Notas Sueltas es un espacio de opinión sobre diversos problemas de carácter social, económico y político de interés general. Los comentarios pueden enviarse a: jdarredondo@gmail.com

miércoles, 25 de septiembre de 2024

LA LUCHA POR EL ISSSTESON

 

“Pena de prisión a las ratas del Isssteson” (consigna popular).

 

El martes 24 se realizó una rueda de prensa frente a Palacio de Gobierno. En la mesa representantes de la Delegación de Pensionados y Jubilados del STAUS, en la calle algunos representantes de medios locales y un grupo de derechohabientes de la tercera edad que reclamaban lo que a su derecho convino: garantía de que las jubilaciones saldrán dictaminadas en tiempo y forma, cumplimiento en las citas médicas y las intervenciones quirúrgicas, abasto de medicamentos, justicia y prontitud de repuesta en el trato de problemas de la competencia de la Institución.

Dentro de los problemas expuestos sigue siendo tema recurrente la falta de transparencia que parecía resuelta en el tiempo en que fue director Jesús Manuel Acuña Méndez, cuya gestión terminó cuando apenas se estaban viendo resultados por causas que aún permanecen ocultas en los entretelones de la política palaciega.

Acuña Méndez supo establecer un diálogo directo, claro y franco con la derechohabiencia, construyendo puentes de comunicación que revelaban las posibilidades de que, por fin, la Institución de seguridad social de los sonorenses pudiera responder a las necesidades y reclamos de sus afiliados.

Se inició la puesta en orden de los inventarios, su actualización y situación real, se revisaron y eliminaron subrogaciones, poniendo en evidencia el abuso y el agandalle de las anteriores administraciones.

Se reveló el obsceno esquema de complicidades entre el gobierno y la iniciativa privada para lucrar a costa del erario, así como la existencia de empleados deshonestos y negocios particulares a la sombra del poder público.  

Por primera vez se supo del monto de los recursos que ingresaban al Isssteson y cuánto y en qué se estaba gastando. Por primera vez los usuarios sintieron que eran tomados en cuenta y que la interlocución entre pueblo y gobierno podía dar buenos resultados. Su gestión dignificó el trato institucional y la imagen el gobierno de Durazo.

Sin embargo, pesa en el ánimo de los derechohabientes un retorno al pasado que se dijo combatir y la puesta en duda de la promesa de que “no se iba a patear el bote” en este gobierno. Es revelador el hecho de que la sección de información financiera que incorporó el director Acuña desapareció de la página oficial del Instituto.

Han ido y venido directores generales, se han pronunciado discursos, promesas y justificaciones, pasando por las explicaciones de la novedad en el cargo, problemas presupuestales donde destaca el costo de la nómina de pensiones respecto a lo que se recibe por concepto de cuotas y aportaciones.

Hasta la fecha, nadie informa por qué no se ha resuelto el desfondo pensionario que hizo crisis en los tiempos de Guillermo Padrés con Teresa Lizárraga en la dirección general, y que ha seguido sin resolverse a pesar de la caravana de directores y danza de los millones que pasaron de un desfondo de 6,000 a quizá el triple de la cantidad declarada, lo que permite sospechar que los malabares contables y las excusas sólo son una distracción de un problema mayor: El Isssteson sigue siendo la caja chica de la administración.

En este contexto, cualquiera puede preguntarse ¿qué pasa con las cuotas que puntualmente pagan vía descuento en nómina los trabajadores? ¿Qué pasa con las aportaciones que entregan los organismos afiliados, sean universidades, ayuntamientos u otros organismos públicos? ¿Por qué no se entregan los recursos al Isssteson en vez de quedar entrampados en la administración estatal para fines ajenos a su propósito?

Y, muy importante, ¿qué pasa con las acciones legales contra los defraudadores de los ahorros de los trabajadores y causantes del daño patrimonial del Isssteson? ¿Por qué no se establecen responsabilidades y se aplica la ley?

La lucha por el Isssteson es la lucha de los ciudadanos afiliados a la seguridad social del Estado, que debiera ser garante de la misma, en los términos de la Ley 38 orgánica del Instituto. No es problema menor y sí una realidad que habla de la capacidad redistributiva del producto social de Sonora, distorsionada por la incapacidad o simplemente por una posible complicidad en la corrupción.

