sábado, 28 de febrero de 2026

MUNDO COBARDE

 “En cada farsa hay un farsante”.

 

Estamos en un mundo donde la industria armamentística y su comercio elevan su capacidad de penetración hasta en el ámbito de la diversión y el entretenimiento.

Los videojuegos, las películas y series de televisión, las plataformas digitales dedicadas a revelarnos de qué va el éxito en la vida no serían nada sin el ingrediente de la violencia que les da sabor y capacidad adictiva.

Nada más interesante que ver cómo se destripa a un enemigo, cómo es posible matarlo y rematarlo no una sino dos, tres o más veces gracias a repetir la escena a ritmo normal y en cámara lenta hasta que la sensación de aniquilamiento se vuelve clara, nítida y gratificante.

La sangre que chorrea, gotea y pringa los pisos, muebles y techos debe ser tan fiel y contundente que la sensación de náusea por hartazgo sea toda una justificación al vómito cinematográfico.  

Nada más persuasivo que la reacción ante un cadáver, donde la vomitona se vuelve acto de cortesía ante el regalo de la muerte. Los gringos y satélites conductuales ilustran esa forma de correspondencia en cada una de sus películas y series. ¿Cómo resistirse a la imitación que consagra la adoración supurante a la estupidez?

¿Cómo hacer más caso a la realidad frente al atractivo mediático de Hollywood? ¿Cómo ignorar la razón y el heroísmo mediático de los gringos blancos, anglosajones  y protestantes frente a los asiáticos, los latinos o los negros?   

Es claro que la realidad corre por un carril paralelo en la carretera de las emociones y las acciones cuando se trata de los espectáculos. Nada mejor que una película para condicionar nuestra percepción de la realidad en la forma y ritmo que alguien ajeno decide, en el marco de los trabajos de ingeniería social.

Así, frases, acciones y reacciones van de la mano en el arsenal de recursos mediáticos para sembrar en la conciencia de la periferia cuál debe ser nuestra idea de mundo, de nación, de familia, de ser y existir.

La muerte se celebra como un acto de justicia cuando el enemigo es designado por Mr. Trump (o antecesores o sucesores). En esta lógica, tenemos enemigos antes desconocidos como tales, pero por las artes de la información escénica ahora alcanzamos a ver su fea naturaleza, como es el ya tradicional caso de los rusos, los chinos, los cubanos, los venezolanos, y cualquier otro que se atraviese en el camino de la justicia, la democracia y las libertades de Estados Unidos, en pos de las riquezas ajenas.

Tenemos que un país es el árbitro autoproclamado de la justicia, capaz de administrar la democracia como un negocio vital para el mundo, de acuerdo a la rentabilidad que proporciona una franquicia exclusiva dada por Dios mismo, según el argumento que comparten los EUA e Israel.

El excepcionalísimo gringo es fácilmente comparable con el de Israel. Comparten la idea de ser portadores exclusivos de una misión divina. Israel sostiene que su derecho parte del Génesis bíblico y su expansión genocida es sólo el cumplimiento de la supuesta voluntad de Yahvé comunicada a Abraham. Confunden la promesa con el cumplimiento de la misma.

Por parte de los gringos, sacan eso de la doctrina Monroe y confunden la voluntad de defensa contra el colonialismo europeo con la posesión del continente americano, porque una cosa es oponerse a la avanzada colonialista europea y otra es tomar su lugar en el dominio continental.

El sojuzgamiento militar y la coacción económica, más las labores mediáticas de manipular la voluntad política de los pueblos sólo habla de imperialismo. Nada que ver con el discurso de las libertades y la democracia sino justamente lo contrario.

Sin embargo, el mundo hace como que no ve y pasa de largo ante las sebosas amenazas de Mr. Trump, en un nuevo capítulo de sadomasoquismo convertido en modelo de relaciones internacionales.

Tanto Israel como EUA dicen que no atacan, se defienden. No masacran, liberan. No destruyen, redimen. Así, en un mundo dominado por la estupidez y la cobardía colectiva, el rebaño humano se alimenta de discursos, promesas, buenos propósitos de paz, mientras caga cadáveres, principios y valores. La cobardía se vuelve diarrea discursiva, y un gran negocio militar, económico y político premia la necrofilia del vencedor.

