Notas Sueltas es un espacio de opinión sobre diversos problemas de carácter social, económico y político de interés general. Los comentarios pueden enviarse a: jdarredondo@gmail.com

sábado, 31 de enero de 2026

ARDUA LABOR

 “La Patria es primero” (Vicente Guerrero).

 

Se sabe que Mr. Trump se encuentra muy ocupado viendo como administra el mundo, lo que abarca la geografía, los recursos materiales, la política, los negocios, la moral y la idea que los pueblos tienen de la democracia y el derecho.

No son pocos los esfuerzos del nuevo dictador planetario para controlar los destinos del racimo de países que integran el hemisferio que, desde su óptica, resulta patrimonio de la nación que preside, lo cual no es obstáculo para que los bienes terrenales de la periferia obren en el inventario de adquisiciones logradas o por lograr en aras de la “seguridad nacional”.

Como hemos visto, la poca cultura e ilustración de Mr. Trump le permite ver con ojos pueriles y golosos el patrimonio ajeno, sin que haya pudor declarativo ni escrúpulos ejecutivos en el saqueo, extorción y secuestro que comete por razones de estado mental más que por facultad legal.

Según ha dicho, la única fuerza capaz de detenerlo es su propia moral, su propia mente, no aquello que rige las relaciones internacionales del resto de los países. Con ello, se declara vigente el corolario Trump de la doctrina Monroe y el engendro resultante norma de validez extraterritorial para cualquier efecto.

Es decir, aquí no vale la razón, el sentido común, las leyes, tradiciones y costumbres en materia de relaciones internacionales, sino lo que le sale de los cojones.

Vamos, ni siquiera vale su propia historia nacional, el respeto a sus monumentos y símbolos, como se puede ver tras la decisión ejecutiva de derribar el ala este de la Casa Blanca para hacer un gran salón de baile, emprender persecuciones policiacas a ojos vistas contra sus propios connacionales, y ataques contra académicos y estudiantes que ahora caen en la categoría de “extremistas radicales de izquierda” o “terroristas domésticos” … y recibir un balazo en la cara o una lluvia de balas estando desarmado y en el suelo.

Tenemos una Europa dispuesta a bajarse los calzones y una América amedrentada que están por continuar y fortalecer tratados y acuerdos que los subordinan económica y políticamente al imperio, que fortalecen la dependencia so pretexto de la integración económica en la babeante fantasía de que debemos hacer frente a la competencia asiática al lado de Estados Unidos, sin considerar la urgente necesidad de diversificar mercados y fortalecer el aparato productivo propio, pero aun así hablamos de “soberanía”.

Nos empeñamos en vivir la fantasía mediática de la colaboración bilateral, la coordinación y el apoyo con el mantra de la “no subordinación” y la soberanía; nos empeñamos en creer que somos exportadores y que la economía nacional se fortalece, pero no hablamos de que los productos exportados son producidos por empresas trasnacionales establecidas en México, que aprovechan los bajos costos de producción y las facilidades de exportación gracias al “libre comercio” y a la proximidad con los centros de consumo.

Se nos olvida (o de plano ignoramos) que un verdadero proyecto nacional parte de nuestra propia capacidad productiva y se complementa con acuerdos económicos que tengan evidentes ventajas y que generen ingresos para México. Muy otra cosa es entregar patrimonio nacional para que su explotación y aprovechamiento genere recursos al extranjero y una palmada en el hombro de los gobiernos “amigos y socios”.

Se nos ha hecho creer que la relación bilateral obliga a comprometer recursos propios dando participación al extranjero, incluyendo minería, petróleo y electricidad, entre otros, y que las empresas del Estado deben ceder espacio al capital privado. Tal supuesto ha demostrado su falsedad y poca pertinencia, habida cuenta de que la única entidad capaz de grandes inversiones sin comprometer el dominio y la soberanía nacional es el propio Estado mexicano.