Convertir en negocio privado un bien público no tiene relación con la idea de cambio, de revolución pacífica contra los males y la perversidad del régimen neoliberal, ya que refrenda el modelo que se dice combatir.

Es claro que se gobierna con la calidad y cobertura de los servicios a cargo del Estado. En este caso, nos ha faltado gobierno.

 La lucha por el Isssteson es la lucha por la salud y la seguridad social, por el respeto al derecho ciudadano al bienestar, la paz y la no discriminación. Si queremos una sociedad igualitaria, democrática e incluyente, empecemos por el acceso a los servicios que la sociedad requiere.

Los trabajadores jubilados y pensionados de Sonora exigen con toda razón un trato justo e incluyente, y el Isssteson es un referente obligado y esencial del bienestar.

Los universitarios han dado un paso importante en la visibilización de este problema social. Hagamos que funcione.

 




miércoles, 11 de septiembre de 2024

PORRISMO INSTITUCIONAL

 

“Los abogados, con su habilidad, nos enseñan a confundir lo verídico con lo verosímil” (Marco Tulio Cicerón).

 

No habíamos visto espectáculo parecido en un foro tan dado a las formalidades como lo es el Senado de la República. De hecho, en cualquier otro sitio, como las calles de México, ya no resultan tan extraños actos vandálicos y gritería intransitable como es el caso las marchas locas con pasamontañas, pañuelo o paliacate protector de identidades vociferantes; pero, ¿en el templo de la civilidad republicana y el pacto federal?

Una buena cantidad de trabajadores y estudiantes (hijos algunos de connotados opositores) arremetió contra las puertas del Senado con el ánimo de tronar la sesión en curso referida a la iniciativa de Reforma Judicial que había sido aprobada por los diputados. La sesión se pausó y cambió de lugar.

A estas alturas aún me parece insólito, y grotesco que una horda gritona e histérica haya llegado a este nivel de desprecio por la ley y la institucionalidad que de ella emana. “Somos abogados, no somos acarreados”, coreaban como una justificación a la caída libre que sufrieron en el campo de la ilegalidad. La defensa de privilegios no puede se una lucha justa. ¿El nepotismo es defendible? (https://lc.cx/BCOMxp).

¿Qué objetivo tenían al atacar porrilmente un poder soberano? ¿Qué clase de formación jurídica tienen cuando ignoran que la función del Poder Legislativo es justamente legislar? ¿Qué sentirá Norma Piña al bajarse de su pedestal judicial y hacer de activista ocasional y marchar por cerca de 20 o 30 minutos y seguir atizando el conflicto?

El contenido de la reforma, antes que objeto de análisis para la corrección de fallas, excesos y desviaciones, se convirtió en asunto de litigio para las huestes de la toga y el birrete. El interés por la justicia es menos atractivo que el interés bancario.

Por otra parte, llama la atención la sintonía de los porros judiciales con la oposición panista, sus diálogos y miradas cómplices ya en el salón de plenos de la Cámara de Senadores. Apapachos y sonrisas que dejaban muy poco margen a la sospecha.

Durante las horas del debate parlamentario, que continuó en sede alterna, el porrismo siguió presente pero ahora en los zapatos de los legisladores de la oposición Prianista-emecista.

La grosería y las malas maneras de conducirse en el debate fue la tónica que marcó una oposición redundante, hueca, sin argumentos legales, políticos o históricos dignos de ese nombre. Las poses prepotentes, las descalificaciones, el clasismo y hasta el racismo tuvieron su momento estelar.

Morena y sus aliados actuaron en todo momento con prudencia y respeto institucional. Soportaron la grosería de las intervenciones, las provocaciones y la injuria gratuita y sebosa de quienes se atrincheran en la investidura senatorial para comportarse como verdaderos patanes.

Brilló con mérito propio “nuestra” Lilly Téllez, agresiva y amiga de los discursos vacíos y de arrolladora mentecatez convertida en coraza protectora de ausencias y debilidades formativas y miserias emocionales.

Es casi imposible no pensar en las graves consecuencias de tener una representación legislativa sin maldita idea de para qué sirve el cargo, lo que nos pone en el caso de visualizar lo absurdo de tener candidatos más mediáticos que aptos para los puestos de elección. A qué intereses sirve una legisladora hueca y sin vocación de servicio, es cosa del dominio público.