Los gringos de las películas pueden seguir vomitando al ver un cadáver, al sufrir un susto, al decepcionarse, y pueden seguir cultivando una realidad ajena y distante a los pueblos que dominan; los sionistas pueden seguir soñando con el “gran Israel” que reta la historia, que nada tiene que ver con “el regreso” a la supuesta tierra ancestral, que es producto de una farsa montada por el sionismo anglosajón y su enorme poder de manipulación política y mediática.

En ambos casos, el abuso expansionista y los avances imperiales carecen de justificación real, pero se alimentan de la industria masiva del engaño y la corrupción. Hora de despertar y llamar a las cosas por su nombre.



sábado, 21 de febrero de 2026

¿SEGUIMOS O CAMBIAMOS?

 “Cambiar para no cambiar” (el gatopardo).

 

Formalmente existe un orden internacional donde cada país tiene derecho a su existencia jurídica, geográfica, demográfica, política y cultural. Lo anterior parece perogrullada, pero la obviedad cobra sentido y pertinencia si comparamos los aspectos firmales con la realidad pura y dura de los tiempos que corren.

Estamos en un mundo donde los supuestos políticos consagrados por la historia de las relaciones internacionales saltan por los aires soplados por el viento huracanado del expansionismo neocolonial de Estados Unidos, país sin nombre que considera que llamarse como un continente lo faculta para dar otro sentido al hemisferio, cambiar la realidad continental al nivel de parcelas de recursos que funcionan como mercadillo dominical para satisfacer antojos de un gobierno embarazado de soberbia y patanería.

Incluso hay injerencia en la cultura, el cine y la forma de hablar sobre la realidad circundante, producto de la influencia de la economía dominante. Con esto también se comprueba que bajo cualquier capa ideológica y política se oculta un sistema económico, una base estructural que determina el todo social donde se retuercen las tripas del poder y se evacuan las miserias de lo local frente a lo global.

Sabemos que las partes continentales constituyen un todo interactuante, aunque, en vivo y a todo color, la parte dominante puede determinar el carácter del todo, habida cuenta su mayor capacidad financiera, mediática, política, militar y corruptora.  

Dictadura o democracia, libertad o sumisión, respeto o abuso, civilización o barbarie, son algunas de las opciones de la existencia política de las partes, en una primera y muy gruesa aproximación, bastante lineal pero descriptiva de sus sistemas de vida.

En la realidad planetaria, la dimensión biológica, social, cultural, económica y política habla de heterogeneidad, no de homogeneidad y, sin embargo, el polo dominante en turno promueve y exige la uniformidad antes que el reconocimiento de la diferencia.

El aceptar la uniformidad impuesta distorsiona el rumbo del crecimiento y desarrollo de los países, los convierte en variables dependientes de factores ajenos a la naturaleza, idiosincrasia, recursos y expectativas de la nación afectada en beneficio del polo hegemónico. En estas condiciones no se puede hablar de libertad, democracia o soberanía salvo que sea como burla, broma pesada, recurso demagógico o farsa mediática.

Aquí vale recordar que cada crisis estructural genera una respuesta de carácter psicosocial, porque la base económica sustenta y determina la superestructura ideológica y política de la sociedad. Si tenemos una economía dependiente no podemos esperar que nuestra educación, cultura, política e interpretación de la realidad histórica y social sea distinta e independiente al carácter e interés estructural.

En este contexto, si el país carece de una estructura económica propia que garantice el crecimiento y desarrollo, es absurdo pretender que se puede tener una política económica, administrativa, educativa y cultural propia, por lo que el carácter de “traspatio” no es una expresión despectiva sino una descripción precisa de lo que se es.

Será por eso que México acepta participar como fauna de acompañamiento en los ejercicios del ejército del vecino, recibe instructores militares gringos, acata instrucciones sobre el manejo de la frontera; captura y envía connacionales “al otro lado” y se somete a su política de “seguridad nacional”, ostensiblemente extraterritorial, así como imponer aranceles a quienes compiten con el norte y aceptar las instrucciones de con quién México puede asociarse y comerciar.