En el modelo de economía mixta participan el sector privado, el público y el social, pero el interés nacional se guarda mediante la rectoría del Estado, porque el Estado es quien rige constitucionalmente el desarrollo y actúa mediante las acciones del gobierno en el marco del derecho vigente. Queda claro que la defensa del interés nacional no supone autoritarismo ni exclusión del interés privado, o social, sino el estricto cumplimiento de las normas que rigen la relación económica sectorial de acuerdo a nuestro proyecto de nación.

Hablar de “extrema izquierda” respecto a un modelo de desarrollo que defiende y privilegia el interés nacional sobre el extranjero es, en términos coloquiales, una auténtica pendejada y, lamentablemente, el imperialismo gringo juzga y condena a quienes sostiene la idea de independencia y libertad como inherente a su soberanía e identidad nacional.

Si la tarea de Mr. Trump es la de bailar un zapateado sobre los valores e intereses nacionales de otros países, la nuestra como mexicanos y latinoamericanos, ardua y absolutamente irrenunciable, es la de defender lo propio, a pesar de que los nuevos Miramones y Mejías insistan en que bajarse los calzones es lo mejor para la nación. Pues que se pudran.



jueves, 22 de enero de 2026

TERROR NARANJA

 “Todo ha perdido el loco menos la razón” (G. K. Chesterton).

 

Suenan tambores de guerra, o más bien, estampida de bueyes al borde de un ataque de nervios. La manada europea tiembla tras el biombo de la OTAN y la civilización occidental que revela herrumbre y caos.

Suenan plañideras las voces de las abuelas de posguerra, los tratados y acuerdos de una repartición del mundo que se recuerda con nostalgia donde, por un lado, se encuentra la poderosa América y, por otro, la sufrida Europa, atosigadas por el Este y una recién reconocida vocación parasitaria.

Tras el cese de las hostilidades inicia la rentabilización de las mismas, aunque el discurso dominante es el de la paz y la concordia, la goma de mascar y las nuevas fotos tomadas con cámaras Kodak en medio de una euforia que hace que el escenario huela a decadencia y miedo.

Tras el olor a pólvora, vienen las barrigas más ilustres del panorama financiero y militar e inauguran las instituciones de Bretton Woods, con el acompañamiento de la OTAN, para salvaguardar la “paz” y los intereses del capital.

El idioma inglés se hace indispensable para escribir y rescribir la historia como un guion cinematográfico que deviene doctrina de fe y manual de buenas costumbres. Hollywood magnifica las maravillas de América y maquilla a una Europa cuya virginidad cultural recibe reconstrucción y tratamiento psiquiátrico.

Así, economía, política y cultura pasan por el filtro de la novedad trasatlántica en un ambiente de desconfianza que se cultiva bajo la premisa de que donde hay malos tiene que haber buenos, y que el bien está definido por las nuevas reglas de moral que impone el dinero y el interés bancario respaldados por el poderío de los arsenales y la contundencia de la tecnología nuclear americana.

La competencia comercial que se inaugura es la guerra por otros medios y el maquillaje perfecto que oculta las imperfecciones de los vencedores y el papel lastimero de los vencidos, en una envoltura de unidad que luce bonita en las películas y fatal en las conciencias despiertas porque las cosas no son lo que parecen.

Europa se americaniza mediante las infaltables expresiones transculturales que impulsan los medios de comunicación, de entretenimiento, de información, el dólar y la crisis de identidad se resuelve aumentando la dependencia en economía y defensa.

El sentido común, el instinto de supervivencia, la moral y la autoestima resultan ser artículos de lujo, cuando no una carga onerosa y políticamente incorrecta a los ojos del gringo que llegó para salvar, quedarse, administrar y dirigir la empresa nacional, replantear la moral y la identidad europea desde una ignorancia prejuiciosa e imperativa.

 Pero las iniciativas no faltan: recién concluida la guerra, occidente (Inglaterra-Europa-EEUU) decide la creación del estado de Israel mediante la torcedura inmobiliaria de brazo de la historia y a costa de la milenaria realidad étnica y cultural de Palestina.