La estulticia, la carencia de argumentos y de empatía hacia el simple ciudadano fue la aportación de las bancadas opositoras a la reforma, en un desfile de vanidades, poses dramáticas, mentiras y distorsiones, chantajes emocionales, rutinas de circo y sainetes.

Aquí, los herederos de Miramón y Mejía, posaron para los medios gringos y europeos, disfrazados de pueblo “en lucha por la libertad y la democracia”, los dos gusanos conceptuales con los que pican los tiburones corporativos occidentales (https://lc.cx/WP6Icp).

Los jueces y magistrados seguramente babean ante la expectativa de atención mediática externa que puede tener su “lucha”, e imaginan sus efectos en quienes dirigen los organismos internacionales que trabajan por la inmovilidad del sistema global, por la homogeneidad anodina del ciudadano lobotomizado que consume noticias, ideas y costumbres excretadas por la anglosfera.

La sesión senatorial que culminó en la madrugada del miércoles 11 de septiembre de 2024 es, en efecto, histórica.

Puso a los legisladores y al pueblo de México frente al porrismo judicial, la insidia mentirosa, manipuladora y agresiva del Prian-mc, en una lucha entre la violencia y la prudencia, entre el avance de la privatización del Poder Judicial y quienes defienden el carácter ciudadano de la función pública. Aquí ganó el pueblo, y prevaleció su mandato.

En otro asunto: el 11 de septiembre se cumplieron 51 años del golpe de Estado patrocinado por la embajada gringa en Chile, en el que fue asesinado el presidente legítimo Dr. Salvador Allende. La derecha aquí y allá huele a violencia, traición y dólares.

 

 


MES PATRIÓTICO, DÍAS DIFÍCILES

“En asuntos internacionales, la paz es un período de trampas entre dos luchas” (Ambrose Bierce).

 

Aún se levanta el polvo mediático del 6º informe presidencial. Los vídeos circulan a la velocidad de lo efímero, de lo que debe saberse para luego dar paso al olvido por acumulación informativa.

Las “lecturas” de los especialistas florecen y los rostros y los gestos marcan el paso a la interpretación de un hecho que resulta una especie de mega-mañanera en el marco de la rendición de cuentas que ordena la Constitución, en forma verbal y escrita.

Lo escrito se cumplió al entregar el documento al Congreso de la Unión, lo verbal se acató ante el soberano, el pueblo, al aire libre, en la plaza pública que constituye el mayor escenario político de la nación.

No entraré en detalles sobre el estado que guarda la administración pública, que usted seguramente conoce por ser asuntos del dominio público, aunque no estaría de más señalar que la economía no va tan mal como algunos quisieran.

Es claro que hay serios y viejos problemas pendientes, pero el empleo ha crecido, la pobreza ha disminuido y se ha recuperado algo del espacio económico comprometido gravemente por los gobiernos anteriores, tan amigos de organizar ventas de garaje de los activos y recursos nacionales en favor de las empresas extranjeras.    

Los empeños de dar reversa a las reformas neoliberales que en paquete se llamaron “Pacto por México” celebrado por el PRI, PAN y PRD, tuvieron (y tienen) un Poder Judicial dispuesto a batear cualquier iniciativa presidencial con olor a nacionalismo.

La Suprema Corte de Justicia de la Nación (SCJN) y su red de tribunales con magistrados y jueces arracimados en torno a la defensa del interés extranjero y privado, se declaró en guerra con el escudo y el garrote de “la ley”, en una andanada de amparos y descalificaciones a las iniciativas que avanzaron en el Poder Legislativo.

El pueblo de México ha visto en este sexenio cómo un poder de la Unión se convierte en censor y enemigo de los otros, asumiendo una superioridad ficticia agarrada precariamente de formalismos fuera de contexto donde se ataca a la Constitución diciendo que se la defiende, exhibiendo una jerigonza engañosa y falaz.

Muchos pensamos que se trata de una intentona de golpe de Estado por la vía judicial, lo cual posible si se entiende que México está en la óptica de las trapacerías que nuestros vecinos del norte cometen a escala global.

Queda claro que el tener cerca (muy cerca) a Estados Unidos no nos hace ni amigos ni mucho menos socios confiables, toda vez que el T-MEC resulta ser la alberca donde ocurren los ejercicios natatorios de tiburones y sardinas.