Es interesante observar la relación del jaloneo sobre agua, minerales, tierras raras, concesiones, inversiones, disposición del territorio y el mar patrimonial nacional y las expectativas expansionistas del vecino. También lo es el carácter de las amenazas, chantajes y aparentes exabruptos, así como el uso cada vez más frecuente de la palabra “soberanía” en el discurso gubernamental que acompaña a cada entrega o concesión.

Suena a chiste cuando se hace referencia el mercado internacional. Se habla de las exportaciones, sin mencionar que la marca, la tecnología y la inversión son extranjeras y que simplemente se aprovechan de las ventajas de la cercanía mexicana con el mercado gringo. Por ejemplo, presumimos de exportar autos y demás, sin que haya la honesta confesión de que básicamente solamente aportamos la fuerza de trabajo y el espacio logístico para la producción en el nivel de maquila.

El país no parece tener interés real de caminar por su cuenta, sobre todo a partir del TLC salinista y neoliberal, y así seguirá siendo mientras solo estemos poniendo parches declarativos a los huecos estructurales de nuestra economía. Quizá por eso el ejercicio recurrente de nuestros políticos es el de bajarse patriótica y soberanamente los pantalones ante cualquier reclamo del exterior, en aras de la colaboración y la buena vecindad.

En conclusión, seguiremos gastando saliva en explicaciones ridículas mientras no fortalezcamos la estructura productiva nacional, base esencial de nuestra independencia política, ideológica, educativa, cultural e identitaria, porque, si la base económica está jodida, necesariamente también lo está la superestructura ideológica y política nacional. ¿Seguimos así, o le cambiamos?



viernes, 13 de febrero de 2026

ATRACO MUNDIAL

 “Hasta que la dignidad de haga costumbre” (Propósito político nacional).

 

A veces creo que el mundo es víctima del síndrome de Estocolmo, porque le sigue el rollo a su opresor, al cabrón energúmeno que tunde a tal o cual país como si fuera saco de boxeo o pera loca, pero que decide hacer cómplice a su victima mediante acuerdos, tratados y cualquier otro instrumento de dominación agazapado bajo el disfraz de la seguridad o del libre comercio.

El miedo es la sensación común entre quienes justifican su blandura y condición timorata de víctimas a destajo, aunque ciertamente algunos prefieren llamarla precaución, prudencia, madurez, cabeza fría y otras joyas de la negación y autocomplacencia política.

El miedo inducido, aceptado, adquirido, es como un vicio que pretende suplir la responsabilidad sobre el pellejo propio, a costa de depender explicativamente de la opinión ajena e, incluso, acatar los objetivos de “defensa” de EUA a costa de las prioridades militares nacionales (https://goo.su/8Frp0te).

Las palabras “socio”, “amigo” y “vecino” suplen con eficiente desparpajo otras que caracterizan mejor el ultraje a las víctimas geopolíticamente circunstanciales, en tanto que los actos de sodomía y humillación entre dominantes y dominados se visten de “cooperación” y “colaboración”, mientras se prodigan sonrisas frente a los medios informativos.

La herida emocional se reabre cada tanto porque sería fatal para el sistema que se diera un proceso de cicatrización que deviniera en curación y ruptura de la dependencia, así que se lanza una batería de medidas preventivas en forma de aranceles, reclamos y chantajes que tienen como telón de fondo enjambres de drones y algún portaviones cargado de misiles y mierda uniformada.

Tan funciona el aparato disuasorio que, ante alguna alternativa viable de emancipación, las propias autoridades se afanan en construir la explicación de la pasividad políticamente correcta (por ejemplo, ante la posible alianza comercial y estratégica con Asia, mejor nos quedamos como estamos porque ni nodo de dejar “solito” a Estados Unidos en su competencia con China), consagrando la alienación como argumento político.

Así pues, ni con las patadas que Mr. Trump asesta en el culo hispanoamericano, nos animamos a avanzar en la necesaria defensa del trasero regional. Muy al contrario, hay naciones que sirven de cárcel a los inmigrantes del sur mediante una cuota compensatoria y una palmada en el lomo, mientras que otras sirven de asiento de bases militares y policía auxiliar regional. En este contexto, lo cierto es que el abuso se mantiene con la complicidad de todos.