Surge floreciente la industria del Holocausto donde el polo triunfador juzga como “antisemita” a quien se oponga al expansionismo genocida de Israel, apoyado por Estados Unidos en una lucha donde los verdaderos semitas son masacrados por los impostores europeos asquenazí.

Mundo al revés donde el viejo orden internacional se mueve al ritmo de zapateado que baila sobre el tablero del derecho internacional la matonería y la extorción norteamericana mientras sodomiza a Europa, deshilacha la paz mundial y acomoda a su gusto los supuestos de la doctrina Monroe hasta convertirla en un esperpento pestífero al servicio de la oligarquía naranja. El derecho a extorsionar, bombardear e invadir hace su entrada en el escenario mundial contemporáneo.

Bajo esta babeante deformación política, la geografía hemisférica pasa a ser el patio de recreo de un energúmeno y el escenario de gritos y susurros de la población nativa convertida en el público de una obra circense dominada por sociópatas, donde algunos de los enanos del coro de la periferia imperial lucen galas presidenciales o ministeriales.

Así pues, la historia devino farsa y la verdad en rumor malicioso. La diplomacia se redujo al absurdo de manera que ya es más que evidente la urgencia de recuperar la dignidad y el sentido común y enfrentar a quien debe considerarse el enemigo común. 

La insolencia gringa debe parar. Las mentiras prudentes y los eufemismos deben cesar. La complicidad por omisión o cobardía debe terminar, y la unidad nacional y de toda Iberoamérica debe hacerse realidad en un frente común sin dudas ni fisuras, de cara a la historia de lucha independentista que nos es común.

Europa debe reaccionar en beneficio de su propia integridad y autoestima, salvo que decida renunciar a su legado y compromiso histórico y convertirse en una vetusta parcela de la periferia imperial.

México debe oponerse a la debacle trumpista, a la miseria anglosionista, a ese extraño enemigo que profana con su planta nuestro suelo, nuestros intereses y nuestra pertenencia latinoamericana, a la realidad que tenemos y la que queremos porque, entiéndase bien, seamos rojos, blancos o azules, la patria es una sola y se defiende.  



viernes, 16 de enero de 2026

SEGURIDAD NACIONAL

 Vale más solo que mal acompañado” (Refrán popular).

 

Como usted sabe, nuestros vecinos del norte poseen una gran capacidad de respuesta emocional ante el estímulo y los retos de la realidad, de suerte que su mejor empeño es ignorarla o deformarla.

La realidad, sea en el plano del derecho internacional, en materia de economía y finanzas, en el terreno de la ética y la moral, la memoria histórica o en sus relaciones con otros países, parece que les produce urticaria, ataques de ansiedad o una suerte de incredulidad que los hace refugiarse en los mitos, la simple y llana mentira o la agresión como forma de discurso y recurso.

La sola conciencia de ser un país canalla, en plan de matón y extorsionador choca con la idea puritana de ser “la casa en la colina”, “la nueva Jerusalén”, “el país indispensable”, “la tierra de los libres y el hogar de los valientes”. La diferencia entre ser un país terrorista que patrocina e impulsa golpes de Estado e inestabilidad internacional, y la de una nación defensora de la libertad y los derechos humanos que exporta ideas democráticas y progresistas, se resuelve mediante la contemplación onanista de una realidad que se ajusta al gusto y capricho de su cúpula dirigente y la intelectualidad que la sirve.

La verdad, la realidad como tal, son materia prima de la orfebrería conductual que se hace en las cloacas académicas al servicio del sistema. Aquí la sociología, la política y las ciencias y técnicas de información y comunicación se reinventan en la construcción de una realidad paralela que se sostiene con armas, drogas y dinero, de ahí que la violencia, el engaño y la corrupción sean esenciales para la preservación del sistema.