Ha sido demasiado evidente el desprecio que sienten los vecinos por la ley, la soberanía y la paz social del país que parasitan. Es claro que se sienten capaz de imponer su visión supremacista a quien cae en su área de influencia, y más si lo ata a su lógica imperial mediante préstamos, acciones de cooperación, fondos para el desarrollo, para la democracia, la salud, contra la corrupción, el terrorismo, contra el narcotráfico, fortalecimiento de la justicia y todo lo que quepa.

El embajador de EUA en turno ha metido la cuchara en el asunto de la reforma judicial, y los argumentos que esgrime son los mismos que emplean las huestes judiciales que a gritos y sombrerazos defienden la inviolabilidad del régimen de privilegios de que gozan ministros y jueces. No lo han dicho tal cual, pero en el fondo de cada pronunciamiento, paro o documento público está la consigna de “la Corte no se toca”.

La evidencia de la función política que asume la SCJN la tenemos a la vista: dos jueces “ordenan” al Poder Legislativo que no discuta la reforma judicial ni proceda, en su caso, al trámite legislativo, excediendo sus facultades y mandando al carajo la división de poderes.

¿Cómo es posible que un órgano jurisdiccional pueda ignorar que la función y facultad del Poder Legislativo es legislar? ¿En qué marco legal se apoyan para impedir el cumplimiento de las competencias que la Constitución concede a los legisladores? ¿Ahora las leyes serán dictadas según el antojo de quien debiera vigilar el cumplimiento de las normas de acuerdo al interés nacional?

En forma simplificada, el Poder Legislativo es la representación del pueblo y las entidades federativas y le corresponde establecer el marco normativo nacional; al Poder Ejecutivo le corresponde atender la cosa pública y proveer lo necesario para el cumplimiento de los objetivos nacionales marcados por las leyes, y al Poder Judicial vigilar el cumplimiento y la constitucionalidad de las normas.

El Poder Judicial no legisla, no hace leyes y sólo vigila la correcta observancia del marco jurídico. Quien legista es el Poder Legislativo, y al Poder Ejecutivo (presidencia de la república) ejecuta el mandato popular en el marco del derecho.

La rebeldía del Poder Judicial de la mano de la intervención declarativa de Canadá y Estados Unidos rompe el equilibrio de poderes, huele a traición, a asociación delictuosa, a falta grave de respeto a la decisión del pueblo y, para variar, intervención extranjera.

Tanto el Ejecutivo como el Legislativo deben poner orden de acuerdo a su competencia, porque la ley no se negocia ni la traición se perdona. Con un Poder Judicial sumido en la ilegalidad, los días de septiembre serán difíciles pero definitorios para el país y el próximo gobierno. Y sí, aquí la tolerancia resulta igual a complicidad.

 


jueves, 22 de agosto de 2024

EL DESCRÉDITO DEL PARO

 “Abogado de ricos, mal de pobres” (Juan Ramón Rodríguez-Refranero).

 

Cuando se anuncia que hay paro en el Poder Judicial, el maquillaje de la legalidad se corre entre lágrimas de cocodrilo y gimoteos de la instancia supuestamente ofendida. Aquí la palabra paro puede ser tan reinterpretable como el espacio que la objetividad pueda ceder a la más interesada parcialidad.

Después de todo, la vertiente ideológica con ánimo de ser dominante faculta a llamar según convenga todo aquello que la subjetividad y el “libre desarrollo de la personalidad” de los involucrados quiera asumir como válido.

Así las cosas, ¿para qué sirve la letra y el espíritu de la ley del trabajo si limita la conveniencia de los inconformes? ¿Acaso importa que los reclamos no sean por violación flagrante de derechos laborales y patronales amparados por la ley?

Pues el Poder Judicial se pone en plan de ofendido ante la sola posibilidad de que sus derechos, tan válidos o más que el viejo derecho de pernada porfiriano, se vean afectados por aquello de la austeridad republicana y la eliminación de abusos presupuestales en beneficio de la casta dorada judicial.

Si los mandos superiores de la judicatura consideran defendible la existencia de fideicomisos en su beneficio, más sueldos, complementos, bonos, estímulos y prestaciones muy, pero muy por encima de lo que dispone la ley para cualquier mortal, incluyendo los empleados de los tribunales, juzgados y agencias, ¿por qué los trabajadores con niveles salariales inferiores deberían estar sudando las calenturas de sus jefes?