Pero en Europa el sadomasoquismo no hace malos quesos, considerando cuán gastados tienen los pantalones de tanto estar de rodillas los mandatarios arracimados en la OTAN (burdel militar que sirve de asiento al miedo regional y a la política de asalto y extorción de EUA), aunque cabe esperar alguna suerte de cambio, al menos declarativo, a partir de revelaciones como la de Emmanuel Macron, presidente de Francia: “la estrategia de doblegarse ante Estados Unidos no da resultados” (https://shre.ink/A6pc).

El caso es que la soberanía se convierte en una expresión hueca, chiste mamón, recurso demagógico y tapadera para vergüenzas políticas cuando no de traiciones solapadas, cuando vemos que del dicho al hecho sigue habiendo mucho trecho.

El marco de referencia es amplio y profundo, porque va desde expresiones memoriosas de empañadas hazañas y viejas derrotas como las ocurridas en el México de 1848, a los tiempos de los presidentes que resultaron agentes de la CIA (actuando en su momento con la clave Litempo); o los aplaudidores de la buena nueva neoliberal inaugurada con el TLC y continuada con el T-MEC, que pone de relieve cuán parecido es un tratado a la declaración firmada de subordinación y soberanía subrogada, limitada por las leyes que la hegemonía impone al mercado y donde la libertad nacional se convierte en utopía.

El pretexto para bajarse los calzones puede ser el gusano barrenador, los tomates, los aguacates, la vaquita marina, la protección al ambiente, la lucha contra el narco, el agua y la inevitabilidad de una frontera compartida que, por razones de “seguridad nacional”, nos lleva a medidas más estrictas de control aduanal y la “necesidad” de compartir datos biométricos de connacionales, así como servir de comparsa en los ejercicios militares conjuntos.

Y qué decir de la apertura de áreas estratégicas (minería, petróleo, agroquímicos, salud, electricidad entre otras) al inversionista extranjero, y además comprometernos con el norte a garantizar su disponibilidad de minerales como cobre, cobalto, litio, tungsteno y el etcétera que resulte. Aquí vale mencionar planes internacionales recientes como el llamado “Pax Silica” (https://goo.su/yEuC ), liderado por EUA con acento en el desarrollo de la Inteligencia Artificial, y la exigencia de ponerse flojito y cooperando.

¿Será que la cesión del espacio económico nacional es una facultad soberana cuya finalidad es garantizar la superioridad estratégica de EUA, a quien no debemos dejar “solito” frente a los actos asiáticos de libre comercio? Es decir, ¿estamos con el culo al aire porque así lo decidimos soberanamente?, ¿debemos negociar con EUA el ejercicio de nuestra soberanía, por ejemplo, en los envíos de petróleo a Cuba, en el comercio mundial, el destino de nuestros minerales, del agua, los cambios constitucionales o en el ingreso a los BRICS?

Para concluir, creo que la 4T debe ser congruente consigo misma, con su oferta de regeneración nacional, honrar sus compromisos con el pueblo de México, con la solidaridad latinoamericana, haciendo frente al abuso y patanería del norte y entendiendo la ruptura geopolítica mundial en la que estamos y, como consecuencia, la necesidad de replantear nuestra relación y alianzas internacionales. Espero que así sea… por el bien de todos. Empecemos por dejar de apoyar el atraco mundial perpetrado por el Norte.


jueves, 5 de febrero de 2026

SOBERANÍA RASURADA

 “Hechos, no palabras” (frase latina).

 

En su visita a Sonora, la jefa del Ejecutivo Federal anunció con sonrisas de determinación soberana la modernización (otros dirían la puesta al día y la vanguardia) del puerto de Guaymas, mediante las obras que le darán mayor capacidad logística para la recepción y envío de mercancías a los mercados internacionales.

Aquí destaca la inversión milmillonaria para la construcción de una planta de licuefacción de gas que haría lo mismo que la del cuestionado proyecto en Puerto Libertad: licuar gas texano y enviarlo a Asia. Aquí la novedad es que se importaría el gas por vía de las tuberías transfronterizas que desembocarán en el tramo Naco - Hermosillo.

Llama la atención de que las objeciones ambientales válidas y sostenibles para el Mar de Cortés en el caso de Puerto Libertad no se mencionen para Guaymas, y todo quede en una agilización de trámites que la doctora Sheinbaum prometió realizar.