Mucha de la basura conductual que se vierte en los países de la periferia proviene de los recursos legales del imperio, como son las interpretaciones y reinterpretaciones de normas válidas en otro tiempo y contexto, la obligatoriedad de los tratados y acuerdos leoninos, la intervención y aplicación de normas extraterritoriales, la colocación de agentes desestabilizadores en países con recursos deseables y la exigencia de acatar normas, interpretaciones y conductas ajenas a la historia, derecho e intereses de los afectados.

Se parte de una visión del mundo no sólo pueril sino absurda, porque viola el derecho de los demás a ser y actuar según su naturaleza: al mundo musulmán, por ejemplo, se le mete al saco de la “civilización occidental”, sus valores y supuestos, amén de la recurrente costumbre de disponer de sus recursos materiales, culturales y estratégicos, y salir con la excusa del bien del pueblo, la colaboración internacional, la democracia y, por supuesto, las libertades. Ahí tiene, entre otros, a Panamá, Granada, Afganistán, Irak, Libia, Nigeria, Gaza, Cuba, Nicaragua, Venezuela y los que se le ocurra.

¿Usted cree que la doctrina Monroe justifica el asalto, hostigamiento, saqueo e invasión de un pueblo y pisotear su soberanía e integridad? ¿Está de acuerdo en que Mr. Trump se encarame en la silla presidencial de una nación ajena, o que disponga de sus recursos petroleros? ¿Cree razonable y permisible que recorra el mar Caribe en plan de pirata que reparte bombazos y metralla a discreción? ¿Piensa que el argumento de la “seguridad nacional” legitima el abuso, la intimidación y el saqueo?

¿Le parece bien que se ponga en plan de autoridad facultada para certificar y sancionar la política antidrogas del continente? Cabe recordar que la historia de las drogas en América y Asia está ligada a los intereses imperiales de EUA, que la producción, distribución y consumo de opiáceos tiene como referente la expansión militar de EUA y el sostenimiento emocional de sus soldados, tanto como la enajenación de sus ciudadanos.


Daría risa si no fuera trágico y altamente ofensivo el discurso de Mr. Trump y lacayos, sobre las exigencias a México en materia de drogas; Suenan de una estupidez vacuna las amenazas y recomendaciones desde la altura de un trono imperial cimentado en mierda, y una vomitiva y retorcida superioridad que se sostiene con amenazas, armas y caudales de dinero destinados a la corrupción, la manipulación mediática y conductual de pueblos que, sin embargo, tienen la obligación histórica de ser libres.

Pero, lo verdaderamente desquiciante es la mansedumbre y aceptación de una condición subalterna que no tenemos. ¿Por qué darle explicaciones, informes y justificaciones al imbécil que mancilla nuestra patria con su piojosa petulancia? ¿Para qué mantener un discurso nacionalista mientras se concede y permite la subordinación nacional a otros intereses?

No estaría mal que el país abandonara la terca adhesión a un tratado comercial que significa una camisa de fuerza no sólo económica sino política, y que representa el mayor logro del neoliberalismo en México.

Tampoco estaría mal si decidiéramos centrar la atención en la recuperación del espacio económico nacional, la capacidad productiva y el fortalecimiento del mercado interno, lo que implicaría, entre otras cosas, fomentar la agricultura y un manejo eficiente del agua y los recursos de que disponemos.

Hora de dejar la absurda mentalidad de dependencia hacia el norte. Hora de rascarnos con nuestras propias uñas y emprender nuevas relaciones económicas y culturales menos tóxicas. Rompamos el yugo del neoliberalismo desde su raíz gringo-dependiente.       

Agradezcamos a Mr. Trump por mostrarnos la cara verdadera de la relación con el norte, su sebosa mezquindad y el obsceno desparpajo de un imbécil forrado en dólares. Nos dice que no necesita ni de México ni de Canadá. Gracias por ser tan claro en su invitación a nuestra independencia comercial y por mostrarnos en los hechos en qué consiste en realidad el inmundo garrote de la “seguridad nacional”. Gracias.