Hasta donde tengo entendido, una huelga es motivada por violaciones a los derechos laborales de los trabajadores y los acuerdos que formalicen con la parte patronal, y un paro es el recurso patronal que tiene la finalidad de restablecer el equilibrio de los factores de la producción.

¿Qué equilibrio se rompe si de lo que se trata es de eliminar situaciones de privilegio de unos cuantos, respetar la austeridad republicana y salvaguardar los derechos legítimamente adquiridos por el trabajador judicial?

La suspensión de labores de la Suprema Corte de Justicia de la Nación (SCJN) y tribunales supone una respuesta a lo que consideran una situación que altera el noble estatus de los togados, como si de repente estuvieran protagonizando el asalto a la corte de Versalles por parte de la turba republicana, armada del gorro frigio, aperos de labranza y siglos de ninguneo aristocrático.

¿La SCJN puede decir como el rey Luis XIV que “el Estado soy yo”? ¿Puede reclamar ser intocable? ¿Puede emberrincharse, declararse víctima y declarar autoritario a un gobierno democrático, republicano y popular que le sube las faldas y revela con casos documentados su desaseo y escasa probidad?

Sin duda una huelga o un paro merecen respeto y todo el crédito que le concede la ley y los contratos o convenios de trabajo signados entre las partes, pero de ninguna manera “los mandos superiores” pueden hablar por sus trabajadores, manipularlos y convertirlos en instrumentos de usar y tirar.

Los trabajadores del Poder Judicial debieran apoyar entusiastamente la reforma judicial propuesta por el actual gobierno y contribuir a sanear las salas y tribunales judiciales, actualmente dedicados a bloquear iniciativas presidenciales, defender evasores fiscales, liberar delincuentes y desbloquear cuentas bancarias de personas de interés legal.

Sin embargo, las huestes al servicio de la corrupción institucionalizada manipulan y tergiversan no sólo la letra y el espíritu de las leyes, sino que convierten al derecho y sus practicantes en defensores y cómplices de la ilegalidad.

Si la jurisprudencia viene siendo el arte de burlar las leyes con prudencia y el derecho el instrumento que formaliza la evasión de la justicia, entonces debiera impulsarse con fuerza la puesta en orden del aparato judicial y la renovación ética y moral del ejercicio profesional del derecho. La prioridad el abogado debiera ser la justicia y no el dinero.

La actual bronca del Poder Judicial representa la crisis de valores de la sociedad neoliberal, hundida en los sofismas de lo “políticamente correcto”, el “libre desarrollo de la personalidad”, la permisibilidad social y la laxitud de valores y principios que, si bien son restrictivos en algunos aspectos, norman la vida en sociedad en aras del bien común.

La victimización de los “mandos superiores” y los subordinados que sudan las calenturas de sus jefes constituyen una burda maniobra que pretende torcer el brazo de la justicia y el sentido común, violentar el derecho y convertir a la sociedad mexicana en rehén de corruptos y farsantes. El chantaje no debe permitirse pues urge limpiar la cloaca judicial.

 

  

 

viernes, 2 de agosto de 2024

LA AGONÍA DE VENEZUELA

 

“Entre los individuos, como entre las naciones, el respeto al derecho ajeno es la paz” (Benito Juárez).

 

Parece que los gobiernos latinoamericanos y caribeños que rechazan la intervención de los gringos son dictatoriales, terroristas y comunistas. En cambio, los que aceptan e incluso invitan a los estadounidenses a intervenir en su vida política, económica y social son democráticos, decentes y muy cristianos.

Tener una embajada o un consulado de EUA en suelo nacional es una bendición para quienes tejen intrigas apátridas y sueñan con ser “el consentido del profesor” que enseña democracia y libre comercio en todo el mundo.

La porción de suelo “americano” en el vecindario resulta ser una puerta al mundo de los sueños globalistas donde las barras y las estrellas son el único camino y destino de la unipolaridad convertida en opción preferencial de una existencia sin matices, sin identidad y sin memoria.

Ahí, tras los muros de la embajada, se respira la asepsia informativa que desparasita las conciencias de cualquier noción de nacionalismo, de soberanía e independencia, en aras de cumplimentar la ilusión del “destino manifiesto”, la Doctrina Monroe y los deseos imperialistas de una nación que renunció a sus ideales fundacionales.

