalé para analizar el vídeo del acto. Me pareció una generosa colección de lugares comunes en forma de párrafos un tanto aislados, como apuntando aspectos o detalles que pudieron haber sido complementados por la oradora pero que quedaron como un guion mejor actuado que articulado. Tan solo dos ejemplos: no parece estar al tanto de las consecuencias de la globalización en regiones que sólo sirven de traspatio o de reserva de insumos; da por sentado que la fórmula seguida por Peña Nieto y defendida por Beltrones puede en algún momento dar resultados que beneficien a Sonora y al país.

Quizá tenga peso y valor propio el hecho de comprometerse a rescatar el estado de derecho y hacer valer la ley y la justicia en los casos de saqueo del erario, abusos de poder y corrupción desenfrenada que incluso afectó a menores a cargo del DIF. Por lo pronto anuncia la creación de una “fiscalía especial” para atender tareas de investigación en materia de corrupción, de los que se van y de los que llegan. Parece que la receta de violar la ley y generar problemas para después crear una dependencia que los resuelva se va a seguir puntualmente. ¿No sería más sencillo actuar de acuerdo a la legislación vigente? ¿Acaso no hay instancias legales que atiendan el saqueo de recursos, la extorción, el tráfico de influencias y demás temas que afectan a la función pública? ¿Los delitos del gobierno pitufo son una novedad no prevista en las leyes? ¿Los dueños de la guardería ABC seguirán siendo personas de probidad intachable?

Independientemente de los pronunciamientos y la voluntad que pudiera existir, es claro que Sonora no ha cambiado, que seguimos siendo un estado endeudado y con la hacienda hecha añicos, víctima del saqueo desaforado de fondos como el de pensiones y jubilaciones del Isssteson; que la ciudad capital está altísimamente contaminada y que la región del Río Sonora, Bacanuchi y San Miguel requiere de una declaratoria de emergencia por razones de salud pública.   


La carga emocional de muchos ciudadanos que dijeron adiós con mentadas de madre a Padrés y equipo pitufo es, necesariamente positiva. Como que se aligera el peso del atraco gracias al cambio de nombres y rostros. Hay quienes confían en que las cosas algo van a cambiar, y que Dios se apiadará de los sonorenses. Ojalá que el pueblo de Sonora entienda que el problema no es el sexo del gobernante sino el horizonte político de su proyecto. Hoy más que nunca conviene conservar la memoria.