El caso es que Sonora sigue siendo una de las entidades más vendidas al capital extranjero, gracias a la diligencia del señor gobernador Durazo y el (obviamente soberano) acoplamiento federal con los intereses geoestratégicos del vecino del Norte.

Desde luego que el progreso de Guaymas es un asunto muy serio y de alta sensibilidad, más si se recuerda que el puerto tiene bastante tiempo en la mira de los gringos. Baste recordar que durante el tiempo del gobernador Beltrones, Arizona babeaba de codicia al considerarlo (a Guaymas, no a Beltrones), como su puerto de salida al Pacífico.

Según se ve, las expectativas expansionistas del capital gringo se verán más que satisfechas al poder transportar gas texano a las costas sonorenses y de ahí al mercado asiático, en el marco de la guerra de hidrocarburos que Mr. Trump libra contra Rusia.

Considerando los costos de transporte, los texanos consideran que es mayor la distancia de la costa atlántica al mercado asiático que cruzando por México hasta el Pacífico, pasando por Sonora y, de paso, sentando un precedente geopolítico fácilmente reclamable como área de interés estratégico del vecino del norte.

De acuerdo a lo anterior, el codiciado Mar de Cortés pasa a formar parte de los objetivos de inspección y vigilancia militar, a partir de la necesaria protección del capital gringo invertido en el proyecto y su posterior operación.

La utilización productiva del traspatio mexicano (petróleo, puertos, Litio, oro, plata, tierras raras y otros minerales estratégicos) será una realidad no sólo económica sino política, gracias a la obsequiosa colaboración del gobierno estatal y la decidida, pero soberana, alineación del gobierno federal con los planes transnacionales de Mr. Trump.

La coincidencia con EUA en las alineaciones nacionales se ve documentada en otra decisión soberana referida a los envíos de petróleo a Cuba, donde el gobierno mexicano los ha suspendido a cambio de ayuditas humanitarias de ocasión, mientras el asunto se negocia con quien controla el golfo de México y el Caribe.

Considerando lo anterior, nos encontramos en una coyuntura histórica en la que las palabras no coinciden con las acciones y las acciones van a contrapelo de la tradición política y diplomática mexicana.

En este caso, habría que pensar en la conveniencia de revalorar y resignificar el concepto de soberanía nacional, en atención a la congruencia declarativa frente a la incongruencia ejecutiva.

Por fortuna, en los tiempos del relativismo y la dilución de la frontera entre realidad y ficción, entre compromiso y apariencia, se vale presentar una cara patriótica y nacionalista mientras se busca algún lubricante anal que permita conciliar la colaboración bilateral con la subordinación unilateral.

 Otro ejemplo para recordar es la petición de Kristi Noem (secretaria de Seguridad Nacional de EUA) al inicio del actual gobierno, de compartir datos biométricos, que serían necesarios para identificar amenazas fronterizas, así como personas desaparecidas y víctimas de secuestro, aunque las Madres Buscadoras hayan declarado que tal medida sirve para maldita la cosa.

Sin embargo, se aprueba soberanamente la “CURP biométrica” y los datos ponto estarán salvando vidas (sic), para satisfacción de las exigencias imperiales y tranquilidad de nuestro gobierno, empeñado en ser un socio seguro y confiable en la lucha de EUA contra el comercio multilateral.    

Resulta que en política las relaciones sadomasoquistas están de moda, lo que recuerda el caso Epstein y su cauda de abusos y encubrimientos desde el poder.

Así que, si “decidimos” ceder soberanía a cambio de evitar aranceles, entonces la prostitución y el lenocinio resultan ser un emprendimiento comercial como cualquiera y, desde luego, algo que encaja a la perfección con el sistema económico y la exaltación del individualismo sobre el interés colectivo…. Y la dignidad nacional.

Pero, mientras avanza la cadena de presiones y cesiones, agradezcamos a Mr. Trump por mostrarnos la verdadera cara del libre comercio, los tratados comerciales y la buena vecindad, sin olvidar el ridículo de la política y el discurso nacional cuando se hacen de los dientes para afuera y carecen de asidero con la realidad. Por otra parte, no sería la primera vez que alguien vendiera su primogenitura por un plato de lentejas, desacreditando el proyecto transformador por el que votamos.