La embajada o el consulado gringo son fuente de verdad en la interpretación del mundo, el universo y la vida que todo ciudadano necesita para cumplir con sus deberes coloniales, su rutina de vasallo, su destino de siervo imperial.

De ahí sale la propaganda que disuelve las conciencias nacionales, los deberes con la historia propia y que redefine los conceptos de soberanía e independencia nacional como algo prescindible, estorboso e inútil de manejar en el entramado de las relaciones internacionales.

Pensar en la igualdad sustantiva de las naciones es una bonita utopía, una ilusión legal que nada tiene que ver con la realidad de una masa de relaciones de carácter vertical-descendente donde EUA ocupa la cima y los demás discurren hacia abajo, de acuerdo con su cercanía política, estratégica y económica con Washington.

Las agencias que “impulsan” el desarrollo, la cultura, la ciencia y hasta la salud, enganchadas en la lógica de comprar conciencias bajo el manto de la solidaridad y la cooperación internacional, financiadas como brazos operadores del gobierno de Estados Unidos en el exterior, más los medios de comunicación corporativos y las plataformas digitales de uso popular y cotidiano, forman parte de la red global de propaganda y distorsión de la realidad, y el objeto de consumo generalizado que se sirve en las mesas de Latinoamérica y el mundo.

Ahora tenemos que, si el Departamento de Estado de EUA decide y proclama que la oposición venezolana ganó las elecciones y así lo afirma en el seno de la OEA, entonces debe tomarse por cierto e incuestionable, al margen de la realidad electoral de Venezuela y de sus órganos políticos de decisión instituidos en su Constitución y normas legales vigentes.

Aquí la voluntad del pueblo elector es lo de menos. Lo que hay que defender a nombre de la democracia y la libertad es el petróleo y las riquezas venezolanas, que deben estar al servicio del ideal de “hacer América grande otra vez”. El Comando Sur vigila el patrimonio de otros pueblos porque lo consideran suyo, en la lógica del Destino Manifiesto y la Doctrina Monroe.

En este contexto, algunos países deciden plegarse al mandato del Norte imperial mientras que otros, como México, Colombia y Brasil postulan que debe clarificarse el proceso y respetar el resultado. Unos van por la imposición imperial y otros por el respeto a la voluntad del pueblo venezolano y la coexistencia pacífica entre las naciones.

En Venezuela vemos con claridad meridiana la farsa que apoya EUA, tras el intento fallido de Juan Guaidó, el patético don nadie que el gobierno de Washington y satélites de ambos lados del Atlántico reconoció como “legítimo” presidente. Vemos cómo el interés imperial sobre los recursos estratégicos de este país violenta el orden internacional, la democracia y el respeto a la soberanía.

La agonía de Venezuela es la de todos los pueblos que luchan por su independencia y libertad, por el respeto a la soberanía popular, por la defensa de su integridad política, económica y cultural. Por el derecho de ser.

 

  

 

        

jueves, 25 de julio de 2024

EL CUENTO DEL GATO

 

“Este era un gato con los pies de trapo y los ojos al revés… ¿Quieres que te lo cuente otra vez?”

 

No hay duda que vivimos la redundancia, en el trazo del círculo que de tanto acariciarlo se ha vuelto vicioso y produce orgasmos en la ilusión elíptica de la política occidental. Biden se baja de la carrera presidencial de Estados Unidos desde la presidencia, oponiendo al abanderado republicano, Donald Trump, expresidente y empresario, a la difusa y emocionalmente inestable vicepresidenta Kamala Harris.

La lucha por el poder desde el poder suena a redundancia, a agotamiento de fuerzas democráticas, a pleonasmo maloliente de un sistema cuya fachada luce el paso del tiempo, y que se cuenta al pueblo y a sí mismo en terca repetición.

El aparente pleito entre adversarios que comen del mismo plato supremacista, algunos de manera ruda y otros remilgada, parodia el juego democrático de dirigir una nación que, afirman, surgió de las mismas manos de Dios, del deseo sublime de recrear el paraíso terrenal en Norteamérica, para gloria del continente y ejemplo y advertencia para el resto del mundo.

En esta nueva Roma imperial mejorada, “la casa arriba de la colina”, el faro luminoso de donde emana la luz del entendimiento libertario que derrama leche y miel, la justicia iluminará al mundo, ya que su destino es el de regir la tierra con mano firme, y llevar (con la ayuda de Hollywood y la prensa corporativa) la palabra de Dios en una interpretación económica, cultural y militar dirigida a todos los pueblos.

Así entendido, “América para los americanos” no se queda en el deseo fundacional independentista y de defensa del territorio contra los ingleses. Contiene un propósito, un destino manifiesto que debe pasar de lo abstracto a lo concreto, de la idea a la realidad para alcanzar la hegemonía y cumplir con el mandato divino de ser la nueva Jerusalén.

Su gobierno, por lo tanto, debe ser el que represente a los descendientes de los colonos ingleses fundadores de Jamestown en 1607 y de los padres peregrinos que llegaron al nuevo mundo en 1620. Su presidente debe saber que tiene en sus manos el destino de América y el mundo. Según esta concepción, el significado de la palabra “imperialismo” no se opone al de “democracia” sino que lo complementa y redefine.

Será por eso que cualquier tipo de intervención militar contra cualquier soberanía debe verse a través de la ayuda humanitaria y la defensa de las libertades, y que en cualquier conflicto deban estar presentes en forma relevante porque quien alienta y financia el conflicto tiene también la capacidad de mediar y resolver, según el caso.

En este tenor, la versión oficial de los hechos que destruyeron ciudades y regiones, que cobraron miles de vidas y que arruinaron otras tantas, debe registrarse en la memoria colectiva como la lucha de los buenos contra los malos, y cómo éstos fueron pateados en el trasero por las barras y las estrellas, con el aplauso y admiración de los actores locales:

Estados Unidos invade un país para salvar la democracia y libertades del pueblo invadido, establece una autoridad que pone orden y emprende labores de reconstrucción en beneficio de los inversionistas y contratistas que “América” envía y patrocina.

Desde luego, los chicos americanos (sic) resguardan el acervo cultural y los recursos estratégicos, mientras miden, tasan y administran los bienes custodiados y redefinen fronteras, cultura, tradiciones y costumbres.

Aquí la uniformidad plastificada se impone a la diversidad y, al poco tiempo, las nuevas generaciones colonizadas mascan chicle, consumen y predican el culto a la chatarra y adoptan el “american way of life” como horizonte de la reconstrucción de su identidad, con los vómitos emocionales, las consultas psiquiatras, la disfuncionalidad familiar y los divorcios incluidos gracias a las maravillas educativas de la televisión y plataformas digitales que difunden la buena nueva de Occidente.

Así, las nuevas filias y las fobias políticas y culturales están determinadas por la estrechez cultural y el poderío económico y militar del parasitismo yanqui.

El cuento que se repite sobre la democracia, la libertad y los derechos, de acuerdo al dogma “americano”, termina siendo el relato que al pie de la cama se cuenta a los pueblos que aceptan dormir para olvidar lo que perdieron y lo que les queda por perder.

El gato con los pies de trapo y los ojos al revés arroja la imagen de una dictadura mundial que pasa por democrática y una idea de mundo sin valores, un mundo kafkiano donde la justicia sólo puede funcionar para el polo dominante. Los valores que definen y dignifican a los pueblos terminan siendo sustituidos por la abyecta claudicación del esclavo moderno, sin conciencia, sin voluntad, sin destino, aunque con la ilusión narcótica de que son libres. Su moral es de trapo y sus valores están puestos al revés.

Mientras se juega el destino de Occidente y el mundo en la ruleta de la industria armamentística y los negocios transnacionales, los vecinos del norte fingen ánimos democráticos mientras temen el avance de los rusos y los chinos, culpan a los migrantes latinoamericanos de sus males presentes y futuros, tiemblan cualquier posibilidad de que el dólar pierda su capacidad corruptiva y coactiva, maldicen cualquier atisbo de reorganización de la vida económica mundial con olor a independencia y, lo más importante, entran en pánico ante cualquier avance de las ideas soberanistas que surgen cuando un pueblo decide sacar su cabeza del trasero imperialista.

México y Latinoamérica deben decidirse a sacar la cabeza y dejar de permitir, cuando no buscar, que nos sigan contando el cuento ideológico del gato con los pies de trapo y los ojos al revés…

 

 

viernes, 19 de julio de 2024

CAMPAÑAS EN TIERRAS DE DISNEY

 

+ Colaboración dedicada al amigo Luis Rey Moreno Gil, trabajador universitario del arte y la conciencia. Que en paz descanse.

 

Ya ve usted que las campañas van a todo gas en tierras del Tío Sam, donde la imaginación vuela en alas de águila calva y donde la decencia se resbala por el caño de la autocomplacencia.

Nuestros vecinos, que acaparan el nombre del continente gracias a un acto de ignorancia arrogante, presumen de que cada acto, incluso el de mascar chicle, es una manifestación de superioridad indiscutible, inspirada en los más puros ideales y la más incuestionable aprobación de Dios mismo.

Según ellos, la inspiración divina hizo posible que el pueblo que engordó gracias a la esclavitud y la depredación sea el adalid de las libertades y el derecho internacional, su vigilante y defensor autodesignado. Quien se oponga a sus designios pasa a formar en la esfera del mal, queda en la categoría de terrorista, enemigo de la humanidad y candidato a la hoguera internacional.

Para mayor abundamiento, el tema de la frontera entre “América” (sic) y México es prioritario en la campaña presidencial entre la cara republicana y la demócrata de la moneda imperial. Con México, “frontera abierta”, según los seguidores de Trump y objeto de los sueños húmedos de los apoyadores de Biden, se tiene una vecindad peligrosa.

Lo cierto es que para el US Goberment tan es problema la frontera sur como la que se encuentra a 10 mil kilómetros de distancia. La tensión por problemas o amenazas a la “seguridad nacional” que pueden estar a pocos metros o a miles de kilómetros, en este continente o cruzando el Atlántico, es un asunto que crece al mismo ritmo que sus ansias expansionistas y de control mundial.

Si los migrantes ilegales de México son violadores, drogadictos, ladrones y terroristas, no lo son menos los habitantes del Sahel, Egipto, Libia, Irak, Afganistán, Siria, Irán, o cualquier país de África, o Eurasia, que cuente con recursos geoestratégicos apetecibles a EU y que pretenda defender su soberanía.

En un mundo que creen cedido a su control por las manos de Dios, lo mismo siembran bases militares que intrigas palaciegas, revoluciones “de colores” o descaradas intervenciones en los asuntos domésticos, redes de espionaje o entramados comerciales que se convierten en camisas de fuerza no sólo económicas sino políticas.

Sus embajadas y consulados ejercen funciones de control informativo al servicio de la inteligencia de su gobierno, promueven conductas sociales y sirven de canales de corrupción apátrida entre quienes se dejan seducir por el encanto económico y político del extranjero.

Por si las cerca de 800 bases militares alrededor del mundo no fueran suficientes, tenemos las infinitas ramificaciones de los medios de comunicación audiovisual y escrita que marcan la pauta del cómo debe interpretarse la realidad cotidiana: CNN, Fox, The Wall Street Journal, The Washington Post, The New York Times entre otros, reparten envuelto en papel o gigabytes el credo del capital para el mundo.

La guerra y sus horrores se convierte en materia prima ideológica en un concierto diario de manipulación informativa, de mendacidad periodística, de prácticas intensivas de ingeniería social y de evidentes mecanismos de transculturación, cuyos impactos en la idea de mundo y la conciencia de los usuarios terminan por convencerlos de que los agresores son otros, que los instigadores son otros y que el financiamiento o apoyo económico, militar y logístico que se da es por razones humanitarias.

Antes fue Irak, Afganistán o Libia, ahora es Ucrania e Israel. Los objetivos cambian, pero el discurso no. Las masacres resultan necesarias cuando se defiende el bien superior de la paz y las libertades. Los caídos sin culpa y sin identidad son simples daños colaterales en la lucha de los buenos contra los malos. La simplificación ayuda a evitar el análisis… sin lograrlo.   

En la campaña actual por la presidencia, los trapos sucios del militarismo yanqui flotan en el tendedero internacional. El discurso motivacional sobre los inmigrantes, la frontera y los horrores del socialismo se reciclan con grosera insistencia, mientras que el anti globalismo, las ideas soberanistas e independientes son los objetivos ocultos y no tanto, que la clase política estadounidense pretende destruir. Los daños colaterales serán, para no variar, la democracia y las libertades.

Un monstruo de características esperpénticas crece en el huevo electoral del vecino del norte, y una vez más, la cara absurda del imperialismo asoma… y sonríe.